Sara Bonfante habla de su última obra: “Llegué al final porque algún obrero escribió: Verdad. Belleza. Bien”

Por Andrea Viveca Sanz

Enredada en la madeja de una herencia familiar se ocultaba una historia en la que se entrecruzaban hilos de interrogantes sin respuestas. Seducida por aquello que se revela a medias, que se manifiesta como un acertijo donde todo es posible, la escritora Sara Isabella Bonfante logró atrapar con su imaginación los cimientos de su nueva obra “Una mañana de cristal”.

Sus palabras se convirtieron entonces en verdaderos ladrillos capaces de sostener una trama ágil, edificada en cada renglón con trazos de intriga, que capturará a los lectores, quienes seguramente se internarán en ese edificio de letras donde estarán en juego mucho más que los bienes materiales.

En diálogo con ContArte Cultura la autora vuelve sobre sus pasos e invita a viajar con ella a su “casa de la ficción“, en una de cuyas paredes estaba escrito el final.

—¿Cuál fue la chispa que encendió la historia de tu nueva novela?
—Esta novela es producto de una historia familiar, que me narró una tía que vivía en Varazze. Es el caso de un típico hallazgo que genera intriga, y que  deja pensando en ¿qué pasaría si…? Estas preguntas movilizan, dan una inquietud para seguir preguntándose. Cuando pienso en una historia nueva siempre me hago una serie de ¿qué pasaría si…? Es una forma de descubrir nuevas posibilidades, nuevas complicaciones para una trama que se irá tejiendo

—¿Por qué elegiste ese título?
—El título es siempre un desafío, porque me interesa que confirme algún aspecto de la trama, que ayude a la interpretación de la obra. El cristal, con su fragilidad, pero también con su brillo, es un elemento que le puede dar inestabilidad a aquello que logra la protagonista, refirma la transitoriedad de los equilibrios, y también le exigirá mayor atención para resguardar aquello que obtuvo. Y, en la escena final, el cristal compone una metáfora con la belleza, la verdad y el bien.

—¿En qué tiempo histórico se desarrolla la trama?
—El tiempo de la novela es el presente, no así el de la historia, ya que se narran hechos ocurridos en el 1500. Sin embargo, hay una inexactitud del tiempo, ya que la protagonista solo conoce parte de la historia por datos que recibe de segunda mano, por tanto no hay una certeza. De este modo, se muestra lo imposible que resulta asegurar un hecho porque el tiempo lo va borrando todo, y lo que se transmite son hilos débiles de recuerdos, vagas ideas, impresiones de un tiempo que pudo ser. 

—¿Cuáles son los ambientes geográficos en los que se desarrollan las escenas de “Una mañana de cristal”?
—Clarisa, la protagonista, viaja a Italia, a Génova y a Varazze, una ciudad de la Liguria. Ella describe las ciudades con una marca de sus estados  emocionales. Así, cuando experimenta euforia las ciudades están refulgentes, cuando está triste, todo es gris, lluvioso… La unión del entorno con sus estados vendría a significar una comunión con las ciudades y los elementos de la naturaleza.

—¿Hay alguna temática que actúa como hilo conductor entre las páginas de tu novela?
—Por supuesto, el tema de la “herencia” es capital en la novela. No es el único, se muestra la codicia, la mentira, la perfidia. Es una obra donde el interés por el dinero se aferra hasta el sumun, tanto que se cometen las peores acciones, ilícitos. Así los personajes principales y los secundarios se imbrican con el interés. No obstante, algunos otros se comprometen a descubrir la punta del ovillo, y colaboran en una tarea que no es fácil. Los años transcurridos son un impedimento, y también el poder de algunas empresas.


El sábado 14 de septiembre Sara Isabella Bonfante participará con “Una mañana de cristal”
en la 3ra. edición de “Historias que dejan marcas”

—¿Quiénes son los protagonistas? Si tuvieras que elegir una palabra para definir a cada uno de ellos, ¿cuál sería y por qué?
—Clarisa, es la heredera, ella representa a la inocencia, aunque luego se va transformando. Al inicio con resquemor, hasta diría con miedo. Y, como no podía más que seguir para cumplir con lo que le han dejado, no se amilana. Todo hace indicar que no se rebelará, pero da un salto al vacío. Y eso es bueno, porque se pone a prueba. Marietta, su antagonista, es la que desarrolla las acciones de poder y de maldad, con un gran componente de perfidia. Mientras la escribía me llegué a asombrar, vi que la codicia es la madre de las acciones más viles. Ella cree tener derecho por el solo hecho de haber trabajado en la casa. Y muestra un grado elevado de prejuicio hacia los no italianos, y por sobre todo con los argentinos. Una lectora me preguntó ¿conociste a alguien tan malvado? Su pregunta me sorprendió y también me gustó, porque este personaje genera rechazo y eso me da la pauta de que no presenta fisuras.

—¿Hay algún personaje secundario que merece ser destacado?
Una mañana de cristal es una novela con pocos personajes principales y con secundarios que llegan a la historia, algunos como Helena, en la mitad de la obra. Este personaje tiene la función de “mentora”, sería quien llega para ayudar a Clarisa a destrabar los impedimentos. Cumple un rol de consejera y por momentos toma un gran protagonismo para cercenar los avances de Marietta. Tiziana es otro muy particular, por su vínculo con Marietta, y por un incidente que no lo puedo contar para no hacer spoiler. Otro personaje que se nombra desde el tercer capítulo es Rocco y su función en la historia es capital para el final de la novela.

—¿Qué les dirías a los lectores para invitarlos a viajar con tus personajes a través de las páginas de tu novela y hacerlos parte de tu historia?
—Esta es una novela de secretos, de mentiras, y que narra desde un lugar destacado los derechos de la herencia y los otros que son una consecuencia, como la historia familiar y los mandatos. Es una obra ágil, fresca, y por momentos con un gran humor, también me reía al escribir ciertos pasajes. Destacaría el final: es una metáfora del bien, de la verdad y de la belleza. Llegué a éste mirando, desde mi casa, parada en el balcón, la construcción de un edificio. En sus paredes, alguien, que será un obrero de la construcción, escribió: Verdad. Belleza. Bien. Y fue el Eureka. Me gustaría saber quién lo escribió, para contarle que me ayudó a componer ese final. También me hizo pensar en cómo una historia se construye, tal como un edificio, de a pisos, línea a línea… Este edificio podría llamarse La casa de la ficción…Y ahora, que el edificio está revocado, volvió a escribir, ya con una pintura blanca: Verdad. Belleza. Bien. Lo destaco porque, fuera quien fuere, me ayudó y siento un profundo agradecimiento.


Conocé más de Sara Isabella Bonfante en esta nota:

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