“The Otherness”, la condensación de ocho años de rocanrol

The Otherness, la banda conformada por cuatro chicos del sur argentino que conquistó un gran reconocimiento con sus EPs anteriores, lanzó su primer disco de estudio larga duración, que condensa la potencia y solidez de ocho años de crecimiento y en el que se permite una apertura musical hacia nuevos matices sonoros.

El flamante álbum “The Otherness”, que incita a mover el esqueleto desde la primera canción, se encuentra disponible en las plataformas digitales y cuenta con catorce canciones compuestas por los hermanos Martín (guitarra y voz) y Gonzalo Cativa (bajo y voz), algunas que se encontraban en registros anteriores y otras inéditas.

“The Otherness (La Otredad) es un canto de y a la libertad porque trasciende el mandato social. No elegimos dónde nacer, qué idioma hablar o qué sexo tener pero podemos inventarnos a nosotros mismos, y con esa libertad creativa, presentarnos como queremos”, reflexionó Martín, en diálogo con la agencia de noticias Télam, sobre el fundamento de la banda.

La familia Other -apellido artístico que cada integrante utiliza, al estilo ramonero- encuentra su equilibrio con Pablo Gaggioni (batería y coros) y Agustín Damer (guitarra) y tiene en su haber tres EPs: “Come on” (2014), “Rip it” (2015), “In the attic” (2016) y los singles, “The roundabout/You can turn me on” y “Give that face/Quarter to nine”, publicados en 2016.

El conjunto de canciones que da a conocer el cuarteto en “The Otherness” fue compuesto en distintas latitudes del planisferio como “Feedback calling”, escrita una tarde de lluvia en Manchester -lo que explica el tempo-, y algunas tuvieron su génesis en situaciones locales como “She feels the soul”, inspirada en la tragedia del recital que ofreció el Indio en marzo pasado en Olavarría.

El combo de la Patagonia se ancla en cuestiones relacionadas con la libertad y la integración, sostiene una postura crítica con el sexismo, el falocentrismo y la industria del entretenimiento, y se opone a la inexistencia de cuestionamientos o rebeldías que movilicen mentes; y esos principios sobrevuelan a lo largo del álbum.

Desde lo sonoro, la banda abre sus composiciones a diversos matices musicales pero con una impronta moderna que las aúna. Por ejemplo, se pueden encontrar sonoridades de big band y swing en “Your carnival”; elementos del soul, R&B y un rocanrol bailable con influencias británicas en “Baby, there’s more than that” o “Isn’t it amusing?”; y reminiscencias de la movida estadounidense de los 50 y 60 en “Feedback is calling” o “She feels the soul”, por mencionar solo algunos pasajes.

Martín Cativa, cantante y guitarrista de la banda, habló sobre el lanzamiento de “The Otherness”.

—¿Cuál es la génesis de este primer disco de estudio “The Otherness”?
—Nuestra música es diversión pero también, hermana de divergencias. En el disco pudimos condensar todos los estilos que aprendimos a tocar con nuestra experiencia, del rock al pop al soul al R&B, swing, rocanrol. Estamos contentos con el disco porque es rock bailable, variado y dinámico, y tiene energía.

—¿Por qué esperaron tanto tiempo para lanzar un LP?
—Teníamos que madurar un poco en la forma de interpretar otros géneros musicales. Podíamos tocar bien por la experiencia de las giras, allá tocábamos tres o cuatro veces por semana, y sonábamos ajustados pero con este disco nos damos permiso para recorrer una gama de estilos musicales que antes no podíamos interpretar bien. Allí reside nuestra madurez.

—Sin embargo, en todo este tiempo, giraron por Sudamérica y visitaron Reino Unido en tres oportunidades, allí cautivaron enseguida, ¿cómo recibieron el reconocimiento?
—El impacto que tiene nuestra música es de inmediato porque es bailable. La gente reacciona espontáneamente y nos gusta tocar, es un país chico, esta bien conectado por trenes y eso hace que sea más fácil organizar una gira. En la medida en que seguimos yendo nuestros seguidores van creciendo. No nos detenemos a pensar qué hicimos y si metimos un sencillo en la BBC, pensamos en cómo meter otro. No miramos hacia atrás y tratamos de avanzar, hay como una ética warholiana.

—¿Qué es lo importante?
—Es cuánto arte alcanzás a producir en el espacio de vida que tenés, porque en definitiva ese es el legado, uno no se acuerda de los premios de McCartney, pero sí de sus canciones y esa dedicación perdura. Hay que ser consciente de la responsabilidad que implica dejar un legado.

—¿Qué recuerdos quedan hoy del comienzo de The Otherness?
—Hay matices de pasión porque hay amor por empezar a hacer música y en retrospectiva son una locura. Cuando hicimos nuestra primera gira en Paraguay, desconocíamos de la procesión de la virgen y estaba todo cerrado. Tuvimos que dormir en la parte trasera de un auto que habían tirado, fuimos los sin techo por una noche. Ganamos experiencias de viajes pero en el momento fue terrible, nadie pegaba un ojo. Ahora lo contamos con gracia pero en el momento fue una gran prueba. Cuando fuimos por primera vez a tocar a Inglaterra, caminamos 200 o 300 cuadras por día para conseguir shows pero eso hizo que la segunda y tercera vez, las giras salieran mejor.

—¿Y con qué desafíos se encuentran ahora?
—El desafío es poder consolidarse y ampliar la llegada de la banda. Hoy el rock no atraviesa un gran momento y fue desplazado del ranking por el hip hop y el rap. El rock no tiene la fuerza generacional que tenía antes y como artistas jóvenes tenemos que lograr transmitir eso de nuevo. Si bien en el rock hay mucho cliché machista, de las groupies y el reventado, que no compartimos, no me parece que el hip hop y el rap estén comunicando algo interesante, hay mucha jactancia material. Con nuestros viajes, nos dimos cuenta cómo los gobiernos neoliberales buscan estandarizar la cultura, y el rock está para que digamos todas estas cosas y nos expresemos a través de una manera creativa e integradora para que no te pasen por encima.

—¿Crisis?
—En principio hay una crisis de compositores, las industrias fueron homogeneizándose y el contenido resulta unidimensional. Me parece que es cíclico, es propio de la cultura. Cuando el rock estuvo estancado, apareció el punk, después Nirvana y el grunge, y así fueron sucediéndose, pero desde que empezó el siglo 21 no ocurrió nada que tuviese suficiente fuerza.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*