
Literatura
La literatura detrás de las películas nominadas a los Oscars 2024
Por Claudia Lorenzón (*)
Una tragedia colectiva que recupera la historia de los sobrevivientes de los Andes, una comedia futurista que reivindica las posibilidades de goce de una mujer en plena Inglaterra victoriana y una investigación sobre el asesinato masivo de indígenas en Estados Unidos para apropiarse de sus tierras, componen las tramas de los libros que inspiraron las películas que fueron nominadas hace unos días a los premios Oscar 2024, al igual que la biografía que rescata la figura de Robert Oppenhaimer, ideólogo de la bomba atómica.
La multipremiada “Pobres criaturas” es una adaptación de la novela de igual nombre de Alasdair Gray (1934-2019), el narrador que influyó a escritores como Irvine Welsh, autor de “Trainspotting”, y Anthony Burgess, de “La naranja mecánica”, quien consideró a Gray como el novelista escocés más importante desde Sir Walter Scott.
En la novela, Gray presenta varios relatos contrapuestos de la vida de Bella Baxter. En una versión, se afirma que el Dr. Godwin Baxter intercambió el cerebro de una mujer ahogada con el de su feto recién nacido, creando una adulta infantil sin sentido del decoro moral, que se embarca en un desinhibido viaje de descubrimiento.
En la película, dirigida por el realizador griego Yorgos Lanthimos, Emma Stone interpreta a Bella, una mujer díscola y caracterizada por su deseo en exceso, ya que no tiene filtros ni vergüenza porque su mente funciona como la de un bebé. Es una maravilla científica femenina que escapa de su esposo abusivo a través de un incidente de ahogamiento. Willem Dafoe interpreta al excéntrico y talentoso científico Godwin, quien usa a su hijo no nacido en el vientre de Bella para reemplazar su propio cerebro y así resucitarla.
Lanthimos, que vive desde hace muchos años en Londres, llegó a conocer personalmente a Gray para adaptar la novela en 2011. “Fue increíble porque es muy cinematográfica”, dijo el director en una entrevista con The Guardian. “Es complicado, pero se ve claramente que aquí hay una película. Así que en cuanto me enteré de que no se había hecho me fui a Escocia a conocerlo, y cuando llegué estaba allí en la puerta, poniéndose la chaqueta. Me dijo: ‘¡Sígueme!’ y empezó a enseñarme Glasgow, ¡muy rápido! Porque la novela transcurre en Glasgow, y ese era su mundo. Luego volvimos a su casa y me dijo: ‘Creo que eres un joven con talento y me encantaría que quisieras hacer mi película’. Volví al tren y regresé a Londres. Nunca volvimos a hablar del tema”.
Gray, que se describió a sí mismo como “un creador de objetos imaginados”, y cuya literatura combina realismo, fantasía y ciencia ficción, escribió además de novelas y cuentos, obras de teatro, poemas y crítica literaria. Fue artista plástico y sus murales aun se observan en las paredes de Glasgow. Fue además diseñador e ilustrador de sus propios libros y de otros escritores.
La impronta de ciencia ficción y futurismo que rodea a “Pobres criaturas” -publicada en 1992 por el sello Anagrama– puede encontrarse en toda la narrativa de Gray: su famosa y primera novela “Lanark” que está ambientada en parte en el Glasgow de los años 1940 y 1950 y en un mundo de pesadilla donde las reglas normales de la realidad parecen, como casi todo lo demás, haberse roto. “Janine” (1984), su segunda novela, aborda la vida de un alcohólico, profesional de seguridad, que yace en la cama de su hotel construyendo elaboradas fantasías sexuales en un intento de bloquear recuerdos dolorosos de su propia vida.
Transformado en un drama histórico, “Oppenheimer” -nominada a 13 Oscars- se inspiró en la biografía “Prometeo americano” (American Prometheus) de 2005, escrita por Kai Bird y Martin J. Sherwin durante veinticinco años, sobre el físico teórico y director del laboratorio de Los Álamos del Proyecto Manhattan, J. Robert Oppenheimer.
El libro, que ganó numerosos premios, incluido el Premio Pulitzer de Biografía de 2006, profundiza en varios aspectos de la vida del físico dentro y fuera del Proyecto Manhattan, su vida temprana, ambiciones, ideas, relaciones con otros físicos, audiencias de seguridad e impacto de la bomba.
En la película, dirigida por Christopher Nolan y protagonizada por Cillian Murphy, uno de los temas centrales es si los científicos son responsables o no, y en su íntima conciencia, del uso que los políticos puedan hacer de sus invenciones. Cuando el presidente Harry Truman (Gary Oldman, casi irreconocible), en su despacho oval con un retrato colgado del General San Martín -se lo ve en dos tomas- reciba a Oppenheimer tras el bombardeo atómico a Hiroshima y Nagasaki, será claro. “No importa quién inventó la bomba atómica, sino quién la lanzó”.
