Literatura
Distinguieron al escritor Hernán Ronsino con el Premio Anna Seghers 2020
El escritor argentino Hernán Ronsino aseguró que “a la hora de escribir ficción las herramientas sociológicas” las guarda “en otro rincón” porque no le sirven “para trabajar concretamente la escritura”, al recibir el Premio Anna Seghers 2020, dotado con 12.500 euros y otorgado a jóvenes autores del mundo de habla alemana y de América Latina que contribuyen a la creación de una sociedad humana más justa con los medios del arte.
“La sociología me ayudó como un modo de pensar, una maquinaria, un mecanismo para pensar la realidad, el lenguaje. Me gusta hacer un paralelo entre lo que plantea Pierre Bourdieu de deconstruir la realidad, la capa del sentido común y desnaturalizar lo que se presenta como natural con el oficio de la escritura porque uno cuando escribe trabaja con el lenguaje y hace una operación parecida de buscar en el lenguaje lo que no se ve”, señaló el escritor, sociólogo y docente de la Universidad de Buenos Aires desde su ciudad natal Chivilcoy.
Ronsino mantuvo una videoconferencia con Dagmar Ploetz, una de las integrantes del jurado, que desde Berlín lo consultó por este presente, su rol como docente y sus proyectos.
En ese marco, el autor del libro de cuentos “Te vomitaré en la boca” contó que está dando clases de manera virtual y está trabajando en una novela que espera que este verano tenga “una versión más presentable”.
Según adelantó, se trata de una historia que tiene como protagonista “a un músico, a un pianista que detesta ser pianista y se plantea una tensión entre lo que se propone ser y su oficio que no le gusta para nada”.
En ese marco, agradeció “el enorme trabajo” su editor en Alemania y de su traductor Luis Ruby y leyó un texto en el que recuperó el momento en el que se enteró del premio y reflexionó sobre la escritura y su historia familiar atravesada por la inmigración de su madre y de sus abuelos italianos.
“El día que se declaró la pandemia en el mundo recibí la noticia del premio, fueron dos sensaciones muy profundas y opuestas. Por un lado, se despertaba el miedo y la conmoción ante el nuevo mundo que comenzaba a modelarse como una tormenta implacable. Por otro lado, la alegría de semejante honor instalaba más que la sensación de repliegue, la necesidad de compartir, de ir hacia adelante”, leyó el autor y citó la relectura de la novela “Tránsito” de Anna Seghers y de la obra de la uruguaya Delmira Agustini.
Nacido en 1975, Ronsino es autor del libro de cuentos “Te vomitaré en la boca” -que obtuvo la Mención Honorífica del Fondo Nacional de las Artes en el 2002- y de las novelas “La descomposición”, “Glaxo”, “Lumbre” y “Cameron”. En 2017 publicó el libro de ensayos “Notas de campo”.
El escritor comparte el premio otorgado por la fundación Anna Seghers con Ivna Žic, que nació en Zagreb en 1986 y fue reconocida por su novela de debut “poética e idiosincrásica” que lleva por título “Die Nachnachende”.
El premio lleva el nombre de Anna Seghers, una de las escritoras alemanas más reconocidas y autora de la novela “La Séptima Cruz”. Se exilió en México y su libro “Tránsito”, inspirado en experiencias personales, fue publicado en 1944.
Literatura
Cierra sus puertas al público la casa de García Márquez en México
La Casa de la Literatura, situada en el barrio Jardines del Pedregal, en Ciudad de México, donde el Premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez vivió sus últimos 39 años, cerró sus puertas al público por falta de recursos.
Así lo dio a conocer Emilia García, nieta del escritor y una de las impulsoras del proyecto, quien explicó que, aunque la familia proyectaba convertir en un museo en un futuro, el valor actual de la entrada —400 pesos mexicanos, equivalentes a unos 73.000 pesos colombianos— no ha sido suficiente para cubrir los gastos de mantenimiento del lugar, reportó el diario colombiano El Espectador.
