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Literatura

Homenaje a Juan Carlos Onetti en la presencia de Uruguay en la 49ª Feria del Libro

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Uruguay estará en la 49ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires con su stand N.º 1900, Pabellón Amarillo. Gestionado por la Dirección Nacional de Cultura, el Instituto Nacional de Letras, Uruguay XXI, la Cámara Uruguaya del Libro y la Embajada de Uruguay en Argentina.

La temática central del stand es el homenaje por los 75 años de la publicación de “La vida breve” de Juan Carlos Onetti, obra reconocida como precursora del Boom Latinoamericano. En el stand se podrá visualizar un mapa de Santa María dibujado por Onetti, junto a los mapas de las ciudades creadas por los autores uruguayos Eugenia Ladra y Diego Recoba en sus respectivas novelas: “Carnada” y “El cielo visible”.

El domingo 27 de abril, a las 19, se llevará a cabo el Día de Uruguay en la Sala Ernesto Sábato, del Pabellón Azul. Allí, se presentará una nueva edición conmemorativa de “La vida breve” (RAE – ASALE) coordinada por Wilfredo Penco, vicepresidente de la Academia Nacional de Letras de Uruguay, con textos de Emir Rodríguez Monegal, Josefina Ludmer, Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina y José Emilio Pacheco

Se realizarán dos mesas durante la jornada. Una de ellas que versa sobre la figura de Onetti, con Carlos María Domínguez, autor de “Construcción de la noche. La vida de Onetti”, y María de los Ángeles González, autora de “Onetti: las vidas breves del deseo”. La otra mesa, sobre la nueva narrativa uruguaya con Eugenia Ladra y Diego Recoba. Con la conductora e influencer Evitta Luna y el periodista Mauricio Rodríguez. 

La participación musical estará a cargo del uruguayo Diego Presa y de la actriz y cantante argentina Julieta Díaz. Sobre el final se realizará un brindis en el stand de Uruguay. 

Asimismo, otras actividades recorrerán temáticas como: narrativa queer uruguaya, la literatura juvenil, la narración oral, los 40 años de democracia y los cruces entre literatura y otras disciplinas. Las y los autores uruguayos participarán de las diversas actividades organizadas por la Fundación El Libro. En el XVII Festival Internacional de Poesía Uruguay estará presente con la autora Catalina Torres, directora de cine, fotógrafa y escritora, ganadora del Premio Ópera Prima 2024 con su libro de poesía “Lo más grande que yo jamás vi”.

En los Diálogo de Escritoras y Escritores de Latinoamérica estarán Selene Hékate, nacida en Buenos Aires pero criada en Uruguay y el autor Claudio Invernizzi, escritor, publicista y periodista, cuya producción literaria se nutre de experiencias propias en las cárceles de la dictadura cívico-militar e historias enclavadas en la década de 1950.

En Orgullo y Prejuicio participarán los escritores uruguayos José Arenas, Dani Umpi y Sebastián Miguez Conde quienes hablarán de narrativa queer uruguaya. Y del Encuentro de Narración Oral participará Niré Collazo, mientras que Camila Silva, Sofía Aguerre y Mica Álvarez serán parte del 9° Encuentro Internacional de Bookfluencers.

Cronograma de actividades: 

  • Narrativa queer uruguaya

Conversatorio con José Arenas, Dani Umpi y Sebastián Miguez Conde.

Sábado 26 de abril, de 14 a 15 horas.

Espacio Orgullo y Prejuicio de Diversidad Sexual e Inclusión. Pabellón Ocre

  • Día de Uruguay. Una cartografía de la novela uruguaya

Presentación de la edición conmemorativa de La vida breve, de Juan Carlos Onetti (RAE – ASALE). Mesa sobre nueva narrativa uruguaya, con Eugenia Ladra y Diego Recoba. Participación musical de Diego Presa (Uruguay) y Julieta Díaz (Argentina). Brindis final en el stand de Uruguay.

Domingo 27 de abril de 19 a 21 horas. 

Sala Ernesto Sábato. Pabellón Azul.

  • Encuentro Internacional de Narración Oral

Participación de Niré Collazo (Uruguay). 

