Maia Francia y “la mala” de la noche de El Trece

Maia Francia lleva su impronta teatral a la pantalla chica

Maia Francia, joven actriz uruguaya que ya estrenó más de 30 puestas en el país, lleva su impronta teatral a la pantalla chica para interpretar a Amanda, un alma enloquecida, lanzada a recuperar a su ex pareja (Lamothe) sin medir consecuencias en “Las estrellas” (El Trece), la tira nacional más vista del prime time, donde asume escenas desopilantes, mientras ultima los detalles de su rol en “El Avaro”, de Moliére, que el jueves estrenará en el Teatro Regio.

Hace más de 10 años llegó al país, con el teatro como norte, luego de terminar sus estudios de arte dramático en la prestigiosa escuela El Galpón y de recibirse de licenciada en ciencias de la comunicación en su tierra natal, para advertir, “siempre fui noña y estudiosa”, en charla con la agencia de noticias Télam.

Dos distinciones Florencio Sánchez y un premio María Guerrero dan cuenta de su precisión poética sobre las tablas, con trabajos brillantes como su protagónico en la comedia “Como les guste”, de William Shakespeare dirigida por Jorge Azurmendi, o la composición de su torturada Ada en “Los hechizados”, con dirección de Héctor Levy-Daniel.

En “Las estrellas”, le pone el cuerpo a una criatura despechada, ex y madre del único hijo de Javo (Lamothe), con quien está obsesionada e intenta separar de Virginia (Celeste Cid) una de las protagonistas, “trato de que ‘la mala’ vire más hacia la enfermedad mental para salir de cierto estereotipo”, avisa.

Su participación cada día gana más presencia en el cuento y en las redes sociales, especialmente durante los capítulos recientes, donde conforma una extraña alianza con Ignacio (Rafel Ferro), el esposo de Virginia para complotar contra los enamorados.

Durante un alto en las grabaciones de la ficción, conversó con la agencia en el bar de la productora Polka.

¿Amanda, es un personaje teatral en la televisión?

Está lejos de mí, es alguien un poquito desquiciada, negada a entender que el hombre no la quiere más; fue una sorpresa deliciosa encontrarme con este rol secundario al que llegué por casting e iba a desarrollar sólo por cuatro capítulos pero ya me entregaron el libro del capítulo 50 y la historia que está al aire anda cerca del episodio 35. En cuanto a la impronta teatral, si soy una de las integrantes del elenco que tiene su fuerte en el escenario, bueno, lo uso… La tele propone un cambio de códigos, como tengo un cuerpo entrenado para actuar ante 1.500 personas, precisé acomodar el instrumento para trabajar, por ejemplo en un primer plano con tres cámaras encima y me genera un desafío. Aunque estuve en pantalla varias veces, es la primera vez que tengo continuidad en una tira diaria, entonces puedo “engordar” un poquito más las situaciones planteadas desde el guión.

En “Las Estrellas” llevás las escenas hacia el humor, aunque sobre las tablas tiene un camino recorrido en drama …

Amanda, desde las escenas no viene diseñada con una impronta cómica, mi criatura es demandante, quejosa, pero la trabajo como a una mina pasada de rosca e intento transmitir ese estado a través de la gestualidad: tiene una mirada con los ojos bien abiertos, casi fijos, y en la medida de lo posible intento darle cierta vueltita hacia el humor, ya que el código de Polka consiste en abordar temas importantes de una forma entretenida. Vengo de los grandes dramas en el teatro, es cierto, y agradezco esta plataforma para probar otras texturas.

¿La odian en las redes sociales por su papel en la tira?

Sí. Mi chica también genera empatía: no deja de ser alguien que ama, mal, pero cree que ama. Tiene aristas actuales, como usar a su hijo para manipular. Si bien hace cosas de villana, no llega al nivel de frialdad con que se maneja Ignacio (Ferro). Me sorprende el grado de identificación con los personajes especialmente con las cinco deliciosas protagonista. La ficción logró captar a un público veinteañero de chicas y varones, más allá de los adultos, audiencia tradicional de las telenovelas.

¿Cómo vive el reconocimiento de la gente?

Vengo del palo del teatro donde la devolución del espectador es más acotada, sólo en algunos casos, cuando se anima, te espera a la salida de una función y te hace algún comentario. Tengo claro que es un personaje secundario, pero percibo las miradas por la calle: Resulta mi primera exposición mediática y sucede dentro de la tira diaria nacional más vista en un gran año de la productora, algo esperanzador.

¿Por qué?

Comprobar que hay trabajo para los actores y que la ficción nacional sigue levantando cabeza aporta confianza. Estoy orgullosa de la apuesta realizada en Polka que puede gustar o no, pero hoy es difícil mantener al aire una historia argentina que debe competir con Netflix y enlatados extranjeros, dentro de un contexto cultural donde se vive un cambio de paradigma por la crisis, hablamos de un momento especialmente complejo para el área audiovisual, con, por ejemplo, todas las dificultades que vive el Incaa.

¿Y el ámbito teatral, cómo atraviesa la situación?

El ser teatral resiste de puro irreverente, ya que conoce cómo se dificultan las cosas en las crisis, pero el bolsillo del público es lo primero que se resiente. La asistencia a las salas bajó un 40% y se nota en todos los circuitos.

¿Su papel en “El avaro” implica su regreso al Complejo Teatral de Buenos Aires?

Sí. Vengo de trabajar un tiempo en el Cervantes, con el estreno del jueves vuelvo al Complejo, dirigida por Corina Fiorillo. El teatro es mi metier, mi universo, donde actúo y también doy clases. Algún día dirigiré, hay tiempo. Por ahora estoy en proceso de preproducción de “La gata sobre el tejado de zinc caliente” de Tennessee Williams, donde fui Maggie (la protagonista) en la edición del ciclo Teatrísimo de 2016, con dirección de Azurmendi, más un elencazo: Esteban Meloni, Antonio Grimau, Sivina Bosco y Ana María Castell. Fue una experiencia maravillosa con tan buena recepción del público y quiero repetir, hacer temporada con la puesta.

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