Narración oral: el arte de contar historias

Palabra de narrador

Rumiaba palabras en su corazón y en su mente que luego precipitaron libres en su boca aún cerrada. Enredadas sobre su lengua quieta se preparaban para dar vida. De pronto, en un segundo sublime, comenzó a parir la historia.

Contrajo su alma frente a un auditorio expectante, ávido de letras volátiles y de emociones frescas. Su cuerpo entero fue dando a luz a cada frase.

Las frases, recién nacidas, abrieron la puerta y el público presente decidió atravesarla. Se encontraron sorprendidos en otro tiempo y en otros espacios, mezclados con personajes que tiñeron de colores el encuentro. Aromas difusos y canciones soñadas, sonrisas perdidas que el viento de la tarde se llevó lejos.

El cuento encontró su camino y se aquietó de a poco. Un gran punto final derrumbó el relato, que se convirtió en aplauso. La puerta se cerró. De ahora en adelante la historia viajaría en otras mentes y en otros corazones. Entonces otras bocas la dejarán escapar cada vez que alguien decida sentarse a escucharla.

Andrea Viveca Sanz

Mucho más que decir, transmitir

La palabra “narrar” proviene del latín “narrare” que significa contar. Y de hecho al narrar contamos acontecimientos reales o imaginarios que nos permiten comunicarnos.

Al contar una historia el narrador pone en juego mucho más que las palabras que desea transmitir. Su cuerpo, su mirada, el tono y los matices de su voz conforman el escenario en el que aquello que narra toma vida.

Cuando se selecciona algo para narrar se debe tener en cuenta el espacio y el público al que irá destinada la narración.

Es en ese espacio creado donde se estimulan los sentidos de quienes escuchan. Olores, sabores, sonidos y sentimientos viajan atravesando el contenido de la historia misma y le dan forma, la sostienen.

Un narrador oral no lee, ni sabe cada palabra de memoria, sino que utiliza su memoria emotiva para traer, desde el recuerdo, aquello que desea contar. Las historias están vivas en su interior, ya sean estas leídas previamente, o tomadas de la vida misma. La imaginación juega un papel fundamental durante la narración para construir personajes y escenas.

La narración en el tiempo

Desde los orígenes de la humanidad hasta nuestros días, la narración ha sido fundamental para transmitir la sabiduría de todos los tiempos.

Al principio fueron sólo gruñidos que decían todo. El hombre primitivo describía de esa manera sus jornadas de caza o los elementos que lo rodeaban. Las historias fueron atravesando a los pueblos y en cada uno de ellos echaron raíces. Primero se trató de actividades recreativas que ayudaban en la comunicación y en la conservación de tradiciones.

Con la llegada de la escritura se fueron registrando más elementos de la vida diaria, sin embargo, el relato oral permaneció a través de los tiempos para resguardar, tal vez, la palabra en su esencia más pura.

Como decía Borges, “la palabra escrita es la sombra de la palabra”.

Aparecen entonces los juglares y los trovadores del medioevo, capaces de contar, cantar y bailar. Eran verdaderos artistas que entretenían a la gente transmitiendo sus poemas, tocando instrumentos o hasta haciendo malabares.

Se trasladaban de aldea en aldea y narraban los acontecimientos del momento.

En nuestros días la narración oral ayuda a preservar la cultura de los pueblos. En los últimos años, la figura del narrador oral se ha fortalecido y desde ellos la palabra llega a un público diverso.

El narrador oral en nuestros días

La oralidad tiene movimiento, permite soñar e imaginar mientras se aprehende con todos los sentidos aquello que se narra. Lo escrito, por su parte, es más duradero y sostiene lo oral.

La palabra es siempre un vehículo de acercamiento, es el sendero de la creatividad y de la imaginación, que en la narración toma fuerza y se complementa con lo gestual para crear un escenario en el que se mueven los distintos personajes.

Un narrador oral crea espacios de ficción en los que se cuentan acontecimientos reales o imaginarios, ya sea en primera, segunda o tercera persona. Para ello las palabras son intercaladas con las pausas y los gestos necesarios para lograr la intimidad precisa con quienes escuchan. En este sentido, cada narración difiere en función del público al que va dirigida y el lugar en donde se narra. En la actualidad las narraciones son comunes en bibliotecas, escuelas, clubes o bares que brindan sus espacios para favorecer el encuentro con la cultura compartida.

Las imágenes narrativas

El narrador oral suele utilizar diversas imágenes narrativas que guardó en su memoria a los efectos de recordar aquello que quiere contar.

Ya en sus orígenes el hombre relataba sus acontecimientos importantes mediante imágenes o símbolos, muchos de los cuales se han preservado en rocas o cuevas, como es el caso de las pinturas paleolíticas. Todas ellas tenían la intención de contar algo. Luego, a lo largo de la historia, esa necesidad de contar acontecimientos mediante imágenes sucesivas relacionadas entre sí se fue enriqueciendo con los diversos avances expresivos y tecnológicos.

Aunque en este tiempo la imagen muchas veces narra mucho más que la palabra, es importante que los pueblos puedan seguir contando con las palabras justas todo aquello que permita perpetuar los acontecimientos o tradiciones que forman parte de su cultura.

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