
Literatura
Con el mar, la amistad y la literatura de fondo, arrancó el Filba Nacional en Mar del Plata
Por Alfredo Ves Losada (*)
Seis lecturas con el mar como protagonista por parte de escritores como Guillermo Martínez y Tamara Tenenbaum, y una conferencia sobre una amistad improbable a cargo del novelista y poeta Osvaldo Baigorria marcaron esta noche el inicio formal de una nueva edición del Filba Nacional, que hasta el domingo tendrá su epicentro en Mar del Plata y desplegará de manera presencial y en versión virtual charlas, recorridos, seminarios y clases magistrales con referentes de la literatura.
Fiel al perfume marino de todo el programa y a la figura de Victoria Ocampo como referencia, la ceremonia de apertura se realizó mar adentro, sobre el espigón del Club de Pescadores, detrás de la rompiente de las playas Punta Iglesias y Popular.
Con el zócalo de luces de la ciudad de fondo tras los ventanales del salón, Baigorria, novelista, poeta errante, periodista y traductor, lanzó de arranque una advertencia en la noche helada: “De la amistad, no sé qué decir; quizá podría decir algo sobre la camaradería”.
Admitió que la invitación a hablar sobre ella en la apertura del festival lo sorprendió y lo llevó a indagar en su relación personal con otros escritores y escritoras, y con “esa entidad o autoidentidad discutible llamada ‘escritor/a'”.
En un recorrido guiado por Aristóteles, Epicuro, Derrida o Nietzche, reflexionó sobre su amistad de años con el poeta y ensayista argentino Néstor Perlongher.
“Fue mi maestra y fuente de inspiración y lecturas en aquella etapa clave de mi vida, a los 21, 22 años. Lo conocí cuando él militaba en el Frente de Liberación Homosexual, que había cofundado junto a otros activistas, y luego dentro del grupo de estudios que fundamos juntos, Política Sexual, un grupo que proponía alianzas con feministas y otras disidencias sexuales y que duró algunos años hasta que se disolvió por diversas razones”, recordó.
El autor de “El ladrido del tigre” y “Correrías de un infiel” evocó además su experiencia de escritura en colaboración en los 90, “en un grupo de cuatro integrantes que éramos -o nos considerábamos- amigos”, junto a Christian Ferrer, Guido Indij y Carlos Gioiosa.
Baigorria reflexionó además sobre las encrucijadas de la amistad, especialmente entre colegas: “¿Uno quiere realmente saber lo que piensan las personas que llama amigas de sí mismo? No lo creo. Mucho menos entre escritoras y escritores, un mundo lleno de vanidades, de rivalidad, de envidia, de ególatras que compiten, manipulan, ocultan, mienten y revelan solo lo que le conviene”.
El escritor admitió su propia “ambivalencia” ante ese mundo: “A largo de mi vida oscilé entre evitarlo o acercarme por un rato para después huir, en parte por miedo, en parte para preservar mi salud mental”. Y celebró el “afecto” desarrollado en los últimos años con escritores “que sí han sabido decirme a cuánto de lo que había escrito le sobraba o le faltaba algo, como Ricardo Strafacce y Ariel Idez“.
De acuerdo a su experiencia, aseguró, “los vínculos humanos funcionan como tales sólo durante algunas etapas en la vida” y “sin idealización, sin demasiado apego, en especial si se trata de personas autónomas que van por su propio camino y un día se cruzan, se encuentran, se reconocen, comparten un proyecto, una obra, una parte del sendero y luego cuando eso se termina, aceptan el hecho de que cada cual seguirá su camino, su ruta, su destino”.
“Solo podemos desear que ese destino sea de coincidencia de ideas y de sueños durante un tiempo y un espacio determinados. Tal vez con eso alcanza. Nada sé de la amistad, pero a eso lo llamo camaradería””, remató.
La conferencia de Baigorria fue precedida por una serie de lecturas en la que seis escritores y escritoras se refirieron a la relación entre cada uno de ellos y el mar, verdadero protagonista de relatos en los que fue además lugar de escape o fuerza salvaje, tan presente en la literatura, casi como un género en sí mismo.
La escritora marplatense Carolina Bugnone fue la encargada de romper el hielo al definir al mar como un “rockstar”, “un rey medieval” y “quejoso” que “le grita a nadie” porque “no necesita de mí ni de nadie”.
Luego fue el turno de Matías Capelli, periodista y escritor local, quien relató un sueño fallido con paseos a caballo y diálogos en inglés, y el mar como escape y espejo invertido de las ciudades.
Otro escritor local, Matías Moscardi, enumeró como en una catarsis decenas de recuerdos de barrenadores frágiles, hazañas épicas que no fueron con tablas de surf prestadas, preguntas borgianas sobre los inconvenientes de tragar agua salada, sobre aguavivas, temporales costeros, cielos de fuego en Monte Hermoso, y fósiles y arrullos y perros que le ladran a la rompiente.
A su turno, Tenenbaum buceó en su memoria para buscar sus primeros amores y desencuentros con el mar, entre el romance y los traumas, entre sus sonidos y su salitre en las heridas, mezclada con frases de libros y novelas.
Mauro de Angelis surfeó sobre la parábola que lo llevó junto a su familia rodante, de Boedo a una chalet maldito en Wilde, de ahí a Barracas y de ahí a un departamento en Mar del Plata, donde el mar fue primero una sospecha y luego un ente distante y omnipresente.
Y Martínez ensayó una composición como en un viaje entre su infancia, con el océano como escenario de aventuras literarias, y sus obras, con las pisadas de Roderer marcadas en la arena de una playa, o las páginas de su reciente novela “La última vez”, que viajan por las playas del Mediterráneo catalán.
Tras el lanzamiento oficial, esta undécima edición del festival se extenderá hasta el domingo durante tres días con un formato mixto del que participarán cerca de 50 artistas y escritores del país, que intervendrán en actividades sobre procesos creativos y celebrarán el regreso a la presencialidad, tras dos años de pandemia.
De los escritores que participarán, mitad marplatenses, nueve lo harán de forma presencial –Martínez, Mercedes Halfon, Tenenbaum, Baigorria, Capelli, Mariano Blatt, Paula Trama, Gloria Peirano e Inés Copertino– y el resto lo hará a través de la pantalla, en forma virtual.
La amistad y la literatura formarán parte del lado A del festival desde la figura convocante de Victoria Ocampo, según explicó Victoria Rodríguez Lacroust, programadora del Filba, quien destacó el búnker literario que ella construyó en su casona del barrio Los Troncos, que es la sede principal de esta edición.
El festival, coorganizado con la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de General Pueyrredón tendrá un lado B, contrapuesto a la característica de ciudad turística veraniega, porque será en otoño y con frío en una ciudad balnearia.
(*) Agencia de noticias Telam

