“Wanderlust”, la experiencia de un viaje con cuerpo, mirada y sensibilidad de mujer

Por Andrea Viveca Sanz

Dos cámaras se encuentran, dialogan, estrechan un vínculo más allá de sus lentes y expanden sus imágenes en un lenguaje visual, que es el reflejo de otro, femenino y profundo, capaz de atravesar las fronteras del miedo y de las inseguridades, para reflejar la realidad tejida por las experiencias que se adhieren al cuerpo y se quedan en el alma.

Wanderlust, cuerpos en tránsito, es un documental en el que es posible vivenciar la convergencia de culturas, diferentes, diversas, en las que el viaje se convierte en pregunta, que queda flotando en la pantalla e interpela a los espectadores.

María Pérez Escalá, protagonista de esta historia junto a la alemana Anne Von Petersdorff y directora de la película, dialogó con ContArte Cultura, extendió los mapas que se pegaron a su piel y los trascendió para compartir su experiencia.

—¿En qué momento se dispararon los primeros flashes que iluminaron la idea de esta película?
—Con Anne nos conocimos en la Escuela de Cine de Cuba, realizando un Seminario de Altos estudios en Documental. En ese espacio llevamos adelante juntas la dirección de un corto, llamado “Cine Encanto”, que trataba sobre las mujeres proyectoristas. El tema de la mujer como protagonista y realizadora de su propio relato es algo que desde el comienzo nos unió. A partir de Cuba, surgió un grupo de trabajo y un posible encuentro con documentalistas de la Escuela, que se llevaría a cabo en Egipto. Entonces, Anne me propuso que luego de esta reunión continuemos juntas un viaje hasta su casa en Alemania y documentarlo. Así empezamos a pensar, dos meses antes de ese viaje, por qué nos gustaría registrar esa experiencia y qué tendría de particular nuestro viaje para ser documentado. Las dos veníamos viajando solas como mujeres y compartíamos muchas experiencias. Y encontrábamos que en el cine la mirada de la mujer en viaje era algo que aún no estaba del todo abordada. Y que la mayoría de los relatos de viaje estaban atravesados por la mirada del hombre.

—Contanos cómo fue el proceso por el que atravesaron Anne y vos para trazar las líneas de trabajo que las llevarían a hacer realidad este sueño.
—La primera línea conceptual que atravesó al proyecto, y funcionó como guía, fue la idea de no tomar avión. De atravesar físicamente cada frontera en nuestro camino. Las dos entendemos que no es lo mismo llegar a un lugar por avión a llegar atravesando sus propios límites por tierra. El contacto físico con el territorio hace que la experiencia se viva muy diferente. Al mismo tiempo que estos espacios están dominados en su mayoría por hombres. Otra cuestión importante fue la de registrar este viaje a través de nuestras miradas y sensibilidades como mujeres. No es lo mismo viajar con cuerpo de mujer que con cuerpo de hombre. Y en este sentido también fue muy importante la decisión de grabar a dos cámaras, y respetar los diferentes puntos de vista que se podían generar entre nosotras al venir de dos culturas tan distintas.

—¿Cuál fue la hoja de ruta que se propusieron atravesar desde la tierra y desde el agua?
—El disparador más claro fue que partiríamos de Egipto e iríamos hasta la casa de Anne en Alemania, pero no sabíamos que pasaría en el medio. Sabíamos que si no queríamos tomar avión, y en algunos casos, como lo fue la salida desde Israel, los cruces fronterizos serían complicados, debíamos pensar en la posibilidad de seguir por mar. En total atravesamos 13 fronteras. 

—¿De qué manera vivenciaron los cruces de fronteras, esos espacios en los que las culturas se encuentran para dar lugar a la unidad en lo diverso?
—Desde un comienzo sabíamos que las fronteras serían protagonistas del relato. Y también sabíamos que sería un riesgo intentar filmar en estos lugares. Yo creo que a mí siempre me resultaba un poco más difícil y me generaba un poco más de preocupación que a Anne. Y siento que ella fue mucho más valiente que yo en este sentido. Tal vez tenga que ver con que nuestros pasaportes son diferentes y que existía más riesgo para mí que para ella de quedarme ahí. Bajar de un bus a las 3 de la mañana en una frontera complicada y empezar a filmar no era lo más cómodo. Y muchas veces la preocupación de poder pasar era más fuerte que la necesidad de filmar. Pienso que después de realizar esta película, y de conocer las situaciones de injusticia que se viven en estos espacios, mi conciencia y el respeto que siento por las fronteras ha cambiado.

