Javier Alberto Breitenbruch: “Escribir es un arte que te obliga a perfeccionarte constantemente”

Javier Alberto Breitenbruch
Por Andrea Viveca Sanz

Seducido por los mundos fantásticos, Javier Breintenbruch se entrega a la creación de espacios imaginados en los que sus personajes se desplazan hacia la aventura.

Con un buen manejo de la intriga, deja rodar las palabras que construyen escenas en las que se abren múltiples posibilidades. De esa manera, cada página levanta vuelo y otorga dinamismo al relato.

En diálogo con ContArte Cultura el escritor misionero comparte su pasión por las letras y nos invita a transitar sus universos cargados de fantasía.

—A modo de presentación, ¿cómo comenzarías una historia fantástica en que vos fueras el protagonista?
—Aquí estoy, en un bosque en medio de un país desconocido para mí, con un joven guía que intenta sobrevivir al mal que nos acecha; corremos por nuestras vidas, sabemos que, tal vez, sea nuestro final. Y aun así intento seguir respirando de manera normal, intento calmar mi mente y pensar en algún plan, en un medio por el cual escapar de esta sombra. Ya no tolero correr, mi estado físico no es el mejor, siento que estoy perdido, la respiración entrecortada apaga mis latidos. Las piernas entumecidas son, a cada paso, más ligeras, como si estuviese corriendo para despegar de una pista de aterrizaje. En las plantas de los pies, las heridas empiezan a agrietarse. Y la sombra se acerca. A cada paso mío, da tres. Ya siento sus pasos detrás de mí, siento cómo su instinto asesino invade mi espacio, siento cómo sus ansias de poder y venganza nublan mi vista. Oscuro, oscuro: ya todo está oscuro… Entre sollozos y oscuridad, una mano me insta a correr, y solo alcanzo a oír mis palabras: “Sigue, y llévate esto; sigue que yo lo detengo”. Soy J. A. Breitenbruch y el terror me persigue. Una sombra se acerca, y una sombra se va.

¿En qué momento sentiste que había llegado el momento de escribir una novela?
—Siempre escribía en mis momentos libres, o imaginaba un sinfín de mundos diferentes, o escenarios alternos en donde podía jugar a ser quien quisiera ser, a modo de juego claro.  Luego de la secundaria comencé la carrera de arquitectura, tenía buenas notas, siempre me jacté de ser muy inteligente, se me daba fácil estudiar y aprender.  Por cuestiones de la vida terminé abandonando y me planteé seriamente qué hacer con mi futuro, dónde quería estar en diez años y cuál era el legado que quería dejar. Y nueve años después de ese día logré mi meta de publicar mi primera novela, Izanagi: el náufrago del tiempo. Estoy justo donde quiero estar e intento forjar un legado para las generaciones futuras, como Borges, Márquez, Tolkien, Twain y muchos otros.

—¿Podrías nombrar cinco elementos que definan tu espacio creativo?
—Te los enumero y los explico:

  1. Biblioteca: utilizo muchos libros de historia mundial, leyendas japonesas, ciencias, datos concretos, no confió del todo en internet y lo que se lee por ahí.
  2. La notebook: intente varias veces escribir en papel, en teléfonos, en máquinas de escribir (pese a que tengo varias) y no logro inspirarme a menos que este con mi notebook (manías de artista, supongo).
  3. Agua caliente: mates o té, no puede faltar mientras escribo.
  4. Música: siempre escribo con música, tengo una carpeta donde cada personaje tiene su canción (instrumental). Pienso y escribo cada situación con alguna canción que defina el momento.
  5. Ruido: no logro escribir si no hay ruido, un televisor encendido, alguien hablando de fondo, un vecino trabajando con la sierra. Cualquier cosa que corte el aire apagado que produce el silencio.

—¿Qué te inspira para crear una historia?
—El personaje. Lo primero que siempre creo es el personaje, el protagonista. Lo imagino en diferentes situaciones, me pregunto ¿qué pasaría si esto le sucediera? Creo un mundo casi ideal para que sus facciones, buenas o malas, resalten entre todo lo narrado.

