César Benítez, la pasión de un constructor de la cultura

César Augusto Benítez
Por Walter Omar Buffarini

Soy un entusiasta, un obsesivo, un laburante. Cuando se me pone algo en la cabeza no lo dudo y voy al frente tratando de hacerlo posible”, de ese modo no duda en presentarse César Augusto Benítez, actor, productor y un verdadero constructor de espacios de cultura.

Egresado de la Escuela de Teatro de La Plata, él mismo confiesa que fue esa institución la que le permitió encontrar su lugar para hacer realidad una innata “necesidad de comunicar”.

“Intenté estudiar Periodismo, por tres años probé con Sociología, también me anoté en la Facultad de Bellas Artes, pero nada de eso me duró demasiado porque sentía que la Universidad me encerraba dentro de una burbuja. Finalmente, fue en la Escuela de Teatro donde verdaderamente descubrí mi vocación”, afirma el actor platense.

César es cofundador de MULA Cultura -una organización de gestión cultural donde se integra producción, comunicación y formación, además de asesorar y desarrollar proyectos culturales-, integra su propia compañía teatral y es uno de los impulsores de la asociación Teatristas Independientes de La Plata. “Comparto un grupo base de gente que me acompaña desde los tiempos de la Escuela de Teatro, quienes nos convocamos para ser parte de la compañía a poco de egresar”, detalla al tiempo que explica que “con gran parte de ellos, además de compartir la compañía, militamos en ese espacio que son los Teatristas Independientes, a la vez que con otra parte del grupo conformamos lo que hoy es MULA Cultura. Particularmente soy el único que está atravesado por los tres proyectos, por lo que debo hacer todo un ejercicio para separar claramente las cosas y no mezclarlas”.

Buscamos todo el tiempo distintas formas de hacer visible la cultura y principalmente el teatro platense, y no descuidamos buscar trabajo para nosotros y los actores que nos acompañan“.

Contando en detalle sobre el lugar que cada uno de esos espacios ocupan en él, César Benítez cuenta que la compañía le permite expresarse artísticamente arriba del escenario, MULA Cultura posee más de su propia dinámica: “La conformamos con una compañera de la compañía de teatro y hoy somos tres personas que la llevamos adelante formando equipos mucho más grandes para realizar los distintos proyectos que encaramos”.

MULA Cultura: César Benítez, Rocío Bergé y Carito Sueta (Foto: Fede Borobio)

“MULA tiene la particularidad de poseer una dinámica que se fue creando al hacer, y eso está muy bueno, porque permite ir cambiando cosas a cada momento, fruto del ir aprendiendo, viendo y reviendo cada paso dado”, afirma, a la vez que entiende que “es el proyecto que más visibles nos está haciendo hoy por hoy”.

Un tema no menor para quienes llevan adelante proyectos culturales es el económico. Ante esta realidad y la pregunta acerca de si se puede vivir de la cultura, César afirma estar “convencido que sí, aunque nos cueste lograrlo”. Y en este punto hace una aclaración: “Es más difícil para aquellos que intentamos una cultura autogestionada, esa que tiene que generarse continuamente la posibilidad de sustento. Pero insisto en que se puede vivir de la cultura y se debe apuntar a ello”.

Pero César no puede evitar algo de lo que está plenamente convencido: “Cuando uno encara un proyecto cultural, por lo menos desde la definición que yo le estoy dando como trabajador de la cultura, con ese posicionamiento, más allá de lo económico se debe encarar de la forma más seria y con todas las responsabilidades que tiene que tener un trabajo”.

Algo más que actuar

Con cada palabra fluye la alegría de sentirse en el camino correcto y cada recuerdo que expresa no hace más que fortalecer ese sentimiento: “Fue muy emocionante la experiencia de estudiar teatro, a tal punto que mi primer día de clases ni siquiera pude presentarme de la emoción que sentía de estar ahí. Me latía el corazón muy fuerte y no podía hablar delante de mis compañeros. Sólo pensaba ‘sé que tengo que estar’, aunque aún no sabía por qué”.

Pero la experiencia de César Benítez en la Escuela de Teatro lo llevó más allá de centrarse solamente en la actuación y le permitió descubrir un mundo mucho más amplio alrededor de los escenarios.

Me gusta dibujar. Comencé a hacerlo cuando empecé a estudiar Sociología y me sirvió para empezar a descubrir otras facetas de mi personalidad, sobre todo la artística”.