Viernes 2 de mayo, de 11 a 13 horas (Para adultos, sala Carlos Gorostiza, Pabellón Amarillo); sábado 3 de mayo, de 9 a 11 horas, y domingo 4 de mayo, de 10 a 12 horas, y de 14 a 16 horas, cierre del Encuentro para todo público, sala José Hernández, Pabellón Rojo).

  • XVII Festival Internacional de Poesía

Lectura de poesía con la participación de Catalina Torres (Uruguay), junto a poetas de Argentina: Florencia Fragasso, Nahuel Lardies y Santiago Venturini.

Domingo 4 de mayo, de 16 a 17 horas.

Sala Adolfo Bioy Casares.

  • Uruguay: 40 años de libertad y democracia

Conversatorio con Gerardo Caetano y Ana Ribeiro. Organiza: Cámara Uruguaya del Libro.

Domingo 4 de mayo de 20.30 a 21.30 horas.

Sala Rodolfo Walsh, Pabellón Amarillo.

  • Diálogo de escritoras y escritores de Latinoamérica

Participan Edmundo Paz Soldán (Bolivia), Pablo Plotkin (Argentina) y Selene Hékate (Uruguay).

Lunes 5 de mayo, de 17.30 a 18.30 horas.

Sala Alfonsina Storni, Pabellón Blanco.

  • Diálogo de escritoras y escritores de Latinoamérica

Participan Cynthia Rimsky (Chile), Adriana Riva (Argentina) y Claudio Invernizzi (Uruguay).

Lunes 5 de mayo de 19 a 20 horas.

Sala Alfonsina Storni, Pabellón Blanco.

  • Encuentro de Bookfluencers: Literatura Juvenil Uruguaya

Conversatorio con Camila Silva, Mica Álvarez y Sofía Aguerre.

– Domingo 11 de mayo de 17 a 18 horas.

Espacio Joven.

Autoras y autores uruguayos

Eugenia Ladra (Montevideo, 1992). 

Carnada es su primera novela (Criatura Editora, 2024). Es egresada del Máster en Creación Literaria por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Publicó el libro álbum Ramona y Ramiro (2017) y los plaquettes de cuentos La naturaleza de la muerte (2019) y El espacio podría sonar así (2020). Su cuento «Leche» forma parte de la antología Nuevas emergencias (2023). 

Diego Recoba (Montevideo, 1981). 

Cofundador de la editorial popular La Propia Cartonera. Publicó las novelas Locas pasiones, Sobredosis, El oso, Antártida y sus galaxias y El cielo visible, Premio Bartolomé Hidalgo 2024 y Premio Nacional de Literatura de Uruguay 2024, seleccionada en el programa Mapa de las Lenguas de Penguin Random House; el libro de poesía Instituciones personales, y el libro de crónicas Hasta Borinquen, entre otros.


Selene Hékate (Buenos Aires, 1988). 

Descendiente de olimareños, transcurrió su infancia y adolescencia en el balneario Pajas Blancas, experiencia que inspiró su novela Desaparecer en el Otro Monte (Fin de Siglo), Mención en Narrativa Premios Nacionales 2024. Se formó como artista en la Escuela Nacional de Arte Lírico del Sodre y en otras instituciones donde hizo teatro y ballet. Fue parte de la Usina Literaria de Daniel Mella y es cantantautora de rock experimental en La Invención de Morel. 

María de los Ángeles González (1966). 

Doctora en Letras Españolas e Hispanoamericanas por la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigadora de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y Prof. Adj. de Literatura Española en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE), Universidad de la República (UDELAR Montevideo/ Uruguay).

Carlos María Domínguez (Buenos Aires, 1955). 

Reside en Montevideo desde 1989. Se inició como periodista en la revista Crisis. Autor de obras de no ficción, como Construcción de la noche, una biografía de Juan Carlos Onetti; El bastardo. La vida de Roberto de las Carreras y su madre Clara, y Tola Invernizzi. La rebelión de la ternura. También escribió las novelas Tres muescas en mi carabina, La costa ciega, La breve muerte de Waldemar Hansen, La casa de papel (traducida a más de veinte lenguas), y del libro de cuentos Mares baldíos. 

Diego Presa (Montevideo, 1975). 

