España celebra a Gloria Fuertes a cien años de su nacimiento

“Nací para poeta o para muerto, escogí lo difícil —supervivo de todos los naufragios—, y sigo con mis versos, vivita y coleando.” Así escribía Gloria Fuertes, la poeta que nació un 28 de julio de 1917, un día como este viernes hace cien años, en el barrio madrileño de Lavapiés. Creció en el seno de una familia humilde, hija de un bedel y una costurera, que murió de forma temprana cuando la joven apenas rondaba los diecisiete. Tres años antes, Gloria Fuertes había publicado sus primeros versos, y desde entonces, mientras compaginaba los oficios de contable o secretaria de oficina, jamás paró de escribir.

Durante su época adulta, publicó tanto poemas como obras de teatro y colaboró con revistas y diarios como Arriba, Poesía Española o Maravillas. También dirigió la publicación Arquero, que fundó junto a Antonio Gala, Julio Mariscal y Rafael Mir. A la edad de 38 años, la poeta comenzó sus estudios de biblioteconomía e inglés en el Instituto Internacional de Madrid, donde trabajaría como bibliotecaria y donde conoció también a su pareja, la hispanista Phyllis Turnbull. Gloria Fuertes obtuvo una beca Fulbright en 1961, lo que le permitió viajar a Estados Unidos para ser profesora de Literatura española en la Universidad Bucknell y otras instituciones académicas.

A su vuelta a España, saltó a la fama por su dedicación a la literatura infantil, y especialmente por sus colaboraciones en programas infantiles y juveniles de Televisión Española, como Un globo, dos globos, tres globos. Trabajos que, a pesar de brindarle el éxito masivo y el cariño de los más pequeños, eclipsaron la mayor parte de su inmensa obra como poeta de posguerra. Ella misma se definió como “autodidacta”, aunque la crítica la reconociera dentro de la Generación del 50. Desde Hipertextual recopilamos cuatro libros para descubrir a Gloria Fuertes y celebrar así el centenario de la poeta, que no poetisa, como a menudo repetía.

Diez poemas que la recuerdan:

1. Dediqué mi libro
Dediqué mi libro a una niña de un año,
y le gustó tanto,
que se lo comió.

2. Al borde

Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.

He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

3. En las noches claras,
resuelvo el problema de la soledad del ser.
Invito a la luna y con mi sombra somos tres.

4.Mi Cara

En mi cara redondita
tengo ojos y nariz,
y también una boquita
para hablar y para reír.
Con mis ojos veo todo,
con la nariz hago achís,
con mi boca como como
palomitas de maíz

5. La mujer rana

La mujer rana
y el hombre rana
se casaron
y en vez de tener perdices
tuvieron tres renacuajos.

6. Parejas

Cada abeja con su pareja.
Cada pato con su pata.

Cada loco con su tema.
Cada tomo con su tapa.

Cada tipo con su tipa.
Cada pito con su flauta.

Cada foco con su foca.
Cada plato con su taza.

Cada río con su ría.
Cada gato con su gata.

Cada lluvia con su nube.

Cada nube con su agua.
Cada niño con su niña.

Cada piñón con su piña.
Cada noche con su alba.

7. Nací para poeta o para muerto…

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.

8. En el árbol de mi pecho

En el árbol de mi pecho
hay un pájaro encarnado.

Cuando te veo se asusta,
aletea, lanza saltos.

En el árbol de mi pecho
hay un pájaro encarnado.

Cuando te veo se asusta,
¡eres un espantapájaros!

9. A veces quiero preguntarte cosas…

A veces quiero preguntarte cosas,
y me intimidas tú con la mirada,
y retorno al silencio contagiada
del tímido perfume de tus rosas.

A veces quise no soñar contigo,
y cuanto más quería más soñaba,
por tus versos que yo saboreaba,
tú el rico de poemas, yo el mendigo.

Pero yo no adivino lo que invento,
y nunca inventaré lo que adivino
del nombre esclavo de mi pensamiento.

Adivino que no soy tu contento,
que a veces me recuerdas, imagino,
y al írtelo a decir mi voz no siento.

10. Autobiografía

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.

(Fuente: hipertextual.com)

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