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Anna K. Franco presenta “Serás”, su nueva obra literaria

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Por Andrea Viveca Sanz

Tres amigas, tres historias que juntas recorrerán mientras caminan las páginas de cada uno de los libros que forman parte de la saga: “Brillarás”, “Serás” y como cuenta la autora en esta nota, “Vivirás”, que se presentaría el año próximo, están entrelazados por un hilo que teje, sobre la trama de la amistad, diversos temas de actualidad que atraviesan la vida de muchos jóvenes.

¿Es posible dejar al descubierto las verdaderas hebras que nos constituyen y animarnos a “ser”?

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora Anna K. Franco deja en suspenso esta idea e invita a sus lectores a encontrar las respuestas en la segunda entrega de la trilogía: “Serás”.

—¿Recordás en qué momento brilló la idea original de esta saga que conforman “Brillarás” y tu nueva novela “Serás”?
—Algunas novelas surgen de un momento: veo algo y sé que lo quiero en una historia. Podríamos decir que la inspiración surge de cualquier parte, de cualquier cosa. En este caso surgió de la necesidad de hablar sobre un tema que me interesó desde la adolescencia: la muerte, y también de los deseos.

—¿De qué manera se conectan estas historias que forman parte de un mismo universo ficcional?
—Como Val, la protagonista de Brillarás, que es el primer libro de esta serie, tenía dos amigas, pensé que contar la realidad de las tres en un solo libro desde una sola perspectiva (está en primera persona), sería confuso. Por eso decidí que cada una tuviera su propio libro. Serán tres en total. Vivirás se publicaría en 2020 y será la historia de Glenn, la tercera amiga. Se publican en orden temporal de acuerdo con cómo transcurre la acción en las novelas. Cada historia se puede leer de forma independiente, aunque las tres forman parte de un mismo universo. El lazo de unión es la amistad entre las chicas y los temas fuertes que se trabajan en cada entrega. En Brillarás, la muerte, el duelo, los deseos; en Serás y Vivirás habrá que descubrirlos, pero puedo adelantar que son de mucha actualidad.

—¿Cuáles son los escenarios que elegiste construir con tus palabras para que tus personajes vivan la vida que les regalaste?
—Las tres historias se desarrollan en Nueva York, porque me pareció que en esa ciudad podía suceder todo lo que tenía planeado para estos libros. Es un lugar mítico y conocido por todos, aunque sea por fotos o películas. Además, por la intención comunicativa de Serás, necesitaba una legislación que no fuera la argentina. Tuve la fortuna de ir a Nueva York, así que todo lo que está mencionado en los escenarios del libro lo vi con mis propios ojos.

—¿Quiénes son los protagonistas de “Serás” y qué nos podés adelantar de ellos?
—Los protagonistas son Liz y Jayden. Ella es una estudiante modelo, tiene muy buenas calificaciones y un futuro promisorio. Sin embargo, la autoexigencia excesiva le está trayendo problemas físicos, y como fue traicionada por las personas que más ama, es desconfiada y cree que solo se tiene a sí misma. Recién se atreve a mostrarse tal cual es y a develar lo que la angustia y oprime en una red social escolar llamada Nameless, donde tiene una identidad oculta, Lady Macbeth. La única persona con la que se confiesa es un usuario llamado Shylock, por quien se va sintiendo atraída poco a poco. Jayden es un compañero de Liz. Para ella, él es el típico estudiante irresponsable, por eso se desespera cuando el profesor de Psicología los reúne como equipo de trabajo en su materia. Pero Jayden, como Liz, tampoco es lo que parece, y detrás de su apariencia podemos descubrir a un chico muy responsable en otras áreas de su vida y, sobre todo, muy bueno. Amo a Liz y Jayden, porque creo que son personajes complejos y profundos, y tienen mucho de nosotros mismos. ¿Somos lo que mostramos? ¿Hasta qué punto nos creemos nuestra propia imagen? ¿Somos lo suficientemente valientes para tomar nuestras propias decisiones? Y muchas preguntas más que me llevan a formularme.

—¿Hay algún personaje de “Brillarás” que también se mueve por las páginas de esta nueva obra?
—Aunque Serás cuenta la historia de Liz y Jayden, Val y Glenn reaparecen, como así también se hace referencia a situaciones de Brillarás que los lectores que hayan leído el primer libro notarán. Como la amistad entre las chicas es el hilo en común entre las tres historias, alcanza su punto máximo en Vivirás.

—Si pudieras dejar encerrado entre los papeles que contienen esta historia un deseo, ¿cuál sería y por qué?
—Volver a ser cien por ciento feliz, porque cuando lo fui, fue hermoso.


Serás” – Sinopsis

Liz es simplemente perfecta. O eso es lo que espera que todos crean. Alumna sobresaliente, con una gran personalidad y un futuro brillante por delante. Nadie podría sospechar que esconde grandes secretos ni que posee una identidad oculta: Lady Macbeth, su verdadero yo.

