Paraguas: protagonistas a lo largo de los tiempos

"Paraguas", de Georgios Zongolopouos, Salónica

Sin sentido

El objeto, cargado de colores, se había convertido en su aliado. Poco a poco se había transformado en una prolongación de su propio brazo, y hasta había llegado a sentirse desprotegido cuando no lo llevaba.

Si el cielo estaba nublado ameritaba llevarlo, y si había sol también resultaba imprescindible. Si hacía frío, si hacía calor, si estaba alegre o se sentía triste, siempre necesitaba de su paraguas abierto sobre su cabeza. Una sola circunstancia lo liberaba de ese techo protector que necesitaba desde hacía ya muchos años, la lluvia. El agua que se deslizaba con tanta libertad sobre su cuerpo era en sí misma la caricia que le faltaba. Se hacía uno con ella y ya no necesitaba escudos que lo ocultaran del mundo, ni techos que lo separaran de aquello que la vida podía ofrecerle. ¡Amaba mojarse los días de lluvia! No existía sensación más placentera que sentir el perfecto deslizamiento de las gotas sobre su cuerpo, y sobre todo verlas caer, una a una por el extremo de su paraguas cerrado.

Andrea Viveca Sanz

Un poco de historia

Se cree que los paraguas, también llamados quitasoles, parasoles o sombrillas, surgieron en China en el siglo XI AC. Llegan a nosotros evidencias de civilizaciones antiguas en las que aparecen especies de paraguas confeccionados con hojas, cañas, telas o pieles, como es el caso de algunos bajorrelieves de Nínive o artesanías y pinturas de Tebas.

Con el tiempo, los quitasoles primitivos se expandieron por Europa donde se llenaron de puntillas, encajes y sedas y se llamaron en sombrillas, asociadas a la seducción femenina.

En algunas fiestas griegas era común desplegar sombrillas encima de las estatuas de algunos dioses como Dionisio, Deméter o Hermes, ya que de esa manera se protegía el poder superior. Lo mismo sucedía en algunas procesiones de la India.

Las mujeres romanas también los usaban para protegerse del sol. Durante el renacimiento muchos caballeros llevaban un paraguas en sus largos viajes a caballo.

En Inglaterra era común ver a los hombres salir siempre con un paraguas colgado de su brazo.

Hoy en día los impermeables han desplazado un poco a los paraguas, aunque estos últimos siguen vigentes.

Simbología de los paraguas

Tanto los paraguas como las sombrillas suelen asociarse a la protección. Debajo de ellos podemos encontrar un refugio seguro, un espacio en el que es posible replegarse y mirar hacia adentro.

En las diversas culturas se han utilizado como objetos de seducción, sobre todo las sombrillas, junto con los abanicos y los guantes. También han sido símbolo de realeza y estatus.

En la actualidad, sobre todo en algunos países de oriente, son utilizados como símbolo de resistencia en muchas protestas callejeras.

Tal vez los paraguas son considerados objetos que tienen una magia especial y es por ello que en las distintas ramas del arte han sido elegidos como protagonistas de numerosas obras.

Protesta de los paraguas, en Hong Kong

En las letras

El escritor Gabriel García Márquez realiza un formidable ensayo sobre los paraguas:

“El paraguas sirve para muchas cosas, menos para lo que su nombre indica. Sirvió a los poetas surrealistas para hacer buenas metáforas: ‘La noche abre su paraguas agujereado por la lluvia’. (…) Sirvió a los autores de narraciones policiacas, como elemento identificador del misterioso hombre que llevaba en una mano un paraguas y en la otra una bomba de tiempo. Sirvió a los precursores de la aviación y de su adiestramiento más cercano, el paracaídas, para romperse la crisma por tres veces consecutivas, antes de que cantara el gallo (…) Sirvió para romperse en los momentos de más urgencia y para enredarse en los flecos de las cortinas de los almacenes en los instantes más inapropiados. Sirvió para todo. Hasta que el bombardeo con que los nazis castigaron a Londres y que era como si estuvieran sobre la ciudad en niebla una desconcertante cantidad de primeros ministros británicos…”

En muchos cuentos infantiles el paraguas se convierte en protagonista, tal es el caso del de la escritora rosarina Susana Solanes “Antes, los paraguas eran aburridos” en el que se narra la creación de unos paraguas que se teñirán de colores para permitir a las mujeres del pueblo lluvioso salir de sus casas, como lo hacían los hombres.

“La reina entró al salón, se sentó en el trono y, sin permitirles que se sentaran, empezó su discurso.
– ¡Muchachas de la corte real! ¡Encantadoras señoritas! Hace unos días que estoy pensando que mi reinado tiene que pasar a la posteridad por cambiar algo en el mundo, por lo menos en nuestro reino. Y para ello, nadie mejor que ustedes que tienen tanto tiempo libre, para colaborar conmigo. Quiero que las mujeres de este reino se destaquen por su inteligencia, libertad y libre pensamiento. También por sus decisiones y sentido práctico-…”

“La condesita estaba pensando así, cuando algo pasó en la calle que llamó su atención. Una fuerte ráfaga arrancó flores y hojas de los árboles que cayeron sobre los negros paraguas manifestando así, la presencia eterna del sol y el perfume de la luz.
– ¡Eso es! – a Carmelinda se le iluminó el rostro -De esta manera, las mujeres podremos salir a lucirnos en los días de lluvia-…”

El cuento de Rodolfo Walsh “Tres portugueses bajo un paraguas (sin contar el muerto)” es un relato policial breve en el que el paraguas es un objeto de investigación.

En una noche de tormenta se produce un crimen debajo de un paraguas. Tres son los sospechosos. Del escenario del crimen se conservan los sombreros de los portugueses y el paraguas. Para resolver el caso se tendrán en cuenta las posiciones ocupadas por cada uno de ellos debajo del paraguas:

–Entonces ¿qué hicieron? –preguntó el comisario Jiménez.
–Uno maldijo la suerte –dijo el primer portugués.
–Uno cerró el paraguas –dijo el segundo portugués.
–Uno nos trajo corriendo –dijo el tercer portugués.
El muerto estaba muerto.

En las artes plásticas

Muchas pinturas incluyen paraguas y sombrillas en todas las épocas. Aquí, algunas de ellas:

The Umbrellas de Renoir

 

Paraguas y sombrillas de Juan Ruiz Ibáñez

Mujer con sombrilla de Claude Monet

La hora del baño de Joaquín Sorolla y Bastida

Igualmente atractiva es la famosa calle de los paraguas en Agueda, Portugal

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*