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Murió Ralph Eggleston, creador del corto “Para pajaritos”

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Ralph Eggleston, animador, director y diseñador de Disney y Pixar, quien en 2001 lanzó su corto “Para pajaritos” para acompañar el largo “Monsters Inc”, falleció el domingo pasado en California a los 56 años debido a un cáncer de páncreas, aunque la noticia se supo este martes, de acuerdo a Hollywood Reporter.

El animador nacido en Louisiana comenzó en los años 80 con la serie “Cuentos asombrosos”, producida por Steven Spielberg y en la década de los 90 dio el salto a Disney, donde aportó su granito de arena a películas como “Aladdin”, “El rey león” y “Pocahontas”.

Tras un paso por Warner Bros y Universal, Eggleston llegó a Pixar y comenzó a trabajar en cintas como “Toy Story”, “Buscando a Nemo” y “WALL-E”.

El director de “Lightyear”, Angus Maclane, se despidió del animador, al igual que la propia cuenta oficial en Twitter de Pixar. “En memoria de Ralph Eggleston: animador, director, director de arte, dibujante de storyboards, escritor, diseñador de producción y nuestro querido amigo. Pixar y el mundo estarán eternamente agradecidos”, dice el tuit.

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Murió a los 91 años el director de cine francés Jean-Luc Godard

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El director de cine franco-suizo Jean-Luc Godard, referente de la ‘Nouvelle Vague’, murió este martes a los 91 años, publicó la prensa francesa.

La noticia del fallecimiento del cineasta nacido en París en 1930 fue informada por el medio Libération y replicada por Europa Press.

Luc Godard formó el núcleo de directores de la ‘Nouvelle Vague’ del cine francés en la década de los 50 y se dio a conocer con su primer largometraje “Al final de la escapada (1959)”, protagonizado por Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg.

Entre sus obras también destacan “Vivir su vida” (1962), “El desprecio” (1963), “Pierrot el loco” (1965), “Made in USA” (1966), “Todo va bien” (1972), “Salve quien pueda, la vida” (1981), “Yo te saludo, María” (1984), “Nueva ola” (1990) y “Éloge de l’amour” (2001).

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A los 73 años falleció Olivia Newton-John

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La actriz y cantante británica-australiana Olivia Newton-John, famosa por su participación en películas musicales como “Grease” y “Xanadu”, y por canciones pop como “Physycal” y “A Little More Love”, murió este lunes a los 73 años en su rancho del sur de California, rodeada de familiares y amistades, luego de luchar 30 años contra el cáncer, informó la familia.

Olivia Newton-John (73) falleció pacíficamente en su rancho en el sur de California esta mañana, rodeada de familiares y amigos. Les pedimos a todos que respeten la privacidad de la familia durante este momento tan difícil”, escribió su esposo John Easterling.

La artista nacida en Cambridge, Gran Bretaña, el 26 de septiembre de 1948, alcanzó fama planetaria en 1978 cuando protagonizó el filme “Grease” junto a John Travolta.

Al enterarse de la noticia, el actor, de 68 años, escribió en su perfil de Instagram con casi 4 millones de seguidores: “Mi queridísima Olivia, hiciste que nuestras vidas fueran mucho mejores. Tu impacto fue increíble. Te quiero mucho. Nos veremos en el camino y estaremos todos juntos de nuevo. ¡Tuyo desde el momento en que te vi y para siempre! ¡Tu Danny, tu John!”.

Su papel de Sandy catapultó a Newton-John al estrellato de la mano de canciones como “You’re the One that I Want”, “Summer Nights” y “Hopelessly Devoted to You”.

Ese reconocimiento masivo en tiempos donde no se hablaba de globalización, incluso llevó a que el grupo argentino de rock Serú Girán en la paródica portada de su segundo disco “La grasa de las capitales”, de 1979, diera cuenta del “romance del año” entre Pedro Aznar -uno de los integrantes del cuarteto- y “Olivia Neutron Bomb”.

Pero la intérprete llegó a ese suceso en la pantalla grande tras otros éxitos musicales como integrante de un dúo con Pat Farrar y tres discos en solitario: “If Not For You”, “Olivia” y “Let Me Be There”, cuyo tema principal la llevó a ganar su primer Grammy como mejor intérprete femenina de música country.

Después de “Grease” su actividad en cine tuvo otra docena de títulos hasta 2020 pero ya no tuvo el impacto de aquella película, aunque musicalmente sumó otros reconocimientos con “Physical”, de 1981. En 1992 se le diagnosticó cáncer de mama, pero remitió. Fue hospitalizada de nuevo en 2013 y lograron detenerlo, pero la dolencia resurgió en 2017.

Olivia ha sido un símbolo de triunfo y esperanza durante más de 30 años, compartiendo su viaje con el cáncer de mama de manera pública. Su inspiración de curación y su experiencia pionera con la medicina vegetal continuarán vigentes con la Fundación Olivia Newton-John, dedicada a la investigación de la medicina vegetal y el cáncer. En lugar de flores, la familia pide que cualquier donación se haga en su memoria a la Fundación”, señaló el comunicado familiar.

Al interés por la salud, la vocalista le añadió otras causas vinculadas: fue embajadora de buena voluntad de las Naciones Unidas en 1991 y portavoz nacional de la Coalición Medioambiental para la Salud de los Niños.

Además, junto a su marido Easterling también colaboró estrechamente con el Centro Amazónico de Educación e Investigación Ambiental.

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“La voz áspera de la ternura”: a diez años de la partida de Chavela Vargas

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Por Victoria Ojam (*)

Provocadora, rebelde y clara adelantada a su época, la memorable Chavela Vargas fallecía una década atrás a los 93 años ya convertida en un símbolo de libertad en vida y en la música, dos mundos en los que transgredió barreras de género de todo tipo y que la inmortalizaron como una de las más influyentes artistas latinoamericanas de su tiempo.

