Literatura
La Biblioteca Nacional, el edificio que soñó Borges y que llegó para unir a los argentinos
Por Eva Marabotto (*)
Nació el 13 de septiembre de 1810, creada por la Primera Junta como biblioteca pública en el Cabildo de Buenos Aires. Transitó un tiempo en la Manzana de las Luces y luego en un edificio de la calle México al 500, diseñado para la Lotería Nacional. Sin embargo, la Biblioteca Nacional concretó el sueño de una sede a la medida de su descomunal colección de libros el 10 de abril de 1992, hace 30 años.
Ese día el presidente de entonces, Carlos Saúl Menem, convirtió en una fiesta de la cultura la inauguración del nuevo edificio que había empezado a gestarse más de tres décadas antes, en 1958, cuando un tal Jorge Luis Borges, por entonces su director, elevó un pedido de ampliación ya que el espacio de México 564 le quedaba chico a la colección de libros.
Fue entonces cuando se puso en marcha la búsqueda de un terreno donde construir una sede nueva y surgió una propuesta de algunas manzanas en la Ciudad Universitaria, que se iba a erigir entre el actual predio de la Televisión Pública y la Facultad de Derecho (donde hoy está la Floralis Genérica, la flor de metal del arquitecto Eduardo Catalano inaugurada en el 2002).

Pero la iniciativa no prosperó y le cupo al presidente Arturo Frondizi el mérito de aceptar la sugerencia de un terreno por demás emblemático: el espacio donde había estado emplazado el palacio Álzaga Unzué, elegido por Juan Domingo Perón como residencia presidencial, lugar donde falleciera Eva en 1951 y que había sido demolido en 1955 por la Revolución Libertadora. Frondizi pensó el espacio como un símbolo de la unión de los argentinos.
“Él pensó en juntar las alpargatas y los libros”, sintetiza la arquitecta Ana María Miyno, coordinadora del Archivo del Patrimonio Histórico Constructivo, quien trabaja en la Biblioteca y presenció la construcción del nuevo edificio.
Según relata la especialista, para poner en marcha el proyecto se realizó un concurso del que participaron estudios internacionales pero resultó ganadora la propuesta de los arquitectos Clorindo Testa, Francisco Bullrich y Alicia Cazzaniga, quienes obtuvieron el primer premio en junio de 1961. Para armar el pliego se consultó a especialistas, entre ellos el mismo Borges, quien reseñó las condiciones ideales que debía tener un edificio para guardar libros.

El diseño pergeñado por el equipo comandado por Testa, uno de los arquitectos más reconocidos del país, tiene seis plantas, es de hormigón armado, con estilo brutalista, muy de moda en la década del ’50, y busca conservar el atractivo de la barranca hacia avenida Del Libertador y permitir el crecimiento del edificio para albergar nuevos libros. “Eran condiciones que estaban en el pliego- aclara Miyno– pero también estaba el pedido de que fuese algo monumentalista. Querían que cualquier extranjero que pasase por la avenida tuviese que detenerse para preguntarse qué sucedía en ese edificio”.
Esa espectacularidad que buscaba el proyecto llegó con la elección del “brutalismo” como estilo arquitectónico, una tendencia que surgió del Movimiento Moderno y tuvo su auge entre las décadas de 1950 y 1970. Estuvo inspirado en el trabajo del arquitecto suizo Le Corbusier. Su nombre deriva de la expresión francesa “betón brut” que quiere decir hormigón crudo, por el uso preponderante de ese material.
Sin embargo, la construcción se demoró tres décadas por la muerte de la arquitecta Cazzaniga, el desinterés de los gobiernos militares y la hiperinflación de la época alfonsinista que generaba la multiplicación de los costos y la obsolescencia de cualquier presupuesto. El 13 de septiembre de 1971 se colocó la piedra fundamental y durante las excavaciones de los cimientos se encontraron restos de un gliptodonte, que hoy están en el Museo de Ciencias Naturales de Parque Centenario. Desde entonces, Testa comenzó a asimilar el edificio con el animal prehistórico y a hablar de las vigas o las columnas de la “panza” o la “rodilla”.

