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Literatura

“Demasiado lejos”, la nueva novela de Sacheri con eje en Malvinas

(PH: Fotomontaje / El País - Juan Barbosa)

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Eduardo Sacheri, uno de los autores más leídos de Argentina, regresa a la ficción con “Demasiado lejos”, una novela que reconstruye los meses de la Guerra de Malvinas desde una perspectiva poco explorada: la de quienes la vivieron desde la distancia, en Buenos Aires.

Con su característico talento para narrar lo cotidiano y darle una dimensión diferente, Sacheri entrega una historia que transita entre la euforia inicial, la incertidumbre creciente y la desolación final. A través de un relato polifónico, la novela se aleja de la crónica histórica para sumergirse en la intimidad de los personajes que, sin estar en el frente de batalla, también quedaron atrapados en el conflicto.

El autor, profesor y licenciado en Historia narra cómo el ánimo argentino atravesó estos sentimientos durante el conflicto en casi tres meses a través de historias mínimas, esas que son la especialidad del autor de “La pregunta de sus ojos” y “Lo mucho que te amé”.

Desde un bar porteño donde se debaten pasiones políticas, pasando por una embajada donde se decide la política exterior del país, hasta una familia de Ramos Mejía que ve partir a su hijo al frente, “Demasiado lejos” entreteje historias que reflejan el clima emocional de un país en uno de sus momentos más convulsos y a miles de kilómetros de las islas.

En sus 432 páginas, la novela transita escenarios cotidianos como bares porteños, oficinas gubernamentales y hogares atravesados por el miedo y la esperanza. Sacheri no se limita a reconstruir la época, sino que profundiza en el impacto emocional y psicológico de los acontecimientos. Los personajes, con sus conflictos personales y su visión fragmentada de la guerra, dan forma a una trama que se aleja de los discursos oficiales y se sumerge en las contradicciones de la sociedad argentina de 1982.

Los testigos de la historia

Sacheri construye su novela a partir de múltiples voces que permiten abarcar el conflicto desde diferentes ángulos. En la Casa Rosada, Ascasubi, un mozo, y Juárez, un cocinero, son testigos silenciosos de las conversaciones de los poderosos. En el bar Asturias, su dueño, Alonso, presencia las discusiones de un grupo de clientes habituales: Solano y Weissman, una pareja que disimula su relación; Cullen, un obsesivo de los números; y Alessandri, un ferviente defensor de la dictadura. En estos diálogos, que capturan la atmósfera de la época, la narrativa de Sacheri cobra vida y humaniza el conflicto.

En otro plano, la novela sigue a Alcira, una joven secretaria en la Embajada argentina, cuya relación con su colega Juan Ignacio se entrelaza con su escepticismo sobre la gestión diplomática de la crisis. La incertidumbre política también se refleja en el capitán de navío Guillermo Molinero, quien busca ascender en la jerarquía militar mientras la guerra avanza. En la esfera familiar, Marisa y Carlos López enfrentan el temor de que su hijo, Carlitos, sea convocado a pelear. Antonio y el Conejo, dos jóvenes mecánicos, también son llamados al frente, dejando atrás a Magalí, novia de Antonio, quien se aferra a la esperanza de su regreso.

La estructura coral de la novela permite que el lector experimente la guerra como un fenómeno social, donde las emociones fluctúan al ritmo de los acontecimientos. Sacheri no se centra en el campo de batalla, sino en la percepción de la guerra desde una ciudad que vive entre la propaganda oficial y las noticias fragmentadas.

Lo cotidiano en tiempos extraordinarios

Uno de los mayores logros de Sacheri es su capacidad para narrar los grandes hechos históricos desde la óptica de la vida diaria. En “Demasiado lejos”, la guerra no es un evento lejano, sino una presencia que se filtra en las conversaciones, en la incertidumbre de las familias, en la rutina de un país que oscila entre el fervor patriótico y el miedo a lo que vendrá. La prosa del autor es precisa, sin florituras innecesarias, con un ritmo ágil que mantiene el interés del lector a lo largo de sus páginas.

La novela no busca dar respuestas definitivas ni construir héroes o villanos. En cambio, muestra cómo cada personaje lidia con el conflicto a su manera: algunos con resignación, otros con euforia, otros con un pragmatismo frío. La reconstrucción histórica es rigurosa, pero no académica, logrando que el lector se sienta inmerso en la Buenos Aires de 1982.

