Marcelo López: “No veo posible el ejercicio de escribir historias, las que sean, sin haber leído”

Marcelo López
Por Andrea Viveca Sanz

Amante de la lectura y teniendo como única necesidad la presencia de la luz del sol, Marcelo López se introduce en el mundo de la escritura para poner en acción a sus personajes, que se vislumbran como sombras detrás de los hechos o de circunstancias de la vida. Cada uno de esos seres inventados se desplaza de manera cinematográfica entre las páginas de sus libros, en los que las palabras dibujan imágenes que dan movimiento y ritmo a sus creaciones.

Cuentos, novelas y relatos de viajes son parte de ese mundo creativo en el que el autor logra pincelar con sus letras los espacios que recorre, sean reales o de ficción.

En diálogo con ContArte Cultura el escritor cordobés nos invita a viajar con él a ese universo que lo contiene.

—A modo de presentación ¿cómo comenzaría un cuento del que fueras protagonista?
—Ni bien me desperté intenté retener por todos los medios el sueño que había tenido. Lo mantuve latente unos segundos como si fuera una pesa gigante colgando de un hilo de coser. Puse mis manos sobre un papel que tenía en la mesa, alcancé una lapicera que había allí tirada, mientras sentía la angustia asfixiante de saber que se estaba perdiendo. Ya no tenía claridad en la idea, sólo sabía que me había parecido fantástica…

—¿Cuándo comienza tu carrera como escritor y qué te llevó a elegir ese camino?
—Desde que recuerdo escribo, aunque podría decir que antes de escribir dibujaba y eso es algo que fui dejando inexplicablemente. Escribía en la primaria, en la secundaria, en la universidad… siempre. No ha sido, esta cosa de escribir, algo premeditado. Nunca me lo propuse como un acto voluntario, solamente fue saliendo, asomando en combinación entre las ganas de poner en algún lado las cosas que se me ocurrían y también, porque no, en tratar de ver como me salía eso que tanto disfrutaba leyendo. Soy un convencido de que en cierta forma uno es lo que lee y para mi leer y escribir son casi sinónimos. Medios hermanos al menos. No veo posible el ejercicio de escribir historias, las que sean, sin haber leído. En uno de mis cuentos hablo de escribir como Hemingway y bueno… esta locura es un poco eso, tratar de ser sin parecer.

—¿Qué cosas no pueden faltar en tu espacio de escritura?
—Sol. El resto es superfluo.

—¿Contanos de qué manera surgen tus personajes?
—Es una buena pregunta. Nunca me lo había planteado de esa forma. Creo que mis personajes son acciones antes que ellos mismos. Quiero decir que son una persona corriendo, alguien sentado en una habitación mirando por la ventana, por citar a los protagonistas de mis dos últimas novelas. Después van tomando cuerpo, forma, densidad. También debo confesar que mis personajes, todos, son un poco de alguna persona que conozco, un amigo, una amiga, un pariente, un conocido, yo mismo. Todos átomos entremezclados y seleccionados para ser ese personaje, ese carácter que requiere la historia.

—¿Cómo fue el proceso de construcción de tus dos novelas “Cinco mil” y “Todo arde”?
—Distintos, aunque con una raíz común. Como ya dije, mis personajes son acciones y mis historias son imágenes. En el caso de Cinco Mil había estado leyendo un libro de Daniel Gutman, llamado Tacuara, que habla de lo que fue la primera guerrilla de Argentina, y ahí se toca el tema del asalto al policlínico de 1963 (de lo que habla mi novela) aunque muy sintéticamente. La historia me pareció fascinante, sobre todo el desenlace, por lo que fui masticando el tema hasta que llegue a la conclusión de que “eso” merecía ser una historia completa. Respecto a Todo Arde, nació también con una imagen. Un hombre corriendo desesperado hacia lo inevitable. Eso inevitable que lo va a destruir cuando llegue, pero que él no puede evitar buscar. Con esa imagen en la cabeza y la sensación de que “todo se repite”, me puse a pensar en qué podía pasarle a esta persona, cuál podía ser su apuro, su desesperanza, y no tuve que esforzarme demasiado en ver el 2001 y su crisis final. Es, quizás, una construcción que de alguna manera, a mi modo de ver, nos retrata. También es una de las pocas novelas que tiene por escenario la crisis del 2001, un momento que no es retratado casi en ningún ámbito artístico.

—Contanos cómo es la experiencia de hacer los relatos de viajes que presentás en tu blog.
—Es algo que disfruto mucho. Soy sumamente curioso en lo que hace a descubrir y me encanta viajar. Al mismo tiempo, y como una “deformación” profesional, me gusta contarlo, dar detalles, entregar esas pequeñas cosas que voy descubriendo al no ir por los lugares “comunes”. También es cierto que no me gusta escribir relatos de folleto, como digo yo, a esas lecturas de viajes que parecen un itinerario de excursión. A mi me gusta contar historias, anécdotas, situaciones, sensaciones… y viajes.

—¿Hay algún libro en proceso por estos días?
—Si, dos. En general siempre voy escribiendo varias cosas al mismo tiempo, porque me voy aburriendo. Por supuesto que a veces una historia va tomando más vuelo y me engancho con esa, pero el tener varios frentes abiertos me da la sensación de tener frescura. Me canso de una historia y me voy a otra, distinta, y mi cabeza se renueva y allá voy. Estoy escribiendo una novela sobre una fundación de ayuda del tercer mundo que no ayuda tanto y otra que trata sobre un escritor estancado en Atenas, entre su frustración y sus ganas que no llegan. También es muy importante el hecho de que se está por reeditar Cinco Mil, a fines de este año en Barcelona, con todo lo que eso significa.

— ¿Tu sueño como escritor?
—Cuando estuve en Capri (Italia) iba recorriendo una callecita que balconeaba al mar, decorada con santa ritas de colores estridentes y paredes blanquísimas, pasé por una puerta de madera que al lado tenía una placa. Decía que allí habia vivido Pablo Neruda. Bueno, eso quiero.

Conocé más de Marcelo López aquí y descubrí sus relatos del mundo acá.

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