El nuevo edificio se inauguró el 10 de abril de 1992 pero después de esa fecha se fueron habilitando las plantas superiores y en 1996 algunos de ellos fueron sede de las reuniones de la Convención constituyente presidida por Graciela Fernández Meijide, que elaboró la Constitución para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “A la fiesta de inauguración vino muchísima gente que llenaba la explanada hasta la avenida Del Libertador. Escritores, actores y gente de la cultura”, recuerda Miyno, quien trabajaba en la Dirección de Infraestructura Escolar y tuvo la responsabilidad de seguir cada paso de la construcción del edificio.
Según describen los planos y las maquetas actualizadas de la Biblioteca, cuenta con tres subsuelos, en la planta baja se encuentra la hemeroteca y la sala de publicaciones antiguas, y en su cubierta está la plaza pública que se conecta con las áreas verdes a su alrededor. En el primer piso hay una sala de exposiciones, un auditorio, la oficina de dirección y una cafetería. En el segundo, hay áreas administrativas, mientras que en el tercer piso se encuentra la audioteca, la fototeca y la mediateca y lo más valioso: la Sala del Tesoro con los incunables y una sala de exposición de cuadros. El cuarto alberga manuscritos históricos y materiales inéditos y los depósitos de las salas del tercero, a los que los materiales llegan a través de montacargas. La sala principal de lectura está en el quinto, mientras que en el sexto hay una sala de lectura libre para quienes llegan con sus propios libros y ahí se encuentran los materiales de referencia. A lo largo del año, la biblioteca organiza muestras y espectáculos culturales, además de ofrecer recorridos guiados.

En algunas de las plantas de la sede de la institución que dirige el escritor Juan Sasturain se encuentran el material que no está compuesto solo por volúmenes en papel: unos 900.000 libros, 55.000 revistas y diarios, 30.000 fotografías y 1.500 negativos, 12.000 mapas, 300.000 partituras, 70.000 grabaciones de audio y 5.000 registros audiovisuales.
En la sala del Tesoro, a la que solo acceden investigadores autorizados con guantes para no dañar ninguna de las piezas, están los incunables, es decir, previos al siglo XVI: “La ciudad de Dios” y “Los sermones” de San Agustín, dos versiones de “La Divina Comedia” de fines del 1400, una página de la Biblia que imprimió Gutenberg y un libro de menor valor histórico pero más valor sentimental: el cuaderno manuscrito en el que Julio Cortázar escribió “Rayuela”.
Además de la aparición de los restos prehistóricos, la arquitecta que atesora en cajas archivos en su oficina del nivel H del edificio todos los documentos relacionados con la construcción, incluso el proyecto y una maqueta de obra, recuerda los métodos de construcción con armazones de madera que eran rellenados con hormigón o incluso construidos sobre soportes del mismo material que luego fueron demolidos para que algunas de las alas quedasen “colgando” sostenidas por cables de acero revestidos en columnas de aluminio.

“Incluso algunos materiales e insumos para conformar la torre de enfriamiento del edificio se trajeron por aire, en helicóptero desde los terrenos del actual Canal 7, porque era más cómodo que conseguir una grúa e instalarla en esta zona”, recuerda la especialista, quien suele liderar algunas de las visitas guiadas que se organizan para los que están interesados en conocer a fondo el edificio, y recibe estudiantes y tesistas de todo el mundo que convierten al edificio con figura de cuadrúpedo en su tema de estudio.
El que cuenta la actualidad del edificio es el arquitecto Matías Insaurralde, a cargo del área de Infraestructura: “Por ahora, la biblioteca tiene espacio para seguir creciendo con depósitos ubicados en el subsuelo. Próximamente sumará la colección de libros que pertenecieron al arquitecto César Pelli donada por sus herederos. El proyecto más importante que nos gustaría concretar es la colocación de los parasoles que permitirán que no llegue la luz directa y mejorarán el aislamiento térmico en las plantas superiores”.

