Carola Lagomarsino: “Desde que supe escribir, empecé a fabricar universos paralelos gracias a las palabras”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Las especies se entrelazan, una suspensión de aromas se balancea en el aire, los colores abrazan a las formas, los sonidos se superponen en el espacio y todo se transforma en el cíclico devenir de la selva. Allí , en los renglones de la naturaleza, abrazadas por la humedad de la tierra colorada, nacieron las palabras.

Carola Lagomarsino es parte de la abundancia de ese paisaje. Sus ojos capturan lo invisible, aquello que permanece latente y que con habilidad convierte en palabras, voces por encima de las voces, que se transforman en sus personajes, llegados desde otro tiempo para narrar una historia que la estaba esperando.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora franco-argentina comparte sus vivencias en el mundo de las letras y cuenta cómo llevó adelante el proceso creativo de “La dama de las misiones”, primer libro de una trilogía que promete.

—Vamos a sumergirnos en la selva misionera, escenario de tu novela “La dama de las misiones”, si pudieras elegir dos especies de la flora y de la fauna del lugar que hablen de vos, ¿cuáles serían y por qué?
—Si tuviese que elegir una especie vegetal con la cual sienta cierta afinidad, elegiría el helecho. Es muy común en la selva misionera, crece en la sombra y hasta puede hacerlo en altura, sobre los troncos de los grandes árboles. Es una planta prehistórica de un verde intenso y para mí representa los ambientes que más me gustan en este planeta, que son los bosques, de cualquier tipo, sean fríos o tropicales. En cuanto al reino animal, elegiría sin dudar las lechuzas. Considerados animales mensajeros en la antigüedad y luego atribuidos a las brujas, ese animalito es de gran utilidad para el ecosistema de Misiones. Allí tenemos dos especies muy características: el Caburé y el comúnmente llamado Ñacurutú. Son especies pequeñas que tienen un canto melancólico y la particularidad de ser bastante temerarios y de acercarse a las viviendas. Me atrae su vuelo silencioso y el misterio que las rodean, parecen portadoras de mensajes ancestrales.

—¿Recordás en qué momento la escritura pasó a formar parte de tu vida?
—Siendo hija única de padres artistas, me tuve que acostumbrar desde temprano a la soledad y a una forma de estar con el otro sin perturbar el acto creador. Mientras mi madre pintaba sus cuadros o mi padre escribía sus obras de marionetas, creo que se me presentó como un instinto natural para crearme también un mundo donde refugiarme. Desde que supe escribir, empecé a fabricar universos paralelos gracias a las palabras. Mi primer idioma literario fue el francés, puesto que viví en París hasta los 23 años, luego me animé a escribir en español tras residir diez años en Buenos Aires. Mi primera novela la terminé a los 15 años, pero ya hacía años que escribía poesías, cuentos y relatos fantásticos. Luego, los ensayos de filosofía y la historia del arte captaron mi atención durante mis estudios. En Argentina, mi encuentro con la psicología clínica y el psicoanálisis enriquecieron mi universo y le aportaron una profundidad interesante para la construcción de mis personajes.

—¿Cómo nace la idea de contar la historia de “La dama de las misiones”?
—La novela surgió a raíz de la gran aventura que resultó, para mi marido y para mí, la construcción del Soberbio Lodge, un hotel boutique lindero a la biosfera Yaboty y a los Saltos de Moconá, en plena selva paranaense. Los obstáculos encontrados durante los tres años que duró la obra me hacían pensar constantemente en lo que habrían vivido los primeros colonos y aventureros que llegaron a Iguazú. El pueblo de El Soberbio es un lugar fascinante, un lugar de frontera entre Brasil y Argentina, donde sus habitantes, en su mayoría, todavía trabajan en las chacras. Son descendientes de colonos europeos o brasileños y siguen viviendo como sus abuelos, transmitiendo creencias, supersticiones y sabidurías antiguas. Es un lugar todavía muy conservado en cuanto al medio ambiente y la cultura. Conversar con sus habitantes y conocer sus historias de vida me resultó apasionante. Francesca, mi personaje, nació en el museo de las esencias del pueblo, una pequeña casa antigua de madera donde, entre perfumes de patchuli, citronela, cúrcuma y otros aromas exóticos, se me apareció la necesidad de contar la historia de una mujer cuyo destino la lleva a Misiones y a ser botanista. Recuerdo haberme dicho “esto va a desaparecer, lo tengo que contar para que no se olvide”. Creo que uno de los deberes del escritor de novelas histórico-románticas es ser testigo de una época, plasmar con exactitud un tiempo histórico, a la vez que atrapa a su lector en un relato de aventura romanesca. También disfruto mucho “invitar” a personajes de nuestra historia a participar del libro, como es el caso de Horacio Quiroga o del botanista Charles Thays.