Jayden es un desastre. O eso cree Liz. Un rebelde despreocupado y sin ambiciones, al que no le interesa nada y al que ningún profesor le conoce la voz.

La vida está a punto de juntarlos, y el destino les deparará más de una sorpresa.

¿Ser o parecer? ¿En dónde está la verdad?



Conocé más de Anna K. Franco en la siguiente nota

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Julieta Fajardo cuenta “La flor que extrañaba el sol”, un musical que abraza el mensaje de la amistad y la solidaridad

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Una sombra se expande sobre los pétalos, tapa los últimos rayos de sol. No hay luz y el espíritu de la flor se arruga hasta que una voz decide rescatarla y las palabras se multiplican, como si las sombras no fueran ciertas.

“La flor que extrañaba el sol” es un musical galardonado con tres premios Atina por su coreografía, vestuario y diseño de iluminación.

La dramaturgia es de Julieta Fajardo, la música de Mariano Gora, la coreografía de Miranda Sonzini, bajo la dirección de Camila del Río.

Contarte Cultura charló con la autora y productora general para conocer los detalles de un espectáculo que puede disfrutarse de manera virtual durante las vacaciones de invierno.

—Vamos a comenzar esta charla poniendo la mirada en un  personaje del que se desprende la trama de esta obra: la flor. ¿Qué disparadores de la vida cotidiana te ayudaron a dar vida a “La flor que extrañaba el sol”?

Julieta Fajardo, autora de la obra

—Antes de convertirse en musical, esta historia de una flor urbana y los amigos que la ayudan a tener una vida plena, fue un cuento. Lo escribí en 2020, cuando la pandemia nos obligó a encerrarnos en nuestros hogares y a estar separados por largo tiempo de nuestros afectos: familiares y amigos. A pesar de la separación física, la unión (aunque a la distancia) con nuestros seres queridos y el apoyo mutuo fue lo que nos ayudó a enfrentar la adversidad y salir adelante. De ese contexto de encuentros imposibles, extrañando los abrazos y los besos a los que estábamos tan acostumbrados, nació el cuento infantil “La flor que extrañaba el sol”, como un ejercicio literario que reivindicaba la empatía, la amistad y la solidaridad como pilares de la felicidad. En él, una pajarita, una gata, un perro y un chico se unen para ayudar a una flor triste y solitaria y, en el proceso, las vidas de todos mejoran porque, desde aquel momento, saben que se tienen mutuamente y que podrán seguir contando los unos con los otros, en las buenas y en las malas. Al poco tiempo de escribir el cuento, surgieron las canciones con las que cada uno de los personajes relataban sus respectivas historias y sus circunstancias y, a partir de allí, el texto dramático de la obra musical brotó sin pausa. La literatura, el teatro y la música son expresiones artísticas que me apasionan desde que tengo memoria. Afortunadamente, nunca perdí el amor por la literatura y el teatro de mi infancia y el hecho de convertirme en madre me llevó a redescubrir los cuentos, las novelas y las obras musicales que tanto disfruté en aquel entonces y volver a emocionarme. Fue así como el aislamiento, el apoyo recíproco con los afectos, mi reconexión con la literatura, el teatro y la música de mi infancia -durante ese 2020 tan extraño y difícil-, y la necesidad de transmitirle a mi hijo los valores que considero más importantes de una manera alegre y divertida, se combinaron en mí y derivaron, inevitable y afortunadamente, en la escritura de mi primer obra musical dirigida a la niñez. Además, en ese contexto, sin poder salir a caminar todas las mañanas por mi amado parque Saavedra como solía hacerlo antes de la pandemia, yo misma me sentía un poco como una flor cubierta por la sombra, extrañando el sol y “sin poder hacer la fotosíntesis”, tan necesaria para revitalizar cuerpo y alma.

—Y es esa flor la que pone en movimiento la historia, ¿cómo viviste el proceso de construir a los otros protagonistas que en conjunto harán avanzar este musical?

