Fernanda Pérez: “Me gusta pintar o cronicar el alma”

Fernanda Pérez (Foto: Fátima Estrella)
Por Andrea Viveca Sanz

Convencida de que cada cosa llega en el momento justo y sin temor al ridículo, Fernanda Pérez se ríe de sí misma y es capaz de convertir situaciones cotidianas en divertidas anécdotas.

Luchadora y tenaz, se reparte entre muchas actividades entre las que la escritura ocupa un lugar importante. Sus letras caen ágiles sobre el papel atravesando temas que son parte de la esencia de todo ser humano. Amores, odios, vacíos, crisis, encuentros y desencuentros, son algunos de los hilos con los que va cosiendo cada una de sus historias.

Sus personajes, que siempre se mueven entre luces y sombras, logran trascender las maldiciones y los mandatos familiares para llegar a recuperar los paraísos perdidos, dando batallas que los mantienen vivos en las páginas de sus libros, desde donde acaparan a sus lectores.

En diálogo con Contarte Cultura, la periodista y escritora cordobesa cuenta sus vivencias en el mundo de las letras.

—Si para presentarte tuvieras que elegir un título de una novela de la cual fueras protagonista ¿cuál sería y por qué?
—“Las cosas llegan en el momento indicado”. Creo que define en parte mi vida. Nunca tuve eso de “la suerte”, todo lo conseguido fue producto del esfuerzo, del trabajo y de saber esperar. Esperar con esperanza, que no es poca cosa.
Y lo cierto es que si bien a veces en el proceso uno tiende a desanimarse, las cosas llegan. Aprendí a tener paciencia, a bajar la ansiedad, a creer que si las cosas no salieron como esperaba es porque seguramente algo mejor va a venir.
Otro buen título podría ser “Sin miedo al ridículo”. Me río mucho de mí misma porque soy de las personas a las que le pasan cosas desopilantes. A veces me avergüenzan un poco, pero aprendí a no tomarme tan en serio y eso me permitió transformar esas situaciones en anécdotas divertidas.
Por último, si tuviera que elegir un tercer título podría ser “No está muerto quien pelea”. Siempre suelo decir -un poco en serio y un poco en broma- que si hay algo que me sale bien es pelear. Soy discutidora, peleadora, brava. Con el correr de los años he bajado un poco los decibeles, o más bien he aprendido a descubrir con quién vale la pena pelear y con quién no. O tal vez elegir mejor las causas.
Igual no guardo resentimientos. Puedo pelear horas con alguien y pasada la discusión todo queda en excelentes términos con esa persona. En el único sitio en el que no peleo ni opino es en las redes. Es quizá el lugar en el que menos está reflejada mi personalidad. Lo uso para cuestiones laborales o para compartir alguna foto y no mucho más. No sé pelear en redes, prefiero la discusión cara a cara.

—¿En qué momento decidiste que ibas a dedicarte a escribir novelas en medio de tus otras ocupaciones?
—No fue una decisión demasiado premeditaba. Yo escribí desde pequeña. Cuando era chica escribía poesías, cuentos… Y después me dediqué a escribir noticias, crónicas, entrevistas, críticas. La escritura siempre atravesó mi vida. A eso me dediqué siempre profesionalmente. En un momento empecé, sin ningún tipo de pretensiones, a escribir una novela y con el correr de los años esos textos se transformaron en Las maldecidas. De todas maneras tardé bastante en publicar. La terminé entre 2006 y 2007 y recién la publiqué en 2012.
Publicar es toda una decisión, es admitir que otros van a leer tu obra y que, en parte, va a dejar de pertenecerte.

—¿Seguís una rutina a la hora de sentarte a escribir?
—No soy muy estricta con las rutinas. Sí prefiero escribir por la mañana, y cuando empiezo una novela me impongo un ritmo de trabajo a los fines de no perder el clima del relato. Después de escribir y hacer la primera edición de una novela, me tomo un tiempo de descanso. Necesito tomar distancia de los personajes para volver a editar y releer desde otra perspectiva, eso me permite ser más objetiva con el texto.
Por eso es que no soy de las que escriben una novela por año. Aunque escribo muy rápido, necesito después un tiempo para que ese material madure.

—¿Cómo lográs dibujar y pintar con palabras las escenas de tus historias?
—Yo no trabajo tanto la trama descriptiva del paisaje o de los personajes, me interesa más la profundidad. Si detallo algo del entorno es porque cumple una función dramática en ese texto. Con los protagonistas me pasa algo similar, necesito develar su personalidad, su alma, sus luces y oscuridades. Y si hay algo externo que destaco es porque refleja un aspecto de su mundo interior. Me gusta “pintar o cronicar el alma”.