Sin embargo, ni los archivos del pasado ni los planes del presente registran los rumores que recorren algunas de las plantas: empleados y visitantes juran que han visto caminar por los pasillos a una mujer rubia con rodete y traje sastre. Todos le encuentran un parecido increíble con la imagen más icónica de Eva Perón.
(*) Agencia de noticias Telam
Literatura
Carlos Rottemberg repasa cinco décadas de cartelera en “Pasen y Lean”, su nuevo libro
Por Mayra Mamani López (*)
Hablar de Carlos Rottemberg es sinónimo de hablar de la historia del teatro; fue uno de los pioneros de las artes escénicas nacionales y gran impulsor de lo que le gusta llamar el “teatro industrial” argentino. Con más de cinco décadas de trayectoria, el histórico empresario dialogó en exclusiva con agencia Noticias Argentinas para repasar la trama de su nuevo libro, “Pasen y Lean”.
Lejos de una autobiografía “complaciente” o de un manual de autoayuda para aspirantes a productores, el escrito es una mirada 100% real de lo que sucede tras bambalinas.
Con textos que, según advierte su propio autor en este mano a mano con la agencia, “es incómodo de leer”, porque no esquiva los conflictos, las problemáticas del sector ni el lado B que el espectador de la calle Corrientes no logra ver sobre los escenarios.

Rottemberg no es nuevo en el mundo editorial; su nuevo trabajo tiene sus raíces en la memoria de “No hay más localidades”, su primer libro, que lo ayudó “a amigarse con las computadoras”. Más tarde, para sus cuarenta años de trayectoria, los periodistas Carlos Ulanovsky y Hugo Paredero ayudaron a dar forma a “Vivir entre butacas”, su segundo proyecto.
Sin embargo, la inspiración de este nuevo lanzamiento surgió de un intercambio reciente, tal como detalló a Noticias Argentinas: “Después de una entrevista que me hizo el periodista Alejandro Cruz para La Nación, me instó a que fuera por un ejemplar actualizado con todas las cinco décadas en un solo libro, y me quedó esa insistencia resonando”, confiesa.
El resultado es este libro: “Pude plasmar la mirada personal desde adentro de la profesión sin formalidad. Es una reflexión sobre la actividad; traslado cualquier diálogo que se pueda dar en la propia oficina de producción y no ahorro tampoco en alguna incomodidad que a lo mejor ameritaría no contar”.
Para Rottemberg, la autenticidad de la pieza es uno de los factores más importantes: “Hay nombres propios, hay historias, hay anécdotas, sobre todo las que pocas veces se cuentan”. Y aclara a NA que “lejos de cualquier ajuste de cuentas, cada recuerdo tiene un tono amigable y respetuoso”, incluso al hablar de situaciones o miradas poco transitadas.
Desde su mirada, el libro es atractivo para la gente de la profesión, pero a su vez permite que cualquier persona ajena al medio disfrute del detrás de escena del teatro. A su vez, asegura con convicción: “Quienes van a sacar más provecho del libro son el periodismo”.
Ante la premisa de la falta de financiación en el sector y la lucha constante por ganar terreno en el mundo cultural, el productor deja una definición categórica sobre el estado de salud de la disciplina: “El teatro no está muerto; es el arte más antiguo, nunca va a morir”.
El último regalo de Luis Brandoni a Carlos Rottemberg
Uno de los aspectos más emotivos que rodean la salida de “Pasen y lean” es el vínculo que unía a Rottemberg con Luis Brandoni y que se ve reflejado en las primeras páginas del libro. El reconocido actor formó parte del libro escribiendo uno de los prólogos que, sin quererlo, se convirtió en una despedida que el productor compartió con Noticias Argentinas.
“El 3 de abril me leyó el prólogo por teléfono y diecisiete días después falleció”, recuerda Rottemberg.