Músico y autor de canciones. Cuenta con quince obras editadas y cientos de conciertos en salas de Uruguay y Argentina. Sus creaciones se desarrollan tanto en formato solista como en colectivo. Es integrante de Buceo Invisible, conforma un dúo junto a Julieta Díaz (Argentina) y fue miembro del trío El Astillero.

Mauricio Rodríguez (Montevideo, 1971). 

Periodista, técnico en Comunicación Social y docente de periodismo. Ha publicado en medios como El Observador y El País, revistas Freeway, Libroguía y Actitud y semanario Brecha, y ha colaborado con distintas radios. En el 2006 publicó el libro El caso Gelman. Periodismo y derechos humanos (ediciones Cruz del Sur). En el 2009 publicó, junto con el periodista Raúl Ronzoni, el libro de entrevistas Viejos son los trapos (Saga Ediciones) y en el 2012 —también con Ronzoni—, ¡Vidas bien vividas! (Editorial Fin de Siglo). 

Evangelina Luna

Conocida artísticamente como EvittaLuna, es una actriz y creadora de contenido uruguaya. Saltó a la fama con sus videos de humor en TikTok e Instagram. Actualmente integra el staff de Soñe que Volaba, programa diario del canal de streaming argentino Olga. 

Gerardo Caetano (Montevideo, 1958). 

Historiador y politólogo. Doctor en Historia, Universidad Nacional de La Plata. Ha publicado numerosos libros y artículos, por los que ha obtenido varios premios académicos nacionales e internacionales. El último de ellos es el Premio Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales 2022, máxima distinción de Clacso. Fue director del Instituto de Ciencia Política entre 2000 y 2005. Actualmente preside la Academia Nacional de Letras del Uruguay. Primer presidente de la Asociación Uruguaya de Historiadores y de la Asociación Uruguaya de Estudios Internacionales. 

Ana Ribeiro (Montevideo, 1955). 

Licenciada en Historia por la UDELAR (Uruguay) y Doctora en Historia por la Universidad de Salamanca (España). Lleva publicados varios libros sobre historia nacional y regional: Montevideo, la malbienquerida (1996) Los tiempos de Artigas (1999), en seis tomos, edición del diario El País; 200 cartas y papeles de los tiempos de Artigas (2000), El Caudillo y el Dictador (2003), Historias sin importancia (2007), Los tiempos de Artigas I y II (2009) Aire libre y carne gorda (2011), Los muy fieles Tomo 1 (2013). En 2008 publicó su primera novela, Todo se pasa.

Dani Umpi (Tacuarembó, 1974). 

Es uno de los artistas más diferentes y valientes de su generación, siempre a la vanguardia del arte en Latinoamérica. Fiel seguidor de la cultura norteamericana pero también modernizador de la cultura uruguaya, su arte se ha volcado entre novelas, canciones y obras visuales, que le han llevado a ser muy reconocido en el mundo hispanohablante, especialmente dentro de aquellos sectores donde el posmodernismo más canalla y kitsch es una referencia. 

Sebastián Miguez Conde (Montevideo, 1979). 

Recibió el Premio Onetti en 2022 y tercer premio Narrativa del MEC 2024. «Las mujeres del diablo» fue parte de la antología Entintalo (2012), del Centro Cultural de España. «Ángel del Claustro» fue reconocido en el III Concurso Literario Nacional de Poesía y Narrativa Espacio Mixtura de la Casa de los Escritores del Uruguay, 2012. «La raíz de la furia» fue mención en el Premio Onetti 2015. «Nadie está muerto mucho tiempo» fue premiado por el MEC en la categoría inéditos con el nombre «Los fantasmas de la cerrazón», en 2018. 

Catalina Torres (Montevideo, 1993). 

Premio Ópera Prima de los Premios a las Letras del MEC, 2024 con su libro de poesía Lo más grande que yo jamás vi (Pez en el Hielo). Directora de cine, fotógrafa y escritora. Sus poemas fueron publicados en la antología Devotas (2021), publicada por Fardo. 


Claudio Invernizzi (Piriápolis, 1957).