—¿Cuál es el proceso que utilizás para ambientar en tiempo y espacio tus novelas históricas?
—Habitualmente el lugar y la época llegan azarosamente. Rara vez empiezo a escribir una novela motivada por la Historia. Siempre comienzo desde los personajes, desde un nudo dramático que quiero desarrollar. Luego el contexto llega a mí casi de manera natural. Incluso cuando he intentando que el punto de partida de un libro sea un hecho histórico la trama ficcional me ha llevado a otro lugar.
Habitualmente la investigación comienza con mucha lectura de material o documentos históricos. Me gusta también visitar y recorrer los lugares sobre los que escribo y, en lo posible, trato de entrevistar a investigadores o fuentes que conocen del tema. De ese material selecciono aquello que le sirve a la trama ficcional. Yo no hago ensayos históricos, por ende siempre priorizo la ficción.

—¿Estás en una búsqueda continua de personajes o ellos aparecen espontáneamente?
—Aparecen espontáneamente. Soy muy observadora y a veces me quedo mirando a alguien -la mayoría de las veces desconocido- y de pronto un gesto o una situación me disparan ideas que, en algunos casos, pueden dar vida a personajes.
Casi nunca son personas que conozco, por el contrario, son cosas que imagino sobre alguien desconocido. Incluso, lo que invento es probable que no tenga nada que ver con lo que realmente vive o es esa persona.
Crear personajes es una de las cosas más maravillosas de la escritura.

—¿Qué grandes temas unen tus novelas “Las maldecidas”, “El sacramento” y “Los paraísos perdidos”?
—Hay una escenario por el que transitan estos personajes que de alguna manera tiene que ver con las fronteras, con los límites territoriales. Misiones, Corrientes, Brasil, Paraguay, Uruguay forman parte de esa geografía que contiene a los protagonistas.
Por otra parte, hay una figura histórica que si bien no es protagonista sobrevuela la trama: José Gervasio Artigas. En El Sacramento no aparece, pero sí hay personajes inspirados en lo que quizá fueron sus años de juventud. En Las maldecidas es el referente y protector de Andrés Guacurarí, por él y sus ideales es que luchan estos guaraníes y criollos. Y en Los paraísos perdidos se habla de los que se exiliaron con él a Paraguay e incluso se lo ve ya entrado en años y en el exilio.
Por otra parte, aunque las historias transcurren en diferentes épocas, las vidas de los personajes se van entrelazando. De todas maneras, vale aclarar que son novelas que se pueden leer de manera independiente.

—¿Cómo fue la experiencia de escribir y publicar tu novela digital “Cuando dejé de amarte”?
—Fue un gusto personal. Es una novela que escribí por deseo. Sabía que la editorial no iba a publicarla (porque con ellos ya estaba trabajando en otro proyecto mío) y me pareció que valía la pena lanzarla de manera digital y gratuita para todos esos lectores y lectoras que apuestan por uno cada vez que sacás un libro. Te acompañan en las presentaciones, compran ejemplares, te promocionan en las redes… Creo que se merecían este obsequio. De hecho mi idea es, cada dos o tres años, sacar un proyecto de estas características.
La respuesta fue muy buena, sobre todo por el contenido de la novela, que es muy realista y muy actual.

—Participás activamente en la web Babilonia Literaria ¿qué pueden encontrar los lectores que ingresen al sitio?
—Soy la fundadora de Babilonia. Comenzamos en 2015 con un proyecto piloto y a partir de 2016 fue creciendo progresivamente.
Con mi actual socia, Florencia Vercellone, tenemos muchos años de trabajo en el periodismo cultural. Así que logramos dar forma a una página que tiene actualización diaria -con notas de producción propia- donde si bien la literatura ocupa un lugar preponderante también le damos lugar a otras manifestaciones artístico-culturales.
Además hacemos charlas, ciclos y eventos que nos permiten ganar nuevos lectores.

—¿Con qué sueña la escritora Fernanda Pérez?
—Mis sueños más importantes tienen que ver con lo personal (mi pareja, mis hijas, mi familia, mis afectos). Ahora, ya desde el lugar de escritora sueño con escribir teatro, algunos guiones para producciones audiovisuales, producir algunas puestas que fusionen literatura con otras disciplinas artísticas (de hecho ya he participado de algunos proyectos así) y lograr -a través de Babilonia- contagiar el placer por la lectura a más gente, de todas las edades y condiciones sociales.


Fernanda Pérez

Nació en Córdoba (Argentina). Es escritora, periodista y docente. Durante casi 20 años se desempeñó como periodista cultural en el desaparecido diario La Mañana de Córdoba. Actualmente coordina la plataforma Babilonia Literaria y se desempeña como docente en el Colegio Universitario de Periodismo. Dicta talleres y charlas vinculadas a la literatura y a la cultura en diferentes espacios. Produce ciclos y actividades que fusionan la literatura con otras disciplinas artísticas. Es autora de las novelas “Las maldecidas” (El Emporio, 2012), “El Sacramento” (El Emporio, 2013), “Los paraísos perdidos” (Suma de Letras, 2016) y del proyecto digital de circulación gratuita “Cuando dejé de amarte” (2018). Integra además la antología de relatos románticos “Ay, amor” (Plaza & Janés, 2015).

Conocé más de Fernanda Pérez aquí.

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