—¿Cómo lograron el diálogo a través de las imágenes que cada una fue capturando con la lente de su cámara?
—Fue un trabajo muy complejo. Ya resulta difícil contar una película con un solo punto de vista y construir un relato a modo de diálogo y respetando los puntos de vista de dos realizadoras significó mucho esfuerzo. El material con el que trabajamos se realizó a dos cámaras y cada una registró sus sensaciones y miró por su lente de manera particular. Y sentimos que esto sería parte de la forma de la película. Al mismo tiempo que la voz en off ayudó a tejer el relato y darle la impronta de diálogo sobre lo que cada una estaba atravesando.

—¿Qué significó para ustedes poner el cuerpo para sentir las emociones que se desataron en tránsito?
—Siempre consideramos la importancia que significaba para nosotras poner el cuerpo a nuestro proyecto, desde todos los lugares posibles. El nombre Wanderlust, en alemán, no tiene traducción literal. Entre algunas cosas significa el gusto por viajar cerca de la tierra, salir de la zona de confort, viajar andando, a pie. Las líneas que nos acompañaron para el registro de nuestras imágenes fueron mantener nuestro cuerpo cerca de la cámara, transmitir nuestra sensibilidad con el contexto, exponernos a distintas situaciones y sentir desde nuestro cuerpo cómo eso nos afectaba. No siempre fue cómodo hacerlo y muchas veces la cámara como intermediaria ayudó como escudo en el encuentro entre nosotras y el otro, o entre nosotras y el medio. El cuerpo en tránsito atraviesa diferentes estados, y viajar mientras hacemos una película también demandaba otras atenciones.

—¿Cómo fue el proceso de edición que dio lugar a la obra terminada?
—El proceso de edición fue complejo y lo vivimos también en tránsito. Lo primero que hicimos juntas (y por momentos a la distancia) fue armar un corte completo que duraba 4 horas. Una vez que llegamos a este corte, entendíamos que era necesaria una mirada más objetiva y estructural que podía darnos un montajista. Yo siempre quise que la post producción de la película se realice en Argentina y con equipo argentino, ya que me parecía importante que el proyecto tuviera esta pata más nacional.

—¿Cuál fue el lugar más difícil de atravesar a partir de las sensaciones que les despertó?
—El lugar donde sentimos más el choque cultural fue Egipto. Sobre todo, por el sitio que tiene la mujer en esta sociedad. Ver a dos mujeres extranjeras caminando por la calle con una cámara, llamaba mucho su atención. Las sensaciones más fuertes tuvieron que ver con la mirada del hombre, y también con ciertos miedos en relación a lo que podía suceder ya que nos habían hablado de muchos casos de acoso callejero. Por otro lado, el viaje en barco desde Israel a Chipre también generó sensaciones muy encontradas y fue una de las experiencias más fuertes del viaje. Subir a un barco y estar durante 4 días en el medio del mar, confiando en dos chicos desconocidos, despertó desencuentros entre nosotras, entre las ilusiones y prejuicios de cada una.

—¿Existió un viaje interno, de mujeres capaces de trascender las fronteras, que acompañó al viaje físico?
—Por supuesto. El viaje interno acompañó todo el tiempo nuestro viaje físico. Este proyecto significó poder atravesar nuestras propias fronteras. Significó reconocer nuestros propios límites y despertó la necesidad de trascendernos tanto desde lo profesional como desde lo personal. El viaje interno nos sigue acompañando.

—¿Qué sueños guardan en el interior de esta película que también ha decidido comenzar su propio itinerario?
Wanderlust, para nosotras, nació como un sueño y nos despertó muchos otros. Wanderlust, también significó concretar muchos de esos sueños. A nivel profesional superó muchas expectativas, el reciente estreno en el cine Gaumont fue uno de ellos. Al comienzo soñábamos con despertar las ganas de viajar, el aportar una nueva mirada sobre lo que significaba viajar como mujer y creo que en muchas devoluciones pudimos sentir que eso estaba sucediendo. Ahora, nuestro documental comienza su propio recorrido. Y forma parte de esta etapa final a la que llegamos con mucho esfuerzo, pero también con mucha felicidad.


María Pérez Escalá

Es docente de Realización y Lenguaje Audiovisual de la UNLP y trabaja como fotógrafa y realizadora. Fue elegida para realizar la dirección de uno de los diez Episodios Musicales producidos por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires y Sonido Ambiente. Es licenciada en Realización de Cine, TV y Video por la Universidad Nacional de La Plata, especializada en el campo documental. Cursó seminarios en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, La Habana, Cuba.


Anne Von Petersdorff 

Es realizadora independiente y doctorada de Michigan State University, Estados Unidos. Se especializó en el campo documental, escritura, autobiografía y cosmopolitismo. Recibió su maestría en Ciencias de la Comunicación y Arte en la Universidad Flensburg. Cursó seminarios en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, La Habana, Cuba. Trabajó como asistente de producción y supervisión de postproducción en Alemania e Italia. Participó en la producción de las películas Deutschland 09The Last Fare.


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