La película, de tres horas de duración, abarca la creación de la bomba por Oppenheimer cuando está al frente del Proyecto Manhattan, junto a una comunidad científica que vivió en un laboratorio secreto y una ciudad construida en medio de la estepa de Los Álamos.
Cuando el físico advierte que la carrera armamentista pone en peligro a la humanidad, se opone al arma termonuclear (la bomba de hidrógeno) y es llevado ante una comisión por cargos de espionaje, por su simpatía con el comunismo en el pasado.
En la película se lo muestra como un joven de una rica familia judía propenso a la depresión, con afinidad con las ideas de izquierda y el comunismo, partido al que jamás se afilió, aunque su hermano y su cuñada sí lo estaban.
Esa simpatía por el comunismo le traerá dolores de cabeza, a pesar de haber sido considerado un héroe estadounidense y en buena parte él mismo haber logrado el final de la Segunda Guerra Mundial con su invención de la bomba atómica.
El libro “Los asesinos de la luna: petróleo, dinero, homicidio y la creación del FBI” del escritor y periodista neoyorkino David Grann, quien aborda la investigación de una ola de asesinatos de indios osage ocurridos a principios de la década de 1920, inspiró al icónico Martin Scorsese a filmar “Los asesinos de la luna”, que alcanzó 11 nominaciones.
Considerado uno de los crímenes más siniestros de la historia de Estados Unidos, Grann determinó en su investigación que el número de víctimas fue muy superior a la cifra oficial de veinticuatro dada en la época y que se extendió durante un período mucho más largo al considerado entonces —de 1921 a 1925—. La inmensa mayoría de los asesinatos no han sido resueltos.
El libro fue finalista del Premio Nacional del Libro 2017 y llegó a ser número 1 en The New York Times Best Seller list. Scorsese construye una trama que se ancla en el dilema moral que encierran los asesinatos y para ello elige a Robert De Niro, como Hale, un hombre rico que se jacta de llevarse bien con la comunidad osage, y encarna un plan siniestro. Para lograrlo elige a su sobrino Ernest –Leonardo DiCaprio– quien luego de haber sido cocinero en la Primera Guerra Mundial, llega a Oklahoma, y lo incita a que se case con una de las nativas Mollie (Lily Gladstone).
Por una cuestión de “tutela”, para poder acceder a su dinero los osage tienen que contar con un consignatario blanco. Pero si Mollie y su familia muere, las propiedades pasan a ser de Ernest y de Hale, con lo cual se urde un plan que deriva en la tragedia para los indígenas, debido a la codicia, ambición y racismo de los blancos.
Nominada al Oscar como mejor película extranjera, “La sociedad de la nieve”, inspirada en el libro del mismo nombre del periodista y escritor uruguayo Pablo Vierci, que se estrenó en enero en Argentina, conmovió por la adaptación del español Juan Antonio Bayona sobre la tragedia ocurrida hace 51 años, en los Andes cuando un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrelló contra una montaña mientras sobrevolaba la cordillera en dirección a Santiago (Chile).
En el avión iban 45 pasajeros, entre ellos los miembros del equipo de rugby Old Christians Club, junto con algunos familiares y amigos, y luego de 72 días de estar perdidos, el 22 de diciembre de 1972, 16 personas pudieron regresar con vida, mientras que las otras 29 fallecieron.
Tanto el libro como la película abordan las formas de subsistir que encontraron los protagonistas de la tragedia, en condiciones inhóspitas, a más de 3.600 metros de altura y con una temperatura que por momentos descendía a 30 grados bajo cero, donde la solidaridad primó por encima de los individualismos ante una situación límite por sobrevivir.
“Tras medio siglo madurando y aprendiendo las lecciones detrás de la tragedia y la adversidad que vivieron, en un escenario desmesurado y solitario, perdidos en medio de la nada, abandonados por el mundo, quienes sobrevivieron lograron crear una sociedad diferente a todas las conocidas, marcada por un pacto de entrega mutua”, dice Vierci en la contratapa del libro.
Otra de las nominadas a mejor película es “La zona de interés” (The zone of interest) basada en la novela del mismo nombre del británico Martin Amis (1949-2023), publicada en 2015 e reinterpretada por el realizador Jonathan Glazer.
Polémica en su momento por su tono que se publicó tardíamente en países como Francia y Alemania- que narra la cotidianidad de un comandante nazi y su familia a pocos metros del campo de concentración de Auschwitz.
