Patricia Suárez: “Somos seres singulares y es sobre esa singularidad que hay que escribir”

Patricia Suárez
Por Andrea Viveca Sanz

Con una mirada capaz de atravesar la realidad, Patricia Suárez se dispone a cazar las imágenes necesarias para transformarlas en historias.

Entre palabras traza los caminos que conducen a cada obra y en cada una de ellas se atreve a recorrer otros tiempos y otros espacios a los que recrea con pasión.

Atenta a lo que la rodea, escucha las voces de sus personajes y los convoca para narrar aquello que merece ser contado. De esa manera, lo que viaja de boca en boca y se hace cuento, cae más tarde sobre el papel y se transforma en palabra escrita, que muta y se convierte dentro de cada uno de los lectores.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora nos invita a compartir el escenario de su vida y abre el telón para que seamos protagonistas del primer acto.

—¿Cómo presentarías a Patricia Suárez en el primer acto de una obra que lleva tu nombre?
—Una mujer muy distraída, siempre con un libro en la mano, un poco neurótica y ¡muy atenta a las calorías que come!

—En qué momento surge en vos la necesidad de contar historias?
—Creo que desde muy chica. Porque leía mucho y claro, soñaba con ser alguien que hiciera libros, que acompañara a otras personas a través de la lectura. Hace poco me encontré con una compañera de la primaria y dice que a los 7 años yo ya les quemaba un poco la cabeza contándoles cuentos, así que se vé que lo tenía desde muy chica eso de querer narrar, de querer inventar historias.

—¿Qué significa la escritura en tu vida?
—Lo que soy.

—¿Hay algo en especial que puedas destacar de tu lugar creativo?
—Tiene que haber café en casa.

—¿Qué te motiva a la hora de generar una historia de ficción?
—A veces, saber que después se convertirá en un libro o que hay un actor/actriz detrás que desea hacerla, que será un proyecto que vivirá en los escenarios, que no será un proceso penoso, que me hace reír o llorar, que alguien lo quiere publicar…

—¿Existe alguna diferencia entre escribir para chicos o para adultos?
—Sí. Fuera de formalidades técnicas -como la dificultad de lenguaje o extensión-, con la literatura infantil te divertís siempre. Siempre. Sino, ni la escribo.

—¿Qué cosas creés fundamentales para crear un personaje?
—Oír su voz.

—¿Contanos cuál fue tu primera experiencia con el teatro y qué lugar ocupa hoy en tu vida?
—Tomé clases con Mauricio Kartún, a quien conocí en Rosario. Luego viajé a estudiar con él y de a poquito escribí mi primera obra que se llamó Valhala y se basaba en un cuento que tenía “eucaliptos muertos y quemados por el rayo”. Tardé como seis meses o más y fue un proceso muy costoso, muy difícil. Ambos géneros no parecen escribirse con el mismo lado de la cabeza o, mejor: la escritura de teatro se resuelve escribiéndola y a la de la narrativa hay que tenerla más craneada antes de sentarse a escribir. Montaron Valhala en un semimontado de Argentores, poco después, y Nino Tenuta hizo el padre nazi, ya senil, que era gracioso y maligno a la vez. Fue una experiencia tan dura que me juré nunca más escribir teatro. Hoy, a veces, si no escribo teatro estoy fuera de mí. Es mi panacea y mi psicofármaco. Y es el lugar donde soy feliz.

—Dentro de tus actividades se destaca el dictado de talleres, ¿cómo es esa experiencia?
—Muy buena, todos los que vienen escriben luego. Y descubren lo más importante del asunto: que todos podemos escribir, todos estamos dotados para escribir. Hay que conocer algunas técnicas, lidiar con la angustia y tener mucha disciplina. Pero si podés enfrentarte a eso, podés ser un escritor. Primero solemos contar muchas historias orales, porque a mi juicio sólo quien sabe contar, sabe escribir. Y después pasamos al papel y escribimos las historias que podemos escribir, no aquellas fantasías que a veces uno tiene y no llega. Sino lo propio, escribir de cada quien uno es. Hace poco entrevisté a Angélica Gorodischer y ella dijo: “Cuando uno escribe modifica el universo, porque aquello que ahora existe, tu cuento, antes no existía”. Y es real, somos seres singulares y es sobre esa singularidad que hay que escribir.

—¿Cuáles son los sueños que te gustaría cumplir este año?
—¡Ay, soy muy ambiciosa! Que mi hija viva con felicidad los 15 años. Casarme con mi pareja y pasar el resto de mi vida con él. ¡Terminar una novela decente!


Patricia Suárez

Nació en Rosario en 1969. Ha coordinado numerosos talleres literarios para niños y adultos, y se dedica al periodismo cultural. Su obra literaria, por la que ha obtenido varias distinciones, abarca diversos géneros y ha sido difundida en la Argentina, España y Venezuela. Ha publicado las novelas Aparte del principio de la realidad (1998), Perdida en el momento (Premio Clarín de Novela 2003, Alfaguara 2004) y Un fragmento de la vida de Irene S. (Premio Secretaría de Cultura de la Nación 2001, Colihue, 2004) y los libros de cuentos Rata paseandera (1998), La italiana (2000), Completamente solo (2000), La flor incandescente (2002), Círculo, Esta no es mi noche (Alfaguara, 2005). También, los poemarios Fluido Manchester (2000) y Late (2003), el ensayo La escritura literaria (2002), la trilogía de textos teatrales Las polacas (2003), y libros de cuentos para niños, entre ellos, Historia de Pollito Belleza.

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