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Literatura

El Filbita abre su 9na. edición con el eje puesto en la curiosidad

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El Festival de Literatura Infantil Filbita tendrá su novena edición del 15 al 17 de noviembre en la Ciudad de Buenos Aires con la curiosidad como tema motor de una programación gratuita que desplegará talleres, lecturas y charlas de la mano de autores, bibliotecarios, mediadores e ilustradores que trabajan en el universo de los libros para niños y adolescentes.

En esta edición, el festival para niños y niñas que organiza Fundación Filba junto a editoriales, institutos y organizaciones se pensó sobre el tema de la curiosidad, no tanto como eje para diseñar una programación, sino más bien como un móvil temático que mueve el deseo por conocer, surcar caminos, aprender, explorar lo desconocido.

Con la curiosidad como motor, durante tres días en cuatro sedes porteñas (Alianza Francesa, Museo de Arte Moderno, Casona de los Olivera y Biblioteca Parque de la Estación) habrá más de 30 actividades para chicos y chicas y sus familias: talleres, charlas, lecturas, espacios de arte, dibujo, poesía, instancias para la ciencia, la experimentación y también recitales.

La idea es “juntarnos en torno a los libros y a la literatura, volver a pensar en la lectura como un espacio de construcción cívica, social y de ciudadanía sobre todo desde la infancia, y seguir creando universos de lo posible”, sostuvo durante la presentación del festival María Luján Picabea, a cargo de contenidos y producción junto a Larisa Chausovsky y Anne-Sophie Vignolles.

Como cada edición se esperan invitados internacionales: estarán la ilustradora catalana Marta Altés, autora de “Soy un artista”; el narrador y librero uruguayo Horacio Cavallo; la poeta peruana Micaela Chirif, distinguida hace poco con el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños; y el artista plástico brasileño -el único que habla otra lengua- Renato Moriconi, que escribió junto a Chirif el libro “Dentro de una cebra” incluido en la prestigiosa selección de The White Ravens.

De la robusta escena de la literatura infantil, el género más vendido según las estadísticas del mercado editorial, estarán en su representación Ema Wolf, Paula Bombara, Max Aguirre, Nicolás Schuff, Sandra Comino, Laura Ávila, Pablo de Santis, Franco Vaccarini y Carola Martínez. También participarán de actividades que cruzan libros y música las cantautoras Mariana Cincunegui y Julieta Venegas.

El primer día, con sede en la Biblioteca del Parque de la Estación, se concentrará en adultos (mediadores, bibliotecarios, docentes, autores) y ofrecerá paneles y talleres con inscripción previa en la web, como uno de escritura que dará Chirif sobre la relación entre texto e imagen; y como broche de oro Ema Wolf, referente de la literatura del género fantástico, se sumará por primera vez al Filbita con una entrevista pública.

Aunque el sábado habrá dos instancias más para adultos en la Alianza Francesa -un taller a cargo de Altés y una charla con Renato Mosconi-, será ese día desde las 15 en el Museo de Arte Moderno cuando comenzará la programación con actividades para todas las edades (desde bebés de ocho meses hasta adolescentes) con espacios de juego, narraciones, recorridas por las muestras y talleres de música, ciencia, arte y poesía.

Como cierre de la jornada del sábado, a las 18, en el museo del barrio porteño de San Telmo, tendrá lugar una jam de dibujo, lecturas y música en vivo que reunirá a más de 15 invitados, como Sandra Comino que leerá textos; Christian Montenegro, el ilustrador que hizo la gráfica de esta edición del Filbita, que estará dibujando; y Mariana Cincunegui y Guido Vilar que compartirán su música.

El tercer y último día del Filbita desembarcará en la Casona de los Olivera, de 15 a 19 en Parque Avellaneda: habrá un taller de historieta con Max Aguirre, otro para armar una enciclopedia de saberes insólitos, espacios para jugar con palabras o dibujar explorando los derechos de la niñez, una cita para experimentar y aprender de energía a cargo de YPF, y un novedoso taller de rap pensado para niños y niñas a partir de los diez años.