Literatura
Mario Montalbetti, Premio Iberoamericano de Letras José Donoso

El escritor peruano Mario Montalbetti fue elegido ganador del Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2026, uno de los reconocimientos de mayor relevancia de la literatura latinoamericana, que entrega anualmente la Universidad de Talca, en Chile. El jurado internacional resolvió por unanimidad distinguir al poeta, lingüista y ensayista en la vigésimo quinta edición del galardón.
El acta del fallo fundamentó la elección en “la calidad, originalidad y consistencia” de la obra de Montalbetti, además de destacar “la relevancia e influencia de su producción intelectual en el ámbito de la literatura y cultura iberoamericanas”. El jurado también valoró su contribución al desarrollo de la literatura contemporánea, su reconocimiento nacional e internacional y el aporte de su producción al patrimonio cultural de la región.
El jurado estuvo encabezado por la escritora chilena Diamela Eltit, Premio Nacional de Literatura de Chile en 2018, e integrado por Christopher Domínguez Michael (México), Andrés Ferrada Aguilar (Chile), Eva Valero (España) y Florencia Garramuño (Argentina). Eltit señaló que, al momento de evaluar una obra, “lo más importante siempre es la obra, cómo está estructurada, dónde apunta y el reconocimiento que adquiere a nivel internacional”.
Acerca del escritor
Montalbetti, nacido en Lima en 1953, es una de las voces destacadas de la poesía peruana contemporánea. Su trayectoria combina la creación literaria con la investigación académica sobre el lenguaje y un diálogo permanente con la filosofía. Es profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú y obtuvo un doctorado en Lingüística en el Massachusetts Institute of Technology (MIT).
Su primer libro, “Perro negro, 31 poemas”, apareció en 1978. Desde entonces publicó, entre otros títulos, “Fin desierto”, “Llantos elíseos”, “Cinco segundos de horizonte”, “Ocho cuartetas contra el caballo de paso peruano”, “Notas para un seminario sobre Foucault” y “Simio meditando (ante una lata oxidada de aceite de oliva)”. También desarrolló una importante producción ensayística vinculada con la poesía y el lenguaje.
La exploración de los límites del lenguaje ocupa un lugar central en su obra. “La poesía tiene que ver con encontrarle sinsentido al sentido”, sostuvo Montalbetti en una entrevista con la agencia EFE, al explicar su concepción de una escritura que no busca solamente transmitir contenidos sino poner en cuestión las posibilidades y los bordes del lenguaje.
Al conocer el fallo, el escritor expresó su satisfacción por incorporarse a la lista de autores distinguidos y agradeció a la Universidad de Talca, al jurado y a los escritores e intelectuales chilenos con quienes mantiene un vínculo desde hace años.
Sobre el Premio
Creado en 2001 como homenaje al escritor chileno José Donoso, el premio reconoce trayectorias destacadas en poesía, narrativa, teatro y ensayo de autores de América Latina, España y Portugal. Montalbetti recibirá una medalla y una dotación de 50.000 dólares. Entre los ganadores de los últimos años figuran la peruana Carmen Ollé, Mariana Enriquez, Lina Meruane, Samanta Schweblin y Cristina Rivera Garza.
Textos para escuchar
La grasita – Mercedes Pérez Sabbi