La película, que se estrenará en Argentina a mediados de este mes con el título de “Zona de interés”, recupera la historia del comandante de Auschwitz Rudolf Höss, y su esposa Hedwig, mientras se esfuerzan por construir una vida de ensueño para su familia en una casa con jardín y pileta junto a Auschwitz, resignificando aquel concepto de la “banalidad del mal” que concibió Hannah Arendt.
La historia obra de Amis -autor de catorce novelas, dos colecciones de relatos y ocho obras de no ficción- se presenta narrada desde la perspectiva de varios narradores, lo que brinda al lector una visión multifacética de situaciones y personajes, para comprender los dilemas morales y psicológicos de la trama.
Glazer llevó ese recurso a la pantalla a partir de escenas captadas con cámaras fijas ubicadas en distintos puntos de la casa, lo que denominó “un Gran Hermano nazi”.
Amis, fiel a su estilo, asume en la novela un tono satírico y con elementos de humor negro para afrontar temas complejísimos y es justamente esta mirada provocadora la que le permite al autor enfatizar en su visión sobre la naturaleza del mal y la moralidad y, además, cuestiona la autoridad, la obediencia y aborda la capacidad humana para ser parte de actos atroces.
(*) Agencia de noticias Telam.

Literatura
Gioconda Belli, Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2026

La escritora nicaragüense Gioconda Belli, de 77 años, ganó el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2026, uno de los principales reconocimientos literarios de América Latina, por una obra que el jurado destacó por su capacidad para unir la dimensión sensorial y la conciencia política con lo íntimo y lo colectivo.
La decisión fue anunciada en Guadalajara por Carmen Alemany, portavoz del jurado, que señaló que Belli es “una de las voces más poderosas entre los autores latinoamericanos contemporáneos”. La elección fue unánime y destacó una escritura de expresión directa y cotidiana que, según el acta, revitalizó la representación poética del cuerpo, el deseo y el goce femenino.
El jurado también resaltó que esas preocupaciones atraviesan sus novelas, memorias y ensayos, en una producción marcada por las grandes convulsiones políticas de Nicaragua y la región y que ha ejercido influencia sobre varias generaciones de escritores y lectores.
Autora de libros como “La mujer habitada” (1988), “El país de las mujeres” (2010) y “Las fiebres de la memoria” (2018), Belli recibió a lo largo de su carrera, entre otros reconocimientos, el Premio Casa de las Américas en 1978, el Hermann Kesten del PEN Alemán en 2018 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2023.
El galardón está dotado con 150.000 dólares y será entregado el próximo 28 de noviembre durante la inauguración de la 40ª edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), que este año tendrá a Italia como país invitado de honor.
Tras conocer el fallo, Belli reivindicó el papel de la literatura frente al avance de la inteligencia artificial. Desde México, sostuvo que la escritura debe defender una manera diferente de mirar el mundo en una época marcada por las distracciones y la reducción de los tiempos de atención.
La autora, que vive exiliada en Madrid desde 2020, también vinculó su obra con la reivindicación del cuerpo femenino como una forma de resistencia frente al poder y la discriminación. Recordó que comenzó a escribir poesía como una celebración de su propio cuerpo y que descubrió luego el carácter subversivo de esa decisión.
Desde su creación, en 1991, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances distinguió a escritores como Nicanor Parra, Fernando del Paso, Margo Glantz, Claudio Magris, Vila-Matas y Amin Maalouf.
Historias Reflejadas
“Los recuerdos de la muerte”

Los recuerdos de la muerte
Las manos de la muerte se abren paso entre los túneles de la vida, hilos enredados en la tierra ovillan una historia de contornos difusos.
Una sombra se alarga por encima de una tumba y pone fin a las palabras. Sin embargo, habla.
En la sequedad del pasado yacen los pedazos de aquello que fuimos, espectros que avanzan en la noche de los tiempos para hacerse visibles en otros cuerpos.
La oscura boca de un espejo exhala imágenes fantasmales, sentadas en una esquina de la existencia, que revelan secretos para reflejarlos.
Sólo la memoria extiende sus brazos y abarca la continuidad de los hechos, proyectados más allá, sobre los rincones en los que alguien se ha quedado descifrando su destino.
Una sensación extraña, como un recuerdo olvidado, se hace presente y se desvanece sobre una realidad que contiene la eternidad compartida.
No hay respuestas, las sombras avanzan y dominan el espacio para perpetuar en silencio una luz de lo que hemos sido.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes cuentos: “Alguien desordena estas rosas”, del libro “Ojos de perro azul” de Gabriel García Márquez; “En memoria de Paulina”, del libro “Historias fantásticas” de Adolfo Bioy Casares; “Déjà vu, o los reinos de la posición horizontal”, del libro “Una felicidad repulsiva” de Guillermo Martínez; y “El advenimiento”, del libro “El oro de los tigres” de Jorge Luis Borges.
