Natalia Rodríguez: “Hay algo de la música de las palabras que queda resonando… una voz que quiere ser relatada”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)
Edición: Walter Omar Buffarini //

En el extremo de las palabras, justo allí donde posamos nuestra mirada, existe una historia para contar, una imagen que nos llama, un sonido que se desprende y deja en el aire las notas justas para dar comienzo a aquello que merece ser narrado.

Natalia Rodríguez observa, se detiene en los detalles, escucha la música que proviene de las palabras, como un murmullo, como un viento liviano que la lleva a transitar el universo de letras con las que construye sus ficciones.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora presenta su primera novela “Era tan oscuro el monte”, publicada por Mardulce, y cuenta en qué proyecto está trabajando por estos días.

—Para comenzar esta entrevista te proponemos un juego de presentación: supongamos que te convertís en la protagonista de tu próxima novela, ¿con qué palabras te gustaría comenzar esa historia?
—La ficción es mi refugio, así que no creo que nunca vaya a protagonizar ninguna novela: no hay nada interesante sobre mí que merezca ser contado, y menos leído. Pero, si jugamos un poco, creo que empezaría contando algo sobre la maternidad, sobre mi hijo, que es lo que más me marcó y me enloqueció y me desequilibró hasta ahora. Esas cosas que importan de los personajes.

—Contanos de qué manera las letras despertaron en vos para contar historias.
—Escribo desde muy chica, desde que aprendí, así que no tengo recuerdos de un momento puntual o algún hecho que me haya marcado este camino. Hay algo de la música de las palabras que queda resonando adentro. Son una canción, una imagen, una voz que quiere ser relatada. Y una vez que atrapás esa melodía, solo resta escarbar y contarlo todo. Así que supongo que primero fue la música y después vino todo lo demás: la construcción del universo narrativo.

—¿Qué cosas cotidianas se convierten en imágenes inspiradoras para escribir?
—Como te dije antes, mis cosas cotidianas son muy aburridas, así que no me sirven de mucho. Pero la calle sí. Los que atienden los negocios, los que viajan en colectivo, las estaciones de trenes, las plazas de los pueblos, los barrios, el riachuelo. Y también los libros. Lo que estoy leyendo, lo que me recomiendan leer mis amigos cuando les cuento (o padecen) lo que estoy escribiendo. Podría decir que esas cosas cotidianas son las relaciones humanas y las lecturas.

—¿Cómo se gestó en vos “Era tan oscuro el monte”, tu primera novela editada por Mardulce?
—Empecé a escribir la novela en el taller del Laiseca, que para mí era un espacio de felicidad. Me ayudó mucho el trabajo con mis compañeros, que ya son como familia. Los talleres sirven mucho para nutrirse de historias y lecturas, para llenarse de ideas. Laiseca siempre tenía una consigna a mano que disparaba textos directamente relacionados o bien derivados de esas consignas como por asociación libre. Lo importante era (y sigue siendo) escribir. Ahí surgió. Además, cuando empecé a escribir la novela estaba en un momento de mudanza, de contrariedades, de no saber para dónde disparar. Quizás los personajes se tiñeron de algo de eso.

—¿Por qué elegiste ese título?
—Los títulos son un problema para mí. En este caso resolví tomar la primera oración de un capítulo que me parecía que resumía el origen y el destino de los protagonistas.

—¿Cuáles son los escenarios sobre los que tus personajes viven su historia?
—Quise ubicarlos en dos mundos: el monte, que es la vida que tenían los protagonistas antes de migrar; y el barrio con sus pasillos y su avenida, que es la vida a la que llegaron.

—¿Quiénes son ellos y cómo llevaste adelante el proceso creativo de sus rasgos físicos y psicológicos?
—Son una pareja de migrantes que viene a vivir a Buenos Aires escapando de su lugar de origen, donde los iba a encontrar la muerte. Los personajes se van construyendo con el relato, van tomando forma, van creciendo conmigo. No sé si volqué suficientes rasgos en la novela, no me interesaba demasiado; pero yo los conocía, tenían rostro, cuerpo. También conocía sus motivaciones, su forma de ser, su carácter. Me acompañaron durante tanto tiempo que se fueron convirtiendo en amigos cercanos. Los conozco, sé cómo son, sé qué harían en determinada situación; pero si me preguntás tres características de cada uno no sé decirte, aunque los conozco demasiado, hasta sus contradicciones.


“Pienso en textos que nunca envejezcan,
por eso trato de evitar algunas referencias
si no son necesarias para la trama.”


—¿En qué momento histórico se desarrolla la trama?
—Me gustaría que la novela sea leída siempre en tiempo presente, aunque no haga mención a celulares, ni a internet, ni a redes. Por ahí es ambicioso, pero pienso en textos que nunca envejezcan, por eso trato de evitar algunas referencias si no son necesarias para la trama, como el caso de las tecnologías, que cambian constantemente, o el valor del dinero, que te ancla a un período.

—¿Hay una nueva novela en camino?
—Estoy escribiendo sobre algo que me contó una muy querida compañera de trabajo. No sé si será novela o qué. Su abuela es partera, vive en Misiones, y con esa base estoy construyendo un mundo que poco tiene que ver con el trabajo de las parteras, y menos todavía con Misiones, pero fue un gran disparador.

—Un deseo para este año que aún tiene muchas páginas en blanco.
—Trabajo y salud. Y mucha alegría para mi niño.

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