Florencia Bonelli: “Convivo con mis personajes durante todo el proceso de escritura y están conmigo para siempre”

Florencia Bonelli
Por Andrea Viveca Sanz

Comprometida con sus lectores a quienes siente parte de cada una de sus obras, Florencia Bonelli, se sienta en una esquina de la vida y desde allí agudiza sus sentidos para dejarse sorprender por pequeñas chispas que encienden su imaginación.

Un cuadro, un viaje o una anécdota, pueden avivar el fuego que despierta su magia y de pronto es testigo del nacimiento de personajes que necesitan contar su historia.

Surge entonces una trama de romances e intrigas cuyos hilos van entrelazando palabras, que se enredan en nudos de suspenso y acción para luego liberarse en pasiones y encuentros que atrapan a aquellos que se acercan a sus libros.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora comparte sus vivencias cotidianas y su manera de vincularse con el pequeño cosmos que imagina y crea.

—¿Cómo presentarías a Florencia Bonelli en los primeros renglones de una novela?
—Sentada en su butaca frente a un gran escritorio blanco, Florencia Bonelli se calzó los lentes antireflejo y se dispuso a escribir el próximo capítulo de su nueva novela.

—¿Cuándo decidiste dejar los números de tu profesión para elegir el camino de las letras?
—Empecé a escribir a los veintisiete años mientras todavía seguía trabajando como contadora. Unos meses más tarde, llegó un punto en que las circunstancias y mi deseo de dedicarme a escribir me impulsaron a renunciar a mi puesto y arriesgarlo todo por mi gran pasión.

—Contanos cómo es la mesa en donde se originan tus libros y cuál tu rutina de trabajo.
—Mi escritorio es laqueado, blanco brillante, grande, dos metros de largo, y nunca parece bastar porque siempre está lleno de libros, apuntes y demás. Mi rutina es muy disciplinada, como suelo serlo en todo debido a mi configuración astral. Me levanto temprano, a las siete, desayuno, pongo orden en mi casa y me siento a escribir. Corto al mediodía para comer, salgo luego a caminar, y al regresar, trabajo unas horas más antes de cortar por el día.

—¿Cuál es el proceso creativo para ambientar tus historias?
—Es muy difícil describir el proceso creativo porque es, sobre todo, anárquico, sin reglas, caótico, y para una como yo, que precisa tanto del orden y de la rutina, puede resultar desestabilizador a veces. Pero la verdad es que lo disfruto porque es cuando más libre me siento, cuando juego con las escenas, los posibles diálogos, las personalidades de los protagonistas. Es fascinante. Soy la creadora de un pequeño cosmos en el que hago y deshago a voluntad.

—Hablemos de tus personajes: ¿Cómo nacen? ¿Existe una fórmula para que sean adoptados por los lectores? ¿Hay un duelo al cerrar cada historia y despedirte de ellos?
—Mis personajes son mis hijos, como yo los llamo. Nacen de un amor muy profundo, de un respeto enorme, y hablo de ellos con mi esposo o con las lectoras como si existiesen. Convivo con ellos durante todo el proceso de escritura y después también. En realidad, están conmigo para siempre. Forman parte de mis comentarios, de mis diálogos. Son una presencia en mi vida doméstica, familiar y profesional.
Nacen de la inspiración que es un proceso mágico que siempre nos sorprende porque nunca sabemos qué chispa la hará estallar. Recuerdo, por ejemplo, que una tía mía (casada con un hermano de mi madre) me contó un día tomando un café que en su familia había existido una antepasada (Ignacia del Moral) que había sido cautiva de los ranqueles y que había tenido un hijo, el capitanejo Tripailao. Así nació mi novela Indias Blancas.
Recuerdo también que fue la figura de Carlos II, rey de Inglaterra, la que inspiró la de Roger Blackraven, protagonista de El Cuarto Arcano, y lo conocí gracias a un retrato que hay de él en la Portrait Gallery de Londres y que me llamó la atención.
Y viendo una telenovela en Italia supe de la existencia de una organización humanitaria de médicos y quise escribir una historia en la que la protagonista fuese pediatra y trabajase para ellos. Así nació Matilde, de Caballo de Fuego.
Como ven, nunca se sabe dónde encontrarás al próximo personaje que dará vida a una trama de romance e intriga.
Claro que hay un duelo al terminar de escribir. Despedirse de la historia y de los personajes es doloroso. Será por eso que leo y releo la novela hasta que empiezo a investigar para la próxima. Lo hago para corregirla y pulirla, pero también porque no puedo separarme de ella.

—De todas las parejas protagónicas que narraste en tus novelas ¿hay alguna que sea tu preferida? ¿Por qué?
—Como comentaba antes, mis personajes son mis hijos. Preguntarme cuál es mi favorito sería lo mismo que preguntarle a una madre si prefiere a un hijo por sobre otro. Para mí, todos son iguales, muy amados. Aunque debo admitir que tengo debilidad por Aitor, el protagonista de la Trilogía del Perdón, quizá porque me siento en culpa por haberlo hecho sufrir desde muy niño. Es mi personaje más tortuoso y vulnerable.

—¿Cómo fue te experiencia de escribir para adolescentes?
—Nunca imaginé que sería tan hermosa, que me haría sentir tan dichosa y libre. Fue casi como hacer catarsis de tantas cosas que no me gustaron de mi propia adolescencia.

—¿Podés adelantarnos algo de tu próximo trabajo?
—Estoy escribiendo la historia de un personaje secundario de mi trilogía Caballo de Fuego. Se la conoce por su nombre de guerra, La Diana. Será una historia muy intensa, de mucho dolor y con un profundo proceso de sanación.

—¿Qué sueño de Florencia Bonelli podría esconderse en los últimos renglones de una novela?
—Cada vez que termino una novela, el sueño que se esconde en la palabra FIN es el de poder compartirla con mis queridas lectoras y saber que, leyéndola, han disfrutado tanto como yo al escribirla.


Florencia Bonelli

Nació el 5 de mayo de 1971 en la ciudad de Córdoba, Argentina. Estudió Ciencias Económicas y se recibió de contadora pública, profesión que abandonó después de leer El Árabe de Edith Hull, libro que la impulsó a dedicarse profesionalmente a la escritura, en 1999.
Autora de títulos como Bodas de odio, Indias Blancas, El cuarto Arcano y Me llaman Artemio Furia, todos ellos enmarcados en los acontecimientos históricos del siglo XIX argentino, se convirtió en la referente actual de la novela histórico romántica de Argentina. Otras novelas como Marlene, que transcurre en el barrio de La Boca a principios del siglo XX, en los inicios del tango, Lo que dicen tus ojos, que nos traslada a la exótica Arabia Saudí y la trilogía Caballo de fuego (París, Congo y Gaza) la han situado como una de las autoras más populares y reconocidas del ámbito de la lengua castellana.
Sus libros se han traducido a varias lenguas y han conseguido la admiración de lectores en todo el mundo.

Conocé más de Florencia Bonelli aquí.

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