Fabián Asís: “Todo a nuestro alrededor puede ser alimento para la creación”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

La risa asoma entre las palabras, como un protagonista invisible, como una voz que se cuela en las tragedias cotidianas, como un viento fresco que las atraviesa para transformarlas.

Fabíán Asís, profesor en Comunicación Social y dramaturgo, encuentra en la risa esa voz que lo ayuda a construir universos opuestos: la tragedia y la comedia superponiéndose en dos historias contrapuestas en las que vale la pena sumergirse.

En diálogo virtual con ContArte Cultura nos invita a transitar el mundo del teatro de la mano de “Insomnio y 48 horas”, su primer libro como dramaturgo.

—¿Cuál fue el punto de partida de “Insomnio y 48 horas”?
—Creo que en general, en mi experiencia, el punto de partida es la incomodidad, la necesidad de encontrar en la escritura algo que me aleje de ese estado. Lo que difiere en cada obra en particular es el motivo de esa incomodidad. Insomnio es la obra que le da inicio a la idea del libro y nace de la necesidad de hablar de cosas que duelen, algunos golpes, algunas pérdidas.

—¿Y cómo fue que nació “Insomnio”? ¿Qué preguntas o respuestas despertaron tu imaginación para escribirla?
—En esta misma línea y con el detonador de algunas pérdidas importantes en mi vida. Las preguntas que aparecen tienen que ver principalmente con la vida, la muerte, las formas en que transitamos cada momento de nuestra existencia. En mi caso particular, la noche es el momento propicio para que esas preguntas aparezcan. Ese momento en que el pensamiento se transforma en incomodidad y la incomodidad en desvelo. De ahí nace Insomnio, de transformar ese desvelo en palabras. Es el registro claro de noches enteras en vela. De rebelarse contra la situación, de evitar pasar la noche mirando el techo, de canalizar y construir a través de la escritura.

—Si pudieras elegir dos palabras que definan o resuman la temática de esta obra, ¿cuáles serían?
—Es difícil definir esta obra en dos palabras, porque atraviesa diferentes escenarios de la vida. Así que voy a caer en esas dos palabras que atraviesan todo: vida y muerte. Puedo decir que todas las preguntas que aparecen detrás de estas dos palabras definen, encierran, atraviesan y fueron el disparador fundamental para el nacimiento de esta obra.

—Hablemos de “48 horas”, ¿recordás qué situaciones cotidianas pudieron influir en la escritura de esta historia?
—Pensaba en las búsquedas de los seres humanos y en las desigualdades que se presentan en cada estrato de la sociedad a la hora de llevarlas adelante. Creo que pensar en eso es lo que me llevó a comenzar esta obra. La desigualdad de oportunidades, la desigualdad en las herramientas, la estigmatización de algunos sectores que, desde el imaginario social, están excluidos de algunas actividades solo por el hecho de pertenecer a esos sectores.

—¿Cuál es la imagen que elegirías para representar el argumento de “48 horas”?
—La imagen es la del ser humano incompleto, que está dispuesto a dejar todo por conseguir un momento de felicidad. Los personajes de esta obra son una pareja. Cada uno se encuentra en un momento clave de su vida, el de decidir ir en busca de un sueño que creen esencial para su existencia. Ambos sienten que es su última oportunidad y que no pueden perder tiempo. El tema es que sus búsquedas individuales no se complementan. Muy por el contrario, ambos entienden que el sueño de su pareja es una amenaza para su última chance de conseguir su cometido. Este es el conflicto que motoriza la historia.

—¿De qué manera trabajaste para construir a los personajes de ambas obras? ¿Cómo lograste dibujar sus cuerpos y sus voces a través de tus palabras?
—Cada uno de manera muy diferente. Creo que la construcción de los personajes debe nutrirse de la mayor cantidad de espacios posibles. La imaginación a la hora de construir un personaje puede apuntar su búsqueda en infinitas direcciones. En este caso, muchos personajes fueron naciendo de las necesidades de la historia. A veces uno construye previamente las características del personaje y otras veces es necesario dejarse llevar por la escritura, para que el fluir de los diálogos sean los que vayan dando forma al personaje. Cuando los textos son el elemento fundamental para ir esculpiendo las características de nuestros personajes, hay que saber escucharlos y construir a partir de ahí. El texto que va surgiendo en el proceso me cuenta mucho de ese personaje. Las formas del texto me describen su manera de hablar y el contenido desnuda sus deseos, sus inquietudes, sus temores. Otra herramienta fundamental es la memoria, el recuerdo de cada experiencia vivida, de cada una de las personas que conocemos. Todo a nuestro alrededor puede ser alimento para la creación.

—¿Qué elementos visuales, sonoros o sensoperceptivos te sirvieron para crear los escenarios de estas obras?
Insomnio es una obra de contrastes. El proceso creativo está ligado enteramente a los silencios de esas noches de desvelo. En esos silencios, los textos fueron tomando forma. Pero en el transitar de la obra abundan los contrastes, las luchas permanentes entre la aparente calma de la noche y el ruido incesante que habita en la cabeza de quien no puede conciliar el sueño. La búsqueda radica en que ese contraste esté siempre presente. Los personajes imaginarios son ruidosos, el pensamiento es un ruido constante, un boicot permanente a la quietud y al silencio de la madrugada. 48 Horas nace de una manera diferente y quizás tiene un momento más marcado en su concepción. Hay una imagen que, por más que se repita, nunca deja de impactarme: es la de personas en situación de calle. Es una realidad que me genera mucha tristeza, y si bien los personajes de esta obra no llegan a ese extremo de pobreza, 48 Horas nace de intentar pensar al mundo desde esos ojos. El texto es fruto de imaginar una posible rebeldía que permita modificar situaciones complejas. Nace de la necesidad de visualizar, al menos en la ficción, realidades superadoras para situaciones en extremo complicadas.

—¿Creés que la comedia puede convertirse en un camino para atravesar la tragedia?
—Definitivamente. Convivimos con las tragedias. Tanto en su máxima expresión como en sucesos mínimos, la tragedia es parte de nuestras vidas. Nos embiste cada tanto, nos duele, nos sacude, nos transforma y creo que parte de aprender a convivir con ella está en no permitir que nos sacuda tanto como para quitarnos la capacidad de reír. Artísticamente, me gusta pensar que la risa es un medio muy poderoso. La comedia es una especie de agente catalizador que nos acelera el proceso de reflexión. Creo que cuando nos estamos riendo de algo que en esencia no es gracioso, es porque el mensaje está haciendo su trabajo con todas sus fuerzas.

—Para terminar, y antes de cerrar esta charla a la distancia, te pedimos unas palabras finales, como una invitación a caminar por las páginas de “Insomnio y 48 horas” a tus futuros lectores.
—Creo que son dos obras que los van a interpelar desde diferentes lugares. Sus espacios cotidianos las hacen cercanas. La variedad de personajes y el diálogo constante entre el mundo real y el imaginario generan una dinámica muy placentera. Por último, creo en la comedia. Es un libro que está lleno de signos de pregunta que nos invitan a reflexionar y creo en la necesidad de reflexionar riendo. Es difícil hablar sobre lo que podría generar una obra en el público. Me animo a contestar esta pregunta porque tuve la suerte de poder llevar estas dos obras a un escenario antes de editar el libro, y si bien son dos maneras diferentes de representación, el teatro me permitió visualizar el contacto de estos textos con el público. El libro no me permitirá presenciar ese momento, espero que sea igual de placentero.

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