La frase con la que el autor dedica su novela, “a quienes intentan no dejarse encandilar”, es clave para entender su mirada sobre la guerra. Más allá del fervor patriótico, “Demasiado lejos” cuestiona el uso político de la emoción, la manipulación del relato oficial y las consecuencias que sufrieron aquellos que, sin haber elegido la guerra, se vieron arrastrados por ella. Una novela imprescindible para comprender un episodio que sigue resonando en la memoria colectiva argentina.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)

Literatura

Gioconda Belli, Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2026

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La escritora nicaragüense Gioconda Belli, de 77 años, ganó el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2026, uno de los principales reconocimientos literarios de América Latina, por una obra que el jurado destacó por su capacidad para unir la dimensión sensorial y la conciencia política con lo íntimo y lo colectivo.

La decisión fue anunciada en Guadalajara por Carmen Alemany, portavoz del jurado, que señaló que Belli es “una de las voces más poderosas entre los autores latinoamericanos contemporáneos”. La elección fue unánime y destacó una escritura de expresión directa y cotidiana que, según el acta, revitalizó la representación poética del cuerpo, el deseo y el goce femenino.

El jurado también resaltó que esas preocupaciones atraviesan sus novelas, memorias y ensayos, en una producción marcada por las grandes convulsiones políticas de Nicaragua y la región y que ha ejercido influencia sobre varias generaciones de escritores y lectores.

Autora de libros como “La mujer habitada” (1988), “El país de las mujeres” (2010) y “Las fiebres de la memoria” (2018), Belli recibió a lo largo de su carrera, entre otros reconocimientos, el Premio Casa de las Américas en 1978, el Hermann Kesten del PEN Alemán en 2018 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2023.

El galardón está dotado con 150.000 dólares y será entregado el próximo 28 de noviembre durante la inauguración de la 40ª edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), que este año tendrá a Italia como país invitado de honor.

Tras conocer el fallo, Belli reivindicó el papel de la literatura frente al avance de la inteligencia artificial. Desde México, sostuvo que la escritura debe defender una manera diferente de mirar el mundo en una época marcada por las distracciones y la reducción de los tiempos de atención.

La autora, que vive exiliada en Madrid desde 2020, también vinculó su obra con la reivindicación del cuerpo femenino como una forma de resistencia frente al poder y la discriminación. Recordó que comenzó a escribir poesía como una celebración de su propio cuerpo y que descubrió luego el carácter subversivo de esa decisión.

Desde su creación, en 1991, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances distinguió a escritores como Nicanor Parra, Fernando del Paso, Margo Glantz, Claudio Magris, Vila-Matas y Amin Maalouf.

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Historias Reflejadas

“Los recuerdos de la muerte”

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Los recuerdos de la muerte

Las manos de la muerte se abren paso entre los túneles de la vida, hilos enredados en la tierra ovillan una historia de contornos difusos.

Una sombra se alarga por encima de una tumba y pone fin a las palabras. Sin embargo, habla.

En la sequedad del pasado yacen los pedazos de aquello que fuimos, espectros que avanzan en la noche de los tiempos para hacerse visibles en otros cuerpos.

La oscura boca de un espejo exhala imágenes fantasmales, sentadas en una esquina de la existencia, que revelan secretos para reflejarlos.

Sólo la memoria extiende sus brazos y abarca la continuidad de los hechos, proyectados más allá, sobre los rincones en los que alguien se ha quedado descifrando su destino.

Una sensación extraña, como un recuerdo olvidado, se hace presente y se desvanece sobre una realidad que contiene la eternidad compartida.

No hay respuestas, las sombras avanzan y dominan el espacio para perpetuar en silencio una luz de lo que hemos sido.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia los siguientes cuentos: “Alguien desordena estas rosas”, del libro “Ojos de perro azul” de Gabriel García Márquez; “En memoria de Paulina”, del libro “Historias fantásticas” de Adolfo Bioy Casares; “Déjà vu, o los reinos de la posición horizontal”, del libro “Una felicidad repulsiva” de Guillermo Martínez; y “El advenimiento”, del libro “El oro de los tigres” de Jorge Luis Borges.

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Textos para escuchar

La Botella – Gabriela Romero

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Gabriela Romero lee su cuento La Botella.