Aquella participación no fue algo planeado por el productor, sino que nació desde el afecto más sincero de Brandoni: “Un día él me dice: ‘Che, pibe, me enteré de que estás escribiendo un libro. Yo voy a escribir el prólogo’. Yo ya tenía el prólogo con Laura Ventura, pero llamé a la editorial y dije: ‘Va a tener dos prólogos’”.
Para Rottemberg, las palabras que le dejó el actor son un recuerdo de la amistad que tuvieron a lo largo de los años: “Era una amistad tan fuerte que es un regalo que me dio antes de morir”. Es por ello que, tras el fallecimiento de su amigo, llamó a la editorial para sumar un extra muy especial: una carta abierta dirigida a Brandoni como respuesta a sus palabras preliminares.
La estructura de los prólogos se completa con la mirada internacional de Laura Ventura, periodista con una extensa trayectoria en el diario La Nación y actualmente radicada en España. El productor explica la elección de sumar a la periodista como una mirada ajena al periodismo argentino.
¿Cuándo será la presentación oficial del libro?
El lanzamiento oficial de “Pasen y Lean” se llevará a cabo en el Teatro Liceo y contará con una dupla de conductores de lujo sobre el escenario: los periodistas Pablo Sirvén y Any Ventura. Según pudo acceder Noticias Argentinas, la velada promete reunir a figuras estelares del mundo del espectáculo, la cultura y el ámbito editorial.
(*) Agencia Noticias Argentinas
Literatura
El verano más feliz de Sylvia Plath
Por Luis Carranza Torres (*)
Se conocieron el 25 de febrero de 1956, en una fiesta en Cambridge organizada para celebrar una revista estudiantil, el St Botolph’s Review, en la que él tenía un poema.
Ella tenía veintitrés años, una beca Fulbright y una ambición literaria que no le cabía en el cuerpo; él, dos años más y una reputación de poeta salvaje que crecía entre los pasillos de la universidad.
Sylvia Plath no llegó a esa fiesta de Cambridge como una aspirante más. Ya llevaba media vida publicando: había asomado en letra impresa desde niña, había sido becaria de la revista Mademoiselle en Nueva York a los veinte —experiencia que después transformaría en la médula de La campana de cristal— y cargaba también con una primera crisis grave: en 1953 había intentado quitarse la vida, episodio que la llevó a electroshock y que iba a atravesar buena parte de su obra futura. No era una promesa en ciernes sino una escritora ya formada, obsesivamente disciplinada, decidida a que el mundo la leyera.
Lo que no sabía —no podía saber— era que su reconocimiento mayor iba a llegarle después de muerta: recién en 1965, dos años tras su suicidio, se publicaría Ariel, el libro que la volvería una de las voces centrales de la poesía confesional del siglo XX, y en 1982 un Pulitzer póstumo por sus poemas completos terminaría de sellar ese lugar.
La leyenda dice que esa noche se mordieron: ella a él en la mejilla, él a ella en el cuello. Sea o no exacto en ese detalle, lo cierto es que el vínculo fue instantáneo y devorador. Cuatro meses después, el 16 de junio de 1956, se casó con él, Ted Hughes, en secreto en la iglesia de St. George the Martyr, en Queen Square, Londres. Secreto porque ella temía perder la beca; secreto, también, porque a esa altura ya sabían que su historia iba a necesitar cierta clandestinidad para sobrevivir a los otros.
La luna de miel los llevó primero a París, después a Madrid, después a Alicante, y finalmente a un pueblo de pescadores en la costa levantina del que casi nadie fuera de España había oído hablar: Benidorm. Un puñado de casas blancas trepando por un promontorio rocoso, barcas de sardineros, burros tirando de carros por calles de tierra, y una economía que giraba en torno a la pesca y a muy poco más.