La escritora Mercedes Pérez Sabbi lee un fragmento de La grasita, su nueva novela (Editorial Comunicarte).
“Llegamos al Café Tortoni para buscar a Dora, pero no podíamos entrar por la puerta principal porque los empleados y los familiares entran por la puerta de atrás. Vi que era hermosísimo el café. Con una puerta de madera con cortinitas blancas y adornos de bronce para abrirla. Pero no, no la abrimos, porque dimos la vuelta por la calle Rivadavia, y entramos por un pasillo con cajones de botellas y bolsas con mercadería, parecido al depósito del almacén de mi papá. Ahí preguntamos por Dora Rodríguez. Un muchacho de delantal, gorrita blanca y camisa desteñida nos dijo que enseguida la llamaba. Al ratito apareció Dora, arregladita como para salir de paseo. Alta estaba, por los zapatos con plataforma.
—Las hice esperar para cambiarme. ¿Les gustaría pispear el bar?
—Sí, me gustaría —dije.
—Bueno, las hago mirar por acá, porque por el frente solo entran los clientes.Pasamos por otro pasillo y Dora nos corrió unos cortinados de terciopelo azul. Hermoso lo que vimos: las paredes de madera y papel con flores, el techo con cuadraditos de vidrios de arabescos de colores, unas columnas gigantes de mármol marrón, las sillas tapizadas de negro, las mesas redondas con señoras de sombreros elegantes y señores de trajes muy distinguidos… Parecía un palacio de película.
—¿Puedo ir al baño que me hago pis…? —le pregunté a Dora.
—Bueno, andá al baño principal porque el del personal está medio cochino —y me señaló el lugar—. Ves allá que hay una mesa grande redonda, seguís a la izquierda y ahí está el tualet de damas. Te esperamos acá.
—¿El tualet?
—Sí, es baño en francés. Acá es así.
—Dejame el tapado así vas más cómoda —me dijo mi mamá.Y me quedé con mi pollera escocesa y mi saquito azul. Bonitos.
Tualet, tualet, tualet…
Toalette, decía en la puerta, con una figurita de mujer.
Adentro había una señora de sombrero azul con su hija de bucles rubios. Saludé y me quedé mirando adónde ir, porque había varias puertas y lavatorios y espejos con lámparas como copas. La señora se dio cuenta de algo y me preguntó:
—¿De dónde sos?
—De Maizoro.
—¡Ah! ¿dónde queda eso? —me preguntó mientras se pintaba los labios y la nena me miraba.
—Lejos. Hay que tomar un tren en Constitución y después otro.
—Podés pasar ahí —me cortó señalándome uno de los baños.
—Gracias —y entré.Desde el inodoro escucho que la nena le pregunta:
—¿Quién es mami?
—Una grasita —le respondió, mientras se cerraba la puerta.
Historias Reflejadas
“Una respuesta entre letras”


Una respuesta entre letras
Todo estaba hilado con palabras, sostenido por las letras que, inquietas, saltaban a uno y otro lado de la vida.
Algunas eran muy antiguas y sobre ellas podía escucharse el latido del tiempo, pero pocos podían oírlo.
Otras, recién nacidas, estaban provistas de alas y eran capaces de transportar los sueños más allá de lo visible, en oscuras cuevas donde lo imposible se hacía realidad.
Entre puntos y comas, muchas letras habían perdido el rumbo y andaban buscando el lugar que les pertenecía. Sin embargo, atraídas por la curiosidad, prefirieron adherirse a la rugosa textura de una pregunta.
Los muros de las certezas cayeron abatidos ante la impertinencia de las preguntas que dieron lugar a las dudas, enredadas en otras letras capaces de tejer nuevas palabras.
Entre las páginas de un libro las letras hacían un largo viaje para sostener una historia encerrada. Afuera, otras letras daban forma a lo cotidiano y se mezclaban dentro de otras palabras que abrían las puertas a un mundo de respuestas, en el que todavía faltaban muchas preguntas.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia: “Son muchas preguntas y todas juntas”, de Adela Basch; “Hechizos y descubrimientos”, de Márgara Averbach; “Cuentos y Chinventos”, de Silvia Schujer; y “El viaje más largo del mundo”, de Gustavo Roldán.







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