Beatriz Actis: “Las bibliotecas públicas cumplen un papel importantísimo en la lucha contra la exclusión”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición Walter Omar Buffarini //

Una puerta se abre. Al otro lado hay palabras que juegan un juego nuevo, se buscan, se encuentran, se expanden, unen sus bordes, rozándose apenas. Son flexibles en el vuelo y como si fueran mariposas atrapan los fragmentos de una historia que necesita ser contada.

En cada obra de la escritora Beatriz Actis puede percibirse una danza de letras, un deslizamiento de voces que bailan en la diversidad del lenguaje, el aleteo de las palabras, como brújulas que invitan, cada vez, a una lectura nueva.

En diálogo virtual con ContArte Cultura la docente, autora y editora cuenta sus vivencias en el universo de las palabras y presenta su libro “Variación sobre la costa litoral”.

—¿Qué vivencias de tu infancia despertaron tu interés por la escritura? ¿Cuál fue tu primera experiencia como escritora?
—Fui lectora desde la infancia. En mi casa había libros y también frecuentaba la biblioteca pública del pueblo. Tuve experiencias aisladas de escritura en la adolescencia, pero dejé de dedicarme a ellas cuando,  a los 17 años, ingresé a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional del Litoral. Recién volví, o tal vez empecé a escribir, pasados los treinta años, es decir que mi vínculo con la escritura de ficción es bastante tardía en relación con la experiencia más generalizada de otros autores. El primer cuento que escribí fue uno breve para adultos, que tiempo después incorporé, fragmentariamente, a Alrededor de las fogatas, una novela que se publicaría en Colihue a fines de los ‘90. En cuanto a la cuestión pública, quizás sentí que la primera experiencia como escritora “cerraba” al ver publicado un libro; esto sucedió a mediados de los ‘90 con los cuentos para niños Manual de bichos y parientes, publicados en Libros del Quirquincho. Puedo decir que empecé a publicar poco tiempo después de empezar a escribir.


La infancia

Si hablo o escribo sobre la infancia
me parece que voy a comenzar diciendo:
Había en esa casa…
Pienso en el verano y en damascos
mojados,
en mañanas de calor y de desidia,
en los patios y en callejas de tierra,
en días condenados a desaparecer
(cuando ninguna posibilidad de futuro
era extranjera)
Otro recuerdo:
yo nunca había visto un largavistas.
Andábamos por un camino
en el medio del campo,
en realidad, en las afueras del pueblo,
hacia la casa de unos parientes de Caia,
caminábamos junto a sus padres y a su hermana
con parsimonia
por el camino desierto
bajo un sol tenue de invierno.
Un pueblo se necesita, dice Pavese,
aunque solo sea por el gusto de abandonarlo.


—¿Cuáles son las temáticas que suelen ser el origen de una de tus historias para contar?
—Cuando escribo para chicos lo hago desde el absurdo y el humor, y estoy más consciente de cierta dinámica de juego, por así decirlo, en el acto de escritura. En la práctica no es demasiado diferente a escribir para adultos pero géneros distintos: escribir poesía o escribir narrativa, por ejemplo. En la circulación de lo que escribo, la literatura para chicos aparece más próxima al material docente que publico, especialmente sobre la problemática de la lectura, que a la literatura para adultos, pero esto se debe, creo, no a que mi literatura para adultos y para chicos responda a estéticas diferentes de modo absoluto, sino a que todavía la ficción para niños está bastante ligada al ámbito de lo escolar. 

—¿Qué condiciones objetivas necesitás para escribir?
—Suelo tomar apuntes a partir de observaciones de la realidad, notas sueltas en libretas, notas del celular o en los papeles cotidianos. Después, en mi casa, siempre en la computadora, trabajo retomando aquellos apuntes y relacionando ideas hasta armar la historia y encontrar la voz narrativa.