Créame que todavía hoy, ni estando en este lugar, puedo definir si lo que pasó aquella noche fue una maldición o si estaba predeterminado. Lo cierto es que mi cuñado Alfonso hizo una pregunta y el universo se las ingenió para responderle. Todo comenzó el 20 de noviembre de 1991 durante el festejo de los treinta y un años de mi hermana Sonia. Solo estábamos la familia. Los cinco hermanos: cuatro mujeres y un varón. Y nuestras respectivas parejas. Más nuestra madre, que quedó viuda joven. Más los tres hijos de Sonia, la que está allá; los dos de Mercedes, y la única nena que al momento tenía Silvana, la que recién se acercó; más los cuatro hijos de nuestro hermano José Arturo y los dos míos. Además de los padres de Alfonso, el marido de Sonia, estaban sus tres hermanos con las esposas y los seis hijos, resultantes de las tres parejas. En total éramos: 37. Muchísimos. Ya habíamos cenado y los chicos corrían por el jardín mientras los adultos conversábamos, algunos dentro del quincho y otros en la galería, o junto al bar que Sonia había armado a un costado de la pileta. Minutos antes de las doce de la noche Alfonso nos llamó para el brindis y nos dijo algo así:

— ¡Gente, vengan a brindar por mi esposa!

Él había ubicado las copas en la barra del bar y nos esperaba con una botella envuelta en una servilleta de tela blanca. Era evidente que alguna broma se traía entre manos porque intentaba ocultar la risa en su mueca ladeada. Lo amenazamos con tirarlo a la pileta si nos bañaba con el champán.

—No soy tan infantil —nos dijo Alfonso y agregó con una voz cavernosa —: ¿¡A ver a quién le toca!?

Entonces hizo presión y el corcho se elevó como un cohete, pero en vez de perderse entre las plantas del jardín o estrellarse lejos en el pasto cayó sobre tres de nosotras. En Sonia, en nuestra cuñada y en mí. Recuerdo nuestro griterío cuando nos golpeó el corcho y la pelea de los nenes por quién se quedaba con ese corcho maldito y también las risas de los otros a causa de nuestros gritos, y de la cara de Alfonso.

— ¿Qué pasó, cuñado? ¿Te salió el tiro por la culata? —le dijo mi hermano José Arturo riéndose.

Todos miramos a Alfonso. No se reía. Mantenía la botella en alto, inmóvil. Sonia caminó hasta él y le quitó la botella de las manos.

— ¡Las Viudas! —gritó—. ¡El champán se llama Las Viudas! —y antes de beber directamente del pico le dijo a su marido—: ¡A tu salud!

— ¡Alfonso, serás el primero en morir! —grité—.

Sí, eso le dije yo. Mi marido se indignó, para él no le es fácil vivir en una familia que tiene humor negro. A Alfonso le bajó la presión. Era de esos tipos que no se aguantan una broma, pero que viven cargando a los demás.

Murió a la semana. El 27 de noviembre de 1991.

Su muerte nos desgarró. Tan imprevista. Y él tan joven. Y tan joven mi hermana y tan chiquitos sus tres hijos. ¿Quién podría creer que se haría realidad lo que sucedió en el cumpleaños de Sonia? Cuando me avisaron creí que era una broma de mal gusto. Decile a Alfonso que se deje de joder, le dije al amigo que me llamó. Y le colgué. El teléfono sonó al instante. Se murió, Malena. Alfonso se murió. Entonces, se me vino a la mente mi sentencia. Serás el primero en morir. ¿Cómo miraría a sus padres?, me pregunté. Aunque después preferí culparlo, al final de cuentas el que había comenzado todo esto había sido él. En su velatorio recordamos lo ocurrido en el cumpleaños de Sonia. Ahora sigo yo, me dijo José Arturo al oído.

Él murió veinte años después, el 15 de julio de 2011.

Qué dolor. Pobre mi madre y mi cuñada y mis cuatro sobrinos. Y hoy estamos acá velando al marido de Mercedes. ¿Usted de dónde conocía a mi cuñado? Sabe, aquella noche mi hermana se encontraba a mi lado, pero a ella el corcho no la tocó. En eso el oráculo falló. Las Viudas. Me pregunto si tal vez aquello que decía mi esposo cuando era un niño, y que mis suegros contaban con tanta gracia, no fue una suerte de amuleto. ¿Un amuleto que lo protege de lo que está escrito o de lo que sucedió a partir de aquella noche? ¿Qué vas a ser cuando seas grande?, le preguntaban mis suegros divertidos con la respuesta que siempre les daba su hijo. Viudo, les respondía él.

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