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A 50 años de “Born to Run”: la epopeya sonora que salvó a Bruce Springsteen y marcó a una generación
Hay discos que definen carreras y otros que definen vidas enteras. “Born to Run”, el tercer álbum de Bruce Springsteen, hizo ambas cosas. A medio siglo de su lanzamiento, el 25 de agosto de 1975, este trabajo es un testamento del poder transformador del rock’n’roll y de la búsqueda desesperada por escapar, ya sea de la rutina, del pasado o de uno mismo.
En cada surco de este disco late la urgencia de un joven Springsteen de 25 años que sentía que no tendría otra oportunidad para decirlo todo y hacerlo a lo grande.
Antes de Born to Run, Springsteen era un músico prometedor con dos álbumes aclamados por la crítica pero sin éxito comercial: Greetings from Asbury Park, N.J. y The Wild, the Innocent & the E Street Shuffle.
Firmado por Columbia en 1972 con la etiqueta de “la próxima gran cosa”, el joven de Nueva Jersey aún buscaba el gran golpe. Había crecido en Long Branch, en un entorno obrero, moldeando su arte bajo el influjo de Elvis Presley y Bob Dylan. Para él, la música siempre fue una vía de escape; un medio para crear un mundo más grande que el barrio.
Con Born to Run, Springsteen se propuso algo tan sencillo como monumental: grabar el mejor álbum de rock que se hubiera escuchado jamás. Su idea era que sonara como “Roy Orbison cantando a Bob Dylan producido por Phil Spector”.
Para lograrlo, reformó su banda: David Sancious y Vini Lopez dejaron paso al tecladista Roy Bittan y al baterista Max Weinberg. Junto a Jon Landau —su productor y futuro mánager, el mismo que había anticipado en una reseña que Bruce era “el futuro del rock”— y el co-productor Mike Appel, Springsteen dio inicio a una odisea de 20 meses que transformaría su vida y la historia del rock.
La grabación se convirtió en una obsesión. Bruce pasaba interminables jornadas en el estudio, desde las 3 de la tarde hasta las 6 de la mañana, revisando cada línea, cada nota, cada arreglo. Según el propio Springsteen, “las sesiones se convirtieron en algo que me destrozaba, como si me golpeara contra el suelo”. La intensidad llegó a tal punto que, durante la última sesión, el 19 de julio de 1975, la banda permaneció 19 horas seguidas mezclando.
El perfeccionismo rayó en la locura. Cuando recibió el primer acetato masterizado, Bruce lo arrojó furioso a la piscina. Contempló regrabar todo el álbum en vivo y empezar de cero, pero su equipo logró convencerlo. “Al final de la producción había perdido la habilidad de escuchar con claridad”, confesaría años después.
En su autobiografía, llamada también Born to Run, Springsteen elogió el trabajo de Landau como productor: “Simplificamos las pistas básicas para así poder superponer densas capas de sonido sin caer en el caos sónico. Esto hizo de Born to Run una obra impregnada de historia rock y a la vez moderna. Hacíamos rock and roll dramático, denso. Born to Run es su mejor trabajo de producción en uno de mis más grandes discos”.
Ese sufrimiento dio lugar a una obra monumental, un disco “estructurado como un tanque, construido para ser indestructible”, según sus propias palabras. Las canciones de Born to Run funcionan como capítulos de una epopeya urbana, con personajes que podrían ser cualquiera de nosotros.
El viaje arranca con Thunder Road, una apertura cinematográfica, con ese piano inolvidable, que es mucho más que una canción: es una invitación a escapar. Una declaración de intenciones con romanticismo desbordante, en la que Mary y el narrador buscan huir hacia un futuro incierto, pero lleno de promesas.
Le sigue Tenth Avenue Freeze-Out, celebración festiva de la amistad y de la mística de la E Street Band. Su energía se percibe en la complicidad que se ve en la icónica portada fotografiada por Eric Meola. Night refleja el ansia de evasión que ofrece la noche: ese momento de alivio fugaz tras el día agotador, pura adrenalina y urgencia. Backstreets es el lado oscuro del disco. Una historia de lealtad y traición en los callejones, donde la amistad es la única salvación contra la resignación.
La cara B comienza con la canción homónima Born to Run, el corazón palpitante del álbum. Con su riff inicial arrollador y espíritu de locomotora desbocada, se convirtió en un himno generacional. Springsteen tardó seis meses en terminarla, obsesionado con cada sílaba, cada matiz. Salió como single mucho antes que el álbum, y ya entonces se sintió como una llamada urgente a romper con todo.