Publicista, periodista y escritor. Colaboró en la creación del primer programa de la licenciatura de comunicación de la Universidad ORT Uruguay. Dictó conferencias en todos los centros de estudio y decenas de eventos de comunicación del país, también lo hizo para alumnos de comunicación de la Sorbona y en América Latina. Su actividad literaria es variada, incluye desde experiencias propias en las cárceles de la dictadura cívico-militar hasta historias enclavadas en la década de 1950.

Niré Collazo (Montevideo, 1950). 

Narradora. Escribe desde muy temprana edad, plasmando sus palabras en papelitos, libretas, cuadernos y cualquier superficie que encuentra a su alcance. Además de su pasión por la escritura, demuestra un profundo amor por la lectura. Es conocida por su curiosidad y sentido del humor.

Camila Silva (Melo, 2001). 

Escribe historias desde niña. En 2021 convenció a sus padres para autopublicar su primera novela, Entre relojes. No solo vendió toda la edición, sino que largó una segunda tirada y el año pasado firmó su primer contrato con la editorial multinacional Urano, que le permitió republicarla y lanzar Entre silencios, un nuevo libro con distribución masiva y llegada internacional.

Sofía Aguerre (Montevideo, 1993). 

Es correctora de estilo, editora y traductora de inglés. Publicó con Puck las novelas Las lunas de marzo, Las noches perdidas y Felicia y los bosques olvidados, obra que ganó el segundo premio en la categoría Literatura Infantil y Juvenil de los Premios Nacionales de Literatura en 2022. También es autora de Adagio (primer premio en el concurso literario Juan Carlos Onetti 2021, en la categoría Narrativa Infantil y Juvenil) y de El año de los girasoles, publicadas con Sujetos Editores. Ha participado en varias iniciativas literarias y clubes de lectura; actualmente coorganiza la Mega Maratón de Escritura.

Micaela Álvarez (Montevideo, 1991). 

Nació en Montevideo pero creció en un pueblo del interior del país. Escritora y Licenciada en Pedagogía. A raíz de la pérdida de su papá, a los 17 años, comenzó a escribir su primer libro Now. Autopublicarlo no fue sencillo debido al contexto: mujer y del medio rural. En octubre de 2023 emprendió una librería virtual CAP LIBROS y creó el proyecto “Un viaje a través de la lectura”, una propuesta multicultural que promueve la lectura y las manifestaciones artísticas, en distintas localidades del interior del país.

María Alcorta (Maco) (Flores, 1987). 

Es dibujante e historietista, estudió Arquitectura y Bellas Artes. En 2011 publicó su primer libro, Aloha, que al año siguiente se reeditó en España y obtuvo un premio de la Banda Dibujada (Buenos Aires), en 2022 publicó su segundo libro como autora integral, ¡Viva la evolución!, con la editorial argentina Maten al mensajero. Publicó la historieta Fedra en el blog colectivo Marche un cuadrito (que en 2012 obtuvo el premio Sheldon a mejor webcomic). Ha publicado varias historietas en libros colectivos y revistas de Latinoamérica y ha sido invitada a festivales de Uruguay, Argentina, Bolivia, Brasil, Euskadi y Perú. 

Jorge Mota (ca_teter) (Montevideo, 1977).

Artista visual e ilustrador. Licenciado en Artes Plásticas y Visuales. Expone su obra regularmente desde 2009 y trabaja en proyectos de ilustración desde 2004. En 2017, junto a Maco Algorta, crea el sello editorial Ediciones de la uniceja con el que llevan más de quince títulos publicados. Su libro La gran carrera fue seleccionado para integrar el catálogo White Ravens 2021 y fue ganador del Premio Nacional de Literatura Intantil y Juvenil 2021, también fue parte del catálogo del Premio Bologna Ragazzi de la Feria del Libro de Bologna 2022.

(Fuente: Mariana Hunt – Prensa)

Textos para escuchar

Dos mundiales y un país de fantasía – Eduardo Sacheri

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Eduardo Sacheri lee el texto “Dos mundiales y un país de fantasía” que publicara en la edición de mayo de 2012 de la revista El Gráfico

Hoy ando con ganas de escribir una ficción, aunque no la tengo fácil. Hay ocasiones en que las historias se te ocurren enteritas, de principio a fin, y el escritor lo único que tiene que hacer es dejarse llevar y poner en palabras las imágenes que le han surgido, encadenadas, dentro de sí. Pero otras veces pasa esto: uno tiene algunas imágenes, pero no todas. Entre ellas quedan huecos o mejor dicho, silencios. Eslabones vacíos. Y da mucho trabajo llenarlos. Encontrar el cemento que los aglutine, que les dé coherencia, cuerpo y entidad.

