Conéctate con nosotros

Literatura

Comienza este jueves la XXVI edición del “Festival Buenos Aires Rojo Sangre”

Publicado

el

El festival de cine fantástico y de terror más antiguo de Latinoamérica regresa con su 26ª edición, a celebrarse del 20 al 30 de noviembre en el Multiplex Belgrano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Como cada año, el “Buenos Aires Rojo Sangre” (BARS) ofrecerá una programación que reúne lo mejor del género a nivel mundial, consolidando un espacio único para quienes disfrutan del terror, la ciencia ficción y lo bizarro.

Las entradas para el festival se encuentran a la venta a $4000 por función, en la boletería física de la sede, en Vuelta de Obligado 2199, y en venta online con recargo.

Programación

La Competencia Internacional reunirá algunos de los títulos más comentados del año, entre ellos la perturbadora “The Other People” (Chad McClarnon), la salvaje mexicana “No dejes a los niños solos” (Emilio Portes), la serbia posapocalíptica “Sword of Vengeance” (Nemanja Ceranic), la comedia alienígena de “Kazajistán Sasyq” (Yerden Telemissov) y el loop maldito de Haunted Mountains: “The Yellow Taboo” (Chi-ying Tsai). El cine argentino dirá presente con “La Frecuencia Kirlian” (Cristian Ponce), “Los ojos del abismo” (Daniel de la Vega), “Un susurro invocó mi nombre” (Emilia Cotella y John Mathis) y la coproducción “El susurro” (Gustavo Hernández), protagonizada por Luciano Cáceres.

Entre las grandes novedades de esta edición destacan algunos de los lanzamientos más esperados del fantástico contemporáneo. El festival recibirá la comedia queer de zombies “Queens of the Dead” -dirigida por Tina Romero, hija de George Romero-; el remake del mito tóxico de la Troma, “The Toxic Avenger” de Macon Blair; la historia vampírica “Abraham’s Boy” de Natasha Kermani, basada en un relato de Joe Hill; y la película de clausura, “Noche de paz, noche de horror” (Mike P. Nelson), reinterpretación sangrienta del clásico slasher navideño “Silent Night, Deadly Night”. Ellas se suman algunas de las obras más celebradas del fantástico reciente: “Alpha” de Julia Ducournau, “Mother of Flies” de Zelda Adams, John Adams y Toby Poser, “Frewaka” de Aislinn Clarke y “Flush” de Grégory Morin, además de nuevas mutaciones del gore y la aventura metalera como “Deathstalker” (Steven Kostanski), “The Creeps” (Marko Mäkilaakso) y “Deathgasm II: Goremageddon” (Jason Lei Howden). Una selección que reafirma el compromiso del festival con un cine de género vital, impredecible y en permanente expansión.

La Competencia Iberoamericana incluirá, entre otras, las españolas “Disforia” (Christopher Cartagena) y “La cosa en la niebla” (Chedey Reyes) con Martín Garabal; la peruana “La lágrima del diablo” (Gonzalo Otero), la brasileña “Prédio Vazio” (Rodrigo Aragão), la venezolana “No lo escuches” (Alexmir Dordelly), la mexicana “Abracadaver” (Pancho Rodríguez), el found footage paraguayo “No entres” (Hugo Cardozo) y las argentinas “Un trago de infierno”, “HotLine” y “El llanto del perro”.

La Competencia Argentina volverá a ser un termómetro del género local, con propuestas que van del slasher goloso al experimento desbordado: “Fin de semana de la dulzura”, “Qonoq”, “Júpiter”, “Ojos verdes rojos malditos”, “1C”, “Hiperrealidad”, “Alterna”, “Campamento Sol Naciente” y “Godzilla en Santa Fe”, entre otros estrenos.

Clásicos de aniversario

El BARS celebrará en pantalla grande dos hitos que marcaron a fuego la historia del cine fantástico: “El día de la bestia” de Álex de la Iglesia, que cumple treinta años convertida en un símbolo generacional, y “The Return of the Living Dead” de Dan O’Bannon, que llega a sus cuarenta años manteniendo intacta su rabia punk y su influencia en la relectura moderna del cine de zombis. Ambas funciones permitirán reencontrarse con obras clave que siguen contaminando la imaginación del público.

