Mariela Giménez: “Soy una observadora de la realidad, ahí encuentro la inspiración para mis historias”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) //

A menudo la vida se presenta fragmentada. Las verdades, divididas en trozos de silencio, se ocultan en el tiempo y se pierden detrás de las máscaras, como si de esa manera pudieran perpetuar el mutismo de los secretos.

Mariela Giménez, atraída por el perfume de una historia que emergió desde su interior, logró soltar las palabras que dieron forma a sus personajes, a quienes acompañó con su voz, página por página, ayudándolos a tomar entre sus manos cada uno de los fragmentos que conducen a esa verdad.

Las piezas encastran, una se adhiere a la otra, y el amor es el cemento que acorta las distancias y une.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora santafesina toma la palabra y presenta “Entre senderos de lavanda”, su última novela que compartirá con su lectores el 29 de noviembre en la librería Gran Splendid.

—Para comenzar esta entrevista te entregamos un espejo, se trata de uno pequeño y antiguo, que se hace visible en las manos de aquellos que logran escuchar sus palabras, ¿qué te cuenta ese espejo en el que tu imagen habla de vos y lo trasciende? ¿Cuáles son las primeras palabras que escuchás salir de su boca de vidrio?
—Las primeras palabras que escucho son “esto sos”. Así me siento, soy más auténtica que nunca. Me encuentro ahí entre letras, entre historias, las que leo y las que escribo. Ese mundo interno, que por mucho tiempo fue privado y exclusivo, encontró en mis libros una puerta por la cual asomarse, para mirar hacia afuera y para dejarse mirar. Hoy me disfruto y me comparto con muchísima alegría. Creo que eso es la felicidad, poder disfrutar de ser auténticos, reales.

—¿En qué curva de tu camino la escritura se hizo parte de vos?
—Desde chiquita, la escritura me define. Por ejemplo, cuando tenía nueve años, escribí un poema para un tío muy querido, Dante era su nombre y el poema se llama “El bandoneón”. Con mucho amor, agradecido por el regalo, puso el poema en un portarretratos que aún hoy está en la repisa de su casa. Cuando vi ese poema ahí, entre adornitos que no me dejaban tocar porque era muy chiquita, sentí un orgullo tan grande que mientras te cuento esto se me hace un nudo en la garganta. ¡Escribir me emociona! Más adelante, en la adolescencia, escribía cuentos en mis diarios íntimos, porque así consideraba mis escritos: íntimos. No me animaba a compartirlos con nadie. En la secundaria, tuve una profesora de literatura, Stella Cabot, que me estimuló y me animó a creer que podía convertirme en “escritora”, esa palabra que para mí era igual que me dijera que podía convertirme en “súper heroína”. Y lo hice, me llevó mucho tiempo y mucho trabajo, pero también empecé a creer que era posible. Hoy siento que empiezo a acariciar este sueño hecho realidad.  

—¿De qué manera se desatan las ideas o las imágenes que te llevan a construir una historia de ficción?
—Soy una observadora de la realidad, de lo que me rodea. Ahí encuentro la inspiración para mis historias. En lo cotidiano está la magia.

—Contanos cuál fue la primera flor que te llevó a transitar los senderos de lavanda, hoy convertidos en un libro, que sin dudas es el fruto de aquel primer perfume con olor a novela.
—Estoy convencida de que la inspiración sobrevuela cuando el alma está atenta y el corazón permeable. Así sucedió con mi última novela. La historia nació en un desayuno con amigas, mientras hablábamos de lo que tanto nos gusta… libros, autores, historias. Las letras eran la red que nos sostenía, el clima inspirador que nos rodeaba. Entonces, una persona se sentó cerca de nuestra mesa y de inmediato algo capturó mi atención. Me pregunté qué hacía ahí, ¿de dónde venía? ¿Hacia dónde iba? ¿Esperaba a alguien? Algo en su actitud me invitó a soñar una historia para él y hoy esa historia se llama Entre senderos de lavanda

—¿En qué tiempo histórico se desarrolla la trama de esa historia?
Es una novela contemporánea.

—¿Sobre qué escenarios se desplazan tus personajes para recuperar los trozos de una vida fragmentada y encontrar el amor?
—La novela se sitúa en el sur de Francia. La historia comienza en la portuaria ciudad de Marsella y luego se desplaza hacia la zona de Provenza, particularmente a un pueblo llamado Gordes, una maravilla rodeada de campos de lavanda y enclavado en la montaña. 

—¿Quiénes son los protagonistas de esta historia y qué rasgos físicos o psicológicos te gustaría destacar de ellos?
—Los protagonistas de esta historia son Anna y Pascal. Anna es una fotógrafa forense. Tiene treinta años, vive en Marsella, y es una mujer independiente, que emana seguridad. Aunque esconde un secreto… Internamente, convive con una pregunta que la atormenta. Desconoce la identidad de su padre. Es la búsqueda de esa porción de su historia, que le fue arrebatada, la que da inicio a esta historia. Buscará descubrirse en sus raíces, en su pasado y en una historia que desconoce. Y “si se deja guiar por el corazón, encontrará más de lo que busca”. Pascal será testigo de la evolución de Anna, pero también protagonista de su propio aprendizaje; se debate entre caminar el sendero que cree que marcan para él o diseñar su propio recorrido.

—¿Qué elementos de tu novela creés que sirvieron de punto de encuentro con el sello Vera Romántica?
—Vera es un sello romántico que apuesta por historias frescas, contemporáneas, con temáticas variadas que nos atraviesan y nos interpelan todo el tiempo. Proponen historias que, como espejos en los cuales mirarse, invitan a pensarnos y a descubrirnos en la lectura. Entre senderos de lavanda es justamente eso: una invitación a creer que es posible construir la propia historia. ¿Somos quienes dicen que somos o podemos desafiar nuestros límites? Esa es la invitación, la pregunta a develar. 

—¿Cuál fue el capítulo que más disfrutaste escribir y cuál el más difícil?
—Todos fueron muy especiales, unos por difíciles, otros por apasionados, dramáticos, caóticos, entrañables, emotivos. Todos esos vaivenes encontrarán en estos senderos. Como en la vida misma.  En la historia, cada detalle tiene su importancia para tejer la trama. Abordo cada capítulo con el mismo compromiso y entusiasmo, aún los más duros.

—Volviendo al espejo del principio, si pudieras dejar un sueño escondido en su superficie que se refleje en cada uno de tus lectores, ¿cuál sería?
—Nunca se detengan… Que la búsqueda siga constante, que el corazón siempre palpite con nuevas emociones, que el alma expanda sus límites y que la historia nunca cese de escribirse.


Mariela Giménez

Es psicóloga y escritora. Ávida lectora, descubrió en la temprana adolescencia que tenía sus propias historias que contar. En 2012, publica Azabache, el color de la pasión; trilogía que completa con Esmeralda, el color de la obsesión (2013) y Ámbar, el color de la mentira (2013). Luego publicó Entre luces y sombras (2014) y Primaveras para Elías (2015). Participó además de la antología Ay, amor. Diez historias para enamorarte (2015), junto a autoras de la talla de Cristina Bajo, Florencia Bonelli y Gloria Casañas. En 2017, comprometida con la cuestión de género, convoca e invita con #UnaLucrecia a una mirada reflexiva acerca de la violencia. Con la publicación de Entre senderos de lavanda, propone descubrir la esencia del ser en el encuentro con el otro.

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