“Poesía de Ricota”, una puesta basada en letras de los Redonditos

Las letras de las canciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y, fundamentalmente, la poética de Carlos “El Indio” Solari son el soporte de “Poesía de Ricota (¿qué podría ser peor?)”, una particular experiencia que todos los martes de abril y mayo se desarrolla entre las mesas de Pista Urbana, un reducto ubicado en el porteño barrio de San Telmo.

Dirigidos por Gabriel Wolf y Guadalupe Bervih, seis actores cuentan 10 historias a partir de la representación de canciones del popular grupo, las cuales encuentran un hilo conductor en una voz en off que lee escritos del Indio Solari, realizados por afuera de la producción del grupo.

“No es un recital. Tampoco una obra de teatro. No es un stand up. Ni una lectura de poesía”, advierte el texto que presenta a esta novedosa puesta, la cual es presentada como “una reversión actuada de las letras de Los Redondos”.

En este contexto, el público encontrará en las palabras de los actores fragmentos reconocibles que tomarán un nuevo sentido al ser presentadas en una dimensión diferente, a la que a regañadientes se la puede definir como teatral.

“Hay bandas tributo a Los Redondos y sus canciones se han versionado en distintos estilos, pero nunca se hizo algo así con sus letras. A esta puesta no le cabe el término de obra de teatro ni el de recital de poesía. Es una sucesión de temas de Los Redondos sin música y actuados, hilvanados por un maestro de ceremonia a partir de textos del Indio publicados en revistas o en los sobres internos de los discos”, explicó Wolf a la agencia de noticias Télam.

Y añadió: “Tratamos de usar todo el espacio disponible del lugar. Es una puesta dinámica. No es como el teatro, donde todo ocurre arriba de un escenario. Tampoco es como una lectura de poesía, en donde una persona se sube a un lugar donde hay un atril, un micrófono y un vaso de agua. Acá la gente tal vez tiene que girar para ver porque los actores se van moviendo entre las mesas”.

En charla con esta agencia, este director, fan confeso de Los Redondos y ex integrante del recordado grupo teatral Los Macocos, brindó algunas precisiones sobre la forma en que concibió “Poesía de Ricota (¿qué podría ser peor?)”.

—¿Qué características encontró en las letras del Indio Solari para tomarlas como base para crear este espectáculo?
—Yo sentía que había algo en sus letras bastante dramáticas. Plantean contradicciones que no son lineales y eso nos permitía jugar, tal como ocurre con las metáforas. Incluso, encontré en las dos cartas incluidas en el disco “Lobo suelto, cordero atado” el nexo que necesitaba para unir las historias. Una está escrita por el lobo para el cordero y la otra por el cordero para el lobo. Allí aparece esa contradicción en donde no queda tan claro quién es la víctima y quién el victimario. Tiene esa cosa de que “el que ríe último, ríe mejor”.

—¿Cómo fue el proceso de selección de las canciones que están presentes en el espectáculos?
—Buscamos que fuera bastante ecléctica la temática. Hay temas que a mí me gustan más que otros. Fuimos eligiendo de acuerdo a eso. Algunas canciones las descartamos porque veíamos que no cuajaban o no se producía el hecho artístico. Otras veces pasaba que no nos poníamos de acuerdo con el actor o no le encontrábamos la vuelta. Por ejemplo, “Vencedores vencidos” es un tema que me encanta pero no hubo manera de que estuviera en la obra.

—¿Cómo fue el trabajo con los actores en lo que a interpretación de las letras se refiere?
—Lo que tratamos de transmitirle a los actores es la imagen de un fósforo, que tiene que estar encendido el tiempo que dura, que no es mucho. ¿Cuánto dura una canción? ¿Tres o cuatro minutos? En ese tiempo, hay que decirlo todo. En las letras del Indio están las voces de los excluidos, los marginados, los perdedores, y esa es la impronta que tratamos de darle a los textos. El tema de las letras fue discutido con los actores. Si el actor se mete en un personaje y nos cuenta una historia, el texto puede tener un sentido distinto al de la canción. Ahí entraba el criterio nuestro, como directores, de tratar que cada tema tenga una curva dramática, que sea una pequeña obra de teatro de 3 minutos. Hay un montón de herramientas que tenemos los directores para tomar un texto y darle la intención que queremos. Ya ponerle una pausa distinta puede cambiar el sentido del texto.

—La mayoría de las letras del Indio Solari están llenas de metáforas y son textos muy crípticos. ¿Cómo se abordó eso?
—Cuando apareció la idea de este espectáculo, me acordaba de las tertulias poéticas que iba a ver. El tipo se paraba ahí, leía una poesía y pocas veces pasaba algo. Acá tratamos que el actor, a través de su cuerpo, atravesado por sus emociones, pueda hacer otra cosa con el texto. Por eso hablamos de reversionar. A veces se dan situaciones dramáticas; otras veces, situaciones más oscuras; otras, más crípticas.

—¿Tuvo algún contacto con el Indio Solari para comentarle el proyecto?
—Cuando surgió la idea le mandé mensajes contando la idea que tenía para ver si lo autorizaba. Hubo un ida y vuelta muy fluido con su manager y nos dijo que estaba todo bien.

—¿Qué reacciones notaron en el público?
—A ver la obra vienen tanto fans de Los Redondos, por una cuestión de sentido de pertenencia, como gente que no es fan. En el caso de la gente que no es ricotera, disfruta mucho de la obra y le encuentra un sentido distinto a las canciones. Los fans de Los Redondos que vinieron estaban sacados, como locos. No podían creer que hayamos montado esto.

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