Tradicionales

Como ya es tradición, regresan los espacios que definen la identidad del BARS: “Invasión Japón” con el más reciente y extraño cine nipón; “El Cineclub La Cripta”, que este año proyectará clásicos en 16 mm de la mítica Hammer Films; y el siempre esperado “Panorama Bizarro”, territorio de mutaciones inclasificables y hallazgos imposibles de ver en otros festivales. También vuelven las muestras de cortometrajes, incluyendo los del concurso “Fin de Semana Sangriento”, semillero fundamental del terror argentino y plataforma donde cada año aparecen nuevas voces y criaturas.

Festival Online

A través de la plataforma FLIXXO se podrá visualizar de manera gratuita una gran variedad de cortometrajes desde todos los rincones del país. Por un lado, la totalidad de los cortometrajes resultantes del concurso “Fin de semana sangriento”, que a partir del martes 25 estarán disponibles y participando por el voto del público mientras esperan el veredicto del jurado. Además, una amplia variedad de cortometrajes de la selección oficial podrán visualizarse en el transcurso de todo el festival.

Actividades especiales y gratuitas

En paralelo a la presentación del libro sobre el cine fantástico y terrorífico argentino “No abras nunca esa puerta” (Pablo Sapere), el festival ofrecerá una serie de actividades de acceso libre: la charla–presentación “Cinefanía / Cineficción”; un show inmersivo de NIKKÖ, donde música y visuales se funden en una experiencia oscura y visceral; la charla “El cine de animación en la actualidad argentina”; la presentación del libro “La pantalla ensangrentada. Historia del cine gore”; y la actividad “Ser una chica en el terror argentino”, coordinada por el colectivo crítico La Monstrua Cinéfaga. Todas las actividades son gratuitas con inscripción en este link.

Además, el festival celebrará su fiesta de clausura con entrada gratuita en Quetren (Av. Olazábal 1784), el viernes 28 después de medianoche, en un evento propicio para el encuentro con actividades como flash tattoo, juegos, activaciones DJs y baile, como en toda fiesta.

En alianza con MUBI, la plataforma ofrece a los espectadores del BARS una promo de 60 días gratis para nuevos usuarios en su plataforma.

El BARS 26° cuenta con el acompañamiento de Fundación Santander Argentina a través del Régimen de Promoción Cultural (Mecenazgo) del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Es auspiciado por MUBI y SENDFILES, apoyado por MULTIPLEX, FLIXXO, la Escuela Eliseo Subiela, UADE, y Enchulame la cámara. Participan las asociaciones de cine AAADA, AAC, ADF, Argentores, Apima, Gui.AR, EDA, Fantlatam y Rafma. Entregan premios Piromanía FX, Estudio Silver y Terrorífico films..

La programación completa y los detalles del festival están disponibles en www.festivalrojosangre.com.ar.

(Fuente: Julieta Bilik – Prensa)

Historias Reflejadas

“Deseos”

Publicado

el

Deseos

Miro por la ventana y espero. El tiempo se alarga detrás de los vidrios y crece en líneas rectas. Las hojas cambian de forma y bailan en círculos. Afuera, todo gira. Un manto rayado cubre las palabras, igual que adentro. Las paredes grises se prolongan sobre mi piel, también gris, como si los colores no fueran posibles, como un mandato. Me siento encerrado en un reflejo de rayas sin respuestas.

Bostezo. Un deseo de color se escapa de mi boca y se pega en la punta de mis dedos. Lo miro. Me mira. Lo suelto. Y vuela para atravesar la dureza de los vidrios. Vuela para que las rayas desaparezcan. Algo cambia adentro y afuera. Mi piel cambia sobre las paredes grises y deja huellas.

Espero, como un deseo, que la vida se tiña de colores y vuelva a entrar por mi ventana, sin rayas.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Espero”, de Perla Suez con ilustraciones de Natalia Colombo; “Gris”, de Silvi Hei; “El pueblo que no quería ser gris”, de Beatriz Doumerc con ilustraciones de Ayax Barnes; y “Dentro de una cebra”, de Micaela Chirif con ilustraciones de Renato Moriconi.

Sigue leyendo

Textos para escuchar

Amigos por el viento – Liliana Bodoc

Publicado

el


Julieta Díaz
lee el cuento Amigos por el viento, de Liliana Bodoc.

A veces, la vida se comporta como un viento: desordena y arrasa. Algo susurra pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta lo que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.
Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojo con los que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una letra que creemos reconocer. El cielo se mueve mas rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresara la calma.