—¿Cuál entendés que es la importancia real que tiene el acto de leer?
—La importancia personal y social de la lectura se relaciona con varias cuestiones, una de ellas tiene que ver con la construcción de sentido, ya que al leer de lo que se trata es de hipotetizar, inferir y anticipar a partir del texto y de los propios conocimientos el sentido de cada parte y su relación con el todo, y en relación con esto es que la lectura resulta una herramienta privilegiada para desplegar y organizar el pensamiento y también la creatividad, y, simplificándolo, digamos que este proceso nos lleva a crecer. Esta herramienta que es la lectura, a la vez, permite cimentar en las personas las bases de la reflexión o, al menos, abre las puertas para ello, y a partir de la reflexión pueden construirse el espíritu crítico, el juicio político, personal, cívico. La literatura en particular, a partir de la dimensión simbólica del lenguaje, nos proporciona un espacio multiforme, rico en su variedad, y esta multiplicidad nos conecta, por un lado, con nuestras raíces y sus ámbitos próximos, pero también nos permite la exploración de otros mundos diferentes y lejanos, la ampliación de nuestro universo cultural, y, finalmente, la posibilidad de la metáfora. 


Leer

Encontré en la biblioteca
un libro de poemas de Norah Lange
Así nunca voy a escribir un verso moderno
Ahora llueve, llueve
y la ciudad se inunda
Y más allá de la ciudad
el agua borra los últimos límites,
un giro extraño,
misteriosamente libre.
Leo con paciencia
El mediodía llega
y trae el tributo de su silencio.


—Y en este punto, ¿qué rol le asignás a la familia, la escuela, las bibliotecas y otras instituciones en el proceso de incentivar la lectura?
— Sabemos que los mecanismos mentales que se ponen en juego en las actividades de leer y escribir, escuchar y hablar tienen su origen en la “relación dialógica” que está presente en todas las actividades humanas. Esto exige la participación más o menos directa en situaciones sociales variadas donde pueda observarse y practicarse cuándo y para qué la gente usa la escritura, cuándo lee y para qué; requiere también conocer el código de la escritura y las formas convencionales por las que las funciones de lo escrito se codifican socialmente. Este aprendizaje de la lectoescritura como actividad social se da a partir de experiencias de lectura con otros, primero con los padres, luego con los pares y con los maestros, bibliotecarios y quienes asuman con convicción el rol de ‘mediadores’ para la lectura de otros.

“En la actualidad puede variar el soporte material, de la página impresa a la pantalla de la computadora; sin embargo, incluso tratándose de Internet, los nuevos medios también suponen la lectura, es decir, siguen siendo deudores de la cultura alfabética.”

En cuanto a la frecuentación, la manipulación y el conocimiento de los libros, cuando las condiciones sociales y económicas determinan que los libros no están, las bibliotecas públicas cumplen un papel importantísimo en la lucha contra los procesos de exclusión. En cuanto al actual contexto educativo, es evidente que el desarrollo de las competencias lectoras entendidas en términos de proceso puede únicamente ser resultado de una tarea sistemática y sostenida en cada uno de los niveles de la enseñanza, para que sea posible que los alumnos lean textos de complejidad cada vez mayor. Leer en la escuela constituye un compromiso institucional, que requiere acordar la necesidad de que esta problemática debe ser abordada conjuntamente por todas las áreas, y no solo por los docentes de Lengua y Literatura, a través de la implementación de proyectos de lectura de carácter institucional, de acuerdo con las características y necesidades de cada escuela. Del mismo modo que la lengua es concebida como una transversalidad que atraviesa todas las instancias de la vida escolar, la lectura debe ser eje de un pacto institucional que la contemple y promueva.

“Sin embargo, pedirle exclusivamente a la escuela, entre los demás agentes sociales, que contribuya a estimular la lectura es desmedido e hipócrita.”

Se trata de encarar una tarea conjunta, compartida, para que no sea únicamente la escuela el espacio que proporciona a la comunidad una oferta cultural masiva. En una esfera familiar o social más reducida (el barrio, por ejemplo) son necesarias instancias diversas que van desde recuperar el modelo de padres y maestros lectores, y que los chicos perciban que para el adulto leer es una práctica frecuente, que tiene significado, hasta la biblioteca como lugar de encuentro, como espacio aglutinante, y en un contexto ya más amplio, la presencia si no de la lectura al menos de la reflexión en los medios masivos, a modo de ejemplos someros. Se señala frecuentemente algo que es real: el “mediador” de la lectura de otro, sea padre, abuelo, maestro, bibliotecario, promotor cultural, comunicador social, etc., no puede dar sino lo que tiene.


