Los puentes: cruzar más allá

En la otra orilla de las palabras

Una voz lejana lo había llamado. Tomó entre sus manos aquel libro y decidió avanzar. Comenzó a cruzar el inmenso puente de palabras escritas que lo invitaban a seguir avanzando. Saboreó cada una de las letras, que brillaron ante sus ojos atrapando una historia. Se dejó guiar, paso a paso, olió y percibió lo que estaba más allá de sí mismo, en la otra orilla de las cosas. Abrió sus ojos para no perderse detalles de esos espacios detenidos entre páginas, de ese tiempo narrado que lo invitaba a continuar. Cruzó decidido a escuchar todo lo que aquella voz tenía para decir y se hizo uno con ese puente con aroma a tinta que había logrado contenerlo en ese instante fecundo de su rutina.

En la otra orilla, más allá de todo, alguien lo estaba esperando.

Andrea Viveca Sanz

Simbología de los puentes

Todo puente es un espacio de tránsito, de conexión entre dos realidades. Cruzarlos es alejarnos de lo cotidiano para arribar a otras orillas, a otros mundos, es arriesgarnos para superar una meta.

A veces se han asociado a la dualidad tierra-cielo o vida-muerte, e incluso son vistos como caminos de iniciación en sociedades secretas. Pueden simbolizar pasaje, pero también peligro o transición entre dos situaciones de la vida, o estados interiores, pueden unir o separar, según las circunstancias.

La literatura misma podría considerarse un gran puente que une distintas culturas, acercando diferencias, intercambiando lenguajes. Y en este sentido, los libros, como pretende reflejar el cuento introductorio, son verdaderos puentes a través de los cuales podemos llegar a otros espacios para regocijo y disfrute de nuestra imaginación.

Muchas leyendas, como las celtas o relatos tradicionales, han utilizado la figura del puente en sus narraciones.

Entre los muchos autores que han elegido un puente para contar una historia se encuentra el alemán Frank Baer, quien escribió “El puente de Alcántara”, novela histórica en la que tres personajes entrelazan sus vidas de alguna manera en ese puente:

… “La gente de la ciudad contaba una leyenda sobre esa espada…, muchos siglos atrás, Rodrigo, el rey godo de Toledo, había llegado huyendo de los moros a Alcántara donde murió por una traición. Su cadáver fue llevado a Viseu y enterrado allí. Pero su espada fue colgada del arco más alto del puente, a una altura inalcanzable desde el río. Allí había sobrevivido a los tiempos” …

 

Pablo Neruda en su poema “Los puentes” expresa:

…”No son pies invasores los que cruzan
los nuevos puentes, ni los crueles carros
del odio y de la guerra:
son pies pequeños de niños, firmes
pasos de obrero.
Sobre los nuevos puentes
pasas, oh primavera,
con tu cesta de pan y tu vestido fresco,
mientras el hombre, el agua, el viento
amanecen cantando”…

El escritor estadounidense Ernest Hemingway también elige un puente como escenario en su cuento “El viejo en el puente”:

…“Yo estaba contemplando el puente y el aspecto de paisaje africano del delta del Ebro y me preguntaba cuánto tardaríamos en ver al enemigo, y todo el rato estaba atento por si oía los primeros ruidos que delataran ese misterioso suceso denominado contacto, y el hombre seguía allí sentado…”

El autor japonés Junichiró Tanizaki compara la vida con un puente en su cuento “El puente de los sueños en el cual expresa:

“La vida es un puente que va uniendo sueños”

La autora argentina Elsa Bornemann, en su poema “Puentes”, refleja con imágenes muy claras su simbología:

Fragmento de la ilustración de Mia Nilsson para el poema de Elsa Bornemann.

“Yo dibujo puentes
para que me encuentres:

Un puente de tela,
con mis acuarelas…

Un puente colgante,
con tiza brillante…

Puentes de madera,
con lápiz de cera…

Puentes levadizos,
plateados, cobrizos…

Puentes irrompibles,
de piedra, invisibles…

Y tú… ¡Quién creyera!
¡No los ves siquiera!

Hago cien, diez, uno…
¡No cruzas ninguno!

Más… como te quiero…
dibujo y espero.

¡Bellos, bellos puentes
para que me encuentres!”

Julio Cortázar utiliza muchas veces en su obra la figura del puente. En un fragmento de “Rayuela”, expresa:

“Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.

Pero ella no estaría ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel se asomaría a viejos portales en el ghetto del Marais, quizá estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de Sebastopol. De todas maneras, subí hasta el puente, y la Maga no estaba.”

Otro ejemplo podemos encontrarlo en su Libro de Manuel:

“Porque un puente, aunque se tenga el deseo de tenderlo y toda obra sea un puente hacia y desde algo, no es verdaderamente un puente mientras los hombres no lo crucen. Un puente es un hombre cruzando un puente, che.”

En la actualidad muchas intervenciones son realizadas sobre puentes que sirven de base para que los distintos artistas vuelquen su arte en esos símbolos de conexión que nos invitan a cruzar al otro lado de la realidad.

Una verdadera obra de arte: un espacio cultural bajo un puente restaurado en Estocolmo.

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