Claire-Louise Bennett en el Filba: “Pensar en el mundo físico de una manera íntima y personal

Télam 28/09/2017 Buenos Aires: La escritora británica Claire-Louise Bennett, autora de ''Estanque'', un libro de cuentos potentes y líricos, se refirió hoy, en el marco del Festival Internacional de Literatura (Filba), a su vínculo con el lenguaje y la escritura y a su búsqueda por ''pensar en el mundo físico de una manera íntima y personal, dando cuenta de la parte más ancestral de la experiencia''. Foto: Télam/amb

La escritora británica Claire-Louise Bennett, autora de “Estanque”, un libro de cuentos potentes y líricos, se refirió, en el marco del Festival Internacional de Literatura (Filba) que inauguró este miércoles, a su vínculo con el lenguaje y la escritura y a su búsqueda por “pensar en el mundo físico de una manera íntima y personal, dando cuenta de la parte más ancestral de la experiencia”.

Los veinte textos reunidos en el libro de Eterna Cadencia fueron descritos como miniaturas del universo doméstico, escritos de una mujer sola que vive en la costa este de Irlanda, pero Bennett descree de eso. “Esa mujer no está sola”, asegura. Está conectada con amigos, vecinos, amantes y más que eso. Despliega un vínculo profundo con cosas, fuerzas naturales y seres del espacio que habita: una cabaña despojada en la costa irlandesa.

Frutos de la tierra, animales, fuerzas naturales y objetos evocan registros casi feéricos: “Había una tormenta, una vieja tormenta, dando vueltas por la montaña, visitando otra vez las montañas después de quién sabe cuánto tiempo, tratando de llegar a alguna parte, yendo a ninguna parte”, se lee en “A un dios desconocido” .

Los textos parecen aludir a un conocimiento que intuye que algunas palabras desmontan, inhabilitan o debieran permanecer en lo oscuro o secreto para alcanzar lo inasible de la experiencia.

“Si de mí dependiera nunca pondría un cartel que dijera estanque al lado de un estanque (…) Es que uno sale a investigar, a desarrollar la facultad de reconocer las cosas para, con el tiempo y con la práctica necesaria, adaptarse a los logros encriptados de la tierra y así poder experimentar la enriquecedora alegría de poder moverse en consonancia profunda y directa con las cosas”, escribe en “El gran día”.

Bennett no revela su edad, aunque nació y se crió en Wiltshire, Inglaterra; estudió literatura y artes dramáticas en Londres; vivió en una cabaña parecida a la que habita la narradora de “Estanque”. Publicó varios relatos y ensayos en revistas y diarios como The Irish Times, The Moth o Colony.

Tampoco explica cómo se originaron esos textos. Su desobediencia responde a la fascinación que siente ante la forma de involucrarse de los lectores.

“Deseo dejar espacio para que hagan sus propias vinculaciones basándose en su vida interior -explicó en diálogo con la agencia de noticias Télam-. Es como si el libro fuera una especie de espejo donde la gente pudiera verse a sí misma o algo de ellos en esa superficie, y esa es la cosa más emocionante que yo o la literatura podemos hacer”, resume sobre su primer libro de ficción, finalista del International Dylan Thomas Prize 2016.

Este sábado a las 17, en la explanada de la Biblioteca Nacional (Agüero 2502), Bennet participa de las Lecturas 1 a 1 del Lado B del Filba; y el domingo a las 17.30 participa en la sala Cortázar de la sección Tiempos Violentos, junto a los escritores David James Poissant, Leandro Ávalos Blacha e Iván Moiseeff.

—Pareciera haber una reflexión sobre el poder del lenguaje y su capacidad de evocar o destruir la esencia de las cosas en ellos, nuestra experiencia metafísica en este mundo.
—Lo que me pasó es que estudiaba esa idea de que el lenguaje es un sistema de símbolos que parece vaciar cualquier significado intrínseco, lo cual me deprimió mucho porque, si todo era una construcción del lenguaje, era imposible experimentar la vitalidad o la autenticidad. Así que abandoné toda la cuestión y busqué revivir la conexión con el mundo que me rodeaba en lo inmediato y mi relación con el lenguaje. Por eso este proyecto, para ver cómo se nutren uno al otro: la vida le da energía al lenguaje y el lenguaje profundidad y significado a la experiencia. Fue un placer enorme redescubrir esto y no usar la lengua de forma tan académica y conceptual.

—Muchas reseñas hablaban de la protagonista como “una mujer sola”, pero no me pareció exactamente eso.
—Hay vecinos, amigos, amantes, creo que ese énfasis sobre la soledad tiene que ver con que se concentraron en esa idea de una mujer sin familia ni hijos y como la narradora se instala fuera de esos parámetros la interpretan aislada, remota. Pero ella está buscando formas mágicas de sentirse conectada, tanto con el mundo como con las personas. Esa idea de conexión me resulta fascinante porque trasciende las relaciones interpersonales (contraer matrimonio o desintegrar un contrato social), tiene que ver con abrirse a una vitalidad profunda que implica la relación con todo. Esta persona no está aislada ni sola, está inmersa y se sostiene en lo que la rodea.

—La idea de la conexión va más allá.
—El encuentro está presente incluso desde lo sexual y la reflexión de qué queremos con eso: ¿alguien que refuerce quienes somos o alguien que nos desestabilice por completo? ¿El amor como reafirmación o como experiencia de transformación, como la posibilidad de perderse a uno mismo? Por eso me interesé mucho en el trabajo de Anaïs Nin, una escritora menospreciada en los Estados Unidos e Inglaterra, donde creen que tenés que leerla en el colegio porque describió solo el sexo. Yo creo que hizo algo más profundo, que no quería que el sentido de sí misma quedara fijado o se solidificara. Estas relaciones son como cosas que la instalan fuera de sí misma, le cortan las raíces, la levantan, la dan vuelta y la hacen transgredir su propia personalidad. No me parece que fuera solo locura predadora o sexual lo que narra, estaba muy consciente de sí misma, su escritura está llena de sentido. Pero es usualmente descripta como un monstruo o una mentirosa, y no se aplica la misma perspectiva con Henry Miller.

—Esa conexión alcanza incluso a los objetos.
—Me interesa qué nos atrae, no solo en términos de personas, sino también pensar desde lo banal a lo más profundo. Estamos acostumbrados a nuestra imaginación y pensamos que quizá sea algo como una fantasía, algo que nos lleva fuera de la realidad, pero los contenidos de la imaginación, sus cimientos, tienen información muy útil e importante. Lo que nos gusta (cosas redondeadas o azules o más blanditas) tiene que ver con cosas más profundas. Gustave Flaubert, por ejemplo, decía que las cosas que a uno le atraen tienen que ver con una manifestación del alma. Solo hay que preguntarse por qué, de pronto, me atrajo un olor en particular. Pensar qué puede representar, qué cualidades tiene, podría servir para entender un poco más nuestras necesidades internas.

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