
Mundo
Murió Ralph Eggleston, creador del corto “Para pajaritos”
Ralph Eggleston, animador, director y diseñador de Disney y Pixar, quien en 2001 lanzó su corto “Para pajaritos” para acompañar el largo “Monsters Inc”, falleció el domingo pasado en California a los 56 años debido a un cáncer de páncreas, aunque la noticia se supo este martes, de acuerdo a Hollywood Reporter.

El animador nacido en Louisiana comenzó en los años 80 con la serie “Cuentos asombrosos”, producida por Steven Spielberg y en la década de los 90 dio el salto a Disney, donde aportó su granito de arena a películas como “Aladdin”, “El rey león” y “Pocahontas”.
Tras un paso por Warner Bros y Universal, Eggleston llegó a Pixar y comenzó a trabajar en cintas como “Toy Story”, “Buscando a Nemo” y “WALL-E”.
El director de “Lightyear”, Angus Maclane, se despidió del animador, al igual que la propia cuenta oficial en Twitter de Pixar. “En memoria de Ralph Eggleston: animador, director, director de arte, dibujante de storyboards, escritor, diseñador de producción y nuestro querido amigo. Pixar y el mundo estarán eternamente agradecidos”, dice el tuit.

Literatura
Crearon un premio literario para obras escritas con inteligencia artificial

Francia anunció la creación del Premio Pascal, un nuevo galardón literario destinado a reconocer obras escritas con ayuda de inteligencia artificial (IA), en medio de una creciente controversia internacional sobre el uso de esta tecnología en la producción de libros y los límites de la autoría.
La iniciativa fue impulsada por los empresarios Philippe Rodriguez, Albin Serviant y Gilles Mentré, quienes buscan abrir un espacio de discusión sobre la colaboración entre escritores y herramientas digitales. El certamen lleva el nombre del matemático y filósofo francés Blaise Pascal, considerado uno de los pioneros en el desarrollo de dispositivos mecánicos de cálculo.
El premio está abierto a cualquier persona que escriba en francés, independientemente de su nacionalidad, lugar de residencia o trayectoria literaria. Tampoco será necesario contar con el respaldo de una editorial para participar.
Los aspirantes deberán presentar un manuscrito inédito de entre 10.000 y 50.000 palabras, acompañado de un informe técnico que detalle cómo utilizaron la inteligencia artificial durante el proceso de escritura. Se admitirán herramientas como ChatGPT, Claude, Gemini y LLaMA.
Las obras deberán abordar, además, alguna problemática ética, social o ecológica que afecte a la humanidad y ofrecer una perspectiva original sobre esos desafíos.
El uso de la IA provocó revuelos en el mundo editorial
La creación del Premio Pascal coincide con una serie de escándalos que sacudieron al mundo editorial. Uno de los casos más recientes involucró al escritor haitiano-canadiense Thélyson Orélien, cuya novela “C’était ça ou mourir” fue retirada de la competencia por el prestigioso Premio Goncourt ante las sospechas de utilización de inteligencia artificial. La editorial canadiense Les Éditions du Boréal decidió posteriormente romper su vínculo con el autor, quien rechazó las acusaciones.
Otra controversia tuvo como protagonista al escritor peruano David Silva Rojas, ganador del I Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat por “Donde el agua trabaja”. Una investigación del diario español El País puso en duda la autoría de la obra por su presunta elaboración mediante inteligencia artificial, acusación que el escritor negó.
Frente a estos antecedentes, los organizadores del nuevo certamen proponen que los participantes declaren abiertamente qué herramientas utilizaron y de qué manera intervinieron en la elaboración de sus textos.
Convocatoria abierta
La convocatoria comenzó el 20 de octubre y permanecerá abierta hasta finales de noviembre. Un jurado integrado por especialistas del ámbito literario seleccionará diez finalistas y elegirá la obra ganadora, cuyo autor recibirá apoyo para su publicación.
El Premio Pascal incorpora así una nueva discusión al escenario editorial, donde la expansión de la inteligencia artificial plantea interrogantes sobre la originalidad, los derechos de autor y el futuro de la creación literaria.
Mundo
Una obra de Monet, por décadas oculta, rompió un récord histórico en Francia