En esa vivienda, ubicada en la calle Fuego 144, el escritor vivió junto a su esposa, Mercedes Barcha, desde 1975 hasta su muerte en 2014. Según señala la página oficial del gobierno de Ciudad de México, con la venta de objetos personales y memorabilia, en 2021 la casa fue transformada en centro literario en octubre de 2021.
Desde que nació el proyecto, uno de sus objetivos ha sido conservar intacto el último hogar del Nobel colombiano.
“La idea que ha unido a sus herederos es conservar esta última casa de García Márquez y de Mercedes tal y como la vivieron, dándole un nuevo giro para que la gente pueda visitarla, recorrerla y hacerse una idea del lugar donde todo eso sucedía”, se señala en la página oficial de la Casa de Literatura.
Mientras estuvo abierta, los visitantes pudieron conocer los muebles, cuadros, fotografías, libros y otros objetos personales del escritor, así como el estudio ubicado al fondo del jardín. Allí se conservaba la mesa en la que García Márquez escribió obras como “Crónica de una muerte anunciada”, “El amor en los tiempos del cólera” y “Vivir para contarla”.
La casa fue también el lugar donde Gabo recibió, en 1982, la noticia de que había obtenido el Premio Nobel de Literatura.
La relación del autor con México fue estrecha. En su capital también escribió “Cien años de soledad” entre 1965 y 1967, cuando vivía en otra casa situada a unos quince minutos de la que fue su última residencia. La novela fue publicada en 1967 por la editorial argentina Sudamericana.
“No es, pues, una segunda patria, sino otra patria distinta que se me ha dado sin condiciones, y sin disputarle a la mía propia el amor y la fidelidad que le profeso, y la nostalgia con que me lo reclama sin tregua”, dijo el escritor durante un discurso del 22 de octubre de 1982 en México, al recibir la Orden del Águila Azteca.
Textos para escuchar
Arañas – Eduardo Galeano
Eduardo Galeano lee su texto Arañas
Pasito a paso, hilo tras hilo, el araño se acerca a la araña. Le ofrece música, convirtiendo la telaraña en arpa, y danza para ella, mientras poquito a poco va acariciando, hasta el desmayo, su cuerpo de terciopelo.
Entonces, antes de abrazarla con sus ocho brazos, el araño envuelve a la araña en la telaraña y la ata bien atada. Si no la ata, ella lo devora después del amor.
Al araño no le gusta nada esta costumbre de la araña, de modo que ama y huye antes de que la prisionera se despierte y exija el servicio completo de cama y comida.
¿Quién entiende al araño? Ha podido amar sin morir, se ha dado maña para cumplir esa hazaña, y ahora que está a salvo de su saña, extraña a la araña.
Historias Reflejadas
“Voces rescatadas”

Voces rescatadas
Somos un punto en la trama del universo. Un punto atrapado en las líneas del tiempo, enredado en sus hebras, simultáneas y eternas. El pasado se ovilla en el presente y arrastra a un futuro incierto, en el que llevaremos la esencia de lo que hemos sido.
El viento empuja verdades que ayudan a comprender los males que nos habitan. Una y otra vez, se atreve a conducirnos en el tren de la existencia.
Pasos callados, voces silenciadas, el llanto que expande las penas guardadas en la memoria, los cuerpos que, mutilados de recuerdos, viajan hacia otros mundos, más sutiles, en los que sobrevuelan los aromas que nos pertenecen, en los que es posible encontrase para regresar con las palabras olvidadas en la boca. Son esas palabras las que nos ayudan a salir de los repliegues, a deshacernos de las capas que nos protegieron de los fantasmas.
El eco repite una letanía interminable, la historia se repite, los hilos se cruzan y en la gran madeja del tiempo brilla el verbo capaz de liberar el silencio.
Somos un punto en la trama del universo y nuestra voz es capaz de desandar la historia para rescatar el recuerdo.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia: “Tejo, juego de historias”, de Conrado Bocco; “Capsicum”, de Tavie Mariani; “Aroma de manzanillas”, de Susana Vaquero; y “Kamchatka”, de Marcelo Figueras.
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