María Teresa Andruetto: “Es a ese ser real que se genera dentro de mí al que persigo con la escritura”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)
Edición: Walter Omar Buffarini //

Cada paisaje tiene su propia voz. En los intersticios de la vida se ocultan las palabras que nos constituyen y que, cada tanto, emergen para recordarnos el sitio al que pertenecemos. María Teresa Andruetto está atenta y escucha, logra adentrarse en esa lengua que teje la historia de los pueblos, se introduce en los rincones y posa sus ojos en los fragmentos con los que construye cada una de sus ficciones.

Es allí, en el interior de esos mundos imaginarios, donde vierte, gota a gota, los textos que forman parte de su esencia, como si de esa manera pudiera convertirse en cada uno de los paisajes recorridos y volverse poema en erupción sobre las voces que mutan para permanecer.

En diálogo con ContArte Cultura la escritora cordobesa mira el camino recorrido, cuenta sus vivencias con la palabra y presenta su libro “Poesía reunida”.

Mirando hacia atrás en la ruta recorrida, ¿Recordás en qué bordes del camino se despertó tu interés por las palabras y las múltiples posibilidades que las habitan?
—El interés por las palabras creo que está desde siempre. Yo vivía en una casa donde había mucho relato, más allá de que había libros y que eran algo muy valorado. Era una casa sencilla, modesta. Y cuando yo era chica la condición era francamente pobre, pero con una pobreza transitoria, en el sentido de que dentro de esa estrechez existían fuertes capitales culturales y precisamente entre ellos estaba el libro. Mi mamá era lectora y mi papá transitaba con los recuerdos de su vida en Italia, su conocimiento de la música, de la literatura, de la historia italiana. Insisto en que era una casa donde había relatos, muchos de ellos respecto de la vida que habían tenido ellos antes, de sus familias, de los vecinos de su infancia, de la historia de sus pueblos. Lo de mi papá se justifica mucho porque él quería que nosotros estuviéramos al tanto de la vida de toda su familia en Italia, y en mi mamá porque era algo muy natural en ella, era una persona que sabía contar muy bien. Todo eso hizo que la palabra, el relato, y la musicalidad de las palabras también, estuvieran desde siempre en mí. Aprendí a leer antes de ir a la escuela, después me volví una lectora voraz y luego empecé a borronear escritos, a contarle historias a mis compañeras de curso buscando que me quisieran, para hacerme amiga, después estudié Letras… siempre estuvo ahí, a la mano para mí, la palabra, la música de la lengua, los relatos.

—¿De qué manera lográs construir con el lenguaje la arquitectura de tus ficciones, esos otros mundos en los que se esconde y se proyecta el nuestro?
—Nunca busco deliberadamente un asunto para escribir, nunca jamás lo he hecho. Tampoco lo he necesitado porque hay muchas cosas que me llegan, que me impactan sin que yo las busque, y esa sorpresa que tengo frente a algo que veo o escucho es lo que me lleva a escribir. Ese es el origen, después se mezcla con muchas cosas que suceden mientras escribo, o que recuerdo. A mi me parece que lo que uno hace finalmente cuando escribe es como meter en una coctelera un montón de elementos que van apareciendo, que piden ser incluidos sin que no sepa muy bien por qué, y con todo eso se va armando algo que va tomando temperatura. Es el lenguaje que se va calentando, se va haciendo una cocción, de modo que podría decir que, como en el caso de la coctelera, la escritura es batir los distintos elementos que aparecen, que como digo son elementos no buscados y que llegan tanto a la cabeza como al corazón. A veces una sabe por qué, y a veces ni siquiera eso.

—¿En qué lugares se detiene tu mirada para regresar con las imágenes que despiertan tu creatividad? ¿Cómo despiertan los personajes en tu interior? ¿Hay un encuentro de voces con cada uno de ellos?
—Veo algo en la calle, una imagen que después me lleva a preguntarme por qué esa persona hace eso o por qué estará en esa situación, y ahí empiezan a aparecer cosas de la memoria, cosas que están almacenadas. Tengo un gran registro de memoria emotiva, porque tengo una profunda empatía con las personas, entonces algo se guarda en algún lugar sin que yo lo prevea para un futuro uso escritural. Allí se funden, se unen. Respecto al encuentro de voces con los personajes, debo decir que yo no le doy la palabra a nadie si no lo he escuchado hablar en mi interior. Tengo que oír esa voz. En definitiva, lo que veo y lo que escucho, todo se hace real dentro mío y es a ese ser real que se genera dentro de mí al que persigo con la escritura.