Del 18 al 31 de julio. Entradas: $1200 IG y FB: @laflorobra

—Antes de tener armada la historia tenía en claro que quería hablar de la importancia de la amistad, los afectos, la empatía y la solidaridad. No se puede vivir plenamente estando aislado. Lo malo se hace más llevadero cuando se comparte, y lo bueno se vive más intensamente, como cuando te reís en compañía y la risa de uno contagia al otro y se va haciendo cada vez más potente hasta que todos terminan llorando a carcajadas. Se me ocurrió pensar en una historia sencilla donde los personajes armaran una especie de “cadena de favores” a partir de la cual, ayudando a otro, terminan beneficiándose todos. Para que no se me olvidara esta idea y seguir trabajándola con el correr de los días, en la pizarra de mi oficina dibujé rápidamente una flor seguida de una flecha que señalaba a un pajarito, seguido de otra flecha que señalaba a una gata, seguida de otra flecha que señalaba a un perro, seguido de una última flecha que señalaba a un chico que vivía en un edificio. Sabía que iba a ir presentando los personajes de a uno y que, de a poco, se unirían para ayudar a la flor y terminarían haciéndose amigos y siendo todos más felices. Quería que los personajes fueran animales urbanos que, además de ayudar a la flor, colaboraran para que el adolescente de la historia, enajenado por la ciudad y la tecnología, volviera a conectar con su entorno y consigo mismo. Hasta hace muy poco había igual cantidad de animales que humanos en mi hogar familiar -dos gatos y una perra y tres personas-, así que era lógico que los personajes que ayudaran a la flor (como representante de la naturaleza) a conectar con Mateo (el adolescente urbano de la historia) fueran una gata y un perro, además de un pajarito que uno puede encontrar en cualquier plaza de Buenos Aires.  

—Son esos personajes los que se unirán por un objetivo en común: rescatar a la flor de la sombra. Si pudieras elegir una palabra que resuma la temática principal de esta obra, ¿cuál elegirías y por qué?

—Es difícil elegir solo una. Diría amistad y solidaridad, aunque la segunda se desprende de la primera, ya que creo que los verdaderos amigos deben ser solidarios entre sí o al menos eso espero. Como dije antes, la vida de estos personajes se enriquece al conocerse, acompañarse y ayudarse mutuamente. Todos son más felices por tener a los demás.

—¿Qué te gustaría destacar de la escenografía y del vestuario?

—La escenografía, con diseño de Pablo Calmet y realización de Hernán Todisco, es bastante gris y despojada. La idea era representar un paisaje urbano de edificios y que la vida estuviera dada por los animales y la flor, que se apropian de ese paisaje y resisten a pesar de la falta de sol y la indiferencia humana. El hecho de utilizar una tarima con escaleras a ambos lados favorece el juego de los personajes principales y las gatas del ensamble en diferentes niveles. El espectador siempre tiene algo interesante para ver, más allá de los personajes que estén llevando la acción principal en cada momento. Siempre hay una gata estirándose, acechando a la pajarita o desplazándose de un nivel a otro. El vestuario de Anastasia Meier -ganadora de un premio Atina por su labor- es sencillamente hermoso. Usando telas en capas, con diferentes texturas y colores, mediante un trabajo muy detallista y artesanal, contribuyó a darle vida a los personajes, cada uno con un estilo propio y único. 

—¿De qué manera interactúa la música con las actrices y actores en escena?

La música de Mariano Gora -integrante de “Vuelta Canela”- fusiona diferentes géneros como el tango, el blues, el rock, el jazz y la cumbia con el pop y los ritmos urbanos, para acercar a los espectadores el mensaje de la obra a través de un sonido con el que puedan sentirse identificados tanto chicos como grandes. La coreografía de Miranda Sonzini -galardonada con un premio Atina por su trabajo- logra que los personajes se apropien de los diferentes estilos musicales para narrar sus respectivas historias, transmitiendo sus emociones en cada caso, y que la acción avance de forma dinámica, emotiva y sumamente entretenida. A medida que la historia avanza y los personajes unen sus voces y sus movimientos, las canciones y las coreografías van creciendo y haciéndose cada vez más potentes y emocionantes. Esta emoción se percibe en los sonidos que emite el público, que suspira aliviado cuando los personajes superan sus obstáculos, se ríe, y acompaña cada canción con palmas y moviendo los pies al ritmo.

—La iluminación también es fundamental para contar esta historia de luces y de sombras, ¿cómo trabajaron para lograr transmitir emociones a través de los juegos lumínicos?

—El diseño de iluminación estuvo a cargo de Daniela García Dorato, también acreedora de un premio Atina muy merecido. Junto con el vestuario, la iluminación es uno de los medios que utilizamos para darle color y vida al paisaje urbano gris y despojado. Mediante los juegos de luces se potencian las emociones transmitidas por los personajes mediante la música, el canto y la coreografía. Además de enriquecer la acción dramática, el diseño lumínico también sirve para diferenciar el espacio del cantero, donde la flor sufre cubierta por la sombra, del espacio del parque, donde el sol baña todo y la flor puede vivir plenamente rodeada por sus amigos. 

—¿Quiénes participaron en el diseño de la imagen que representa el espíritu del espectáculo?

—La propuesta estética y de puesta en escena es de la directora, Camila del Río. Como productora general, yo participé activamente en la toma de decisiones de varias áreas, sobre todo en lo que respecta al vestuario y la música (la mayoría de las melodías de base son mías), pero fue Cami quien, junto a los responsables de cada rubro, se encargó de construir el universo de “La flor que extrañaba el sol” para llevarlo a la escena. Y, desde mi punto de vista, hizo un excelente trabajo. Con Cami charlamos mucho respecto a cómo cada una se imaginaba la puesta y ella siempre tuvo bien en claro que quería que la estética urbana lo atravesara todo, desde la escenografía y el vestuario hasta la música y las coreografías. Desde un principio me encantó su visión y, cuando finalmente la vi cobrar vida sobre el escenario, me alegré mucho de haberla convocado como directora. No sólo supo concretar lo que había imaginado, sino que superó mis expectativas.

