Vivir la Feria, sentirse parte, verse reflejado

Por Andrea Viveca Sanz

Si nos atrevemos a atravesar el gran ovillo de palabras que circulan apresuradas entre los distintos stands de la 44ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aíres, en el revés de las letras es posible que encontremos nuestro reflejo.

Cada libro es en sí mismo un espejo habitado, un objeto en el cual podemos mirarnos y reconocernos en otros espacios, en otros tiempos, siempre en movimiento.

Objeto y sujeto logran encontrase cuando la etérea línea que separa dos mundos se borra y se convierte en puente.

Cruzar al mundo imaginario es una apasionante aventura que nos transforma, y nos permite encontrarnos. Es justamente la imagen creada la que se convierte en el reflejo de una realidad que se renueva en la ficción y la modifica.

Los personajes que habitan al otro lado del espejo reflejan entonces nuestras emociones y las completan, para permitir que el milagroso encuentro con la lectura sea un nuevo capítulo en nuestras vidas.

Transitando el gran ovillo de palabras que habitan en cada uno de los libros, es posible encontrarnos.

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