Así ocurrió el día que papá se fue de casa. La vida se nos transformó en viento casi sin dar aviso. Yo recuerdo la puerta que se cerró detrás de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mamá cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio.

– Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué te parece?
– Me parece bien – mentí.

Mamá dejó de pulir la bandeja, y me miró:

– No me lo estás deciendo muy convencida…
– Yo no tengo que estar convencida.
– ¿Y eso que significa? – preguntó la mujer que más preguntas me hizo en mi vida.

Me vi obligada a levantar los ojos del libro:

– Significa que es tu cumpleaños, y no el mío – respondí.

La gata salió de su canasto, y fue a enredarse entre las piernas de mamá.
Que mamá tuviera novio era casi insoportable. Pero que ese novio tuviera un hijo era una verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba mi vida. Otra vez había viento en el horizonte.

– Se van a entender bien – dijo mamá -. Juanjo tiene tu edad.

La gata, único ser que entendía mi desolación, saltó sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena.
Habían pasado varios años desde aquel viento que se llevó a papá. En casa ya estaban reparados los daños. Los huecos de la biblioteca fueron ocupados con nuevos libros. Y hacía mucho que yo no encontraba gotas de llanto escondidas en los jarrones, disimuladas como estalactitas en el congelador, disfrazadas de pedacitos de cristal. “Se me acaba de romper una copa”, inventaba mamá, que, con tal de ocultarme su tristeza, era capaz de esas y otras asombrozas hechicerías.

Ya no había huellas de viento ni de llantos. Y justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y a pasear juntas en bicicleta, aparecía un tal Ricardo y todo volvía a peligrar.
Mamá sacó las cocadas del horno. Antes del viento, ella las hacía cada domingo. Después pareció tomarle rencor a la receta, porque se molestaba con la sola mención del asunto. Ahora, el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que volviera a hacerlas. Algo que yo no pude conseguir.

– Me voy a arreglar un poco – dijo mamá mirándose las manos. – Lo único que falta es que lleguen y me encuentren hecha un desastre.
– ¿Qué te vas a poner? – le pregunté en un supremo esfuerzo de amor.
– El vestido azul.

Mamá salió de la cocina, la gata regresó a su canasto. Y yo me quedé sola para imaginar lo que me esperaba.
Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar las cocadas. Y los pedacitos de merengue quedarían pegados en los costados de su boca. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón cuando se lavara las manos. Iba a hablar de su perro con tal de desmerecer a mi gata.
Pude verlo por mi casa transitando con los cordones de las zapatillas desatados, tratando de anticipar la manera de quedarse con mi dormitorio. Pero, aún más que ninguna otra cosa, me aterró la certeza de que sería uno de esos chicos que en vez de hablar, hacen ruidos: frenadas de autos, golpes en el estómago, sirenas de bomberos, ametralladoras y explosiones.

– ¡Mamá! – grité pegada a la puerta del baño.
– ¿Qué pasa? – me respondió desde la ducha.
– ¿Cómo se llaman esas palabras que parecen ruidos?

El agua caía apenas tibia, mamá intentaba comprender mi pregunta, la gata dormía y yo esperaba.

– ¿Palabras que parecen ruidos? – repitió.
– Sí. – Y aclaré -: Plum, Plaf, Ugg…

¡Ring!

– Por favor – dijo mamá -, están llamando.

No tuve más remedio que abrir la puerta.

– ¡Hola! – dijeron las rosas que traía Ricardo.
– ¡Hola! – dijo Ricardo asomado detrás de las rosas.

Yo mira a su hijo sin piedad. Como lo había imaginado, traía puesta una remera ridícula y un pantalón que le quedaba corto.
Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como si no se hubiese arreglado. Así le pasaba a ella. Y el azul les quedaba muy bien a sus cejas espesas.

– Podrían ir a escuchar música a tu habitación – sugirió la mujer que cumplía años, desesperada por la falta de aire. Y es que yo me lo había tragado todo para matar por asfixia a los invitados.

Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en la otra. Sin dudas, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto sería de su propiedad. Y yo dormiría en el canasto, junto a la gata.
No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día triste para mí. No me pareció justo, y decidí que también él debía sufrir. Entonces, busqué una espina y la puse entre signos de preguntas:

– ¿Cuánto hace que se murió tu mamá?

Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo.

– Cuatro años – contestó.

Pero mi rabia no se conformó con eso:

– ¿Y cómo fue? – volví a preguntar.