Una pintura de Claude Monet que permaneció durante décadas fuera de la mirada del público alcanzó los 50 millones de euros (unos 56 millones de dólares) en una subasta celebrada en París y se convirtió en la obra de arte más cara jamás vendida en Francia.
Se trata de “Iris”, un lienzo realizado durante los últimos años de vida del maestro impresionista, cuya venta en Sotheby’s desató una intensa competencia entre seis coleccionistas que disputaron su adquisición durante 45 minutos.
La puja se prolongó otros 20 minutos entre los dos últimos interesados hasta que la obra quedó en manos de un coleccionista asiático que participó por teléfono, según informó la casa de subastas.
El precio final superó ampliamente las expectativas iniciales, que situaban su valor entre 22 y 30 millones de euros, y desplazó el récord establecido en 2010 por “Cabeza de cariátide”, de Amedeo Modigliani, vendida entonces por 43,2 millones.
Pintada entre 1924 y 1925, “Iris” pertenece a la última etapa creativa de Monet (1840-1926), cuando el artista exploraba las posibilidades del color y la luz en los jardines de su residencia de Giverny, cerca de París.
La obra, de 1,60 metros de alto por 1,80 de ancho, formaba parte de la colección de Jeanne Schlumberger, quien la adquirió a través de sus vínculos con el entorno del pintor.
Durante décadas permaneció en la residencia familiar de París, sin exhibiciones públicas, y su existencia era conocida principalmente por una fotografía en blanco y negro.
Su excepcional estado de conservación, sin barnices ni intervenciones significativas, constituyó otro de los atractivos para los compradores.
La venta se produjo en el año del centenario de la muerte de Monet, una de las figuras fundamentales del impresionismo, cuya producción continúa entre las más cotizadas del mercado internacional.
El récord mundial del artista permanece en manos de “Meules”, una pintura de su célebre serie de almiares, que alcanzó los 110,7 millones de dólares en Nueva York en 2019.
La histórica adjudicación de “Iris” confirmó el interés de los grandes coleccionistas por las obras excepcionales del impresionismo y estableció una nueva marca para el mercado del arte francés.
Mundo
50 años de “The Song Remains the Same”, la película de Led Zeppelin en su apogeo

El 20 de octubre de 1976, Led Zeppelin estrenó en Nueva York “The Song Remains the Same”, una película que llevó al cine la potencia de sus conciertos y el universo personal de sus cuatro integrantes. Medio siglo después, aquel registro de tres actuaciones en el Madison Square Garden conserva un lugar singular en la historia del rock, tanto por sus extensas interpretaciones musicales como por las dificultades que atravesó su producción.
La idea de filmar a la banda había surgido varios años antes. En enero de 1970, el grupo registró su presentación en el Royal Albert Hall de Londres, aunque el material quedó archivado. La oportunidad definitiva llegó durante la gira estadounidense de 1973, cuando el manager Peter Grant convocó al director Joe Massot para documentar los conciertos del 27, 28 y 29 de julio en Nueva York.
Las actuaciones correspondían a la gira de “Houses of the Holy”, en una etapa de enorme popularidad para el cuarteto integrado por Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham. Las cámaras registraron interpretaciones de clásicos como “Rock and Roll”, “Black Dog”, “Since I’ve Been Loving You”, “Stairway to Heaven”, “Whole Lotta Love” y una versión de “Dazed and Confused” cercana a la media hora.
El proyecto incorporó secuencias de ficción destinadas a representar los intereses y personalidades de los músicos. Page aparece como un viajero que asciende una montaña hasta encontrarse con un misterioso ermitaño que resulta ser él mismo. Plant encarna a un caballero medieval, mientras Jones protagoniza una fantasía nocturna durante “No Quarter”. Bonham eligió mostrar escenas familiares, su vida rural y su afición por los automóviles.
La producción acumuló problemas desde el comienzo. Tras varios desacuerdos con Grant, Massot fue reemplazado por el australiano Peter Clifton en 1974. Una disputa por la entrega del material filmado demoró el montaje y obligó a negociar una compensación económica.
Clifton descubrió además que faltaban tomas fundamentales para completar las actuaciones. La solución fue reconstruir el escenario del Madison Square Garden en los estudios Shepperton, en Inglaterra, donde los músicos recrearon fragmentos de los conciertos en agosto de 1974. John Paul Jones incluso debió utilizar una peluca porque se había cortado el cabello desde las filmaciones originales.
El estreno llegó tres años después de los recitales, acompañado por un álbum doble con su banda sonora. La recepción crítica fue mayormente desfavorable y algunos integrantes del grupo expresaron reparos sobre el resultado. Jimmy Page reconoció que la película ofrecía un testimonio razonablemente honesto de aquella etapa, aunque distaba de considerarla una gran obra cinematográfica.
Con el tiempo, “The Song Remains the Same” adquirió valor como documento de una época. Durante décadas fue el principal registro audiovisual oficial de Led Zeppelin en concierto. Su reedición en 2007 permitió recuperar material adicional y mejorar el sonido, mientras que una nueva edición de la banda sonora apareció en 2018.
A 50 años de su estreno, la película conserva las imágenes de una banda que había alcanzado una dimensión extraordinaria y cuya música, desplegada sobre el escenario, constituye su principal atractivo.








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