La jornada del domingo concluirá a las 18.30 entre lecturas y canciones: Julieta Venegas aportará la música y Gonzalo Heredia narrará la colección “Cuentos que cuidan” que realizó Unicef Argentina junto a escritores como Paula Bombara, Graciela Repún, Pablo Bernasconi, Silvia Schujer y los ilustradores Ivanke, mEy!, Paula Elissambura y Patricia López Latour.

Además de la programación, durante el Filbita estarán a la venta los libros de los autores que participan de esta edición del festival, y por primera vez se incorporará una actividad distinta, “postas literarias”, donde la idea será convocar la lectura a demanda a través de autores que estarán disponibles para leer y conversar con el público.

La programación completa de la novena edición del Filbita, que se desarrollará del 15 al 17 de noviembre con entrada gratuita, se puede consultar en la página web www.filba.org.ar.

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Literatura

“El canto invisible”, los silencios y las fracturas de la Argentina en la pluma de Claudia Piñeiro

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La escritora Claudia Piñeiro regresa a la ficción con “El canto invisible”, su nueva novela, una historia atravesada por la amistad, el duelo y los secretos, en la que el canto de las aves funciona como punto de partida para indagar en la dificultad de escuchar al otro en una sociedad marcada por tensiones políticas y generacionales.

Publicada por Alfaguara, la novela tiene como protagonista a Julia Muntaner, una editora de 64 años que acaba de perder a Marina Martinelli, su amiga desde los tiempos universitarios en La Plata. Bióloga especializada en aves, Marina muere atropellada después de una discusión ocurrida durante una protesta contra los recortes presupuestarios en el Hospital Garrahan.

Tras su muerte, Julia se instala en la casaquinta que su amiga le dejó como herencia y comienza a trabajar en el manuscrito que Marina no llegó a terminar, dedicado al canto de los pájaros y sus vínculos con el arte, la literatura, la música y el cine. Esa tarea también abre un recorrido por una amistad de décadas y conduce a Julia hacia una verdad que Marina mantuvo oculta durante toda su vida.

Piñeiro construye el relato a través de distintos registros: el monólogo de Julia dirigido a su amiga muerta, una voz omnisciente que sigue a los demás personajes y fragmentos del libro inconcluso de Marina. En ese cruce aparece una de las ideas centrales de la obra: oír constituye un acto fisiológico, mientras que escuchar requiere atención, voluntad y disposición para recibir aquello que otro intenta comunicar.

La novela traslada esa pregunta a las relaciones familiares, las diferencias entre generaciones y las discusiones políticas. La Argentina contemporánea aparece a través de los reclamos por la salud pública, el crecimiento de las nuevas derechas entre sectores jóvenes y una grieta ideológica que también atraviesa los vínculos personales.

El canto invisible aborda además la experiencia de la vejez y la sensación de invisibilidad que enfrenta Julia a los 64 años, cuando se reconoce vital y llena de proyectos mientras adquiere una conciencia cada vez más concreta sobre la finitud.

Autora de “Las viudas de los jueves”, “Elena sabe”, “Catedrales” y “El tiempo de las moscas”, entre otros títulos, Piñeiro vuelve así sobre uno de los territorios recurrentes de su literatura: el modo en que los secretos privados, los mandatos familiares y los conflictos íntimos terminan por revelar las tensiones de una época.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)

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Historias Reflejadas

“Un colorado Había una vez”

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Un Colorado “Había una vez”

Detrás del Colorín Colorado, en el espacio que sigue al punto final, siempre era posible encontrar una nueva historia.

En cambio, en el instante que seguía al “Había una vez”, justo allí sobre esa burbuja de palabras, existía algo que alguien alguna vez contó.

A veces, se trataba de un viaje interplanetario, hacia planetas lejanos en los que era necesario recuperar los recuerdos. La magia de las palabras creaba el ambiente adecuado. Como si fueran ladrillos unidos para edificar, ellas se encargaban de traer a la memoria aquello que había sucedido o quizás lo que jamás sucedió, pero era necesario inventar: un cuento…Y Colorín Colorado…

De pronto, varios animales caminaban por las páginas de un libro para hacerse escuchar. Algunos levantaron vuelo para tejer una historia de historias que era necesario revelar. Había una vez…

Dicen que para atrapar un sueño es necesario viajar hasta el arcoíris, abrazar sus colores y dejarse pintar por sus rayas. Colorín amarillo. Hubo un color que se perdió y la historia quedó descalza.