—¿Hay algo más que te gustaría destacar de esta obra?

—Sí, que además de los rubros señalados hasta acá (diseño y realización de escenografía, vestuario, música, coreografía, iluminación y dirección), el gran equipo que supimos construir se completa con: Roberto Lachivita en la producción ejecutiva, asegurándose de que no falte ni falle ningún detalle; Camila Sebio en coaching actoral, ayudando al elenco a conectar con el aspecto animal de sus personajes, y publicidad en redes; Brenda Surijon, colaborando para transformar las expresiones de los actores y actrices en las de sus respectivos animales; María Sol Frisardi en diseño, creando nuestro hermoso banner oficial y toda nuestra gráfica publicitaria; Melany Mosquera en fotografía, capturando con su lente cada momento de nuestra obra con una magia especial; y un elenco de jóvenes actores, cantantes y bailarines de lujo con Malena Ramos (La flor), Sofía Mangiaterra (Casimira), Ana Fay (Ágatha), Facundo Furque (Beto) y Leroy Barrera (Mateo), Paula Stiepovich (gatita beige), Micaela Bergalli (gatita naranja), Sabrina Birmajer (gatita negra) y Sabrina San Román (gatita negra y blanca).

—Para terminar, ¿dónde y cuándo se podrá disfrutar de “La flor que extrañaba el sol”?

—“La flor que extrañaba el sol” se podrá ver de manera online durante todas las vacaciones de invierno. Pueden adquirirse las entradas anticipadas ingresando a este link: https://la-flor-obra.eventbrite.com.ar y, a partir del lunes 18 de julio hasta el domingo 31 de julio, van a poder disfrutar de nuestro amado musical, a través de cualquier dispositivo.

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Artes Plásticas

Ana Luisa Stok: “Solo empapándome profundamente en el texto, puedo dejar nacer cada imagen”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini /

Hay palabras como líneas, rectas en el cielo, curvas en la boca, letras como vientos y hojas como rutas. Hay colores colgados de las ramas y pájaros que marcan el tiempo, al otro lado del horizonte, que llama, se corre, se vuelve agua en los cuerpos, línea y distancia.

Hay muchas maneras de narrar. Contar una historia a través de las imágenes no es tarea sencilla, cada ilustrador necesita conectarse con el mundo de las palabras para acercarse, desmenuzar los colores escondidos, saborear lo que no se ve para hacer foco en esa distancia y llegar al centro. A la esencia oculta de cada cosa.

Ana Luisa Stok sabe de líneas y de palabras, su arte atraviesa el lenguaje y llega allí donde convergen la voz y el silencio.

En diálogo con ContArte Cultura, la ilustradora nos acerca a su espacio creativo y cuenta sus vivencias en el mundo del arte.

—Existen muchas versiones de cada uno de nosotros, nuestros fragmentos en movimiento. Estamos hechos de agua y de tiempo. Para comenzar, y a modo de presentación, si pudieras representar en pocas líneas o en una palabra dibujada la versión actual de Ana Luisa Stok, ¿qué veríamos?

—¿Mi actual versión? Yo diría que estoy más madura, no paro de crecer en profundidad. Es un momento de satisfacción con mi obra.

—Y hablando de tiempo, ¿recordás en qué momento de tu vida descubriste tu gusto por el arte de “decir ilustrando”?

—En la adolescencia fue Platero y yo mi primer motor hacia la ilustración. Mi formación viene de las escuelas de Bellas Artes donde “ilustrar” no era una palabra muy valorada. A pesar de eso siempre me atrajo develar, sondear en las líneas de los textos para descubrir otras caras no tan visibles. 

—Si pudieras pintar en cuatro palabras tu espacio creativo, ¿cuáles elegirías para definir ese rincón donde nacen y se concretan tus proyectos?

—No importa en dónde viva, mi espacio siempre es una mesa cerca de una ventana rodeada de mis elementos de trabajo. Un lugar silencioso y tranquilo.

—¿Cuáles son las técnicas y los materiales con los que te sentís más cómoda trabajando?

—Pinceles, plumas y tintas. Acuarelas y agua. Papeles diversos para pintar y dibujar, así como viejos papeles pintados por mí que rescato y recorto dándoles nueva vida.

—¿Cuándo y cómo comenzó tu camino como ilustradora editorial?