Limpiamos bibliotecas

Compré una fotografía
de Jacques Prévert
de 1946
en forma de postal
publicada
por Editions du Désastre
en la que él está sentado
en un café de París
acariciando a un gato negro y blanco
que duerme sobre la mesa.
(La compré por el gato)
Y la acomodé en la biblioteca
entre los libros caídos, con polvo,
superpuestos.
Iba leyendo mientras tanto
la novela inconclusa de Capote
que lleva la cita de las plegarias atendidas,
la iba leyendo e iban rodando una a una las hojas,
caían al suelo, desarmadas e innobles,
en abandono del libro
descosido.
Aproveché además y acomodé los estantes
y entre ellos, un regalo reciente, simple:
mi primo trajo desde Lima la colección
de las viejas poesías de Vallejo.
A través de la ventana que ilumina
y descubre rincones,
los colores antiguos, extraños, repetidos
de la tarde.
La frase de Leonardo
está escrita al costado de los libros
con una tinta gris:
Las ansiedades de la vida son nada.


—¿Qué nos podés adelantar sobre tu libro de cuentos “Variación sobre la costa litoral”, publicado recientemente por Ediciones Nudista?
—Este libro incluye siete cuentos que, en su mayoría, están formados por dos partes; la segunda parte es una suerte de variación de la primera. Hay cruces entre las historias ya que, podríamos decir, están “semi-noveladas”. Primeros lectores y editor me comentaron algunas percepciones sobre el libro, algunas de las cuales están incluidas en la contratapa, por ejemplo, que los viajes de los personajes tienen que ver con perderse en la realidad de lo cotidiano mientras se interrogan y muchas veces temen por lo desconocido, y, finalmente, con la introspección. Recorren territorios a veces reales y otras veces imaginarios y quedarse quietos en un lugar es para ellos quedarse literalmente varados. Próximamente se hará la presentación virtual con la participación de Mariano Quirós y del editor de Nudista, Martín Maigua. Además, en marzo de este año publico el libro de poesía para niños ¿Llueve todavía?, en la editorial rosarina Listo Calisto.


Lo que hay que saber

Es bueno,
siempre,
dejar en las bibliotecas
un lugar
para el gato


Algún detalle más sobre Beatriz Actis

Nació en el año 1961. Es profesora en Letras por la Universidad Nacional del Litoral y vive en Rosario, escritora, editora y docente. Autora, entre otros, de “Cruces cierran los campos”, “Los poetas nocturnos” y “Los años fugitivos” (novelas); “Viajeros extraviados”, “Todo lo que late” y “Lisboa” (cuentos), “Sin cuerpo no habrá crimen” (poesía), y de literatura para niños y jóvenes. Tiene más de cuarenta libros publicados. Obtuvo, entre otros, los premios Fondo Nacional de las Artes (en cuento y en novela) y Municipal Ciudad de Rosario (en cuento). Entre sus libros de Educación figura, entre otros, “Las aulas de literatura” (mención Premio Isay Klasse – Fundación El Libro). Dirige la colección “Leer y escribir más” en la editorial Homo Sapiens y realiza selección literaria en libros de textos para la escuela primaria. Formó parte del Plan Nacional de Lectura y del Comité académico de la Maestría en Literatura para Niños (Universidad Nacional de Rosario). Fue becaria del Fondo Nacional de las Artes. Ha publicado en Argentina, México y España, e imparte cursos de capacitación destinados a equipos directivos y docentes en Argentina y el resto de Latinoamérica. En literatura para niños obtuvo, entre otros, los premios La Movida – Colihue en novela y Destacado de ALIJA en cuento. El cuento “Fábula” fue adaptado al teatro por Claudio Hochman y representado por el grupo Teloncillo (Valladolid, España).

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