El fuego como símbolo

Las llamas de la culpa

Tres personas juntaban las cenizas que habían quedado en el suelo. Estaban a oscuras y apuraban la tarea de recolectar en silencio la evidencia de las palabras quemadas.

Los dos hombres trasladaban las sombras del secreto devorado por las llamas y la mujer disolvía entre sus manos los signos que habían puntuado la escena.

Era mejor el olvido y, sin embargo, ellos preferían el recuerdo. La casa, que había despertado de su letargo después de muchísimos años, era ahora un manto ceniciento absorbido por las hojas del bosque. La biblioteca se había desvanecido en un abrazo ígneo que descubrió el ardor de las verdades calladas. Los libros entregaron a las llamas las letras sentenciadas al olvido. Sus páginas eran de pronto vacío, sin letras, sin voces ni mensajes.

Una fotografía antigua se debatía entre dos tiempos. La imagen congelada de una familia ausente había resistido el lenguaje del fuego.

Las tres personas vieron en esa foto el reflejo lejano de aquello que podrían haber sido; vidas quemadas en un odio ajeno dibujaron una sonrisa.

Detrás de un árbol, unos ojos arrepentidos miraban la escena una y otra vez y se perdían en aquella primera chispa que provocó la tragedia.

Hay un infierno sin llamas en el que arde la culpa que se esconde, a veces, detrás de un árbol.

Andrea Viveca Sanz

Origen y simbología del fuego

El fuego surge como consecuencia de una reacción química en la cual ciertas partículas actúan como combustible y se queman en presencia de oxígeno originando luz y calor.

Este elemento presente en la naturaleza llamó la atención del hombre desde sus orígenes y es por ello que necesitó aprender a generarlo.

Una primera chispa dio paso a las llamas que se convirtieron en fogata, alrededor de la cual se sentaron aquellos primeros homínidos para compartir la vida.

Considerado por algunos pueblos como un dios, venerado y respetado, el fuego permanece encendido en diversos lugares de culto religioso manteniendo el calor de sus llamas, iluminando el destino de los fieles, purificando.

Entre los muchos significados que se le atribuyen se encuentra el poder, la pasión, la fuerza espiritual, la destrucción y la purificación. Es un agente de transformación, de cambio.

El sol, el ave fénix o las salamandras se asocian con el fuego.

Letras

En la literatura, el fuego es un elemento inspirador justamente por todo lo que representa. Tal es el caso del uso que se le ha dado en diversos poemas y novelas.

El escritor Eduardo Galeano alude a él en El libro de los abrazos:

Un mar de fueguitos

Un hombre del pueblo de Negua, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
-El mundo es eso – reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

José Emilio Pacheco también se inspira en las llamas que arden para representar el desafío de vivir:

El fuego

En la madera que se resuelve en chispa y llamarada
luego en silencio y humo que se pierde
miraste deshacerse con sigiloso estruendo tu vida
Y te preguntas si habrá dado calor
si conoció alguna de las formas del fuego
si llegó a arder e iluminar con su llama
De otra manera todo habrá sido en vano
Humo y ceniza no serán perdonados
pues no pudieron contra la oscuridad
—tal leña que arde en una estancia desierta
o en una cueva que sólo habitan los muertos.

Mario Benedetti utiliza la imagen silenciosa del fuego:

Fuego mudo

A veces el silencio
convoca algarabías
parodias de coraje
espejismos de duende
tangos a contrapelo
desconsoladas rabias
pregones de la muerte
sed y hambre de vos

pero otras veces es
solamente silencio
soledad como un roble
desierto sin oasis
nave desarbolada
tristeza que gotea
alrededor de escombros
fuego mudo

Julio Cortázar en Todos los fuegos el fuego cuenta dos historias separadas en el tiempo en las que el fuego, y por lo tanto la pasión, son protagonistas:

…Se miran apenas, soñolientos, y Roland agita el fósforo y lo posa en la mesa donde en alguna parte hay un cenicero. Sonia es la primera en adormecerse y él le quita muy despacio el cigarrillo de la boca, lo junta con el suyo y los abandona en la mesa, resbalando contra Sonia en un sueño pesado y sin imágenes. El pañuelo de gasa arde sin llama al borde del cenicero, chamuscándose lentamente, cae sobre la alfombra junto al montón de ropas y una copa de coñac. Parte del público vocifera y se amontona en las gradas inferiores; el procónsul ha saludado una vez más y hace una seña a su guardia para que le abran paso. Licas, el primero en comprender, le muestra el lienzo más distante del viejo velario que empieza a desgarrarse mientras una lluvia de chispas cae sobre el público que busca confusamente la salida. Gritando una orden, el procónsul empuja a Irene siempre de espaldas e inmóvil. “Pronto, antes de que se amontonen en la galería baja”, 
grita Licas precipitándose delante de su mujer. Irene es la primera que huele el aceite hirviendo, el incendio de los depósitos subterráneos; atrás, el velario cae sobre las espaldas de los que pugnan por abrirse paso en una masa de cuerpos confundidos que obstruyen las galerías demasiado estrechas. Los hay que saltan a la arena por centenares, buscando otras salidas, pero el humo del aceite borra las imágenes, un jirón de tela flota en el extremo de las llamas y cae sobre el procónsul antes de que pueda guarecerse en el pasaje que lleva a la galería imperial. Irene se vuelve al oír su grito, le arranca la tela chamuscada tomándola con dos dedos, delicadamente. “No podremos salir”, dice, “están amontonados ahí abajo como animales”. Entonces Sonia grita, queriendo desatarse del brazo ardiente que la envuelve desde el sueño, y su primer alarido se confunde con el de Roland que inútilmente quiere enderezarse, ahogado por el humo negro. Todavía gritan, cada vez más débilmente, cuando el carro de bomberos entra a toda máquina por la calle atestada de curiosos. “Es en el décimo piso”, dice el teniente. “Va a ser duro, hay viento del norte. Vamos”.

Artes plásticas

También existen gran cantidad de pinturas en las que el fuego es utilizado de forma muy particular.
Por caso, el estadounidense Danny Shervin a mostrado en las redes sociales su particular ejecución del arte.

En su proceso Shervin debe hacer algo a priori: prender fuego a sus obras. La razón no es otra que el material que utiliza en su composición: la pólvora.

Un proceso de trabajo bastante singular que el estadounidense graba en vídeos:

El canadiense Steven Spazuk también hace uso del fuego para realzar sus obras, aunque en este caso el artista, quien se hace llamar “pintor de fuego”, usa el hollín de las velas para crear elegantes dibujos.

Su técnica técnica consiste en depositar el hollín sobre la superficie a dibujar y posteriormente esbozar líneas y adornos usando pinceles y plumas.

Quinquela Martín tuvo en sus obras la presencia o el protagonismo del fuego. Una muestra de ello es la obra Incendio en La Boca:

Incendio en La Boca

El cine siempre fue un escenario preponderante para poner al fuego como protagonista. Entre tantas obras que pudieran enumerarse, sin duda Infierno en la torre (1974), realizada en colaboración entre los estudios 20th Century Fox y Warner Bros, se convirtió en un ícono de las películas sobre desastres, con las inolvidables participaciones de Steve McQueen y Paul Newman.

Música

Muchos fueron los autores e interpretes musicales que hallaron en el fuego su fuente de inspiración y con esos temas alcanzaron no poco reconocimiento.

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