“La escritura es batir los distintos elementos que aparecen, que son elementos no buscados y que llegan tanto a la cabeza como al corazón”


—En las aguas de la literatura nadan las palabras que se dicen y las que se callan, ¿Crees que los silencios también ayudan a dar vida a un relato? ¿Puede aquello que no se dice convertirse en una voz que emerge en esas olas de silencio?
—Claro que los silencios ayudan a los relatos, diría más bien que es indispensable que en un relato haya silencios. Puede ser un silencio de la voz o puede ser algún asunto silenciado que el lector infiere pero que no está en superficie. Si no lo hubiera, si no existieran cosas sumergidas, omitidas, tampoco habría voz. Eso es algo que los escritores aprendemos de la música. Yo soy torpe para hacer música, aunque estudié doce años piano, pero si soy una escucha atenta. En la música uno aprende el equilibrio entre el silencio y el sonido, y la escritura es también así. Escribo tratando de oír la musicalidad de lo que redacto. Me interesa mucho eso.

¿Qué cosas pueden provocar la erupción de un poema dentro tuyo?
En mi caso, a la poesía ha ido lo más autobiográfico, entonces lo que provoca la erupción de un poema es algo que me ha pasado más directamente a mí. Algo de orden muy emocional, que tiene que ver con mi entorno muy próximo y muchas veces con mi historia. Porque me interesa mucho el poema-relato, contar una pequeña historia, pero contarla de un modo musical, de un modo distinto al del relato puro, con un modo que no renuncia a la musicalidad. Aunque en el relato la musicalidad también está presente, en la poesía tiene una intensidad mucho mayor. 

—Contanos acerca de tu libro “Poesía reunida”, ¿cómo nace la idea y de qué manera la llevaron adelante con la editorial?
—La idea de hacer Poesía reunida fue del editor Javier Cófreses, de Ediciones en Danza. Él fue quien me escribió y me dio esta sorpresa. No es que fuéramos amigos, lo que para mí lo hace más valioso todavía. Me escribió y después seguimos en contacto telefónico. Luego vino a casa en Sierras Chicas, desde Buenos Aires, para proponerme que hagamos el proyecto. Todo fue muy conversado. Él quiso que estuvieran todos mis libros, pero yo tenía dudas sobre los primeros, pero Javier me convenció de que tenían que estar todos. Entonces le pedí ir desde el presente hacia el pasado, y agregué algunos poemas inéditos, que revisé y pulí para esta publicación. Javier también le pidió el prólogo a Jorge Monteleone, que es realmente excepcional por la profundidad y la generosidad tremenda con la que se ha metido en mis poemas. Y también de Javier fue la idea de agregar algunas fotos privadas, familiares, que se conectan con los poemas porque, como ya he dicho, la poesía va hacia ese lugar más íntimo, y entonces revisa mi entorno más privado, mis abuelos, mi madre, mi papá, mi hermana, mi compañero, mis hijas, mi casa, la familiar y la que casa en donde vivo. Por ahí van los poemas, nunca han ido por otro lado.


“La poesía va hacia un lugar más íntimo, en cambio en la narrativa miro el mundo de los otros. En fin, así se ha distribuido mi corazón… entre los géneros”.


—¿En qué proyectos estás trabajando por estos días?
—Tengo dos libros en proceso de edición que seguramente saldrán en marzo del año próximo. Uno se llama Selene y es un cuento largo que va a salir en una colección para jóvenes en Editorial Sudamericana, que está ilustrado por el artista plástico Germán Wendel y que es la historia de una chica con una mujer que la cuida a raíz de una imposibilidad que ella tiene, pero es el pretexto porque es un poco la confrontación entre dos culturas: la de la chica, más urbana y joven, de niña grande, y la de la mujer que la cuida, más rural, más norteña. El otro pertenece a Random House Mondadori, y es un libro de crónicas que todavía no tiene el título definitivo, aunque estamos trabajando en ello. Es la escritura de unas crónicas orales que realizo en la radio los días viernes. Son breves textos e historias de gente que he conocido, de la que sé, y que de alguna manera se vinculan con la literatura. Luego tengo un cuento que se mantiene inédito y que no sé muy bien que voy a hacer con él. Es un mismo relato contado tres veces con finales distintos. Y también estoy empezando con una novela, que tampoco tiene título aún, en la que espero avanzar en el verano.

—Para concluir, si pudieras guardar un deseo en una sola palabra, ¿cuál sería la palabra elegida?
—Si pudiera guardar un deseo en una sola palabra, esa sería amor. Empatía con el otro. Deseo de un mundo más justo.

(Fotos: Diario La Voz de Córdoba / Hugo Suárez Fotografía)

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