Lo que puedo hacer, por el momento, es compartir con ustedes los elementos que sí tengo. Los materiales y las imágenes de las que sí dispongo.

Imagino esta historia en 1982, en algún país de América del Sur. Tiene que ser de América del Sur porque ese país de fantasía tiene que estar gobernado por una dictadura militar. Y en América del Sur, a principios de los ochenta, esas dictaduras abundan. Y otro requisito de esta ficción que quiero construir es que se trate de un país futbolero, pero muy futbolero. Y 1982 fue un año de campeonato mundial. Y la ficción que tengo en mente incluye, de modo lateral o no tanto, al fútbol.

La cosa es así: este país sudamericano y futbolero se dispone a disputar el Mundial de España, que empieza en junio de 1982. La opinión pública, que no es nadie pero al mismo tiempo son casi todos, abriga muy firmes esperanzas de hacer un estupendo papel en ese campeonato. No son esperanzas infundadas: ese país viene de ganar, en 1978, el Mundial anterior, y en 1979, el Mundial Juvenil. Las perspectivas son estupendas: la base de los campeones del 78 sumados a los pibes del 79. Y entre esos pibes, juega el que –según unos cuantos- está destinado a convertirse en el mejor jugador de fútbol de la historia. En síntesis, la amalgama perfecta entre logros y expectativas, entre experiencia y juventud, entre solidez y lozanía. El alfa y el omega, el ying y el yang, el “nos comemos los chicos crudos” y el “ganamos la copa de punta a punta”.

Sin embargo, algo sucede en ese país de fantasía apenas unos meses antes de la hazaña inminente. El gobierno–ya dije que este país sudamericano que imagino está gobernado por una dictadura- lanza una acción militar para recuperar un territorio colonial que ese país viene reclamando desde hace mucho. Acá tengo mis dudas, con lo del territorio. No estoy seguro de dónde situarlo. Podría ser una región selvática y tropical, digamos, amazónica. Ahí da para hablar de mosquitos ponzoñosos, de un calor húmedo e insoportable, de una naturaleza hostil e intimidante. Otra opción serían sus antípodas: una región fría, helada, insular, aislada en medio del mar o del vacío. También aquí la naturaleza puede aportar una dosis de dolor y de tragedia. Creo que esta opción es la mejor. La del sur, la de unas islas frías en medio del océano. Porque, en cierto momento de esta ficción que quiero construir, necesito remarcar la sensación de soledad de los que están en ese territorio. Sí, definitivamente me quedo con las islas australes. Son un estupendo elemento trágico.

De todas maneras, elementos trágicos no me faltan. Diría que me sobran. Para poner las cosas difíciles, la reconquista territorial se hace a expensas de una potencia colonial de primer orden. Pongamos por caso, Inglaterra. Una Inglaterra gobernada por los conservadores. Esos son datos importantes. Porque si fuera un país menos colonialista, o un partido político menos colonialista, tal vez los sudamericanos tendrían una chance de salirse con la suya. De conservar ese territorio recuperado. Pero no con Inglaterra, ni con los conservadores ingleses. Porque Inglaterra va a responder a la invasión con la guerra. Ahí ya tenemos un elemento trágico importante. ¿Hay algo más trágico que una guerra?

Pero cuidado, que existen todavía más elementos para alimentar el costado trágico de la ficción. Porque este país sudamericano enviará al lugar del conflicto, un ejército formado fundamentalmente, por chicos. Habrá algunos soldados profesionales. Pero la mayoría, no. La mayoría serán chicos de dieciocho o diecinueve años. Saquemos cuentas. Serán de la clase 1962 y 1963. Chicos que son eso: chicos sin experiencia militar, chicos sin vocación de soldados, sin preparación de tales. Chicos.

