Literatura
Junio, un mes con muchas novedades en Del Fondo Editorial
El sello Del Fondo Editorial difundió sus novedades para el mes de junio, con interesantes propuestas en diversos géneros.

En el apartado romántico histórico, Marisa Potes regresa para deleitar con “Como la luna en el mar”. Mientras el mundo está en los albores de la Segunda Guerra Mundial, Elizabeth Verne y Federico Lemer los protagonistas de esta historia ambientada en Mar del Plata, se verán envueltos en situaciones en que deberán recurrir a la mentira para llegar a la verdad.

Este mes en las librerías aparecerá el libro de una joven promesa en el género histórico: Karel Hänish. En “La melodía de Helga” dos nietos se sorprenden al encontrar, junto a un violín, una partitura titulada “La Melodía de Helga”. Una oda a la nostalgia y al amor; un homenaje a los caídos en el holocausto, a los sublevados de Varsovia, y una inolvidable experiencia que atraviesa el alma.

Mariela Fischbarg propone una historia coral en su tercera novela contemporánea : “Amores inesperados”. Mer está decidida a ser mamá, aunque eso no implique necesariamente tener una pareja. Flor quiere tomarse vacaciones, alejarse de la presión de sus padres y de un corazón roto.
Eugenia está resuelta a enfrentar sus miedos para lograr reencontrarse con un viejo amor. Tres historias de pasión. Tres mujeres independientes que se atreven y enfrentan tempestades. Tres amigas, ex compañeras de colegio, que alguna vez fueron cuatro.
Respecto a clásicos se podrá disfrutar de estas novelas y escritores:

“El castillo encantado”, de Edith Nesbit. El descubrimiento del castillo marca el comienzo de un viaje extraordinario para los niños mientras navegan por las maravillas y los peligros de su nuevo entorno. El castillo encantado es un clásico atemporal que entrelaza elementos de fantasía, aventura y misterio.

La alegría y la frescura de una protagonista icónica: “Pollyanna”, de la mano de Eleanor H. Porter. La novela cuenta la historia de una joven huérfana llamada Pollyanna que se va a vivir con su severa tía Polly a la ciudad de Beldingsville, Vermont. A lo largo de la narración, la actitud alegre y la visión de la vida de Pollyanna tienen un profundo impacto en las personas que la rodean. La obra ha sido adaptada al cine y la televisión en numerosas ocasiones, y su nombre ha pasado a formar parte del idioma inglés, utilizado para describir a una persona excesivamente optimista. La novela es un clásico atemporal que sigue deleitando a lectores de todas las edades.
García Lorca continúa seduciendo lectores. Del Fondo edita “Romancero gitano” y “Doña Rosita la soltera”.

“Romancero gitano”: La obra refleja las penas de un pueblo que vive al margen de la sociedad y que se siente perseguido por los representantes de la autoridad y por su lucha contra ellos.
“Doña Rosita la soltera”: Es una obra teatral escrita en 1935. Fue la última obra estrenada en vida, el 13 de diciembre de 1935 en el Principal Palace de Barcelona. Esta emotiva historia, que está considerada como una de las obras maestras del ámbito teatral del siglo xx y aún despierta el interés de millones de personas alrededor del mundo, no es más que la representación de “la vida mansa por fuera y requemada por dentro de una doncella granadina que, poco a poco, va convirtiéndose en una grotesca y conmovedora solterona en España”.
Keynes, el economista que sigue vigente con “Las consecuencias económicas de la paz” y “Revisión del tratado”.

“Las consecuencias económicas de la paz” (1919) fue uno de los documentos más importantes que surgieron de la Primera Guerra Mundial, específicamente el período del Armisticio y las posteriores negociaciones para llegar a un acuerdo. Un análisis directo e intransigente de cómo la diplomacia internacional puede estar impregnada de personalidades, prejuicios, ambiciones personales y sentimientos de venganza francos e incontrolados.
“Revisión del tratado” (1922) fue publicada después de la Primera Guerra Mundial. Keynes argumentaba que las fuertes reparaciones impuestas a Alemania por los países vencedores arruinarían la economía alemana debido a los desequilibrios que acarrearía.