Textos para escuchar
La Botella – Gabriela Romero

Gabriela Romero lee su cuento La Botella.
Créame que todavía hoy, ni estando en este lugar, puedo definir si lo que pasó aquella noche fue una maldición o si estaba predeterminado. Lo cierto es que mi cuñado Alfonso hizo una pregunta y el universo se las ingenió para responderle. Todo comenzó el 20 de noviembre de 1991 durante el festejo de los treinta y un años de mi hermana Sonia. Solo estábamos la familia. Los cinco hermanos: cuatro mujeres y un varón. Y nuestras respectivas parejas. Más nuestra madre, que quedó viuda joven. Más los tres hijos de Sonia, la que está allá; los dos de Mercedes, y la única nena que al momento tenía Silvana, la que recién se acercó; más los cuatro hijos de nuestro hermano José Arturo y los dos míos. Además de los padres de Alfonso, el marido de Sonia, estaban sus tres hermanos con las esposas y los seis hijos, resultantes de las tres parejas. En total éramos: 37. Muchísimos. Ya habíamos cenado y los chicos corrían por el jardín mientras los adultos conversábamos, algunos dentro del quincho y otros en la galería, o junto al bar que Sonia había armado a un costado de la pileta. Minutos antes de las doce de la noche Alfonso nos llamó para el brindis y nos dijo algo así:
— ¡Gente, vengan a brindar por mi esposa!
Él había ubicado las copas en la barra del bar y nos esperaba con una botella envuelta en una servilleta de tela blanca. Era evidente que alguna broma se traía entre manos porque intentaba ocultar la risa en su mueca ladeada. Lo amenazamos con tirarlo a la pileta si nos bañaba con el champán.
—No soy tan infantil —nos dijo Alfonso y agregó con una voz cavernosa —: ¿¡A ver a quién le toca!?
Entonces hizo presión y el corcho se elevó como un cohete, pero en vez de perderse entre las plantas del jardín o estrellarse lejos en el pasto cayó sobre tres de nosotras. En Sonia, en nuestra cuñada y en mí. Recuerdo nuestro griterío cuando nos golpeó el corcho y la pelea de los nenes por quién se quedaba con ese corcho maldito y también las risas de los otros a causa de nuestros gritos, y de la cara de Alfonso.
— ¿Qué pasó, cuñado? ¿Te salió el tiro por la culata? —le dijo mi hermano José Arturo riéndose.
Todos miramos a Alfonso. No se reía. Mantenía la botella en alto, inmóvil. Sonia caminó hasta él y le quitó la botella de las manos.
— ¡Las Viudas! —gritó—. ¡El champán se llama Las Viudas! —y antes de beber directamente del pico le dijo a su marido—: ¡A tu salud!
— ¡Alfonso, serás el primero en morir! —grité—.
Sí, eso le dije yo. Mi marido se indignó, para él no le es fácil vivir en una familia que tiene humor negro. A Alfonso le bajó la presión. Era de esos tipos que no se aguantan una broma, pero que viven cargando a los demás.
Murió a la semana. El 27 de noviembre de 1991.
Su muerte nos desgarró. Tan imprevista. Y él tan joven. Y tan joven mi hermana y tan chiquitos sus tres hijos. ¿Quién podría creer que se haría realidad lo que sucedió en el cumpleaños de Sonia? Cuando me avisaron creí que era una broma de mal gusto. Decile a Alfonso que se deje de joder, le dije al amigo que me llamó. Y le colgué. El teléfono sonó al instante. Se murió, Malena. Alfonso se murió. Entonces, se me vino a la mente mi sentencia. Serás el primero en morir. ¿Cómo miraría a sus padres?, me pregunté. Aunque después preferí culparlo, al final de cuentas el que había comenzado todo esto había sido él. En su velatorio recordamos lo ocurrido en el cumpleaños de Sonia. Ahora sigo yo, me dijo José Arturo al oído.
Él murió veinte años después, el 15 de julio de 2011.
Qué dolor. Pobre mi madre y mi cuñada y mis cuatro sobrinos. Y hoy estamos acá velando al marido de Mercedes. ¿Usted de dónde conocía a mi cuñado? Sabe, aquella noche mi hermana se encontraba a mi lado, pero a ella el corcho no la tocó. En eso el oráculo falló. Las Viudas. Me pregunto si tal vez aquello que decía mi esposo cuando era un niño, y que mis suegros contaban con tanta gracia, no fue una suerte de amuleto. ¿Un amuleto que lo protege de lo que está escrito o de lo que sucedió a partir de aquella noche? ¿Qué vas a ser cuando seas grande?, le preguntaban mis suegros divertidos con la respuesta que siempre les daba su hijo. Viudo, les respondía él.
Los recuerdos de la muerte






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