Repasemos los elementos: un lugar frío, lejano y hostil. Una potencia vengadora con deseos de guerra. Un ejército de chicos que no son soldados. Tal vez se me está yendo la mano con esto de la ficción. Tal vez nadie crea posible una historia semejante. ¿Qué sociedad puede estar dispuesta a embarcarse en una aventura así?

Agreguemos algunos detalles. En este país de fantasía, el gobierno militar controla los medios de comunicación. Y aquellos medios a los que no controla, se controlan solos. Se cuidan de decir cosas que molesten al régimen. Entonces la improvisación presidencial no es improvisación sino “un plan largamente elaborado”. Y la aventura de recuperar las islas no es una aventura sino “una gesta heroica”. Y la certeza de que los ingleses van a pulverizar a ese ejército de chicos es una mentira, una vil patraña. Como mentira será la muerte, mentira serán el hambre, el frío, el maltrato y el armamento obsoleto e insuficiente. Dios es nuestro. Dios está con nosotros. Nada malo puede ocurrirnos.

Vuelvo a detenerme. Releo lo que he escrito y sí, la verdad es que se me fue la mano. Es demasiado inverosímil que un gobierno militar lleve adelante una historia como esta. Es delirante. Supongamos por un instante que no. Que hay personas lo suficientemente enloquecidas o insensibles como para intentar algo así. Pero está el freno de la sociedad. ¿Qué sociedad podría acompañar una locura semejante? Más allá de lo que digan los diarios, las radios, la tele o las revistas. ¿En qué cabeza cabe pelear una guerra contra Inglaterra con un ejército de chicos? Supongo que este debería ser el límite de la ficción que estoy construyendo. Hasta acá puedo inventar esta locura. Más allá, no puedo seguir inventando. Porque sería imposible que la sociedad, o buena parte de ella, se comiera ese caramelito ácido de mentiras y falseamientos y exageraciones e improvisaciones atadas con alambre.

Entonces, claro, lo lógico es que la sociedad se mantenga al margen. No puede oponerse abiertamente, porque se trata de una dictadura sangrienta. Pero la población de este país sudamericano, sin dudar manifiesta su oposición a esta locura vaciando las plazas, arriando las banderas, desoyendo las marchas militares. Si este es un país de gente sana, esa gente se refugia en sus casas para evitar aparecer como cómplices de la aventura.

Pero detengámonos un momento. ¿Qué ocurriría si eso no sucede? ¿Qué pasaría, en esta historia de ficción, si la hipotética población de mi hipotético país se entusiasmara hasta el paroxismo con la aventura? No digo todo el mundo, porque siempre quedan personas razonables que podrán condenar lo que sucede con su reconcentrado silencio. Digo la mayoría. Yo sé que es imposible, pero le pido al lector que me acompañe por un rato en esta fantasía. Porque, aunque humanamente esa posibilidad sería terrible, para la historia de ficción que me propongo escribir estaría buenísimo.

Imagínense. Las plazas rebosantes de manifestantes entusiastas que agitan banderas y vivan al osado general aventurero. Los voluntarios que se agolpan para ir a pelear. Los optimistas que se acercan a cualquier micrófono o cámara disponible para felicitar al gobierno. ¿Se imaginan? Una sociedad que, de buenas a primeras, y mientras espera el mundial de fútbol de España, cambia momentáneamente un deporte por otro. Deja de hablar de delanteros y mediocampistas y se convierte en especialista sobre misiles Exocet y negociaciones en las Naciones Unidas. Deja de analizar los rivales del grupo C de la Copa para analizar las chances de un desembarco inglés y la conveniencia de aproximarse al bloque de Países No Alineados. Una sociedad que deja –por unos días- de enfurecerse porque el periodismo internacional no es unánime en considerarnos los futuros campeones, para indignarse por el no cumplimiento del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. Ya sé –repito- que es imposible que un pueblo casi entero se comporte así. Pero les pido que me acompañen en la hipótesis.