En inglés se publica “The King of Elfland’s Daughter”, por Lord Dunsany, a menudo es aclamado como uno de los más grandes novelas de fantasía jamás escritas y continúa deleitando a lectores y críticos por igual.
(Fuente: Andrea Vásquez – Prensa Del Fondo Editorial)
Textos para escuchar
El tiempo que nos une – Alejandro Palomas
Alejandro Palomas lee un fragmento de su novela El tiempo que nos une
Es un vacío, un tropezón de aire que se te atraganta en los pulmones cada vez que respiras. Como un pellizco, a veces suave, a veces agudo y a traición. No es ni un antes ni un después. Es lo que no habrá de llegar. Sueños no articulados por falta de tiempo, no de imaginación. Es un crujido en el alma, eso es exactamente: el momento en que sabemos que tenemos alma porque la hemos oído crujir.
Es la muerte.
Es la muerte de una hija.
Es la muerte de una hija cuyo cadáver nunca apareció, empotrándome contra la peor de las preguntas: «¿Y si no? ¿Y si no fue? ¿Y si no fue y sigue viva en alguna parte?».
Es invocarla en secreto.
Es no bajar nunca al mar por miedo a ver entre las rocas alguna señal, algún rastro de ella.
Es seguir nadando de espaldas contra las olas, a ciegas, sin miedo a tocar lo intocable. Aprender a vivir con un jadeo de angustia al despertar por la mañana. No está. Mi hija no está. Salió a navegar y desde entonces no existe. ¿Qué madre se conforma con eso? Helena y su ausencia. Yo no sé hablar de muerte. Helena no está.
Está ida. Literalmente. Exactamente.
Me dijeron que era más fácil así. Que si hay que perder a un hijo, más vale que sea de golpe, desde lo inesperado, que no haya tiempo para predecir, que el dolor no logre hacerse hueco entre él y tú por la puerta de la enfermedad. La muerte de un hijo es inexplicable. Ningún padre es capaz de imaginarla, por mucho que te la cuenten, por mucho testimonio y mucha confesión en primera persona que intenten hacerte llegar. No es posible. No es pensable. Incapacita la mente.
Si es accidente, el tiempo se paraliza y la vida se te cae de las manos como una hucha medio llena, estampándose contra el suelo, hecha añicos. Dedicas el resto de tu tiempo a pegar trozos, montando un rompecabezas inmenso sobre la mesa del salón mientras lo que queda va devolviéndote poco a poco una cara que no reconoces, que no te interesa.
Si es enfermedad, el tiempo gasta y mancha, matando a contrarreloj.
Pero si es accidente y no hay cuerpo que velar, queda siempre la imaginación. Sólo una madre de un hijo ausente lo sabe: la combinación trenzada de duelo, ausencia e imaginación crea monstruos.
Un día, hace un par de años, después de oírme hablar por teléfono con Helena, Flavia me dijo que lo que más envidiaba de mí era la relación que tenía —y que tengo aún— con mis hijas.
—Sobre todo con Helena —añadió, un poco a disgusto, torciendo la mirada para que no pudiera verle los ojos.
Sonreí al oírla hablar así. Quién me iba a decir a mí veinte años antes que mi niña mayor, ese iceberg de ojos blancos y manos de alambre que durante tanto tiempo me había convertido en el espejo de la peor de sus sombras, era, desde las dos semanas que habíamos pasado juntas en Berlín, mi mejor amiga.
—Qué extraño, ¿no? Con lo mal que os habíais llevado siempre —continuó Flavia, como no hablándole a nadie—. Y de repente, así, sin más…
Sin más. Claro. Cómo no.
Sin más no, Flavia.
Helena nunca me perdonó como madre. Probablemente, a su edad era ya consciente de que nunca aprendería a hacerlo. La madrugada en que la llamé a Berlín y me dijo que estaba embarazada, no supe oír lo que no me estaba diciendo. «Lía», eso fue lo que dijo. Lía. Mi hija decidió entonces rebautizarme con mi propio nombre y despojarme del papel que no había sabido representar para ella. Incapaz de dejar de odiar a su madre, tenía que cambiarla por otra, había que matarla para dejar entrar a Lía, para dejarme entrar.
Porque no hay hija capaz de pedirle a una madre que la ayude a deshacerse de su bebé. Ni siquiera cuando corre peligro su vida.
A una amiga sí. A Lía sí.
Sin más no, Flavia.
La ayudé, claro.
Muerta la madre, llegó la amiga. No hubo nada que perdonar. Ningún reproche. Lía y Helena. Nos reinventamos. Supimos hacerlo y funcionó. Nadie lo entendió.
Y Martín empezó a odiarme.
Desde hace meses vivo convencida de que es imposible entender la muerte de alguien como Helena. Imposible concebir la existencia de un ser como ella. Hay personas así, es cierto. Son pocas y parecen demasiado humanas, de vida demasiado grande para la pequeñez de lo vivido. Ésa era Helena. Cuando hablabas con ella, tenías la sensación de estar compartiendo unos minutos preciosos con alguien que había llegado a la vida aprendida, con las cartas marcadas, siempre dispuesta a darte una lección con esa alegría que a mí me robaba el aliento y con esas verdades generosas y a bocajarro que te arrugaban el corazón y de las que ella ni siquiera era consciente.
Desde que se fue, ya nadie me llama Lía. No con su voz. No desde un aeropuerto entre el rebote de voces aburridas de las azafatas de tierra anunciando vuelos. Desde que se fue, no consigo encontrarme la mía. Mi voz. La de la amiga.
“Mala mar. Hija de puta”, me oigo pensar con una sonrisa de vergüenza, apartando en seguida los ojos de una enorme vela blanca que cruza el horizonte más cercano y que no tarda en perderse cielo adentro. Una vela. Ocultándose tras el faro.
—Mala mar. Hija de puta —susurro sin darme cuenta mientras partimos y vamos alejándonos poco a poco desde el pequeño embarcadero rumbo a la isla.
Historias Reflejadas
“Soledades”

