Joan Baez anunció que dejará los escenarios

Por Ignacio Juliá (*)

Me retiraré de las giras este año”, anuncia una risueña Joan Baez (Nueva York, 1941), tal vez consciente de que su destino se ha cumplido ampliamente. ”Se acabó subir al autobús y pasar seis semanas cantando todas las noches, hora y media de pie. Llegué a la conclusión de que sesenta años de eso ya eran suficientes”.

Antes de una jubilación que no afectará a su legendaria dimensión como activista por los derechos civiles y la defensa del medio ambiente, entre otros frentes acometidos por esta humanista que dio alas a un joven Bob Dylan, Baez entrega una equilibrada y sentida selección de canciones ajenas. En Whistle Down the Wind, álbum producido por Joe Henry —arquitecto de una densa sonoridad que aporta gravedad a su antaño aguda voz—, incluye dos temas del cantautor Josh Ritter y otros dos de Tom Waits. ”Sus canciones son brillantes e ingeniosas, repletas de hermosas imágenes, pero cuando él las canta suenan a papel de lija”, bromea.

Entre emocionantes maravillas de Anhoni o Mary Chapin Carpenter, la estoica pacifista que debutó en 1960 solo asoma en la final I Wish the Wars Were All Over. ”No podría ser más clara, pero no te adoctrina, es tan solo un deseo”, señala. Minutos después se emociona al recordar a Obama cantando Amazing Grace en el funeral por las víctimas de Charleston, tiroteadas por un supremacista blanco en 2015.

¿Cómo elige las canciones, por intuición y emoción o por razones políticas?

La razón es importante, también la intuición. Además, debo ser capaz de cantarla, mi voz es ya muy limitada. La política debe manifestarse de un modo hermoso y sutil, como en Another World, de Anhoni. No me interesan las canciones protesta. Quiero canciones que muestren las tragedias del mundo pero, llegados a este punto, la belleza debe imponerse. Debe haber musicalidad, buenos instrumentistas, para lograr una belleza pura, eso es lo más importante. Y estas canciones son muy hermosas.

La versión de Civil War, original de Joe Henry, parece oportuna. ¿Es la división que actualmente existe en Estados Unidos comparable a la que se vivió en los sesenta?

Creo que la administración está haciendo todo lo posible para que aumente esa división. En los sesenta todavía no había florecido realmente el racismo. Sucedió cuando Obama fue presidente; muchas personas blancas jamás lo aceptaron y siguen sin aceptarlo. Es uno de los grandes problemas actuales. Hitler y sus amigos estaban interesados en dominar el mundo, pero a Trump solo le interesa el dinero. En un mismo día vi por televisión a George Will, un archiconservador que dejó el partido republicano al entrar Trump, y a Michael Moore, muy progresista, y ambos decían lo mismo: este país solo tiene una salida, que la gente se levante y entre en política para hacerse oír, y de hecho ya lo están haciendo. Tanto republicanos como demócratas son un desastre, necesitamos caras nuevas. Es la única esperanza.

El cambio climático sería la otra gran catástrofe.

La cuestión es si ya hemos llegado demasiado lejos para poder revertirlo. Si así fuese, debemos vivir nuestras vidas con dignidad a pesar de ello. La canción Another World es tan profunda, tan hermosa; la he cantado mucho en escena y a veces pienso que es la más importante del concierto. Creo que Anhoni la compuso antes de su cambio de sexo, lo que la hace todavía más interesante: ella necesita otro lugar, otro mundo.

The President Sang Amazing Grace, de Zoe Mulford, suena a bálsamo contra la desilusión. Al concluir su mandato, muchas de las promesas de Obama quedaron incumplidas.

Todos los que fuimos admiradores de Obama nos sentimos decepcionados en un momento u otro. Hizo cosas terribles y estúpidas, pero en general fue y es un ser humano compasivo o no habría cantado esa canción. Es el único presidente que podía hacerlo y no lo hubiese hecho de no haberse emocionado. Es una persona agradable, un orador brillante, y tiene principios, todo lo que le falta a Trump.

¿Queda espacio para la esperanza?

No soy optimista, siento temor por mi nieta, no entiendo cómo podrá haber un mundo en el que pueda vivir. Pasamos la mayor parte del tiempo en la negación, por ejemplo del calentamiento global, pero debemos ser conscientes de que hay todavía cosas que podemos hacer. Siempre he creído en pequeñas victorias y grandes derrotas. Hoy vivimos una enorme derrota, por lo que cada pequeña victoria deviene importante. Asistí recientemente a una obra representada por niños portorriqueños y todos ellos se dejaban el alma cantando, sentían que estaban aportando algo importante y hermoso al mundo. Y pensé que tenían toda la razón. Eso les mantiene a flote, les da su propia esperanza. Ya no podemos pensar a largo plazo, es inútil.

(*) Diario El País de España

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