La identidad y la vulnerabilidad, en un documental de Guillermina Pico

La realizadora Guillermina Pico estrena el documental “Borrá todo lo que dije del amor porque no sabía bien quién era”, ópera prima en la que explora “la identidad personal, a través del género, las relaciones, la historia familiar y la profundización en los paisajes interiores”.

‘Borrá todo lo que dije del amor…’ es una película que fue brotando con el tiempo, de la apertura de esa piel dura, tras la que se esconden la ternura, la vulnerabilidad y el asombro”, expresó Pico en una entrevista con la agencia de noticias Télam.

El filme, intimista y autorreferencial, propone una combinación de imágenes en las que se ven desde escenas familiares, situaciones cotidianas y otras en la que la cámara queda observando contemplativa distintas imágenes de la naturaleza.

Filmada en las provincias de La Pampa y Buenos Aires, y en ciudades como Londres, Barcelona y París, entre 2009 y 2015, la cinta es para su directora como algunos libros, canciones o algunas obras de teatro que incluyen “recortes de algunas personas, paisajes que viviste, fuegos artificiales, las manos de tu abuela, la gente que querés, el dolor de unas cosas, las alegrías de otras y en el medio de todo, preguntas humanas, como quién soy”.

“La película rescata el poder de la vulnerabilidad como un lenguaje en sí mismo, como la forma que se presenta adecuada para atrapar el tiempo que se escapa y la vida que sucede, es una narrativa del espesor de la experiencia”, reflexionó la cineasta de “Yo, Natalia”, corto documental que realizó en 2009.

—¿Cómo surge el proyecto?
—El proyecto nace revisando material, descubriendo cosas que encontré muy bellas y con las que me emocioné y sentí el deseo de montar, para ver qué pasaba entre esas imágenes, aparentemente sueltas, y un posible otro. Imágenes, en principio, solo unidas por mi experiencia.
Estaba en España estudiando cine documental, pero no lograba entusiasmarme con ningún proyecto. Días antes había visto un corto de Gunvor Nelson en el que la cámara se arrastraba entre las plantas de su jardín. Algo de eso me quedó resonando y me impresionó, la idea de que lo intelectualizaba todo y que me costaba dejarme afectar por las cosas.
Empecé a filmar casi diariamente, unos meses después volví a la Argentina y durante varios años más seguí filmando ininterrumpidamente; la casa materna, cielos, caballos, jardines, mis hermanos, mis padres. Me acerqué a la superficie de todo con el objetivo de meterme entre las cosas. Usé la cámara como la herramienta que me permitió aclimatarme a una vida nueva, algo que mediaba entre las cosas que había dejado; las heridas abiertas y el amor filial.

—¿Cómo definirías el planteo narrativo?
—Esta película es una ilación de fragmentos de algo real, partes que no pertenecen a un todo que debe venir, pero que están ligadas por una conexión más sutil. Hay un relato, hay legibilidad y coherencia, pero es una narración en un tiempo presente que se actualiza constantemente.
Puede ser vista, si se quiere, como una especie de inventario, un conjunto de relaciones dinámicas entre imágenes y temas recurrentes, como las flores, la cercanía, el fuego, los caballos, el dolor, el campo, la pérdida, la ausencia, el miedo, la alegría, la liberación, la liviandad del viajar, la búsqueda, el crecimiento, las raíces, la desesperación, el contraste, el humor, la ambigüedad, la debilidad, el coraje, la vejez, la presencia, el amor, la fugacidad, la música, la fragilidad o la mirada. El registro fue como un trabajo de recolección. Mucho del material tiene esa cualidad frágil de los instantes perdidos.

—¿Qué lugar ocupa la música y cómo fue la elección de las canciones?
—Fue casi azarosa, me encanta la música pop, popular, en toda su expresión. Me encanta que suene la radio, trae aire. Me emocionan un poco las escenas cotidianas donde la banda de sonido viene dada por una radio prendida en el lugar o las playlists que escuchaba, es un momento lúdico, de baile, metido dentro de una escena cotidiana, en el medio de las cosas.

—¿La elección de las locaciones tiene algún significado?
—Hay material de muchos años y al ser un proyecto que nació primero siendo filmado, casi todo tiene significado. Todo fue recolectado en momentos de mi vida en los que prestaba muchísima atención a lo que veía a través de la cámara, es un modo de redescubrir el mundo y, al mismo tiempo, a uno mismo. Hay mucho material de los años que viví en Europa, estudiando, que filmaba a mis amigos y al entorno que tenía cerca en ese momento. Luego, en La Pampa que es mi origen, mi hábitat primario. Pero también hay azar, en el sentido de que no hay una planificación en el filmar como si la hay en el montaje.

—¿Cuál es la búsqueda en “Borra todo lo que dije del amor…”?
—Lo íntimo aparece como eje central, contemplado en sus dos acepciones: lo íntimo en relación a otro y lo íntimo como la cercanía a uno mismo, aquello que no se le dice a nadie, el paisaje interior de una primera persona y un discurso privado.

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