Esta vez, entrecerró los ojos.
Yo esperaba oír cualquier respuesta, menos la que llegó desde su voz cortada.

– Fue… fue como un viento – dijo.

Agaché la cabeza, y dejé salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento, ¿sería el mismo que pasó por mi vida?

– ¿Es un viento que llega de repente y se mete en todos lados? – pregunté.
– Sí, es ese.
– ¿Y también susurra…?
– Mi viento susurraba – dijo Juanjo -. Pero no entendí lo que decía.
– Yo tampoco entendí. – Los dos vientos se mezclaron en mi cabeza.

Pasó un silencio.

– Un viento tan fuerte que movió los edificios – dijo él -. Y éso que los edificios tienen raíces…

Pasó una respiración.

– A mí se me ensuciaron los ojos – dije.

Pasaron dos.

– A mí también.
– ¿Tu papá cerró las ventanas? – pregunté.
– Sí.
– Mi mamá también.
– ¿Por qué lo habrán hecho? – Juanjo parecía asustado.
– Debe de haber sido para que algo quedara en su sitio.

A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.

– Si querés vamos a comer cocadas – le dije.

Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común. Y quizá ya era tiempo de abrir las ventanas.

(Audio extraído del programa Calibroscopio del Canal Pakapaka)

Sigue leyendo

Literatura

“Ya toqué todas mis melodías”: el británico Julian Barnes anunció su último libro

Publicado

el

PH: WEB - BBC/Roxanne Panthaki

El escritor británico Julian Barnes, una de las figuras centrales de la literatura contemporánea en lengua inglesa, confirmó que “Departure(s)”, su próxima novela, será el último libro de su carrera. A punto de cumplir 80 años, el autor sostuvo que siente haber agotado su repertorio creativo: “Tengo la sensación de que ya toqué todas mis melodías”, afirmó en una entrevista con The Telegraph.

Barnes explicó que el criterio para dejar de escribir no debería ser la posibilidad de seguir publicando, sino la convicción íntima de haber dicho todo lo que se tenía para decir. “No debería escribir un libro solo porque vaya a ser publicado. Hay que continuar hasta haberlo expresado todo, y yo llegué a ese punto”, señaló. Sin embargo, aclaró que no abandonará por completo la escritura: continuará con el periodismo cultural, reseñas y colaboraciones, una actividad que antecede a su trayectoria como novelista.

“Departure(s)” se presenta como una obra híbrida, a medio camino entre el ensayo, el memoir y la ficción. El libro gira en torno al papel del propio Barnes como intermediario entre dos amigos, Stephen y Jean —cuyas identidades permanecen anonimizadas—, que fueron amantes y luego se separaron. La historia retoma muchos de los temas que atraviesan su obra: la memoria y sus fisuras, el amor y la amistad, el paso del tiempo, el envejecimiento y la muerte.

El anuncio llega en un contexto vital particular. Barnes convive desde hace seis años con un tipo raro de cáncer de sangre, controlado mediante quimioterapia oral diaria. “Por ahora, es un empate”, dijo sobre su enfermedad, que —según explicó— contribuye a un debilitamiento progresivo del cuerpo, aunque ya forma parte de su rutina.

Viudo desde 2008, cuando murió su esposa y agente literaria Pat Kavanagh a causa de un tumor cerebral, el autor reveló recientemente que se volvió a casar en secreto en agosto pasado con Rachel Cugnoni, editora y compañera desde hace ocho años, a quien conoce desde hace casi tres décadas.

Con una carrera de 45 años, Barnes publicó 15 novelas y 10 libros de no ficción. Debutó en 1980 con “Metroland”, pero alcanzó el reconocimiento internacional con “Flaubert’s Parrot” (1984). Tras varias nominaciones, obtuvo el Booker Prize en 2011 por “The Sense of an Ending”. También escribe novela policial bajo el seudónimo Dan Kavanagh.

Lejos del dramatismo, Barnes evaluó su trayectoria con gratitud: “He tenido una vida afortunada. Si a los 30 me hubieran dicho que escribiría tantos libros que a tanta gente le gustaría leer, me habría parecido increíble”. Sobre la muerte, concluyó con sobriedad: ya no la teme como antes, aunque reconoce que el final siempre es una incógnita.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)

Sigue leyendo


Propietario: Contarte Cultura
Domicilio:La Plata, Provincia de Buenos Aires
Registro DNDA En Trámite
Edición Nº