—Mi carrera de ilustradora comenzó el día que decidí hacer un giro y pasar de “lo artístico” a “lo rentado” y lo más afín para mí eran los libros dentro del campo editorial. En esa época no había formación en ilustración y en mi primera entrevista con la editorial El Quirquincho me encontré con el diseñador gráfico Oscar Díaz, quien después de ver mi carpeta supo trasmitirme cómo era el proceso de ilustrar y secuenciar las imágenes. Al poco tiempo me encargó mi primer libro: ¿Qué le dijo? y otras preguntitas, de Carlos Silveira.

—¿De qué manera lográs conectarte con los textos que vas a completar con tus ilustraciones?

—Primero leo el texto, dos o tres veces. Luego me quedo en silencio por varios días para dejar que las imágenes surjan. Y es allí donde empiezan a ser parte de mi cotidiano, las espío y me espían. Se instalan, van naciendo y tomando forma.

—Seguramente desde la imagen es posible capturar y definir la esencia de los distintos personajes, ¿cómo llevás adelante ese proceso de darles vida y movimiento a los protagonistas de cada historia?

—Este punto se me une al anterior. Solo empapándome profundamente en el texto, siendo una con cada palabra, puedo dejar nacer cada imagen, sean personajes, objetos, climas o paisajes. Es un trabajo de inmersión profunda para luego poder generar las imágenes que salen de mi interior.

“Una versión de Dios”, el libro álbum que fusiona un texto de Liliana Bodoc con ilustraciones de tu autoría, atraviesa la temática del tiempo, ¿cómo viviste ese latido temporal en cada página dibujada? 

—Después de leer y releer pasé un período bastante largo donde fui investigando distintas técnicas y diferentes caminos expresivos. Por más que tengo larga experiencia de ilustrar textos alternativos y abstractos, me costó encontrar el camino, sentía mucha responsabilidad frente a tremendo texto.

—Y viajando hacia atrás, al momento de tu contacto inicial con ese universo de Bodoc ¿recordás cuál fue la imagen o las imágenes que se te representaron al leer el texto por primera vez?

—La primera vez que leí el texto me quedé sin aliento. Era tan poderoso, tan divino, que me asusté mucho. Cuando pude ver en mí alguna imagen, aparecieron brujas, madonas y cristos, aunque ninguna de esas imágenes sobrevivieron. Pasó tiempo hasta que un día pude hacer una síntesis y volcar sin respirar las imágenes de todo el libro, casi como lo vemos hoy publicado.


“Sin duda en Una versión de Dios hubo un encuentro con Liliana Bodoc de otra dimensión.

A Galileo, su hijo, le gusta decir, como en el prólogo, que este libro tiene dos madres, y realmente así lo siento.”


—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

—Actualmente estoy comenzando a trabajar un texto inédito de María Teresa Andruetto.

—Para terminar, si pudieras elegir una imagen que represente un deseo para los próximos meses, ¿Cuál sería?

—Sería un árbol de grueso tronco y gran follaje. Me veo trabajando, comprometida con un texto que me represente, que me conmueva y que me interpele.


Ana Luisa Stok

Es profesora Nacional de Dibujo y Pintura, egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, Argentina.
Ha participado con ilustraciones en diarios y revistas de circulación nacional como: Diario La Nación, Diario La Prensa, Revista Sur, Enoikos, Uno Mismo, Mutantia, Filofalsía, Contratapa, Club de Pensamiento, Todo Riesgo, Discursos Apasionados, Plena, Casi Ángeles y Argentina en la Danza.
Ilustró libros infantiles y juveniles en Argentina para: Editorial Sudamericana, SM, Quirquincho, Alfaguara, Estrada, Abran Cancha, De la Flor, Troquel, El Ateneo, Darim Publishing Korea, Goodmother Publishing House Korea, Del Naranjo y Guadal Argentina.
Libros para adultos en: Papeles de Coghlan, Arauco (USA), Sudamericana, Paidós, Espacio de Arte Amia y Grijalbo y Editorial Comunicarte.
Libros educativos en: Coquena, El Ateneo y Troquel.
Participó en muestras colectivas e individuales en Argentina, Estados Unidos, India, Colombia, Yugoslavia, República Eslovaca, Brasil, Berlín y Frankfurt.
Integra el Comité organizador de ADA (Asociación de Dibujantes Argentinos) que organiza muestras y jornadas en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Integra el Comité de profesionales de la Fundación el Libro.

