Javier Bibiloni: “Siempre uno puede decir o expresarse mejor… siempre se puede escribir mejor”

Por Walter Omar Buffarini

“La calidad de una obra la va a estar marcando el contenido”, afirma el escritor y editor Javier Bibiloni, quien tampoco duda en poner énfasis en la necesidad de que los escritores sepan dar el lugar adecuado a los editores en busca del mejor producto final.

Al cumplir una década en la tarea de brindar “contención” a los autores, y con más de treinta años en el camino de las letras, el poeta platense aceptó una entrevista en exclusiva con ContArte Cultura en la que brindó detalles de sus inicios, de su trabajo, y recorrió el sendero que conduce a la publicación de una obra.

—¿Cómo arrancó la aventura de editar libros?
—Fue consecuencia de una mala experiencia con una editorial. Decidí ponerme a pensar en alguna otra alternativa para autores como yo, donde se pudiera encontrar un espacio de identificación. Imaginé que, tratándose de escritor a escritor, a los otros autores se les iba a hacer más fácil, o más llevadero, todo el proceso que implica la edición de un libro. Y partí desde mi lugar de escritor, conociendo las necesidades o las urgencias de los autores. Ese fue el objetivo inicial, el de poder brindar no solamente los servicios editoriales propios, sino además una contención.

—Para que no se desanimen…
—Uno no está editando todos los días, entonces el libro en el que se está trabajando es lo más importante para el autor en ese momento. Ahí es donde hay que saber contenerlo, calmar sus ansiedades. Porque es común que en todos los procesos haya alguna demora más de lo que se esperaría y en ese momento es necesaria la contención para poder encontrar el punto justo entre el ritmo del trabajo y la ansiedad del escritor.

—Pero no sólo ofrecés ese puente entre el escritor y la imprenta.
—Si el autor pensara nada más que en la impresión del libro, se iría directamente a una imprenta. El editor es el que está detrás de todo el proceso. No es solamente quien corrige el material, sino que aconseja en base a determinado criterio, ayuda en la selección del material a publicar, tratando siempre de que el libro tenga una unidad temática. Muchas veces alguien viene con poemas sueltos y no sabe cómo unirlos, sabe que quiere que de ellos surja un libro, pero no tiene todavía la forma de encontrarle una unión. En eso también intervengo.

“Me inicié con la edición en el año 2009, con el libro ‘Sólido, polvo, aire'”, de la escritora Sara Isabella Bonfante.”

—¿Qué camino se debe recorrer para llegar a convertirte en editor?
—Si bien hay un proceso de formación, no es algo que se aprenda completamente antes. Uno también va aprendiendo a medida que va haciendo. En ese camino, uno va creciendo como editor.

—Como ya comentaste, vos primero fuiste escritor… 
—Sí, pero en mi caso, lamentablemente, el escritor se va ubicando en segundo plano, porque entre todas las actividades que tengo no me queda mucho tiempo para escribir lo mío.

—Y al momento de tus publicaciones ¿quién te edita?
—Es todo un tema. Obviamente que yo no puedo leerme y editarme, es una tarea que tiene que ser realizada por otro, siempre. Y siempre busco y aconsejo que esa otra persona sea alguien completamente ajena al proceso. Porque tiene que encontrarse con el material como por primera vez. Me suele pasar que, como yo conozco el material de los autores que edito, me pongo en duda y sugiero que, más allá de encargarme de la corrección y de ciertos consejos, no se pierda de vista la posibilidad de dárselo a otra persona que lo pueda también leer. Porque después de un tiempo es como que el ojo se envicia y hasta puede leer de memoria, y eso no debe suceder.

“Me ha pasado muy pocas veces el tener que tomar la decisión de no editar algún trabajo, a algún autor.”

—¿Es difícil hacerle cambiar sus textos a un autor, que acepte las correcciones que pudieras realizar?
—Se debe partir de la base de que siempre uno puede decir o expresarse mejor… siempre se puede escribir mejor. Y como existe esa forma, al menos trato de que el autor pueda contemplar otra posibilidad. Ante un texto escrito de determinada forma aconsejo, siempre manteniendo la idea original, intentar pensarlo desde otro lugar. Como escritor soy muy obsesivo con esas cosas. Así, cada frase la pienso mucho antes de escribirla y luego la leo y releo, y siempre aparecen cosas que no me gustan del todo. Entonces sé que eso puede mejorar.