She’s the One combina el deseo y la lujuria, un amor vivido al filo del abismo, donde todo se consume con intensidad y peligro. Meeting Across the River ofrece un respiro íntimo y cinematográfico. Una historia de perdedores y pequeños delitos, que se convierte en una fábula poética gracias a los arreglos delicados y la interpretación sentida. Jungleland cierra la travesía.
Monumental en todos los sentidos, cuenta con el legendario solo de saxo de Clarence Clemons, grabado durante 16 horas ininterrumpidas. Una pieza donde se mezclan soledad, nostalgia y esperanza, cerrando el círculo con una fuerza emocional que pocos discos han logrado igualar.
El impacto de Born to Run no se limitó a la música. Con este álbum, Springsteen se consolidó como la voz de una generación, capaz de articular la frustración y los sueños de la clase trabajadora. Su autenticidad y compromiso social lo convirtieron en referente cultural.
El álbum llegó al puesto número 3 en el Billboard, consolidó la reputación de Springsteen como el Jefe del rock y su imagen ilustró las tapas de las prestigiosas revistas Newsweek y Time. En palabras de Clarence Clemons: “Nos convertimos en una banda haciendo Born to Run. Nos hicimos hermanos”.
Hoy, 50 años después, Born to Run sigue sonando como un grito de guerra, un himno a la vida, al amor, a la amistad y a la libertad. Springsteen no solo construyó un disco: creó un universo. Con cada escucha, nos invita a subir al coche, pisar el acelerador y escapar. Y en cada verso, nos recuerda que, aunque el mundo parezca desmoronarse, siempre hay una ruta esperando para ser recorrida.
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Ordenan en EEUU restituir un “Modigliani” robado por los nazis
Un tribunal del estado de Nueva York ordenó la restitución de una valiosa pintura de Amedeo Modigliani, expoliada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, al único nieto de su legítimo propietario, el marchante de arte Oscar Stettiner.
El fallo, emitido el pasado 3 de abril, pone fin a una batalla judicial de 17 años y reconoce los derechos de Philippe Maestracci, de 81 años, quien celebró la decisión como una reparación histórica. “Estoy feliz por mi abuelo y por su memoria”, declaró al diario francés Le Figaro.
La obra en cuestión, titulada “L’homme assis à la canne” (El hombre sentado con bastón), fue pintada en 1919 y está valorada en unos 21,5 millones de euros. El retrato representa a Georges Menier, miembro de una destacada familia de la industria chocolatera francesa.
Para Maestracci, sin embargo, el valor económico es secundario frente al significado simbólico. “Después de tantos años, lo que le hicieron a mi abuelo ha sido reparado”, afirmó el heredero, residente en la región de Dordoña.
La historia se remonta a 1940, cuando Stettiner huyó de París ante el avance de las tropas alemanas. Su galería fue saqueada y sus obras vendidas en 1944 en subasta pública en el Hôtel Drouot. Aunque en 1946 un tribunal francés anuló la venta y ordenó la restitución de las piezas, el “Modigliani” nunca fue recuperado antes de la muerte del marchante en 1948.
Décadas después, en 1996, la pintura reapareció en el mercado internacional en una subasta de Christie’s en Londres. Fue entonces adquirida por el coleccionista David Nahmad, radicado en Nueva York. Sin embargo, cuando intentó revenderla en 2008, surgieron dudas sobre su procedencia, lo que reactivó las investigaciones.
El caso dio un giro decisivo en 2025, cuando se presentaron ante la justicia estadounidense 54 pruebas documentales que vinculaban directamente la obra con el saqueo nazi y con la familia Stettiner. Estos elementos fueron determinantes para que el tribunal ordenara su restitución.
La decisión marca un nuevo precedente en los esfuerzos internacionales por devolver obras de arte expoliadas durante el nazismo a sus legítimos propietarios o herederos. No obstante, aún resta definir cómo y cuándo se concretará la devolución, mientras la colección Nahmad evalúa la posibilidad de apelar el fallo.
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Reliquias del rock salen a subasta en Londres con piezas de Queen, Beatles y Guns N’ Roses
Más de 400 objetos vinculados a figuras centrales de la música popular saldrán a subasta el próximo 30 de abril en Londres, en el marco del evento “Music Memorabilia” organizado por la casa Propstore, con piezas que recorren la historia del rock y el pop a través de nombres como The Beatles, Queen y Guns N’ Roses.
