“Huellas en el agua”, desandando 30 años de historia de La Sonora

El conjunto de música popular La Sonora, agrupación platense con 29 años de trayectoria, muestra el viernes 23 desde las 21, en Circe Fábrica de Arte de la Ciudad de Buenos Aires (Av. Córdoba 4335, Capital), su reciente tercer álbum “Huellas en el agua” con el que, apuntó el pianista y autor Alejandro Rodríguez, “estrenamos formación y cambiamos el sonido de la banda”.

“Es muy importante para nosotros estar cumpliendo 29 años de recorrido con un nuevo proyecto entre manos, haber cambiado el sonido de la banda y permanecer en el ruedo de manera productiva”, destacó Rodríguez durante una entrevista con la agencia de noticias Télam.

La Sonora completa su formación con Diego Amerise en bajo eléctrico y contrabajo, Juan Pablo Castrillo en percusión y Cynthia Aguirre en voz, a quienes se suma como miembro estable el guitarrista Nehuén Ercoli.

En su recorrido y antes de “Huellas en el agua”, registró los álbumes “La Sonora” y “De por acá”, tomó parte en el compilado de música argentina del sello británico Slam Records titulado “Open Dreams” y ostenta un largo recorrido por escenarios locales y europeos, además de una profusa labor formativa.

La propuesta de “Huellas…” reúne canciones propias y de Hugo Fattoruso y Ramón Navarro, además del clásico “Dr. Gradus ad Parnassum”, de Claude Debussy visitado en formato de candombe.

—¿Cómo y por qué decidieron llevar una creación de Debussy al candombe?
—Son ideas que surgen cuando escuchás o tocás ese tipo de música con un bagaje interno que está vinculado a la música popular. Estudiaba esa música hace tiempo y de forma inconsciente lo acentuaba a la manera de un candombe o algo así, y ahí nació la idea de incorporarlo al repertorio. Con ese “filtro rioplatense” por llamarlo de alguna forma.

—¿De qué manera se plantean la convivencia entre la obra propia y los autores que eligen para visitar?
—En general hay una cierta idea de homenajear a algunos músicos que son significativos para nosotros. La “Chaya del vidalero” es un tema que he arreglado muchas veces en mi recorrido por el folclore y da la sensación que siempre da para algo más. Mientras que el choro de Hugo Fatorusso nos resuena como un tema “pariente” de algunas sonoridades que el grupo ha explorado a lo largo de su camino. De alguna forma “Huellas en el agua” tiene esas dos caras: Presentar material nuevo inédito y homenajear a algunos músicos referenciales para nosotros.

—¿Y cómo determinan el color propio para abarcar desde los ritmos folclóricos al tango?
—La Sonora trabaja como una coctelera donde va a parar todo lo que nos gusta. Es un territorio de exploración de “grooves” locales de alguna manera. La timbrica del grupo no se basa ni el sonido del folclore ni en el del tango, tal vez se apoye mas en la sonoridad de un trió de jazz o en el sonido de bandas locales de los 80. El bajo muy involucrado en el trabajo melódico y también armónico, el uso de rotontones o el sonido de CP80 del piano.

—¿Cómo calificarían la experiencia europea de La Sonora?
—Hermosa. Siempre viajar haciendo música es hermoso. Y recibir músicos interesados en lo que hacemos también es un gran placer y muy enriquecedor.

—¿Cuándo comenzaron a integrar lo educativo y con qué finalidad?
—Desde el inicio del grupo hubo un trabajo educativo en paralelo. En un principio tenia como fin poner a circular información que habíamos ido juntando en viajes por Latinoamérica. En ese momento no había el nivel de acceso que existe hoy y creamos unos “talleres de percusión” que resultaron muy bien aquí en La Plata. Luego vimos que había una cierta efectividad en lo metodológico, en la forma de encarar y ordenar el aprendizaje y eso nos terminó vinculando con escuelas de música europeas que tenían un enfoque afín. Hoy día y desde hace 15 años trabajamos con contingentes de alumnos extranjeros que vienen a La Plata a trabajar sobre música argentina.

—¿Qué certezas extraen de ese proceso formativo de tantos años?
—La principal certeza que surge es que el trabajo es colectivo siempre. Hasta para sentarse a componer uno no está solo, te acompañan todos los maestros que han participado de tu formación, todas las opiniones que alguna vez alguien tiró sobre tu música. Reconocer esto, hace que uno empiece a poner en vereda al propio ego y esto, como en un circulo, hace que la tarea colectiva sea más sencilla.

—¿Qué es lo que llama la atención de la música argentina a los extranjeros?
—Yo creo que hay algo vinculado al vuelo melódico que les resulta impactante. También lo rítmico pero creo que fundamentalmente hay un temperamento melódico que fascina a los extranjeros.

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