Carmela Blanco: “Me encanta encontrar hierros a orillas del río, con texturas que sólo logra el paso del tiempo”

Carmela Blanco
Por Andrea Viveca Sanz

Gubias, formones, limas, pátinas y pinturas, conforman el microclima en el cual Carmela Blanco se sumerge en busca de las profundidades de su mundo interior para desde allí desplegar su creatividad.

Indaga y encuentra en lo cotidiano materiales que la naturaleza ha trabajado en complicidad con el tiempo, y seducida por esas texturas, inventadas por el ambiente, se deja llevar por lo que ellas le transmiten para dar nacimiento a cada una de sus obras. Después llegarán los detalles que le impregnarán a cada una de ellas un sello propio.

Maderas, viejos durmientes o hierros son para ella verdaderos tesoros que su magia convertirá en arte.

En diálogo con ContArte Cultura, la artista nos invita a conocer sus obras cargadas de poesía y comparte sus vivencias dentro del taller en el que se gestan y desarrollan sus creaciones.

—A modo de presentación, tres palabras que te definan como artista.
—Equilibrio, profundidad y armonía.

—¿Cuándo nace tu interés por el arte?
—Desde que tengo memoria, mi mejor programa era dibujar. Me acuerdo que dibujaba Soles y Solas. Mi madre notó mi interés por el arte y acertadamente me consiguió un lugar en el taller de Kazu Takeda. No aceptaba niños, pero Kazu vio algo en mi que la hizo darme una oportunidad. Al poco tiempo el director del Teatro General San Martín eligió una obra mía para exponerla en el teatro. Fue todo un honor. Y de allí en más siempre supe que iba a ser artista

—¿Podés contarnos cuál es el proceso que lleva al nacimiento de una de tus obras?
—Son los mismos materiales los que me invitan a ir por uno u otro lado. Puede que sea algo abstracto o algo figurativo, yo no lo sé hasta que de repente empieza a aparecer y los espacios se van generando. Yo siempre digo que tiene algo de mágico. Una vez que vislumbro claramente lo que quiero hacer, comienza el proceso de afinamiento del trabajo. La obra inicia su fase cúlmine donde me gusta darle el toque final, con un detalle. Por ejemplo, en la obra El Hincha Millonario, hay dos detalles. Uno es que el muñeco lleva en su mano un celular y en ella una foto de él mismo con Enzo Francescoli a modo de selfie. Y el otro detalle es que en su parte trasera lleva la camiseta con el escudo y el número 5, esta firmada por Matias Kraneviter ¡que fue un excelente 5! No todas las obras son una caja de sorpresas, ni hacen referencia al fútbol. El tema de una obra tiene que ver con lo que esté viviendo en ese momento. Es inevitable que no quede expreso. Pero si, la terminación de cada obra tiene un toque de calidad tanto en sus colores como en sus pátinas.

—¿Con qué materiales te sentís más cómoda y qué técnicas utilizas?
—Por lo general utilizo maderas duras que ya hayan tenido su función y estén de vuelta en la vida. Un viejo durmiente de tren con las marcas de las agarraderas de las vías… es para mi un feliz comienzo. Todo puede pasarme cuando me encuentro frente a semejante tesoro. Los hierros también son mi pasión. Todo tipo de metales. Siempre nobles. Me encanta encontrar pedazos de hierro a orillas del río, carcomidos por los años que llevan en el agua, con texturas que sólo logran el paso del tiempo y la naturaleza. Tener la suerte de encontrarlas en tu camino. También tengo muchos amigos que conocen mi trabajo y van a campos donde encuentran muchas cosas que me sirven para hacer mis obras. Los materiales aparecen todo el tiempo por todas partes. Y las técnicas que más utilizo es el tallado con gubias, limas y formones; las soldaduras, pátinas ácidas y pinturas.

—Describinos tu espacio de trabajo.
—Tengo la suerte de haber podido armar el taller donde vivo. Es en Vicente López, en una linda casa que tiene sus años pero está perfecta. Cuando me mudé hice un jardín de invierno al costado de la casa para que oficie de Play Room para los niños. Cuando me fui de otro taller que tenía por la zona, tomé ese espacio y me armé mi lugar en el mundo. Tiene techo de vidrio con media sombra. Bancos de carpintero, soldadoras, todas las máquinas que necesito, bancos de todas las alturas para trabajar más comoda… mi radio y mis gubias. Las luces son las que necesito. Tengo aire acondicionado frío/calor. No puedo estar más cómoda. Aunque reconozco que a veces me resulta un poco chico. Eso ocurría principalmente cuando daba clases. Muchas veces pienso en agrandarme e ir tomando más lugares de la casa.

—¿Cuánto tiempo puede llevar el diseño y realización de una escultura?
—Todo depende del tiempo que yo pueda brindar. Pero trabajando seis horas diarias una obra con tallado y soldaduras puede demorar una semana o dos, depende del tamaño. Mucho más de seis horas no puedo hacer porque el esfuerzo físico es mucho.

—¿Qué mensaje les darías a quienes no conocen tu arte para que se acerquen a descubrirlo?
—Que vengan a ver mi obra sin miedo. Que es amable, armoniosa y algo divertida. Es un arte que se deja entender. Que agrada en general y que abarca diversos temas.

—¿En qué obras trabajás por estos días?
—Estoy trabajando en un duo de talla realizada sobre los palos de cedro que se utilizan en los alambrados de campo. Con una pieza de hierro en desuso que la sostiene. Se llaman El Sureño I y II

—¿Un sueño de Carmela Blanco?
—¡Uh! Mi sueño es llegar a estar en las ferias y galerías importantes del mundo: ARCO Madrid, Art Basel, FIAC, ArtBo, Bienal de Sao Paulo… Poder difundir mi obra y vivir de esto que amo hacer.


Carmela Blanco

Nació en Buenos Aires, 20 de Octubre de 1966. Estudió dibujo, pintura figurativa y fundamentos de abstracción desde el año 1999 al año 2007. Mantuvo clases de escultura con Ricardo de la Serna y enseguida adquirió un estilo impecable. El buen uso del espacio y volumen definen en la artista una imagen abstracta de cierto primitivismo y orígenes americanistas. Sus esculturas en materiales tradicionales (madera y metales reciclados) juntados en diferentes ámbitos tienen formas puras, a veces volumétricas, otras estilizadas. El barroquismo de las obras no abruma y se refleja en símbolos y figuras donde el metal se vuelve línea y conduce a la exploración y a la búsqueda sacando al espectador de su rol pasivo. Del proceso de oxidación a las pátinas delicadas deviene un soplo arcaico que instala al observador en un lugar donde las raíces y los orígenes importan. Toda la obra trasunta solidez y poesía al mismo tiempo y es un trabajo que ocupa en la artista un importante espacio en su vida.

Conocé más de Carmela Blanco aquí.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*