¿Qué se esconde tras la niebla?

Amor en tinieblas

Se introdujo en la opacidad de su destino, sin adivinar siquiera que esa sería su noche más oscura.

En el enredo de su existencia, la niebla cubría todo. Las figuras que ahora se recortaban dentro suyo, apartándolo del orden, extendían los límites del miedo.

Se dispuso a avanzar en ese universo de dudas encontradas y por un instante se detuvo en su mismidad, ese espacio infinito donde las cosas se multiplican y vuelven.

Ocultas en las tinieblas del alma se apresuraban a emerger las vivencias de otros tiempos, lava incandescente que arrastra al olvido y protege la memoria.

Es desde el recuerdo más sublime de aquello que permanece, donde la verdad sale a la luz y levanta las capas de la bruma que se extienden desafiantes cubriéndolo todo.

No se trataba de avanzar atravesando las borrosas circunstancias que envolvían su destino. Era posible detenerse y escuchar.

No hay niebla que pueda ocultarlo. El brillo del amor vivido nunca se pierde.

Andrea Viveca Sanz

Simbolismo de la niebla

Internarse en la niebla puede significar muchas cosas para la mente del ser humano. Para atravesarla, sus sentidos se ponen alerta y despiertan sensaciones diversas.

La niebla representa la incertidumbre, el misterio, lo tenebroso. Cuando hay niebla no podemos ver más allá, del otro lado de esa espesa capa que lo cubre todo.

La ausencia de luz que provoca la niebla puede asociarse a lo lúgubre, a lo macabro, a lo sombrío siempre asociado al miedo.

Es por eso que detrás de la niebla, que hace borroso el entorno, se esconden todos los monstruos o fantasmas, que nos mantienen cautivos de sus caprichos.

Es en este simbolismo donde numerosos artistas se han detenido para crear sus obras.

Tanto en la literatura como en la fotografía, la pintura o la música, nieblas y tinieblas han sido motivo de inspiración y sitio perfecto para esconder a aquellas criaturas fantasmagóricas que representan los terrores ocultos en nuestro interior.

En la literatura

Entre las muchísimas obras literarias en las que aparece este simbolismo se puede mencionar la novela “Niebla”, de Miguel de Unamuno, escrita en 1907 y publicada en 1914.

Esta obra está compuesta por 33 capítulos en los que el autor intenta plasmar el encuentro del creador con su creación.

Miguel de Unamuno

… “No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme: ¿conque no lo quiere?, ¿conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, ¡también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió…! ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; ¡se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos, sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, nivolesco lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es usted más que otro ente nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, que Augusto Pérez, que su víctima…”

También en la poesía podemos encontrar esta figura que representa la soledad y el olvido:

Hermann Hesse

En la Niebla, de Hermann Hesse

¡Extraño vagar entre la niebla!
Solitario está cada arbusto y piedra,
ningún árbol mira al otro,
cada uno está solo.
Lleno de amigos estaba para mí el mundo
cuando mi vida era clara todavía;
ahora que la niebla cae,
nadie más está visible.
Verdaderamente, nadie es sabio
si la tiniebla no conoce,
lo inevitable y silencioso
de todo lo aparta.
¡Extraño vagar entre la niebla!
Vivir es estar solo.
Ningún hombre conoce al otro,
cada uno está solo.

También Mario Benedetti se expresa en su poema “El hombre que mira a través de la niebla” acerca de las sensaciones que le produce este fenómeno que desdibuja los contornos de las cosas:

Mario Benedetti

Me cuesta como nunca
nombrar los árboles y las ventanas
y también el futuro y el dolor
el campanario está invisible y mudo
pero si se expresara
sus tañidos
serían de un fantasma melancólico

la esquina pierde su ángulo filoso
nadie diría que la crueldad existe

la sangre mártir es apenas
una pálida mancha de rencor

cómo cambian las cosas
en la niebla

los voraces no son
más que pobres seguros de sí mismos
los sádicos son colmos de ironía
los soberbios son proas
de algún coraje ajeno
los humildes en cambio no se ven

pero yo sé quién es quién
detrás de ese telón de incertidumbre
sé dónde está el abismo
sé dónde no está dios
sé dónde está la muerte
sé dónde no estás tú

la niebla no es olvido
sino postergación anticipada

ojalá que la espera
no desgaste mis sueños
ojalá que la niebla
no llegue a mis pulmones
y que vos muchachita
emerjas de ella
como un lindo recuerdo
que se convierte en rostro

y yo sepa por fin
que dejas para siempre
la espesura de ese aire maldito
cuando tus ojos encuentren y celebren
mi bienvenida que no tiene pausas.

En los cuentos de terror, la niebla y las tinieblas toman fuerza para ocultar monstruos imaginados:

La extraña casa en la niebla, de H.P. Lovecraft

H.P. Lovecraft

“De mañana, la niebla asciende del mar por los acantilados de más allá de Kingsport. Sube, blanca y algodonosa, al encuentro de sus hermanas las nubes, henchidas de sueños de húmedos pastos y cavernas de leviatanes. Y más tarde, en sosegadas lluvias estivales que mojan los empinados tejados de los poetas, las nubes esparcen esos sueños a fin de que los hombres no vivan sin el rumor de los viejos y extraños secretos y maravillas que los planetas cuentan a los planetas durante la noche. Cuando los relatos acuden en tropel a las grutas de los tritones, y las caracolas de las ciudades invadidas por las algas emiten aires insensatos aprendidos de los Dioses Anteriores, entonces las grandes brumas ansiosas se espesan en el cielo cargado de saber, y los ojos que miran el océano desde lo alto de las rocas tan sólo ven una mística blancura, como si el borde del acantilado fuese el límite de toda la tierra, y las campanas solemnes de las boyas tañesen libremente en el éter irreal…”

A la pantalla grande

La niebla que primero cubrió las páginas de numerosos libros, también llegó al cine donde se expandió en imágenes que tomaron forma y dieron vida al terror y a lo desconocido. Tal es el caso de la película “La Niebla”, dirigida por Frank Darabont y basada en una obra de Stephen King, en la cual una tormenta violenta da paso a una espesa niebla que lo atrapa todo. Su oscura presencia va matando a todo aquel que quede envuelto en sus pegajosas telas de miedo.

Entre otras recordadas obras cinematográficas se encuentran:

“Gorilas en la niebla”

“La niebla y la doncella”

Imagen de la niebla

En la fotografía y la pintura, la imagen de la niebla es utilizada para dar vida a numerosas obras:

La niebla y la música

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