Leo Batic: “Las novelas y los personajes surgen dependiendo de las situaciones”

Por Walter Omar Buffarini

Entrar en su casa es ingresar no sólo a su hogar, también a su espacio de trabajo. Pero no como un taller generador de productos, sino como lugar de magia, de imaginación, de deseos de contar una realidad interior que fluye a través de las letras y las ilustraciones. Muchas de ellas observadoras desde el lugar que les toca ocupar en los estantes de su biblioteca.

El gran ventanal vidriado permite observar los distintos puntos cardinales de la ciudad, regazos tal vez de futuros personajes, que luego cobrarán vida en las historias de Leo Batic, dueño de aquel rincón creativo, su espacio de vida.

“Me pongo el sombrero, si no nadie me reconocería”, dice risueño, a la vez que comienza a mostrar con fascinación lo que hizo y cuenta como un sueño lo que quiere hacer.

Para algún distraído, no está de más contar que Leo no es sólo escritor e ilustrador -en ese orden o en el inverso, puesto que su trabajo ha sido reconocido tanto en una como en otra de esas facetas-, sino además un indomable generador de historias, de esas que el mundo sueña, pero pocos saben contar.

Y precisamente sobre eso es que transita el diálogo con ContArte Cultura, sobre cómo es eso de escribir historias que atrapen a los demás.

“Una de las cosas que uno aprende con el tiempo es que todas las certezas que se tienen al crear un libro, se deshacen al libro siguiente”, se anima a afirmar, dando por tierra con la teoría de los métodos infalibles.

Pero a pesar de ello, afirma que las historias que se cuentan son producto de las propias vivencias, y en ese sentido explica y echa luz: “Sé que soy adoptado y por tanto Seres mitológicos fue el fruto de pensar ‘si no sé quiénes fueron mis padres ¿no debería adoptar a mi Nación?, y para adoptar a mi Nación ¿no debería adoptar a mis seres mitológicos en vez de tomarlos de afuera?’, y eso me sirvió para ese libro y para los siguientes de dragones, de dinosaurios. Fue apropiarme de la cultura para que se convierta en mi historia”.

Y así, con esa mirada filosófica, apareció en el horizonte creativo de Leo Batic “El último reino”, un desafío de ocho años “para poder estructurar la historia que un día nació en la playa”, cuenta con cándido entusiasmo.

“Es inevitable que alguno de los personajes de mis historias sea alguien adoptado”

Y en este caso la historia nació tras el personaje, que había seguido el mismo hilo de razón: “Estaba en la playa, en Mar Azul (Villa Gesell) y observé a mi hija Sofi, que tenía poco más de dos años, jugando con la arena. Entonces me pregunté ‘si no fuera mi hija, ¿quién la hubiera adoptado?’. Y me respondí que sólo una dragona podría haber adoptado a Sofía. Mi primera imagen fue una dragona jugando con ella en la playa y eso continuó siendo la dragona teniendo a Sofía en su panza, y ahí empezó todo el desarrollo de la historia”.

“En esas vacaciones yo me convencí que lo que pasaba ahí me gustaba como historia. En ese momento estaba leyendo Harry Potter, ya sabía que eran siete libros, y me propuse hacer lo mismo: siete libros como los de J.K. Rowling. Y comencé de la misma manera, escribiendo y guardando para más adelante el último capítulo”, cuenta Leo, quien entiende que uno no debe tener miedo de seguir los pasos que ya hicieron otros “porque cada cual tiene su impronta y más tarde o más temprano irá despegándose y encontrando su propio camino”.

Al profundizar acerca de aquel primer gran proyecto, Leo describió que “lo que hice fue escribir las sinopsis de los capítulos, después seguí con partes que me atraían de lo que serían los libros, pero una vez dentro de la editorial y con las exigencias lógicas de tiempo de entrega, fui organizándome de una manera distinta”.

Como por arte de magia

Cuando llegó el final de aquel prolongado trabajo creativo, el autor estaba satisfecho, seguro del rumbo, y con la certeza de saber cómo transitarlo. Pero todas las aventuras, incluidas las de los escritores, tienen sus situaciones inesperadas.