Llegaron en ómnibus. Al ver esa primera vista del mar centelleante, la curva limpia de la playa, las casas inmaculadas, Plath sintió que habían encontrado su rincón en el mundo. En ese mismo ómnibus una viuda que chapurreaba francés, a la que en su diario llamó Mangada, les ofreció alojamiento en su casa, frente al paseo marítimo. Fachada color durazno pálido, vista directa a la playa. Y allí se acaba lo idílico. También había chinches, no tenía agua caliente ni heladera, el baño era minúsculo y necesitaba limpieza, la alacena tomada por hormigas, y no encontraron cubiertos por ninguna parte.
La curiosidad vecinal sumó una molestia más a la necesidad de dos escritores de tener paz para crear. Los lugareños se asomaban a mirar a esos ingleses raros que dormían hasta tarde y pasaban el día encerrados aporreando sus máquinas de escribir. A partir de las diez de la mañana, notó Plath, estaba más pendiente de las miradas ajenas que de su propia página.
El agobio provocó mudarse a una casa en la calle Tomás Ortuño, número 59, cerca del centro del pueblo, donde pasaron el resto de la estadía. Ahí sí encontraron lo que buscaban: una casa entera para ellos, autosuficiente, sin teléfono ni visitas que los interrumpieran.
Se levantaban temprano, mataban moscas, escuchaban las campanillas de los carros de los burros y los pregones de la panadera, calentaban la leche que habían hervido la noche anterior. Plath vivía con un marido que admiraba sin reservas en una casa tranquila, con el mar al final de la calle y las montañas alrededor.
Lo entendió como la felicidad plena y eso se tradujo en su pasión por las letras. La productividad literaria de esas semanas fue real y está documentada: además de las entradas de diario —algunas de las cuales funcionaron como borradores de piezas mayores, como el relato “That Widow Mangada” y el proyecto que ella llamó Sketchbook of a Spanish Summer— escribió poemas directamente inspirados en la vida del pueblo: uno sobre las mujeres que remiendan redes de pesca vestidas de luto, otro sobre los melones que llegaban al mercado en carros tirados por burros, otro sobre los mendigos del pueblo. Hughes, por su parte, dejaría su propia huella de ese verano años después, en poemas como “You Hated Spain”, incluidos en Birthday Letters (1998), su ajuste de cuentas retrospectivo con el matrimonio entero.
Dibujó, también. Bocetos a pluma y tinta de las casas agrupadas en el acantilado, de las barcas sardineras con sus luces características, de un callejón del pueblo conocido como el Carrero dels Gats.
Dejaron Benidorm hacia fines de agosto, cruzaron a Barcelona el 22, pasaron una semana en París y volvieron a Inglaterra el 29 de agosto de 1956.
La nostalgia por ese verano español la acompañó el resto de su vida breve: en cartas y diarios posteriores volvió una y otra vez a la imagen del pórtico de la casa de Tomás Ortuño, cubierto de parras, con una franja de Mediterráneo turquesa asomando entre las hojas. Un recuerdo que la calentaba como un sol interior en los inviernos ingleses.
No pudo ser más contrastante con lo que siguió después. Y, sobre todo, con el fin que dio a su vida. En 1962, mientras el matrimonio se desmoronaba por la relación de Hughes con Assia Wevill, él viajó con ella a España, y una parte de ese viaje —según más de una fuente biográfica— tocó justamente la zona de Benidorm y sus alrededores. El paraíso de 1956 quedó, así, doblemente arruinado: primero por el tiempo, después por la deliberada profanación del lugar. Sylvia Plath se quitó la vida en Londres, siete meses después de enterarse de la infidelidad.
Era un invierno londinense particularmente duro (el de 1962-63 fue uno de los más fríos del siglo en Inglaterra). Ella estaba sola en la casa de Fitzroy Road con dos hijos chicos, un matrimonio destruido, con problemas de salud y una depresión in crescendo.
El 11 de febrero de 1963 dejó pan y leche junto a las camas en el dormitorio de sus dos hijos pequeños que dormían. Luego, selló con cinta y toallas las puertas del dormitorio y bajó a la cocina, donde hizo lo mismo, antes de meter la cabeza en el horno y abrió el gas. El gas doméstico británico de esa época era gas de hulla (coal gas), con alto contenido de monóxido de carbono. No era la primera vez que lo intentaba. Tenía treinta años. La encontraron esa misma mañana, sin vida.
Antes de eso, durante esas semanas en Benidorm, en ese verano español, hubo una felicidad que ella misma describió, sin ironía ni sombra alguna, como total.
(*) Abogado y escritor cordobés – Especial para Contarte Cultura
Literatura
Se puso en marcha la edición 2026 de la Feria de Editores
La edición 2026 de la Feria de Editores (FED) comenzó este jueves y se extenderá hasta el domingo 9 de agosto, de 14 a 21, en el C Art Media, en Avenida Corrientes 6271 de CABA, con entrada gratuita a través de https://www.passline.com/eventos/feria-de-editores.
Participan más de 330 editoriales de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, Uruguay y España con sus novedades de narrativa, ensayo, poesía, música, cine, libros ilustrados y libros álbum, novela gráfica, ciencias sociales, humanidades, periodismo, entre otros.
Labor librera
Por sexto año consecutivo, se entrega un reconocimiento al trabajo de las librerías. En esta edición la ganadora es Volcán azul, de Córdoba, a cargo de Soledad Graffigna. Como premio obtuvo 4.000.000 de pesos para comprar libros, más el 50% de descuento en todos los stands adheridos de la feria.
Volcán azul libros (Córdoba) es una librería independiente en la ciudad de Córdoba. Quienes están a cargo consideran que “un libro puede salvar una vida” y trabajan todos los días para que cada cliente encuentre esa lectura salvadora. El catálogo se focaliza principalmente en literatura contemporánea, editoriales independientes y mucha poesía. Además de libros, el espacio también ofrece talleres culturales para aprender y disfrutar de un buen momento.