—¿Y los escritores lo entienden así?
—Hay autores que son muy abiertos a las sugerencias y otros que no tanto, entonces se debe intentar llegar a un punto medio. Muchas veces escribimos algo buscando determinado significado, pero quien lo lee no lo entiende. Eso es lo que debemos hacerle notar al escritor: “Si lo que estás queriendo decir es ésto, no se está entendiendo”. A veces también uno se encuentra con errores gramaticales y debe corregirlos, y muchas veces se genera cierta tensión, pero no es la intensión generar asperezas.

“Escribo poesía, me gustan mucho los cuentos cortos y los microcuentos. Hasta el momento tengo publicados tres libros y un cuarto que es en forma de historieta en coautoría con Horacio Marín Esteguy.”

—Como escritor tenés tus propias formas, pero como editor te encontrarás con cosas muy distintas, ¿en qué lugar te parás para no contaminar el trabajo del otro con tu estilo?
—Principalmente reconozco el estilo de los autores y lo respeto. Puede suceder que si tuviera que escribir esa poesía que acabo de leer, lo haría de otro modo o directamente no escribiría sobre eso. Hay una línea muy delgada en esto de la corrección, que a veces se confunde con una superposición de estilos, pero intento de que eso no suceda. Desde un primer momento explico que yo no cambiaré ni un punto ni una coma sin el consentimiento del autor. La obra es del autor, yo sólo puedo realizar alguna sugerencia. Tengamos en cuenta que si alguien viene con la intensión de que le edite un libro es porque confía en mí, en el producto final, y muy particularmente confía en el criterio que uno tiene, lo que me permite hacer esas sugerencias de las que hablamos.

—Y viéndolo en el sentido inverso, ¿tomás cosas de los autores que editás? ¿Llegan a influirte?
—Nunca me ha pasado, al menos no soy consciente de que eso me haya sucedido. Lo que sí puedo decir es que guardo experiencias muy positivas con los autores que han editado conmigo, lo que no significa que me hayan influido.

“Tengo alguna novela que aún no fue editada, pero necesito estar muy concentrado para eso y no siempre se puede lograr con los ritmos que uno está obligado a vivir.”

—¿Cómo lográs editar aquello que puede no gustarte?
—Claramente no todo lo que edito es de mi gusto, pero no soy quién para decidir sobre los gustos de otras personas. Para cada escritor hay un lector y sin duda esto de los gustos es muy subjetivo y ya se escapa de la línea que debe mantener el editor. 

Javier Bibiloni junto a las escritoras Gabriela Romero y Vane Spinelli (Presentación de “Viento tras los ojos)

—Además de lo estrictamente editorial, los autores te tienen muy en cuenta a la hora de la presentación de sus libros, ¿cómo vivís esa demostración de afecto?
—Lo tomo con tranquilidad. Más que nada me gusta que la gente siga teniendo confianza en mí. Y creo que esos gestos son precisamente demostraciones de confianza. No podría trabajar con ningún autor con el que no pudiera desarrollar un vínculo afectivo. Creo que todo parte desde ahí.

—¿Qué debe esperar el autor del editor, respecto de su libro como producto final?
—La calidad de una obra la va a estar marcando el contenido y eso es algo que depende de cada autor y, en cierta medida, de la posibilidad de intervención que le dé al editor. Mientras los libros están en proceso, los autores están sumergidos en una búsqueda y a mí como editor me gusta pasar mucho tiempo con ellos, acompañarlos y posibilitarles conocer cada parte de ese trabajo.

—¿Hay algún consejo extra para quienes pretendan editar sus obras?
—Algo que tiene que ver con el producto final de los libros de autor es la competencia que deben enfrentar. Me ha tocado ir como escritor a distintas ferias y encontrarme con mesas de saldos con “tres libros por 50 pesos” y uno llega con una obra de autor que se vende a 200 pesos. Esto hace muy difícil competir. Es por eso que muchas veces procuro hacer sugerencias en el proceso de armado de las tapas, para que sean lo más atractivas posibles para el potencial lector. Y si se trata de aconsejar, me gustaría hacerlo con los lectores. La gente tiene que tomar conciencia de los trabajos de autores independientes y autogestionados, y animarse a conocerlos.

2 comentarios

  1. Realmente con Javier Bibiloni nos encontramos con un ser como pocos, un consejero en lo que hace a la edición de un libro y un editor que busca en el escritor un crecimiento permanente, que logra a través de sus consejos e ideas, tengo el honor de publicar mis libros con el. Un abrazo Javito sos un GRANDE

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