“Tenía claro que una novela no se escribe jamás de la primera a la última palabra, que eso es una ridiculez que uno tiene que sacarse de la cabeza. Los libros se escriben por capítulos, como van surgiendo. Tenía la convicción de que si un día estaba enojado no podía escribir la escena de amor”, detalla Batic sobre las enseñanzas aprendidas.

“Uno cuando está escribiendo tiene que disfrutar de lo que está haciendo”

“Cuando llegó el primer día post ‘El último reino’, después de ocho años con la misma historia en la cabeza, seguía pensando cosas que ya nunca iban a pasar. Entonces me serené y me tomé el día. Al segundo, nuevamente nada, pero me autoconvencía de que podía escribir cuando yo quisiera y me lo propusiera. Al tercer día, estaba desesperado”, confiesa con una sonrisa hoy lo que ayer fuera angustia.

“Entonces llegó ‘Soy mago’”, cuenta Leo y describe cómo sucedió: “Salí a caminar y pasé por una casa de sepelios que estaba en el camino que siempre recorría, y me aparecieron preguntas ridículas. ¿Qué pasaría si venden la casa de sepelios? ¿Quién la compraría? Y me contesté ‘la comprarían para hacer una casa de fiestas’. ¿Y cómo le pondrían a una casa de fiestas que era una funeraria? ‘Muertos de risa’, me dije. Y allí surgió un mago, de esos que tuvieron sus espectáculos en la calle Corrientes y que cae en desgracia y termina animando fiestitas infantiles. Los chicos no le prestan atención, y repentinamente decide sacar de su galera un conejo, sabiendo que nunca había habido un conejo ahí. Y lo saca y queda paralizado. Y entonces comencé a contar lo que pasa a partir de aquel momento. Y así, durante cuarenta días seguidos escribí la novela de principio a fin, como supuestamente no se debe hacer, sin saber lo que iba a pasar ni cómo iba a terminar. Fue un genial delirio de cuarenta días de escritura”.

“Entonces descubrí que las novelas y los personajes surgen dependiendo de las situaciones”, afirma sin temor a equivocarse.

Nuevo proyecto

“Ahora estoy embarcado en una saga que pretende contar qué pasaría si se quisiera abrir una escuela de magia tipo Hogwarts en la Argentina. Primero, partió muy pegada al universo de Harry Potter, pero se fue separando y ahora ya es una cosa autónoma, que se transformará en cuatro o cinco libros”, relata Leo Batic, cuidadoso de no contar más de lo debido. Pero se anima a ir un poco más allá: “La historia comienza cuando quieren abrir la escuela partiendo de un instituto que ya existe en Córdoba, pero para lograrlo tienen que tener una cantidad determinada de alumnos, y para ello llaman a los magos de la tierra para que presten a su gente y así alcanzar ese número mínimo de inscriptos. A partir de allí comienza a surgir la acción”.


Leonardo Batic

Nació en 1969 y vive en La Plata. En 1997 co-fundó el estudio Duendes del Sur, con Walter Carzon y Pablo Zamboni. Escribió historietas para la revista Looney Tunes (USA).

Como ilustrador hizo más de 3.000 páginas de historietas para Disney, Hanna Barbera y Warner Bros. Fue seleccionado para representar a la Argentina en la Bienal de ilustración de Bratislava en 2005 y 2007, y en la primera de ellas quedó entre los cinco finalistas para el premio Poroti, entregado por los chicos de Polonia al mejor ilustrador.

Es autor de más de veinte libros, entre los que se encuentra la saga de “Seres Mitológicos Argentinos”(Albatros) y varios libros de la colección “del mundo” de Ediciones B de los cuales se destacan “Seres fantásticos del mundo”, “Dragones del mundo” (con Diego Barletta) “Duendes del mundo” (con Pablo Zamboni) y “Princesas del mundo” (con Jimena Arroyo).

Formó parte del grupo literario “Nación Cracovia” dirigido por la escritora Graciela Repún y en la actualidad dicta clases de dibujo y escritura, además de organizar el grupo literario “La Cofradía de la Luna Llena” con Lorena Scigliano.

Realizó cuentos para las antologías de “Primer beso” (Editorial Siete Vacas), “Un mes después y otros cuentos aterradores” (Editorial Amauta) y cuentos para manuales como Estrada, revistas como Billiken y canales de televisión como Paka Paka.

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