Lechuzas y búhos en la literatura

Noche transformada

Sus ojos fijos en la quietud descubrieron la noche. Un brillo nuevo iluminó a las criaturas que la rodeaban. Ella, que veía más allá de todo, se elevó con precisión buscando a su presa. Tres plumas blancas cayeron en el húmedo suelo del bosque. Siempre dejaba caer algunas plumas, le gustaba dejar evidencias, sobre todo para que sus enemigos se supieran vigilados. Los animales transmitieron el mensaje con olor a humo. Podían sentir el crepitar de las llamas que amenazaban con deglutir el ambiente que los cobijaba, su casa.

Sabia e intuitiva, la lechuza, se desplazó en un vuelo silencioso, fantasmagórico, que la llevó al lugar exacto. Detectó el foco e impidió la catástrofe. Tres hombres huyeron ante su presencia. Tres plumas blancas lograron defender al bosque de ciertas miserias humanas.

Andrea Viveca Sanz

Simbología de búhos y lechuzas en distintas culturas

Temidas o veneradas, las lechuzas y los búhos suelen constituir parte del folklore y de las creencias de distintos pueblos a lo largo de la historia.

Considerados mensajeros entre las criaturas terrenales y las espirituales, estas aves vuelan en medio de mitos, leyendas y fábulas, y aunque se pierdan en la oscuridad de la noche, siempre dejan sus huellas.

Sus grandes ojos, que todo lo ven, sumados a una gran capacidad auditiva, los convierte en cazadores silenciosos y precisos. Se desplazan sigilosos en medio de gritos que parecen lamentos, por lo que se los ha asociado a la muerte o a la tristeza, aunque también en muchos casos se los considera símbolo de prosperidad y sabiduría.

La Lechuza

Evocando tristes cruces,
y cosas de sepultura,
prende ante la cueva oscura
su linterna de dos luces.
Cierra un claro anochecer
lentos ojos de amatista,
y ella al caminante chista
o habla con voz de mujer.
Y en aquel falaz remedo
de incomprensible palabra,
pone su burla macabra
la loca risa del miedo.

(“Libro de los paisajes”, Leopoldo Lugones)

En la mitología griega las lechuzas se relacionan con la diosa de la sabiduría, Atenea, quien siempre se encuentra acompañada por una de ellas y de esta manera podía descubrir el lado oscuro de las cosas.

Los romanos creían que colocando una pluma de búho en las almohadas se podían revelar todos los secretos durante el sueño. En cambio, la presencia de un búho en las ventanas o techos de las casas era signo de muerte, creencia que se mantiene hoy en día como parte del folklore de algunos pueblos.

La leyenda del caburé

“En la mitología guaraní el dios supremo Tupang creó un ave muy bella y de hermosa voz, como ejemplo para las demás aves. El caburé, que tal era su nombre, encantaba a los demás habitantes del bosque con la magia de su canto. Pero una noche fue sorprendido dormido por el diablo Añang quien le hizo un maleficio. Desde entonces su voz se degradó a un áspero graznido, su bello plumaje se convirtió en un pobre y deslucido vestido, y su bondad se transformó en maldad criminal, y empezó a usar el atractivo de su canto para procurarse su presa”.

Los celtas consideraban que estas aves eran guías a través del inframundo y las asociaban a la diosa Crone. En la tradición de estos pueblos, también el búho era símbolo de clarividencia, iniciación y desapego, y las lechuzas se relacionan con el conocimiento.

Para los egipcios la lechuza simboliza la muerte, la noche y el frío, en China los búhos presagian calamidades. Entre los aztecas, mayas e incas también las lechuzas se asociaban a la muerte o a las criaturas del inframundo.

Los cogos (el transporte de los duendes)

“Las lechuzas y los búhos han sido considerados en el mundo entero como seres mágicos o relacionados con la magia. Esta creencia parece tener su fundamento en la capacidad de estas aves de poder ver la actividad mágico-etérica. Sus ojos, entrenados para ver en la oscuridad, han adquirido la facultad de percibir las corrientes mágicas y cualquier ataque de seres oscuros con el paso de las generaciones y la ayuda de brujas, machis y hechiceras. Los magos los usan para enviarse mensajes, pero los duendes los usan como medios de transporte, ya que pueden relajarse al despegar de la tierra sabiendo que no serán atacados por criaturas malvadas”.

(“Saga de seres mitológicos argentinos”, Leonardo Batic)

En África occidental y en las culturas aborígenes australianas la lechuza era mensajera de secretos.

En la Edad Media se relacionaba a estas aves con la magia y la brujería.

Durante el renacimiento los búhos representaban la imagen de la tristeza, la soledad y la melancolía. Sin embargo, con el tiempo muchos los asociaron a la sabiduría y hasta se convirtieron en animales totémicos.

La lechuza y el caburé

“La Lechuza, viuda y con un solo hijo, le pide por favor al Caburé que cuando ande cazando pajaritos no mate a su hijo. El Caburé le pregunta entonces como habrá de reconocerlo, a lo cual la Lechuza le responde que es el más bello del bosque. A la otra noche, el Caburé mata y se come al pichón de la lechuza. Cuando ésta viene a reclamar, el Caburé le contesta: “¡Pero si tal cual me dijiste elegí al más feo!.”

(Cuento tradicional típico de las provincias de Catamarca, San Luis y Santa Fe)

En la cultura popular argentina tanto los búhos como las lechuzas forman parte de numerosas leyendas y mitos populares. Tal es el caso del Cachirú de Santiago del Estero, considerado una divinidad maligna representado como un lechuzón de garras poderosas, plumaje gris oscuro y pico agudo.

“De pronto, el camino se enderezó y el espacio se despejó de maleza. Habían llegado a la Puerta de la Lechuza.
Frente a ellos se alzaban dos árboles enormes, separados uno del otro la medida de un hombre con los brazos abiertos. Desde cierta distancia, se veía con claridad que el espacio entre los troncos tenía la forma de una lechuza. Wilkilén y Piukemán se quedaron inmóviles mirando la silueta del ave de los muchos nombres, pariente de los Brujos de la Tierra…”

(“Los días del venado”, Liliana Bodoc – Ilustración Gonzalo Kenny)

Podemos encontrar también búhos y lechuzas entre las páginas de libros como “Animales, leyendas y coplas”, de Jorge Abalos, o en “Cuentos y leyendas de la selva guaraní”, de José Antonio Ramallo, y en innumerables cuentos, fábulas, leyendas y novelas.

Sin dudas, en la oscuridad de la noche estas aves seguirán abriendo sus ojos, para iluminar las palabras que darán nacimiento a nuevas historias.

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