“La verdad es que estoy muy emocionada y feliz por este reconocimiento. Para mí la librería es como un hijo más, al que le pongo mucho amor, trabajo y sacrificio. A veces, en la situación en la que vivimos, se hace un poco frustrante la tarea así que recibir este reconocimiento es como una palmadita en la espalda que da fuerzas para seguir. Además quiero destacar que me hace muy feliz la gente con la que trabajo: proveedores, distribuidores, editoriales, es una parte muy hermosa de ser librera. Estoy muy agradecida y defendiendo junto a mis colegas la no derogación de la Ley 25.542”, sostuvo Graffigna.
Las otras cuatro librerías preseleccionadas este año fueron: La sede (Bariloche), Fervor (Mar del Plata), Medio pan y un libro (CABA) y Atlántica libros y café (CABA).
Afiche 2026
La ganadora de esta edición del afiche de la FED fue la ilustradora Ornella Pagliaruolo (@pagliaruolo). Su afiche destaca por su síntesis visual y fluidez. “Es una propuesta que captura a la perfección la identidad de la FED26”, destacó el jurado a la hora de premiarla como la imagen oficial del evento.

“Siempre me gustó el afiche como pieza gráfica y hacía tiempo que quería hacer uno para algo que realmente me convocara y entusiasmara. La convocatoria de la FED fue la oportunidad perfecta porque es un espacio muy lindo que reúne y da visibilidad a muchos proyectos editoriales, así que el hecho de que mi afiche haya sido elegido fue una felicidad muy grande y, a la vez, una motivación para seguir haciendo muchos más”, agradeció Pagliaruolo.
Rumbo a Guadalajara
Por segundo año, la FED con el apoyo de CPS Soluciones Gráficas entregó el “Premio Rumbo a Guadalajara”, que promueve que un editor o editora participe de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, uno de los eventos más importantes del mundo hispanohablante para la industria del libro. El objetivo es fomentar el intercambio cultural en el sector editorial de la región.
El premio, que se entregó el jueves 23 de julio, fue para la editorial argentina Gourmet Musical Ediciones, del editor Leandro Donozo. Es una sello argentino fundado en 2005 dedicado exclusivamente a la publicación de libros sobre cultura musical y musicología especializada en temas argentinos y latinoamericanos

Desde la editorial se proponen “publicar trabajos que, sin resignar rigor científico, teórico y/o documental puedan ser un aporte, no sólo para los profesionales de la música y la musicología, sino para facilitar y mejorar el acceso al conocimiento musical del resto del campo intelectual y cultural”.
“Es una gran oportunidad poder participar por primera vez en la Feria del Libro de Guadalajara, una de las más importantes de la región. Nos interesa muchísimo hacer llegar nuestros libros de música argentina y, también global, al mercado mexicano y a otros países donde actualmente nos es difícil llegar y Guadalajara es, en ese sentido, un punto de encuentro muy importante para reunirse con editores, distribuidores y otros actores importantes del mundo del libro. Estamos muy contentos con esta iniciativa de la FED y sponsor de apoyar a editoriales en esta iniciativa tan importante”, expresó Donozo.
Exposición
Por primera vez, Gran Salón México (GSM) llega a la Ciudad de Buenos Aires con una selección de obras originales de algunos de los ilustradores más representativos de la escena contemporánea mexicana, a través de una curaduría especialmente realizada para esta ocasión.
Participan los artistas Aldo Jarillo, Alejandro Magallanes, Amanda Mijangos, Armando Fonseca, Beto Petiches, Carlos Rodríguez, Dr. Alderete, Israpop, Jimena Estíbaliz, José Fabián Estrada y Rodol Pizano.
El GSM es una plataforma independiente dedicada a la ilustración contemporánea que, desde hace más de una década, impulsa la circulación, visibilización y profesionalización de ilustradores a través de exposiciones, publicaciones y proyectos internacionales.
(Fuente: Mariana Hunt – Prensa / Fotos: Matías Moyano)
Debes iniciar sesión para publicar un comentario. Acceso