Distinciones

  • 1972 Seleccionada para el Primer Salón Municipal del Tapiz – Museo “Eduardo Sívori” BuenosAires.
  • 1986 Semifinalista del Concurso Coca-Cola en las Artes y la Ciencias de Buenos Aires.
  • 1992 Ganadora del Concurso para Tapas de Ilustraciones de la Editorial Imaginarte de Buenos Aires.
  • 1999 Seleccionada para exponer en la XVII Internacional Bienal of Illustration, Bratislava, República Eslovaca.
  • 2000 Trabajo seleccionado para la exposición del IBBY Internacional, Cartagena de Indias, Colombia.
  • 2001 Seleccionada para exponer en la XVIII Internacional Bienal of Illustration, Bratislava, República Eslovaca.
  • 2002 Seleccionada para exponer en el X Salón Internacional de Dibujo para la Prensa Porto Alegre, Brasil.
  • 2005 Becada por la Fundación Sankriti Kendra, para el desarrollo de un proyecto artístico en Nueva Delhi, India.
  • En 2008 es seleccionada por la Embajada de India para exponer y es galardonada por su participación.
  • 2012 Fue convocada para participar del primer diccionario de ilustración de Latinoamérica. Publicado por SM-Méjico.
  • 2012 Fue invitada por la Geneseo State University of New York, USA a dar una charla sobre su obra.
  • 2015 Invitada a dar una charla “Maridaje de texto e imagen”, para ilustradores en el marco de la FIL de Guadalajara, Méjico.
  • 2015 Recibe, por sus ilustraciones, una mención especial de la Fundación del Libro de Buenos Aires.
  • 2016 Expone en Berlín y Frankfurt, dentro del proyecto “Ojalá”.
  • 2022 Recibe el premio de “Los destacados de Alija 2020-21” para el libro “Una versión de Dios” libro-álbum juvenil, de Liliana Bodoc y Ana Luisa Stok.
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Entrevistas

Juan Vila: “Hay que dejar que las canciones vayan creciendo y pidiendo cosas, ellas saben lo que necesitan”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini /
PH: Eduardo Emmi -foto principal-, Jenny Giraldo, Kiki Herrera //

Brotan sonidos, ascienden desde el fondo de la tierra, un murmullo de agua en las raíces, música en el pico de un pájaro solitario, muta, es un canto antiguo, primitivo, con aroma a madera y a viento; se transforma, emerge. Se abre la boca de una guitarra, los dedos pronuncian palabras, como una respiración, como una metamorfosis del paisaje.

El músico Juan Vila es un artista que se pliega en los pliegues de la realidad y del paisaje, bebe sus formas, se alimenta de la escucha, toma prestadas las voces y las palabras para transformarlas.

En diálogo con Contarte Cultura,el compositor e intérprete nos sumerge en sus creaciones e invita a recorrer la música de su último disco: “Axolote”.

—Comencemos esta charla volviendo la mirada hacia el animal que simboliza el espíritu de tu último disco: el axolote, un anfibio que conserva en su cuerpo rasgos primarios, como si estuviera a mitad de camino de su proceso evolutivo y, sin embargo, tan preparado para el cambio y la transformación. Para entrar en tu universo de música y creatividad y a modo de presentación, si pudieras elegir alguna de sus características que te represente como artista, ya sea desde lo corporal o desde lo simbólico, ¿cuál sería y por qué?

—Sin duda esa naturaleza metamórfica, el hecho de que el axolote (o axolotl como lo llamaban los nahuas) no asume una forma definitiva. Pero, y esto es lo más curioso, sólo vive en la cuenca de México. Es decir, se transforma pero al mismo tiempo está siempre en el mismo hábitat. Para mi esa es una metáfora biológica de lo que hago como músico: busco transformar constantemente los géneros que exploro, pero conservando el arraigo al lugar, a los territorios donde esas músicas fueron germinadas. Al mismo tiempo, yo me siento un axolote acá en la Ciudad de Buenos Aires, entre las paredes de mi casa. Entonces busco decir lo que pueda decir desde el lugar que habito. No voy a hablar de los cerros y el mar; voy a hablar del asfalto y del desmonte, ¿no?

—Y hablando de ese mundo propio donde la melodía es un puente que te conecta con todo lo que te rodea, ¿recordás de qué manera surgió tu primera conexión con la música?

—Mi madre tiene cierta teoría de que está en los genes, porque mi bisabuelo era violinista y pianista, también autodidacta. En mi vida, lo primero que recuerdo tener entre las manos para “hacer canciones” fue un pequeño teclado. Hacía canciones y las practicaba en mi habitación, para después mostrarlas a toda mi familia (¡paciencia no les faltaba!). Ya a mis 9 años estudiaba percusión con Santiago Vázquez, que era un vecino del barrio. Así que mi infancia musical fue con las percusiones, que nunca me abandonaron.

—En tus temas es posible percibir un verdadero diálogo entre varios instrumentos, ¿cómo vivís el proceso de ensamblar esas “palabras” hechas de sonidos con las letras de tus canciones?