En esta historia de fantasía, un mes y medio antes del mundial empieza la guerra. Y ahí se va el país detrás, encolumnado. No digo el ejército de pibes, que ya está en ese sitio, y no tiene para dónde escapar de los tiros. Digo la sociedad que los ha enviado. ¿Será posible inventar una sociedad que, enceguecida, se crea a pies juntillas todas las barbaridades ilusorias que le cuentan? Una sociedad que empiece a computar aviones derribados y barcos hundidos como si fueran goles de ese mundial inminente. Una sociedad capaz de borrar de un plumazo la noticia brutal de un crucero propio que se hunde y que se lleva consigo a 323 compatriotas al fondo del mar. Una sociedad que se detiene, cada día, varias veces, cuando en la tele aparece el escudo y la voz en cadena nacional de los comunicados del Estado Mayor Conjunto. Una sociedad que toma lápiz y papel y anota, como en el juego de la batalla naval: A4, agua. F8, hundido. Una sociedad que todos los días se va a dormir cándidamente convencida de que “estamos ganando”.

Para completar la historia, en un momento deben confluir los dos Mundiales, el del Sur y el de España. Se me corregirá que no, que en mi historia no son dos mundiales, sino una guerra y un mundial. Y yo diré que me disculpen pero que lo del Sur, para esta sociedad enloquecida que estoy creando en esta historia, se vive más como un mundial que como una guerra. Una guerra cuyos muertos no vemos, una guerra que se festeja como un torneo que nos tiene sólidos en la punta de la tabla, una guerra en la que nos creemos cualquier mentira con tal de que llegue vestida de buena noticia, una guerra que no aceptamos ver como tal, con todo su peso de tragedia y de muerte. Una guerra que estamos dispuestos a enfrentar como un gran desafío deportivo.

Ya para esta altura de la narración voy a mezclar situaciones imposibles. Por ejemplo: la selección de este país sudamericano tendrá que jugar el partido inaugural del Mundial con la guerra todavía en marcha. Ya sé que es imposible. Que ningún país va a mandar a su selección a jugar un mundial en medio de una guerra. Pero les pido que me sigan el juego hasta el final. ¿Se imaginan? Todo el mundo con las camisetas, las banderas y las cornetas. Toda la sociedad exhumando el carnaval del mundial anterior. Toda esa gente dispuesta a ganar los dos mundiales al mismo tiempo. ¿O para qué carajo Dios es nuestro?

Se me ocurre una escena más imposible que ninguna otra: El primer tiempo del partido inaugural termina 0 a 0. En el entretiempo aparece un comunicado del Estado Mayor Conjunto, uno de esos con la marchita y el escudo, para contar que los valientes soldados de la patria combaten en los alrededores de la capital de las islas, con ahínco y fervor inusitados.

Les ruego que no dejen entrar al sentido común. Porque si lo dejan entrar, ese tiene que ser el momento en que esa sociedad, si no pudo hacerlo antes, ahora sí concluya en que se dejó estafar, se embanderó en una empresa imperdonable, que permitió con su aplauso estúpido que un montón de pibes fueran enviados a pelear en un infierno. Y la gente sale masivamente de sus casas, deja a la Selección Nacional jugando sola en los televisores, y exige que la guerra se detenga ya, que no se dispare ningún otro tiro, que ningún pibe siga en peligro.

En mi historia, no. En mi historia la gente escucha el comunicado con gravedad, con preocupación, intuyendo que las cosas son mucho peores que aquello que los medios venían anunciando –y la gente se venía creyendo-. Pero después empieza el segundo tiempo del partido con Bélgica y la gente vuelve al asunto, porque con Kempes y Maradona juntos no hay Dios que nos impida el bicampeonato.
En mis días buenos me consuelo pensando que, en 1982, yo tenía 14 años. Y que mi juventud me disculpa de mi credulidad, de mi simplismo, de mi ingenuidad cómplice que colaboró con que muchos pibes perdieran la vida, o el deseo de la vida, en esas islas lejanas. Pero en mis días malos me digo que no. Que ni los otros ni yo tenemos disculpa.

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Historias Reflejadas

“Un cuento sin punto”

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“Un cuento sin punto”

El punto de la i se había arrojado al vacío. Rodaba por los renglones que, como si fueran elásticos, le servían para rebotar y rebotar. Entre saltos y medias vueltas, subidas y bajadas, arrastraba a todo aquel que se cruzara en su camino. Unos y otros fueron cayendo por esa escalera invisible, sin rumbo.