“En la Escuela me di cuenta que no sólo me alcanzaba con la actuación, sino que me interesaba todo el mundo que está alrededor del teatro. La puesta en escena, la dirección, la producción, todo lo que hace a que el artista, el actor, pueda estar en las mejores condiciones arriba del escenario”, enfatiza buscando que quien lo escucha sienta lo que él siente: “Descubrí que ese era mi camino, una cosa más amplia. Pero también me doy cuenta de que la Escuela de Teatro no me iba a brindar todas las herramientas que necesitaba para generar proyectos propios, personales. La Escuela no me iba a enseñar cómo formar una compañía de teatro, lo que me brindaba eran las bases para ser actor, pero no una perspectiva de lo laboral para cuando saliera de allí”.

Y ante esa realidad, no sólo no se conformó, sino que comenzó a desandar el camino: “Esto lo descubrí al poco tiempo de haber ingresado a la Escuela, e hizo que cuando egresé ya había estrenado tres obras con todo lo que ello requería”.

La compañía teatral

“La compañía tiene la idea de proyectarse como un trabajo, pero al ser tantos los integrantes se nos hace más difícil”, confiesa César, quien entiende que “el camino es principalmente entrar todos en la misma sintonía de prioridades y encontrar la forma de hacerlo sustentable. A fines de 2016 generamos y estrenamos una obra que se llama ‘El sol quieto’, considerada una de las mejores obras en lo que hace a la puesta teatral platense, hemos tenido muy buenas críticas, pero pudimos realizar muy pocas funciones, igual que sucederá este año”.

La Compañía de Teatro protagonizó una visita guiada teatralizada en la Legislatura bonaerense, con el auspicio de la Cámara de Diputados.

Pero esas dificultades no los detiene: “A pesar de todo insistimos y tenemos en carpeta generar una nueva puesta, pero siempre bancándolo nosotros mismos, invirtiendo fundamentalmente tiempo y gestionando la obtención de subsidios”.

En este punto, Benítez no puede dejar de describir el esfuerzo burocrático que significa poder llevar a cabo una producción independiente, ya que “cada vez que emprendemos el camino de una obra debemos escribir proyectos para intentar alcanzar los subsidios que nos ayuden a realizarla, tanto a nivel nacional, a través del Instituto del Teatro, como en la Provincia, y después de llenar una innumerable cantidad de papeles, los entregamos y sólo nos queda rezar para que sea aprobado”.

La necesidad del apoyo estatal

“Entendemos que el Estado debe ser un socio indispensable a la hora de pensar en el desarrollo de la cultura. Como actores independientes o como integrantes de MULA tenemos una relación con el Estado que no es simple, que muchas veces carece de feed-back, no tiene ida y vuelta, y eso tiene que ver, principalmente, con que en épocas de crisis la cultura ha sido la primera que ha caído”, asegura el actor, quien además sostiene que “cuando encaramos proyectos buscamos enredarnos con el Estado, con privados, con la gente, con todos, y eso tiene que ver con que trabajamos en red y eso hace indispensable que los distintos sectores se involucren. Y sin dudas el Estado debe ser el más fuerte”.

El Estado nunca se ha involucrado como realmente debe hacerlo, y no es un tema actual, sino que es histórico”.

Y como ejemplo de la situación actual, César Benítez cuenta lo que viven con el festival AURA, que ya se realizó en La Plata en 2016 y 2017: “Es un evento muy caro de realizar y para poder llevarlo adelante es necesario enredarse con los distintos sectores, desde el Estado hasta los vecinos. Así, en 2016 la Municipalidad de La Plata nos aportó toda la parte técnica para poder montar un escenario al aire libre para un evento que acerca alrededor de 5000 personas. En 2017, nos aportó 500 bolsas de friselina”.

“Es un evento que genera impacto simbólico, cultural y económico, y genera trabajo, y el Estado se mantiene prácticamente ausente”, explica con cierto aire de resignación.

Un largo camino

César Augusto Benítez es padre de dos hijos, Emma y Simón, frutos de la relación de más de una década con Magalí Ventimiglia, a quien conoció en sus años de estudio en la Escuela de Teatro. Al hablar de los suyos no elude hacer mención a sus orígenes y se enorgullece de sus logros: “Vengo de una familia tremendamente humilde, y siempre estuvo en mi la curiosidad de saber qué había más allá de lo que me ofrecía esa realidad”.

“Hay amigos que ni siquiera están vivos. Yo supe encontrar contención y saber buscarla involucrándome con buena gente. Me siento un ejemplo de quien supo trascender la marginalidad y la periferia. Me siento una persona transformada y transformadora, cuestiones que significan poder ayudar a los demás, trascendiendo lo meramente económico”, sostiene convencido, para luego volver a lo importante de los más cercanos: “Vivo con mi familia, al día, pero haciendo lo que nos gusta, queremos y nos hace felices”.

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