—En mi proceso creativo, por lo general viene primero la música, y aun cuando tengo una letra, lo principal es, como decís, su musicalidad, su dimensión melismática. Después viene el esfuerzo de hacer que las palabras digan algo. A veces vienen solas, como en la Chacarera del Desmonte, que salió derechita. En otros casos, como en la Zamba sin nombre, tardé literalmente meses. Puentes donde hay muros, por ejemplo, tuvo letra un tiempo, hasta que me di cuenta que no la necesitaba… ¡y se volvió instrumental! Hay que dejar que las canciones vayan creciendo y pidiendo cosas, ellas saben lo que necesitan antes que uno mismo. Esto de componer “diferentes voces en diálogo” es algo característico de mi manera de hacerlo, quizás de escuchar tanto Inti-Illimani, que juega mucho con el contrapunto. Ahora que lo decís, mi primer disco, Pura Semilla, también tiene esta característica de un dúo de cuerdas conversando entre sí. Cuando orquesto las canciones con el ensamble, me gusta mucho que cada instrumento ocupe un espacio sonoro y se desarrolle en él.

—Seguramente también hay algún ritual a la hora de dar vida a cada una de esas letras, ¿cómo se manifiesta una canción en tu interior? ¿Qué cosas de la vida cotidiana suelen volverse música en tu cuerpo?

—Las cosas más insignificantes suelen ser las que disparan gérmenes de creación, semillas que germinan lentamente bajo la piel. Por ejemplo, un día agarré un libro para chicos, sobre la historia de Buenos Aires, que al principio hablaba sobre los querandíes que habitaban esta tierra cuando llegaron los españoles. Y una cosa que decía el libro era que ellos “habían aprendido a vivir en el pantano”. ¡Claro! ¡Buenos Aires es un pantano! No nos damos cuenta porque le pusimos 4 toneladas de asfalto encima, tapamos los arroyos y le dimos la espalda al río. Pero siempre nos quejamos de la humedad. Y esa sola idea me llevó a escribir Juncal, que habla de una persona que vive en un pantanal y está buscando un río sin poderlo hallar. El huaynito Cascabel, que es un diálogo entre mi guitarra y un piano, pasó por miles de palabras y no dejaba entrar ninguna. Empezaba una letra y la canción la rechazaba, simplemente no funcionaba. Hasta que un día se escapó de mi casa un gatito que habíamos adoptado de la calle y cuando se fue le canté esta canción, y la letra salió en un día. Son procesos misteriosos.

—Hay en tus creaciones un compromiso con la naturaleza y con la sociedad, como si intentaras tomar sus propias palabras y transformarlas, ¿cuáles son las temáticas ambientales o sociales que te gustaría convertir o que ya convertiste en canción, como es el caso de la “Chacarera del desmonte” y de “Zamba sin nombre”?

—Curiosamente, soy docente en un espacio de Aves Argentinas, la Escuela de Naturalistas, donde doy una materia que se llama “Naturaleza y Sociedad”. El tema ambiental existe en mi vida desde que tengo memoria. Era socio de Greenpeace y Vida Silvestre a los siete años, y mi madre me acompañaba a las charlas y reuniones. Siempre tuve un fuerte interés en la cuestión ambiental, y hoy que es “el” tema, “el” problema de nuestra civilización, siento que no se puede cantar sobre otra cosa. No digo que todo tiene que ser sobre la catástrofe ambiental, pero el mundo se está secando, ¿vamos a hablar del descapotable que tengo? ¿Qué queremos decir cuando hacemos canciones? Porque el arte produce sentido social: somos nosotros los que elegimos ayudar a ampliar la conciencia o empobrecerla.

—¿Cómo definirías en una palabra la esencia de tu primer disco “Pura semilla”, grabado con la cantante chilena Catalina Jordán?

—Diálogo. Ella mujer, yo varón. Ella tocando el cuatro, yo la guitarra; o yo el charango y ella la guitarra. Ella cantando la voz aguda, yo, la grave, o viceversa. Ella chilena, yo argentino. Todo el disco tiene esta idea de dualidad, la complementariedad de opuestos, que es un elemento fundamental de la cultura andina. De hecho, la última música de ese disco es una sikuriada. En las sikuriadas, la melodía es construida en el diálogo entre dos instrumentos: el arka y el ira, cada una con sus notas. Es decir que en la música ancestral del sikus se necesitan al menos dos personas para hacer una sola melodía. Nadie hace nada solo. Pura Semilla tiene ese sello en la mayor parte del trabajo.

—Por estos días estás presentando “Axolote”, tu segunda obra y un disco que habla de transformación. ¿Cómo fue el proceso compositivo y de producción de cada uno de los temas?