“Yo no soy bohemia, yo nací con esa sed de luna, sed de noche, sed de sueños, persiguiendo sueños”, se presentaba “La voz áspera de la ternura” -como la calificó su querido amigo Pedro Almodóvar– en una entrevista ofrecida en 2003, promediando sus 80 y poco después de, contaba, lanzarse de un avión en las alturas para sentir realmente lo que es volar.

Con su característico estilo rasposo y duro a la hora de entonar, la cantante pasó así a la historia, como una figura que, aunque quizás tardíamente reconocida, desafió las expectativas sociales y el sonido tradicional de su México adoptiva para sellar su impronta inconfundible a toda una manera de experimentar la existencia.

Repleto de claroscuros, su recorrido comenzó en Costa Rica, donde nació el 17 de abril de 1919 en el pequeño distrito de San Joaquín de Flores y fue bautizada como María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, aunque pronto adoptaría otro nombre público y otro país en el que, como aseguró en su biografía, encontraría “la vida de verdad”.

Abandonada por sus padres y sobreviviente de la poliomielitis en la infancia, humilde, joven pero ya golpeada, llegó al país norteamericano en su adolescencia para radicarse, aunque su despegue como intérprete ocurriría casi dos décadas más tarde, luego de trabajar como cocinera y vendedora de ropa y hasta como chofer de familias de alta alcurnia mexicana.

La oportunidad de dar a conocer su voz en un programa de radio y su gran cercanía con quien sería una suerte de padrino musical, el prolífico cantautor José Alfredo Jiménez -también socio suyo en largas noches de descontrol-, se transformarían en un modesto trampolín a los escenarios de Acapulco y en pequeños circuitos artísticos y, en los años 60, a adquirir mayor notoriedad.

Y es que “la dama del poncho rojo”, con todo su magnetismo, supo presentarse frente a estrellas de Hollywood como Elizabeth Taylor, Rock Hudson, Ava Gardner y Grace Kelly, pero más importante aún en su intimidad, cosechó profundas amistades con artistas e intelectuales como la emblemática Frida Kahlo y su esposo Diego Rivera, el colombiano Gabriel García Márquez y, más tarde, con el español Joaquín Sabina, entre otros.

Todos ellos la caracterizaron -y algunos todavía lo hacen- como una personalidad única, un espíritu que inspiraba calidez más allá de los reveses que le impuso la vida, y como una irrepetible de la música, con su “manera de cantar llorando, un quejío inigualable, una expresividad fuera de lo común”, como describió Sabina, que le dedicó la famosa “Por el boulevard de los sueños rotos”.

Acompañada únicamente por una guitarra, Chavela dejó tras de sí ejemplos de su conmovedor y sufrido lamento frente al micrófono en “Macorina”, de su primer álbum grabado en 1961, “Paloma negra”, “Un mundo raro” y “La llorona”, tal vez la más famosa e hipnótica de sus versiones; por nombrar tan sólo un puñado de las que aparecen en su extenso haber de más de 80 discos de estudio y en vivo.

Basta un repaso de su obra y situarla en contexto para comprender la relevancia vanguardista que “la Chamana” tuvo al hacer propias esas letras, cuando la canción ranchera, el género que principalmente la volvió conocida, era señal unívoca de fiesta y la música popular mexicana en general, un dominio absoluto de los hombres.

Intentaron que subiera al escenario en vestido y tacos, pero elegía ponerse pantalones, trajes de charro, sombreros y salir sin maquillaje, aunque eso le valiera la incomprensión y el desdén de quienes que la tildaban de “marimacho”, y cantaba lo que se suponía que debían ser líricas felices como si se tratara de una catarsis, una forma de purgar el dolor.

En la sociedad homofóbica e intensamente religiosa de la México de su época, se paraba frente a los roles de género establecidos, bebía y fumaba “como varón”, a veces calzaba una pistola en su cinto, y le hablaba desde la música a las mismas mujeres a las que los compositores se las habían escrito: Chavela lo dio vuelta todo mucho antes de que su genio fuera abrazado en los pagos latinoamericanos, pero debió atravesar un duro impás de 15 años para volver con renovado recibimiento.

Entrada la década del 70, rechazada una vez más por el mundo que la rodeaba y tras la muerte de José Alfredo Jiménez, fue acogida por una familia de chamanes que la ayudaron a rehabilitarse de su dura adicción al alcohol, y desapareció de la vida pública al punto de que la sociedad la diera por muerta.

Sería España el nuevo lugar en el que, ya en los 90 y con sus fantasmas bajo control, volvería a cantar su querido repertorio frente a una audiencia y cultivaría más vínculos en el universo artístico que le dieron el impulso necesario para recorrer los escenarios ibéricos de la mano de Miguel Bosé, Ana Belén, Sabina, Martirio y el propio Almodóvar, su “único amor en la Tierra”.

Revitalizada, lúcida y activa, la intérprete de “Que te vaya bonito” y “Las simples cosas” expresó abiertamente que era lesbiana a los 81 años y eligió despedirse de las presentaciones en vivo en 2006: “No quiero que me vayan a ver solamente por ser una viejita simpática”, dijo en su último concierto en la Ciudad de México.

Mujer libre hasta el final, alguna vez resumió: “Yo no soy barco, no tengo velas, no tengo ancla. Tengo alas maravillosas, unas alas muy tenues, muy bellas, que yo las siento y voy por el mundo. Ahí sueñas, ahí creas. El que está estacionado no crea. Hay que romperse el alma para poder crear”.

(*) Agencia de noticias Telam.

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