Soledades
Caminan sobre la cornisa, sus pies resbalan, buscan un punto de equilibrio.
Todo es gris.
El paisaje se mueve fuera de sus cuerpos, se asoman por un hueco inventado. Necesitan aire, los cubren capas de silencio.
Esconden secretos, se ocultan. Dudan.
La decisión está tomada.
Viajan.
Avanzan y retroceden.
Se proyectan en las sombras de otros cuerpos.
Son sombras. Se hunden en olas de miedo, en laberintos de hojas. Hunden sus ojos en trenes vacíos, como líneas en movimiento.
Se pierden en la geometría de un pueblo fantasma, entre los fantasmas del pueblo.
Buscan. Se buscan. Escapan.
Pasan las páginas que contienen su nombre.
Escriben en líneas torcidas. Son líneas en las páginas que dibujan.
Se arriesgan.
Saltan al vacío, los deglute el abismo, la soledad del abismo.
Todo es silencio en la verdad revelada.Por Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes textos: “La buena suerte”, de Rosa Montero; “La última felicidad de Bruno Fólner”, de Mempo Giardinelli; “Los abismos”, de Pilar Quintana; y “Dejen todo en mis manos”, de Mario Levrero.
Textos para escuchar
Una lluvia de pájaros – Gustavo Roldán por Laura Roldán Devetach
Laura Roldán Devetach lee el cuento Una lluvia de pájaros, de Gustavo Roldán.
Un pájaro puede volar muy alto. Dos pájaros pueden enamorarse. Pueden hacer un nido para poner tres huevitos blancos que cuidarán todos los días, de donde saldrán tres pichones que crecerán y crecerán. Que aprenderán a volar y recorrerán distancias y conocerán miles de pájaros. Y cada uno volará muy alto, casi hasta la esquina del sol, y se encontrará con una pajarita y volarán juntos. Porque dos pájaros pueden enamorarse para hacer una lluvia de pájaros.
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