No era sencillo viajar en un zapato, eso lo sabía aquel pie que se desprendió de uno de ellos, que hasta entonces había sido su compañero inseparable. Había una vez un zapato, sin pie, que se animó a caminar para contar su propio cuento, sin Colorín ni Colorado.

A menudo había que tener varios ojos para no perderse los detalles. Era posible que detrás del Colorín Colorado naciera un cuento de cuentos en el que el Colorado perdido ya formara parte del siguiente “Había una vez”…

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia: “Los planetas Elfos”, del libro Familias raras de este planeta y otros de Graciela Repún, ilustrado por Sara Sedrán; “Cuando un águila piensa”, del libro Cuentos del bosque de Cristina Ramos, ilustrado por Marcela Calderón; “Prohibido el elefante”, del libro Prohibido el elefante de Gustavo Roldán, con ilustraciones de Luis Pereyra; y los cuentos “Pedro, el zapato” y “Siete colores”, del libro Cuentos para siete colores de Susana Gesúmaría y Aarón Cupit, ilustrado por Héctor Martínez.

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Textos para escuchar

Pasar por el espejo – Luis Carranza Torres

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El escritor cordobés Luis Carranza Torres lee su cuento Pasar por el espejo

Mi reflejo en el espejo no era yo sino aquella que había sido antes. De alguna forma, sabía eso. Parada frente al espejo, fogonazos de esa vida que no alcanzaba a comprender, me azotaban la mente y me sacudían en lo profundo del espíritu. Otra yo en otra vida, espejo de por medio. Mi imagen se reflejaba distinta sobre el vidrio pulido, provocándome una gran confusión. No entendía muchas cosas pero sabía que esa, al otro lado del espejo, era yo. Aun cuando tuviera un palmo más de altura, o el color de su cabello no fuera castaño sino negrísimo. Lo confirmaba al verla a los ojos, a pesar del distinto color alrededor de las pupilas. A mi tono ámbar el espejo lo devolvía como un gris apagado. Pero podía ver la misma mirada de estupor que estaba sintiendo. Una mezcla de temor y ansiedad, pero también de creciente excitación.

Observaba, maravillada, como no se parecía en nada a mi actual aspecto. Claro que, también pensé, tampoco yo lucía del mismo modo que al nacer, o cuando niña.

No me cabía duda alguna, me reconocía por lo que mostraban esas facciones: angustia, orfandad. Siempre me había visto así, más acá o más allá del espejo. Castaña o morocha, más alta o más baja.

—No luches—me dijo la figura al otro lado del espejo. Movía sus labios aunque yo tuviera paralizado los míos—. Es inútil. No depende de ti ni de mí. Sólo tiene que suceder. Volver a ser una. La felicidad pasa por estar completas.

El espejo, o ella en el espejo, me atrajo hacia el otro lado. Se trataba de una sensación extraña, que principió con un cosquilleo y luego prosiguió en tremendos espasmos. Una corriente inmaterial que me arrastraba hacia lo que tenía en frente, espejo de por medio. La imagen de la que era en otra parte o había sido en otro tiempo. Un otro yo que me buscaba, para unirse a mí. Nuestras palmas de las manos se tocaron a uno y otro lado. Experimenté entonces una especie de una corriente eléctrica, intensa. Una sacudida dolorosa pero liberadora que, por alguna razón, contenía una promesa de paz. Asustada, estremecida, no pude dejar de mirarla, ni de ir hacia ella. Me resultaba imposible dejar de observarla o resistirme a ser arrastrada. Ella me atraía, como un imán espiritual poderoso, a lo profundo del espejo, a fundirme con esa que era yo. Tras todas dudas y algo de pelea, me dejé ir. Mi rostro se agrandó hasta ser tragado por el espejo en un estallido de estrépito.

Todo se volvió blanco. De un blanco brillante que deslumbraba. Dolor. Me sentí flotar. El resplandor se transformó en luz. Parpadeé para acostumbrarme, desde la oscuridad dolorosa en la que había caída, a la nueva claridad donde me hallaba.

Un hombre de blanco y lentes me observó. Muy serio.

—¿Que me pasó?—pregunté.

El hombre de blanco me respondió con voz cansada:

—Otra vez olvidaste tomar tus pastillas.

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