Isabel Allende: “Lo único que queda, cuando todo lo demás se pierde, es el amor que uno da”

Isabel Allende
Por Andrea Viveca Sanz

En los oscuros rincones del alma, allí donde las penas y los dolores permanecen alertas, Isabel Allende encuentra el bálsamo de las palabras y con ellas se deja llevar por las tempestades para emprender el camino de la escritura.

Sus letras, cargadas de magia, ponen brillo a las opacidades de la vida y rescatan tesoros desde las profundidades de su memoria.

En cada uno de sus libros, nos invita a recorrer espacios en los que la ficción disfraza una realidad inevitable y la transforma. Transitar sus palabras escritas es siempre atravesar el sendero del amor.

Haciendo un alto en sus innumerables compromisos, la reconocida escritora chilena dialogó en exclusiva con ContArte Cultura y contó su experiencia en el apasionante camino de narrar historias.

—Conocemos a Isabel Allende escritora, pero ¿qué significa la escritura en la vida de Isabel Allende?

—La escritura me dio una voz y un propósito cuando tenía cerca de cuarenta años y creía que mi vida era mediocre y sin futuro. Desde entonces ha sido el faro que ha dirigido mi existencia. Para mí la escritura no es trabajo, es siempre una aventura, porque cada libro es diferente; tiene sus propios desafíos, hay que dar con la estructura, la voz narrativa, el ritmo y el tono más apropiado para cada uno. Ese desafío permanente me mantiene sana y enérgica; a los 75 años tengo el mismo entusiasmo que a los 40, cuando La Casa de los Espíritus me inició en el vicio sin retorno de contar historias.

—A la hora de hablar de tus personajes los presentás como “seres vivos con su propio destino” ¿Habitan sólo en tu imaginación o son parte de la realidad que te rodea?

—La mayoría de mis personajes están inspirados en personas que he conocido o que me rodean. He aprendido que así puedo desarrollar personajes creíbles, tridimensionales, complejos, contradictorios, como somos los humanos. Si los inventara completamente tal vez serían caricaturas. Pero como escribo ficción, me permito hacer los cambios necesarios sin preocuparme por traicionar a la persona que me ha inspirado. No tengo que ser fiel al modelo.

—Afirmás que el primer impulso que dispara la escritura es siempre una emoción profunda ¿Que te ha inspirado con mayor fuerza, la alegría o la tristeza?

—Escribo (y vivo) con gran alegría, pero la necesidad de escribir un libro nace casi siempre de una obsesión, una experiencia dolorosa, un recuerdo triste que no me abandona, un tema o un problema del mundo que me importa mucho, etc. En el proceso de la escritura puedo explorar esos sentimientos en profundidad y aprender sobre mí misma. A veces la escritura es una forma de exorcismo.

—Los libros son puentes que nos conducen a lugares impensados ¿Qué mensaje atravesaría todos tus libros para tender un puente entre quienes habitamos el planeta?

—Que lo único que queda, cuando todo lo demás se pierde, es el amor que uno da.


Isabel Allende

Escritora chilena, nació en Lima, Perú, en 1942 mientras su padre cumplía funciones diplomáticas en ese país. De niña quiso ser bailarina. Desde los diecisiete años trabajó infatigablemente, primero como periodista en la revista Paula y en programas de televisión en Santiago de Chile.

Ejerció el periodismo en Venezuela, ya en el exilio, y más tarde se dedicó por entero a la literatura. La escritora afirma que su futuro como tal se decidió en 1973, con el golpe militar en el que su tío, el presidente de Chile Salvador Allende, fue derrocado.

Dos años después de aquel hecho, fue declarada sospechosa para la dictadura y tuvo que exiliarse con su marido y sus hijos en Caracas, donde comenzó a escribir La casa de los espíritus, una larga carta a su abuelo que se publicó en 1982 en España, convirtiéndola en uno de los nombres clave de la actual narrativa latinoamericana.

Acogida con excepcional entusiasmo por la crítica y público, desde entonces su obra, traducida a numerosos idiomas, ha estado marcada por el éxito. En 1994 publicó Paula, en la que habla de la muerte de su hija Paula Frías (en Barcelona, diciembre de 1991) tras una larga enfermedad.


Bibliografía

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