—Diría que cada tema se presentó como un desafío muy particular, pero en todos pasó lo mismo: una vez terminados, a los pocos días los volvía a cantar y comenzaban ya a transformarse. Las versiones que quedaron en el disco tienen, la mayoría, cosas que les fui cambiando hasta el último día, a veces menores, a veces importantes. Es parte de una filosofía de la creación musical que tengo: como el axolote, no dejar que las canciones tengan una forma definitiva. Posiblemente al hacerlas en vivo vaya cambiándolas. El disco es sólo una fotografía de un proceso creativo que es dinámico, constante. Hay canciones que me demandaron muchísimo, como la Zamba sin nombre que tardé literalmente un año y medio en hacerla. Luché mucho con su estructura y su armonía. Después con la letra. Pero hay un momento en que las energías se acomodan y la cosa fluye. Hay que ir probando una y otra vez hasta encontrar la combinación de la caja (risas). Otras canciones, como la Chacarera del desmonte, Puede la Copla o Gira Gira Girasol, salieron rápidamente, quizás porque las ideas que le dieron origen ya tenían en sí mismas todos los elementos que se necesitaban. Los Morochos, por ejemplo, es una morenada que compuse en 2018, y cuando llegamos a grabarla le había agregado una cuarta voz, sikus, y el sonido del piano, que antes estaba reservado a una flauta. Por eso digo que el disco es una fotografía: los temas tienen vida propia, antes y después de la grabación.

—¿Quiénes te acompañaron en ese camino, tanto desde la música como desde la producción?

—Desde el primer momento que vi que se venía un disco, que había material para pensarlo y hacerlo, tuve en mente a Emiliano Khayat. Él fue pianista y productor artístico de mi primer disco y desde ese momento somos muy buenos amigos. Emiliano tiene una forma de trabajar que admiro. Es muy profesional, muy estricto con la organización, y al mismo tiempo se involucra emocional y creativamente con el trabajo. Eso es fundamental. Ni hablar que hay vibra, entendimiento de ese que ni se habla. Es como un hermano musical. Este disco lo produjimos juntos, pero también participó como músico tocando acordeón, teclados y piano. A Nige Achy ya la conocía de mis años de programador musical en Vuela el Pez (donde también conocí a Emiliano) y desde ese entonces la tenía en la mira porque es una percusionista de otro planeta. Fue un placer convocarla. Ale Demogli, que participó en La Vanidosa, es un monstruo musical. Es profesor de guitarra de jazz en Berkeley, tocó con Quique Sinesi, con Pat Martino, John Scofield… estoy hablando de titanes del jazz. Pero también viajó a la India a estudiar otros ritmos, escalas, otras músicas. Ale es docente en la misma carrera de música que yo, en la UNTREF, y tenerlo en el disco fue un honor y una alegría. Sebastián David tocó el bajo eléctrico en varias canciones. Es el más antiguo amigo de ese grupo y tuve con él una banda de rock a los 20 años. Ahora está terminando su carrera de Folklore y Jazz en la EMPA, y es un bajista tremendo. Después participaron Fátima y Mayra de la banda de sikuris El Ombligo. Son viejas amigas que ya me habían honrado con su participación en mi primer disco. Después están los chicos del grupo que llamé Ensamble Axolote (lo formé un poco para poder tocar el disco en vivo y otro poco para darle vida propia al bicho, con otras canciones). Ellas y ellos son estudiantes de la carrera de música americana de la UNTREF en donde soy docente. Son músicos muy buenos y con una predisposición para el juego que me encanta. Con ellos montamos canciones muy complicadas, como Puentes donde hay muros que tiene muchas polirritmias, y la grabamos, contra todo pronóstico, sin usar ningún metrónomo. Además de grandes músicos, son un grupo humano hermoso. Aunque no sea música, mi compañera Jenny Giraldo es inseparable del proyecto, porque sin su ayuda (es gestora cultural) nunca hubiese conseguido los fondos para empezar a planificar el disco.

—¿Quién o quiénes estuvieron a cargo del arte de tapa que resume la idea simbólica de “Axolote”?

—Se trata de Chris “Kiki” Herrera, un tremendo artista. Él es un artista plástico colombiano que se dedica fundamentalmente al muralismo, pero también pinta, colorea, tatúa, construye, etc. Es realmente un artista con mucho genio y, en el momento en que lo convoqué para que haga el arte del disco, ambos estallamos en lágrimas y abrazos. Tenemos una amistad basada en una mutua admiración artística. Es un vínculo muy hermoso el que tengo con él, y un privilegio enorme que haya accedido a regalarme su arte para el disco. 

—Para terminar, ¿dónde se puede escuchar tu música y cuáles son los próximos pasos musicales de Juan Vila?

—Se me puede escuchar en Spotify, y también en mi perfil musical de Instagram como @juanvilamusica. Asimismo, también tengo mi canal de Youtube. El próximo paso ya está siendo dado: viajaré a Chile a grabar el segundo disco con Catalina Jordán González, financiados por el Ministerio de Cultura chileno, y junto al Ensamble Siglo XX, un grupo maravilloso de música de cámara (quinteto de cuerdas, piano, clarinete, flauta y percusión). Así que ya estoy componiendo arreglos de muchas de mis canciones de ambos discos y algunas otras. El álbum se llamará Antü: los dos tiempos, y será también un diálogo, un puente, entre la música académica contemporánea y el folclore latinoamericano. Lo grabaremos en Valparaíso en el mes de octubre. Sin dudas, un año movido.

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