Aferrado a uno de los márgenes, el gigante que habitaba en ese cuento trataba de evitar lo inevitable. Sin punto, la i que formaba parte de su nombre ya no tenía fuerzas para sostenerlo. Su cabeza, desinflada, comenzó a acercarse a los pies a medida que su cuerpo se achicaba. Mientras rodaba renglones abajo, éste se fue transformando hasta que, finalmente, justo en el borde de la página en la que habitaba, se descubrió enano. Perdido en ese mundo pequeño fue testigo de cosas que nunca antes había visto. Arriba no era igual que abajo y, sin embargo, ambos mundos se comunicaban a través de unas partículas invisibles, portadoras de mensajes secretos.

Escondido detrás de la i que había perdido el punto, encontró, justamente, al punto. En ese momento, tras unos saltos improvisados, pudo ver cómo se reproducía en otros más pequeños, igualitos a él. Minutos después, todos comenzaron a rodar como si estuvieran vivos, mientras jugaban con palabras invisibles, mágicas. Entonces ya no eran puntos, sino hombrecitos de papel, llegados de otras galaxias o gigantes o enanos, o tan solo viajeros de tinta que formaban parte de ambos mundos, el de arriba y el de abajo, a los cuales solo podía llegarse desde el punto de una i, que alguien había hechizado para contar un cuento sin punto, capaz de continuar en otros donde la magia, que viaja en partículas invisibles, sea posible.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia los siguientes cuentos: “Gigantes”, de Mario Méndez; “Enanos y gigantes”, de Hernán del Solar; “El gigante y el enano”, de Carla Dulfano y Claudia Degliuomini; “Cositos”, de Laura Devetach; y “Oliverio y los dlobs”, de Ana Beatriz Vexler.

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Literatura

Guillermo Saccomanno y un libro sobre el oficio de escribir

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La Flor Azul presenta “Escribir pájaros en la noche”, de Guillermo Saccomanno, un libro sobre el oficio de escribir. En ese marco, la escritora Selva Almada conversará con el autor en la biblioteca Ricardo Güiraldes, de calle Talcahuano al 1261 de CABA, el domingo 7 de junio, a las 17.

Sobre “Escribir pájaros en la noche”

Saccomanno empezó a escribir este cuaderno en Villa Gesell alrededor de 2009 y siguió, esporádicamente, hasta 2022. “Páginas lisas, tinta negra. ¿Qué es escribir?”, se pregunta ese cuaderno, y se responde con insistencia, como quien medita y repite un mantra, con la intención de llegar más hondo cada vez. Saccomanno escribe en una mesa de madera. Detrás de la mesa, una ventana que da al bosque: “Escribo escribir. Escribo la palabra escribir”.

Acerca del autor

Publicó, entre otros libros, “Situación de peligro”, “Bajo Bandera”, “Animales domésticos”, “El buen dolor”, “El pibe”. Ganó el Premio Crisis de Narrativa Latinoamericana, el Premio Club de los XIII, el Premio Municipal de Cuento y el Premio Nacional de Novela. Con su novela “El oficinista” (2010) obtuvo el premio Biblioteca Seix Barral. Su crónica “Un maestro” (2011) recibió el Premio Rodolfo Walsh. La novela “Cámara Gesell” (2012) fue premiada con el Dashiell Hammett. Recibió el Premio Democracia y el Konex de Platino como mejor novelista. Su novela “Arderá el viento” (2025) recibió el premio Alfaguara. En 2024 publicó en “La Flor Azul Escrito en Patagonia”, compilación de crónicas y ensayos.

La editorial

La Flor Azul es una editorial autogestiva de Argentina. Edita desde 2020, tiene más de veinte títulos en su catálogo y está compuesta por cuatro personas que trabajan en conjunto y se distribuyen las tareas de edición, corrección, relación con las imprentas, distribución y promoción, entre otras.

El catálogo tiene varias líneas: novela contemporánea, no ficción, crónica, ensayo histórico, muchos de estos últimos referidos a la Patagonia y a los pueblos originarios, y está integrado por autores de renombre, como Saccomanno, Márgara Averbach, J. B. Duizeide, David Viñas, Juan Forn, Dalmiro Sáenz, Alejandro Winograd; y también por autores noveles, en especial de novela.

(Fuente: Mariana Hunt – Prensa)

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