—¿De qué manera trabajaste para llevar adelante el proceso creativo de los escenarios y del contexto histórico y social de la obra?
—Imagínense que la novela es un edificio: las bases de sustentación son los personajes; las columnas y la estructura, los datos históricos; y finalmente vienen los revoques y los detalles de la mampostería, constituidos por el relato novelado. Previo a la narración, hay todo un trabajo de investigación a través de relatos de los habitantes del lugar, la documentación y las impresiones propias… el resto llega solo. Misiones es una provincia de una gran riqueza cultural e histórica, la selva en sí misma es un crisol donde cualquier cosa puede suceder. ¡He escuchado relatos donde la realidad supera a la ficción!

—¿Cómo llegaron o despertaron en vos cada uno de los personajes y qué rasgos físicos o psicológicos te gustaría destacar de ellos?
—Algunos personajes, sobre todo los secundarios, son inspirados de hombres y mujeres del lugar, entre Heikki, el hijo adoptivo finlandés, o el capataz Tito.  Otros son una suerte de “cliché” del folclore misionero, como la vieja “polaca”. Pero los personajes principales son una construcción propia. Francesca es una suerte de “avatar” en el sentido que es como un ideal, es la mujer que me gustaría ser, sin dudas. Ella tiene un carácter muy fuerte y ¡es mucho más valiente que yo! El estudio de la psicología humana y de la historia del arte me ayudan mucho a la hora de construir un personaje. Es muy importante ser coherente con sus características, tanto físicas como moral o psicológicas. Incluso si uno describe a alguien incoherente, hay que ser preciso y seguir lo más posible la veracidad de sus actitudes con respeto a su personalidad de base. Por supuesto que, sin ser autobiográfico, hay un poco de mí en cada uno de ellos, pero es un proceso inconsciente y mágico en algún punto. En cuanto a los ambientes, tengo una escritura muy cinematográfica, muy visual, me cuesta mucho escribir sobre lugares que no conozco personalmente, es un desafió que tendré que intentar algún día.

—¿Qué tiempo histórico elegiste para que ellos vivieran sus vidas?
—Las primeras décadas del siglo XX me atraen particularmente, probablemente porque hay un recuerdo afectivo ligado a los relatos que me hacían mis abuelos de esos tiempos en los que eran adolescentes. Creo que la escritura es como una máquina para poder viajar en el tiempo y el espacio. Me gusta esa idea y no me atrae para nada escribir sobre la época actual. Sin embargo, sí tengo un manuscrito inacabado que se sitúa en un futuro lejano. Pero me interesa mucho la historia y la investigación histórica, creo que uno no puede saber dónde va si no sabe de dónde viene. Aprender sobre la historia de la Argentina me ayudó, de alguna manera, a apropiarme un poco de cierta parte de mi identidad. En Misiones, las décadas del ’20 y del ’30 del siglo pasado fundamentales para la construcción geopolítica de la provincia.

—¿Podés contarnos el porqué de ese título?
—El título es lo que siempre más más me cuesta. Me es muy laborioso encontrar uno para mis novelas y en general acudo a la ayuda de mi editorial y termina siendo una decisión en común. Pero por lo general es el primero que aparece el que finalmente termina siendo elegido.  “La dama de las misiones” fue como insinuar de qué se trata. Una mujer con una fuerte impronta en el lugar y que tiene “misiones” que cumplir en estas tierras. También podríamos hablar de un título con varias interpretaciones posibles, por lo que dejo al lector interpretarlo a su antojo.

—¿Qué nos podés decir acerca de lo que se viene, los hilos temáticos que unirán a los próximos libros de esta trilogía con “La dama de las misiones”?
—El hilo temático que une los tres libros es la selva, escenario donde se mueven todas mis aventuras. Mis personajes tienen en sus venas esa tierra colorada y una profunda querencia por su lugar. Mi segunda novela, que saldrá a fin de este año, transportará al lector hacia Bombay, Paris, Helsinki, Londres., pero siempre se vuelve a la selva.

—Contanos cómo es tu espacio creativo, el lugar donde nacen y crecen tus historias.
—Es cualquier lugar donde haya cierta luminosidad y tranquilidad. Puedo llevar mi imaginación y mi notebook a casi cualquier lado. El atardecer es mi momento preferido para escribir y en mi casa elijo una mesa que ubicada cerca de una ventana que da al jardín. En Misiones, en el lodge, mi lugar preferido es la galería desde la cual puedo ver la selva y el río Uruguay correr a lo lejos. Necesito ese contacto con la naturaleza.

—Y mirando esa selva que te seduce, ¿qué deseo te gustaría dejar suspendido en su niebla?
—Mi deseo sería poder, a través de mis novelas, crear una conciencia sobre las riquezas de nuestro patrimonio natural. Humildemente, me gustaría ser parte de una toma de conciencia mayor sobre la importancia de cuidar nuestro entorno. Estoy profundamente convencida de que el hombre, al alejarse de la naturaleza, no hace más que enfermarse física y psicológicamente. Tenemos que obrar entre todos para vivir en armonía con nuestro planeta y dejar de creer que somos los únicos inquilinos. Tengo mucha esperanza en las generaciones futuras. Soy de un natural optimismo, pero no nos queda mucho tiempo para empezar a actuar para salvar nuestra casa.

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