—¿Cómo fue el proceso creativo de “Izanagi”?
—Me llevó varios años. La primera mitad de la novela la escribí en tres o cuatro años, la segunda en tres meses. Quería publicar al cumplir los veintisiete años, y ya los había cumplido, tenía que apurarme.

—¿De qué manera delineaste el perfil de tus personajes?
—Cada uno de ellos refleja una facción que considero valiosa en las personas, y la exageré -no al grado de convertirlos en grotescos- lo suficiente para definirlos. Axel, el protagonista, es intuitivo; Christopher es leal; Eliana es astuta; Jessy es dulce; Xavier es cauto; James es carismático; Williams, el villano, es lógico y calculador.

—¿Qué creés que tienen que tener los mundos fantásticos para atrapar al lector?
—Todo lo que este mundo no tiene. Una novela, un mundo fantástico, debe tener ese sabor mágico. Los lectores no quieren leer sobre problemas políticos o religiosos, sobre cómo el mundo está diseñado para estafarte, y, si lo leen, quieren ver como un simple adolescente como ellos puede enfrentarse y vencer. Quieren ver esperanza aún en los momentos más oscuros.

—¿“Izanagi” va a tener su continuación? ¿Estás trabajando en eso?
—Izanagi tiene continuación. El segundo libro ya está terminado y en proceso de corrección. Sería la segunda entrega de esta trilogía. Y a modo de adelanto se llamará Izanagi: el legado de los clanes, ya tienen la exclusiva (risas).

—¿Cuál es tu experiencia en los talleres literarios que coordinás?
—Últimamente me vi en la necesidad de no impartir talleres, pero me encanta hacerlo. Considero que el conocimiento hay que compartirlo, y en mi poca experiencia como autor puedo guiar a los futuros escritores argentinos, mostrarles el proceso de escritura (mi proceso), explicarles el mejor modo de ser publicado, las alternativas de ser autopublicado, todo lo que aprendí a lo largo de nueve años de intenso perfeccionamiento. Y si, aún tengo mucho por aprender, por mejorar. Escribir es, en mi humilde opinión, un arte que te obliga a perfeccionarte constantemente.

—Contanos un sueño que te gustaría ver cumplido este año.
—Tengo tres, si me permitís contarlo:

  1. Viajar a Japón. Es la meca de mis viajes, amo su cultura y la sabiduría ancestral que lograron obtener a lo largo de sus años. Es por eso por lo que cada uno de mis libros tiene un tinte de cultura e historia japonesa.
  2. Me encantaría ganar un premio literario, no por el premio, sino por el prestigio. Me veo sosteniendo el Nobel de Literatura algún día. Parte del legado que deseo dejar es ser reconocido como uno de los mejores autores. No importa lo que uno decide ser, siempre hay que intentar ser el mejor. Esfuerzo, sacrificio y no rendirse nunca. Esos son los principios fundamentales para alcanzar nuestros sueños.
  3. Y el tercer sueño es comenzar con mi proyecto de conferencias. Vengo preparándome para formar un equipo de conferencistas literarios, poder viajar por Argentina compartiendo los pequeños conocimientos que fuimos adquiriendo a lo largo de nuestra carrera. No es fácil, pero se que pronto saldrá. Como dije, el conocimiento se debe compartir, de ahí logran salir las grandes ideas que hacen evolucionar al ser humano y abrir las fronteras de la imaginación.

Javier Alberto Breitenbruch

Conocé más de Javier Alberto Breitenbruch aquí.

Nació en 1989 en Leandro N Alem, Misiones. Tras finalizar sus estudios de fotografía, emprendió un recorrido a través de las letras y el arte de escribir, perfeccionando su técnica con múltiples escritores reconocidos como Diego Paszkowski, Gabriela Bejerman, entre otros.
Dedicó su tiempo y espacio a crear el personaje de Axel Otelo y la historia de Izanagi: el náufrago del tiempo.
Actualmente reside en la localidad de San Miguel, en la provincia de Buenos Aires. Donde trabaja en la última parte de su trilogía. Mientras, espera la oportunidad de editar de forma global con una editorial de prestigio.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*