Entre los lotes más destacados se encuentran objetos provenientes del archivo personal de Peter Hince, histórico técnico de sonido y fotógrafo de Queen. Dentro de esa colección sobresale un micrófono dorado entregado a la banda como “Banda del Año” por la revista Circus en los años ochenta, con un valor estimado de entre 30.000 y 60.000 libras esterlinas. También se incluyen un vinilo azul de edición limitada de “Bohemian Rhapsody”, una bata utilizada por Freddie Mercury durante la gira “The Game Tour” y una tarjeta navideña enviada por el cantante en 1987.



El catálogo suma además una de las piezas más esperadas: un póster promocional del álbum “Double Fantasy”, de Yoko Ono y John Lennon, firmado por este último el 8 de diciembre de 1980, pocas horas antes de su muerte. El objeto, dedicado al presentador Ron Hummel, podría alcanzar entre 60.000 y 120.000 libras.
Otros artículos vinculados a The Beatles incluyen un borrador de la letra de “Goodbye”, escrita por Paul McCartney en 1969; un traje usado por Ringo Starr en 1964; y una partitura manuscrita de “While My Guitar Gently Weeps”, de George Harrison.
El lote de mayor valor estimado pertenece a Guns N’ Roses: una guitarra Gibson Les Paul ’59 utilizada por Slash durante la gira “Not In This Lifetime”, que podría alcanzar entre 150.000 y 300.000 libras.
La subasta también incluye piezas de George Michael, Jimi Hendrix, Michael Jackson, además de objetos asociados a bandas como Oasis y Mötley Crüe, junto a material autografiado por artistas que participaron en el histórico concierto “Live Aid”.
Fundada en 1998, Propstore es una casa de subastas especializada en objetos de utilería de cine y televisión, que en esta ocasión amplía su enfoque para reunir piezas clave de la historia de la música popular.
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El “Guernica”, nuevamente provoca tensión política en España
El “Guernica”, de Pablo Picasso, volvió al centro de la agenda política en España tras el pedido del Gobierno del País Vasco para trasladarla temporalmente a Bilbao, lo que derivó en un nuevo conflicto institucional sobre memoria histórica, identidad y conservación del patrimonio.
El lehendakari (presidente del Gobierno del País Vasco) Imanol Pradales solicitó formalmente el préstamo de la obra para exhibirla en el Museo Guggenheim Bilbao entre octubre de 2026 y junio de 2027. La iniciativa busca conmemorar el bombardeo de la ciudad vasca de Guernica en 1937 y un nuevo aniversario del primer Gobierno vasco, en lo que definió como un gesto de “reparación simbólica” y un mensaje internacional.
El planteo fue rechazado por el Museo Reina Sofía, donde la obra se exhibe de manera permanente, que argumentó “alto riesgo” para su integridad debido a la fragilidad del lienzo. La postura es respaldada por el gobierno de Pedro Sánchez, que sostiene criterios estrictamente técnicos para descartar cualquier traslado.
Ante las reiteradas negativas, el Ejecutivo vasco elevó el reclamo a la categoría de asunto de Estado. “Sería un grave error político cerrar la puerta a este tema”, advirtió Pradales tras una reunión con Sánchez en el Palacio de la Moncloa.
El debate contrasta con la historia itinerante de la obra. Pintada en 1937 para la Exposición Universal de París como denuncia del bombardeo de Guernica, la pieza recorrió durante años Europa y América como símbolo antifascista, en parte por la negativa de Picasso a que regresara a España durante la dictadura franquista.
Desde 1939 permaneció bajo custodia del Museo de Arte Moderno de Nueva York y viajó en múltiples ocasiones hasta su regreso definitivo a España en 1981, tras el fin del franquismo, en una compleja operación de conservación. Luego de una etapa en el Museo del Prado, fue instalada en 1992 en el Reina Sofía, donde permanece desde entonces sin volver a ser prestada.
Informes técnicos del museo equiparan su valor simbólico al de la Mona Lisa en el Louvre y sostienen que debe quedar fuera de cualquier política de préstamos. Argumentan que los traslados anteriores contribuyeron a su actual estado de vulnerabilidad.
Pese a ello, el Gobierno vasco mantiene abierta la negociación y en los últimos días intensificó los contactos con el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, para explorar alternativas. Las conversaciones fueron postergadas hasta después de Semana Santa.
El nuevo capítulo reactiva una discusión de fondo: más allá de su titularidad legal, el “Guernica” sigue siendo una obra atravesada por disputas sobre su significado, su pertenencia simbólica y los límites entre política y preservación artística.
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