La historia de la palabra: del gesto al texto

Amanecer de palabras

En un espacio indefinido, de tiempo sin horas y segundos eternos, nacieron, tímidas, las primeras palabras. Atrapadas en la garganta de la humanidad, al principio, sólo ensayaron sonidos. Intentos lejanos de decires imperfectos. Canto y alabanza, enojo y locura. El viento las acunó manso y las llevó consigo. Envueltas en su abrazo conquistaron tierras, sembraron semillas de letras diversas y dejaron huellas. Expresiones precisas de emociones vitales se hicieron visibles. Se ocultaron en signos, mensajes que el tiempo escondió en tablas de arcilla y antiguos papiros. En un silencio ahogado por murmullos precisos, las letras bailaron una danza que formó las palabras. ¡Palabras! Frescas, nuevas, recién nacidas que tuvieron el coraje de ensayar historias. Desde entonces, remolinos de palabras unen a los hombres y mujeres de todos los tiempos. Hilos invisibles que se enredan enhebrando verdades. Espadas que dividen o puentes que unen, sabiduría de las letras encontradas para comunicar un mensaje. Lenguas resguardadas en vasijas de barro, lenguas vivas cargadas de historia se diluyen en voces calladas.

Atrapadas en la garganta de la humanidad, hoy, las palabras se elevan perfectas cargadas de emociones propias y ajenas. El viento las vuelve a abrazar y las transporta sereno para dejarlas escondidas en las páginas de algún cuento, alguna canción o en una poesía.

Andrea Viveca Sanz

El origen de las lenguas

Todo ser vivo necesita comunicarse. Basta observar algunos insectos coloniales como las hormigas o las abejas para descubrir que entre ellos existe una comunicación perfecta. Esa comunicación es vital para la supervivencia de las especies.

Los humanos han evolucionado en este sentido, ya que más allá de la comunicación no verbal, compartida con otras especies, el surgimiento del lenguaje nos ha permitido desarrollar ventajas adaptativas.

Existen dos teorías acerca del posible origen de las lenguas, una (mono genética) sostiene que todas las lenguas humanas derivan de una lengua ancestral que luego se fue diversificando. Y la otra (poligenética) considera que la capacidad para desarrollar el lenguaje es propia de los humanos y por lo tanto apareció en distintos grupos para la misma época. La falta de evidencia directa no permite abonar con certeza ninguna de ellas. Lo cierto es que para desarrollar el lenguaje tuvieron que producirse cambios estructurales en la laringe humana, en la cual se alojan las cuerdas vocales, y por supuesto en el cerebro.

El lenguaje es un instrumento de la cultura y, si bien se heredan las áreas cerebrales que coordinan el habla, es necesario que exista un grupo social capaz de transmitirlo.

Se cree que existen cerca de 5.000 idiomas, siendo el más popular el chino mandarín con 1.200 millones de representantes, le siguen el español, el inglés, el hindi, el árabe y el portugués. Con menos de 80 millones de hablantes están el alemán, el francés y el italiano. Existen además lenguas con uno, dos o tres hablantes, que corresponden a algunas tribus como el taushiro en Perú o el Kaixana en Brasil, que corren el riesgo de desaparecer.

Se cree que las lenguas más antiguas son las nilo-saharaianas de las que podrían haber surgido las indo-europeas, que incluyen al griego, al latín, al persa-indio y al alemán.

La influencia de otros pueblos en el Imperio Romano fue generando un latín más vulgar que coexistía con el clásico, dando origen a las llamadas lenguas romances. De ellas derivan el italiano, el francés, el español y el portugués.

Se supone que el intercambio comercial de los pueblos favoreció el intercambio de las distintas lenguas. Es por eso que la amplitud y complejidad de cada una de ellas dependen de cada cultura.

De la palabra hablada a la palabra escrita

La primera forma de comunicación entre los humanos fue a través de sonidos y gestos. Es probable que esos hombres primitivos imitaran incluso sonidos de la naturaleza o se valieran de ella para enviar mensajes. Tal es el caso de las señales de humo que utilizaban para alertar sobre posibles peligros.

También usaron dibujos (pictogramas) que representaban objetos o escenas de la vida cotidiana. Luego aparecen las primeras formas de escritura ideográfica sobre tablillas de arcilla con caligrafía cuneiforme, sobre todo en los pueblos de la Mesopotamia. Los egipcios, por su parte, utilizaron pictogramas llamados jeroglíficos que escribían sobre papiros u otros soportes como la madera o la piedra.

Hacia el 2000 AC apareció el primer alfabeto en Egipto del que derivarían todos los alfabetos actuales. Los griegos introdujeron la escritura alfabética en la que existían 24 letras, lo que permitió el desarrollo de numerosas obras literarias.

En Roma también se utilizaba un alfabeto derivado del griego a través del etrusco para escribir latín, que luego utilizaron otros pueblos europeos. Los romanos se comunicaban además con un sistema óptico telegráfico en los tiempos de guerra. Para ello usaban antorchas que servían para enviar mensajes. Surge aquí el concepto de codificación o cifrado de la información.

En el año 360 AC el escritor griego Eneas inventó el telégrafo hidráulico, que lograba transmitir información rápida y detallada a mucha distancia, lo que favoreció las comunicaciones.

Cuando el papiro fue reemplazado por el pergamino se logró una mejor conservación de los escritos y el invento del papel en el año 50 AC fue fundamental en la historia de la escritura.

Así, la invención de la imprenta produjo una revolución en la difusión de la palabra escrita. Y desde allí, una larga escalada tecnológica que involucró desde el telégrafo y el teléfono, hasta la radio y la televisión, llegó a nuestros días a la hipercomunicación provocada por internet y el auge de la redes sociales, que muchas veces ponen en riesgo el concepto real de comunicación.

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