María Cristina Ramos: “Lo que calma y alimenta mi sed es lo poético que leo o que develo en mi escritura”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Existen sonidos en el interior de cada palabra, una música que resuena, crece, se multiplica; son susurros que despiertan y adquieren volumen, son voces que se vuelven diversas, siempre nuevas, como si replicaran otras, apenas audibles en los rincones de la naturaleza, el territorio donde nace el lenguaje.

María Cristina Ramos es docente, escritora y narradora, en su interior resuenan las voces que germinan en el agua, en el aire, en la tierra que ella abona con su poesía.

Leer el paisaje que nos rodea para escribirlo, ha sido y es su huella en el camino de palabras que transita desde hace muchos años.

En diálogo virtual con ContArte Cultura, la autora nos lleva a su mundo de libros y adelanta sus próximos pasos.

—En este comienzo queremos entregarte una semilla imaginaria. Dentro de ella vive un poema que te representa, ¿cuáles son las primeras palabras que ves asomar al momento de germinar en tus manos?
—Es mejor no revelarlas; las palabras, como todo lo que nace, debe ser cuidado hasta que cobre sostén, consistencia, eso que se necesita para mirar el mundo y seguir estando de pie.

—¿En qué momento despertó tu gusto por la palabra y la música que la constituye?
—Muy tempranamente y gracias a la conversación que crecía en la tranquilidad de mi casa materna. Creo mucho en la siembra de lo conversacional, su vaivén de palabras, las frases en espera, el trasfondo de miradas y sonrisas. También fue posible porque había otra conciencia en el manejo del tiempo. “En mis tiempos, había tiempo”, como dice María Elena.

—¿Creés que es necesario detenerse en los detalles para percibir la poesía que nos rodea? ¿Es tu mirada la que logra capturar esa poesía?
—La poesía, lo armónico, lo misterioso está. Algunos más que otros somos sensibles a esto; las niñas y los niños lo son. Su mirada es capaz de detenerse para beber el instante singular en que se precipita una gota de agua, o se enciende el alerta en los ojos del gato. Pueden ver lo minúsculo y seguir su trayectoria con un silencio de imaginario en obras, de pensamiento formándose. Esa construcción es el umbral de lo poético. Lo ideal es que el entorno no inhabilite esa capacidad, que los adultos sepamos acompañar y valorar esas sensibilidades que tanto necesitamos.

—¿Cómo vivís el proceso de desarrollo y crecimiento de un texto, desde la imagen o la palabra que lo originan hasta el punto final?
—Con naturalidad, porque lo hice siempre, aunque no siempre mi entorno fue propicio. Necesito escribir como algo que sostiene el resto de mi mundo;  la pared interior de lo cotidiano está tejida en palabras. Lo que calma y alimenta mi sed es lo poético que leo o que develo, poco a poco, en mi propia escritura.

—La naturaleza está presente en muchas de tus obras. Contanos acerca de las series “Aguamundos” y “Airemundos”, en las que palabras e imágenes se funden en coplas que despiertan los sentidos.
—Tanto los mundos del agua como los del aire son espacios a poblar por lo imaginario poético. Es lo que pienso y me gusta compartir con otras miradas. Esa maravilla que brota a veces de un punto escondido de la naturaleza pero también del mundo secreto que se mueve en la interioridad de cada uno. Son intentos de acercar la poesía de un modo más íntimo y lúdico. Desde que estoy compartiendo estas series, he recibido relatos y comentarios de madres y maestras que me cuentan el impacto de los mismos en chicas y chicos. Me envían fotos de instantes en que se zambullen en los juegos que permite la poesía. Los chicos y chicas lectores también me escriben, como si nos conociéramos desde siempre. Quiero creer que sí, que nos conocemos. Esa cercanía me da mucha tranquilidad.

—¿Cómo nace tu proyecto editorial Ruedamares y qué novedades tienen planeadas para este año o el próximo?
—Nace en un momento de crisis, el año 2002. Y hemos seguido, paso a paso, con mucho esfuerzo pero alimentando la convicción que nos sostiene. Ahora tratamos de cruzar el nuevo desafío que nos ha deparado este tiempo. Y proyectamos, nos proyectamos en los libros que están en espera, y en la esperanza de sumar nuestro trabajo a la idea de un país cada vez más lector, más lúcido y más sensible.

—”Aroma en su laberinto” es uno de esos caminos de la editorial, ¿qué podemos encontrar en cada “tecito” convertido en poema?
—Es un intento de recuperar esa campana de aire y aroma que es el té. La cercanía de lo que se quiere, los rituales de la casa y de la memoria, la breve calma, la servilleta blanca. Es, en la memoria, la madre y su palabra también bálsamo. Es lo que atribuimos al momento del té, de un tecito, el que elegimos para abrigar el corazón.

—La colección “La casa del aire” reúne varias obras destinadas a los docentes y bibliotecarios, ¿cómo fueron recibidos esos textos que abren las puertas de la lectura?
—La colección La casa del aire es para mediadores de lectura y escritura. Son, por ahora, tres libros que piensan la literatura en la escuela y procuran acompañar los espacios del imaginario con prácticas que acompañen y ahonden la experiencia de leer. Han sido muy bien recibidos y es un deseado pequeño aporte al trabajo diario de compañeras y compañeros docentes, en cuyas manos se afina la música posible de la lectura.

—¿De qué manera trabajás con los ilustradores? ¿Hay un intercambio de miradas sobre cada texto?
—Intento que sea un diálogo, que haya lugar para el descubrimiento y que los dos lenguajes, la palabra y la ilustración, se potencien. Después, la edición sostiene y configura la propuesta del libro. Hay que buscar – y esto no es sencillo- una obra capaz de hospedar, una obra que permita ser habitada por los lectores.

—¿Hay algún libro o proyecto en el que estés trabajando por estos días?
—Sí, pero de eso hablaremos más adelante…

—Para terminar, si pudieras elegir algunos nutrientes fundamentales para abonar la tierra en la que germinan los lectores, ¿cuáles serían y por qué? ¿En qué lugar te gustaría sembrar nuestra semilla del comienzo?
—No sabemos cabalmente cuáles son los nutrientes que necesitan. Seguramente una lectura variada, en soledad y compañía. Tenemos que nutrirnos nosotros, los mediadores. Hay que crecer mucho para estar a la altura de chicas y chicos lectores.

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