Sorín y “Joel”: “No existen las personas buenas y malas, sino las que comprenden o no”

Télam 07/06/2018 Buenos Aires: Carlos Sorín estrena hoy su último filme, ‘’Joel’’, en el cual se mete en el mundo de la adopción y la discriminación escolar, con un intento de no mostrar ‘’buenos y malos’’ y de que el espectador se ponga en el lugar de los personajes. Foto: Prensa/ LAP.

Carlos Sorín estrenó su último filme, “Joel”, en el cual se mete en el mundo de la adopción y la discriminación escolar, con un intento de no mostrar “buenos y malos” y de que el espectador se ponga en el lugar de los personajes.

Diego y Cecilia adoptan a Joel, un niño de 9 años oriundo de la Provincia de Buenos Aires, que se muda al inhóspito pueblo fueguino de Tolhuin. Allí, la flamante familia intenta adaptarse a la nueva situación y de tener una vida tradicional con el nene en un colegio.

Sin embargo Joel comienza a tener problemas con los padres de sus compañeros por supuestas andanzas que habría tenido más de chico en su San Justo natal. Esto desemboca en una reacción profundamente negativa por parte de los adultos, que hace honor al clásico “pueblo chico, infierno grande”.

“No quise hacer una película maniqueísta. Eso hubiera sido fácil. Todos tienen sus motivos y son todos igual de razonables. Se trata de víctimas contra víctimas. No existen las personas buenas o malas, sino las que comprenden o no. Hubiera sido fácil hacer el buenos contra malos, quería que el espectador se pusiera en el lugar de los padres”, dijo Sorín en una entrevista con la agencia de noticias Télam.

Para el filme, el autor de “Historias Mínimas” y “La película del rey” llevó adelante una investigación que incluyó familias que adoptaron con la vieja ley, con la que se llegaba a tardar años en conseguir la tutela, y con la nueva, algo más laxa.

“Pese a tomarme licencias, porque no deja de ser una ficción, procuro conocer cómo funcionan los temas que trato en la realidad”, sostuvo quien se encuentra presto a filmar en febrero “Best seller”, su nueva película con Leonardo Sbaraglia y Leticia Brédice, además de una serie de ficción sobre la tragedia de Cromañón de 2003.

—¿Encontraste semejanzas entre la realidad y lo que habías escrito y filmaste?
—Carlos Sorín: En las entrevistas charlé tanto con gente que adoptó con la nueva ley como con la vieja. Quería ver las reacciones y si la película tenia asidero en la realidad. Y sí, hay semejanzas, aunque de todas formas existen muchos casos. Yo quería uno extremo para poder llevar adelante el conflicto del filme.

—Abordás de forma muy cruda la discriminación a chicos en la escuela, pero por parte de adultos. ¿Eso estuvo en la investigación?
—Sí. Me encontré con casos de chicos discriminados al punto de pedirles que se vayan del colegio, pero no por ser adoptados, sino por ser extranjeros. La escena final está sacada de un hecho real.

—Acá trabajan Victoria Almeida, Diego Gentille y Ana Katz, pero volviste a trabajar con no actores. ¿Qué te aportaron en una película donde la incomprensión de los adultos para con los chicos es muy fuerte?
—Hay una escena de una asamblea de padres que la había escrito y reescrito. La llevé y la situación se me empezó a ir de las manos, sobre todo con el tema del paco, y preferí dejar de lado el guión y filmar como si fuera un documental. Había un nivel de rencor y agresión muy fuerte. Se ve que estaba tocando un tema irritante. Lo que dicen es más fuerte que lo que yo había puesto en el guión. El tema de la droga es tremendo. Los padres están muy alertas con eso.

—En un pueblo tan chico, ¿la droga está latente o es un temor que se lleva desde las grandes ciudades?
—No lo sé. En esa escena que te decía, hay varios que califican al pueblo como puro, limpio y sin drogas. Pero yo eso no lo pude comprobar. Es posible que en un pueblo de 6.000 habitantes el control sea mayor.

—¿Tuviste que repetir varias veces las tomas como solés hacer?
—Las mejores tomas del chico las hice una sola vez, y eso que no es actor. Lo que salía era alucinante. Y con los dos protagonistas tampoco porque son excelentes actores. Si no respetan el guión, no me importa. Con los no actores tuve que repetir varias tomas para tener mucho en el momento de editar.

—Abandonaste la road movie en “Joel”.
—A mí me gustaron siempre las road movies, pero son muy cansadoras. Exigen una logística mucho más estricta que una que está alojada en un pueblo. No hay mucho juego de cintura, la producción se impone a la dirección. Así que me fui volviendo más sedentario.

—Has dicho que la literatura rusa te inspiró bastante y en tus películas se puede ver algo de (Anton) Chéjov, en esto de personas comunes en situaciones comunes.
—Sí, Chejov y Raymond Carver, que es el heredero estadounidense de esa tradición, fueron grandes influencias con esos cuentos donde parece que no pasa nada y todo es subterráneo. Me gusta eso, aunque no es una propuesta a priori.

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