Natalia Maldini presenta “La silla de enfrente”, una obra que surgió desde las vivencias de sus intérpretes

Por Andrea Viveca Sanz (@vivecasanz)
Edición: Walter Omar Buffarini / Fotos: Irito Skamarda //

Guiado por un deseo de búsqueda, el equipo de trabajo de “La silla de enfrente” se entregó a vivenciar el proceso creativo de la obra. Sumergido en la tierra fértil de la improvisación, logró sembrar las semillas que más tarde brotaron sobre el escenario, donde las voces arrastran a los cuerpos y la historia crece para florecer.

Más allá de los límites del espacio que las contiene, Tica Cascella y Xiomara Martínez, protagonistas de la obra, se replantean su existencia buscándose en otras, que a su vez, se convierten en espejos en los que tratan de encontrarse.

Perdidas en los túneles de sus individualidades, intentan regresar del sitio equivocado, ese punto fijo en el que una decisión ancló sus vidas para siempre, unas vidas que hubieran sido diferentes si otro hubiera sido el camino elegido.

En ese laberinto de emociones, que se convierten en una densa burbuja sobre el escenario, el cello de Francisco Cadierno suelta su música y se hace parte de la intensa tensión que rueda sobre las tablas.

Una de sus creadoras y directora de la obra, Natalia Maldini, dialogó con ContArte Cultura y volvió sobre sus pasos y recordó el “dulce momento” en que comenzó la búsqueda de “La silla de enfrente”, que se presenta en Casa Lemma de La Plata.

—Si pudieras elegir una imagen que represente el instante en el que se gestó “La silla de enfrente”, ¿cuáles sería y por qué?
—Podría decir que la obra se gestó comiendo unos panqueques entre amigas. A comienzos de este año nos juntamos con parte del equipo para empezar a pensar qué queríamos hacer. Esta vez había sido convocada para dirigir a dos amigas (Xiomara Martínez y Tica Cascella) que tenían el deseo inconmensurable de actuar. Ese día ellas no paraban de contar anécdotas y vincularse entre ellas de una manera que me resultó siempre tan atractivamente teatral. También convocaron a Chapi Barresi como dramaturgo. Siempre me interesó trabajar a partir de los intérpretes y sus imaginarios. Ese día comiendo panqueques, entre sus anécdotas nos dimos cuenta que era necesario trabajar con todo ese material que surgía de ellas. Chapi y yo seríamos escultores de toda la materia prima que ellas nos ofrecían. Los primeros textos e imágenes aparecieron en esa mesa entre el dulce de leche y el chocolate.

—¿De qué manera se fueron entrelazando las distintas experiencias que dieron vida a esta obra y que formaron parte del proceso creativo de la misma?
—Comenzamos a ensayar en la casa de Xiomara para abaratar los costos de producción. Las primeras propuestas fueron pautas de improvisación donde ellas debían trabajar con su cotidianeidad. Durante ese proceso trabajamos con textos que alternaban entre situaciones muy cercanas a ellas y posibles alter egos. Así comienza a gestarse la esencia de la obra. El proceso fue espiral, siempre volvíamos a construir material a partir de una primera célula. Eso nos permitió profundizar sobre los textos y los estados. Continuamente hubo un ida y vuelta entre las actrices, Chapi, quien también es asistente de dirección y yo. La obra se construyó con un espíritu colectivo. A los pocos meses, sumamos a Lucas Pardeau, quien se encargó del diseño de los elementos plásticos, y a Francisco Cadierno, quien toca la música original en vivo.

—¿Cuál es la temática principal que atraviesa su argumento?
—La obra gira en torno al momento de desborde que puede llegar a sufrir una persona por estar en un lugar que no quiere ocupar. Los personajes están en continua crisis, a punto de explotar. Las protagonistas son mujeres frustradas, desbordadas e incomprendidas. Ellas lidian entre la represión, la parálisis que a veces genera el no saber cómo operar en determinadas situaciones y la acumulación de toda esa energía contenida. Las actrices son prácticamente poseídas por diversos personajes que necesitan ser escuchados. La obra también trata del desencuentro, del estar en un espacio sin estar presente, de la impotencia que genera la falta de empatía y la desesperación por intentar que alguien nos comprenda. Ellas están perdidas en su individualidad y confundidas, definiéndose a sí mismas a través de la otra. Saben más de lo que no son que de lo que conforma su identidad y existencia.

—¿Quiénes estarán presentes en el escenario para dejar salir a las voces de esta historia?
—Las actrices son Xiomara Martínez y Tica Cascella. Ambas son intérpretes creadoras de la ciudad de La Plata y dispusieron sus cuerpos e imaginarios en función de la obra. Continuamente aportaron material para construir los textos de la misma. Xiomara es egresada de la Universidad Nacional de las Artes y Tica Cascella de la Escuela de Teatro de la Provincia de Buenos Aires. En escena, podemos ver también a Francisco Cadierno, quien continuamente acompaña a las actrices con su cello. Él es un músico muy perceptivo y gracias a su entrenamiento en espectáculos de improvisación genera un diálogo continuo con las protagonistas en la escena.

—¿Qué importancia tiene la música en el recorrido vital de las protagonistas? ¿Cómo se introduce en los límites del espacio dramático que las contiene?
—La música en vivo de un cello conspira a favor del circuito espiral que recorren los personajes. Las contiene y empuja cada vez que parece que hay posibilidad de escape. El músico, como un sujeto fantasmal, bordea las escenas y funciona como una rajadura en la burbuja que encierra a las actrices en su mundo interior. Con inspiración en “Melancholía” de Lars von Trier, la música y los recursos plásticos apoyan esta atmósfera agobiante. Una especie de cuerpo celeste se acerca hacia ellas generando tensión hasta que acontece el caos. El envolvente sonido de las cuerdas del cello acompaña la acumulación de estados de estas mujeres que brotan en intensidades. Sus cuerpos desbordados y en trance, solo esperan que llegue un alivio… al final.

—¿En qué tiempo histórico se desarrolla la trama?
—La obra tiene elementos que sitúan a los personajes en la contemporaneidad. Las actrices utilizan celulares y redes sociales. Ellas están inmersas en el caos burocrático actual, saturadas de información, tienen conflictos en relación a la falta de intimidad y exceso de exposición. Sin embargo, en profundidad, las crisis que atraviesan en relación a su identidad son atemporales y universales. Estas mujeres se sienten agobiadas por las decisiones que tomaron en sus vidas. Ellas se sienten presionadas por todo lo que no son y podrían haber sido. ¿Qué las diferencia a unas de otras? ¿Qué las hace mejor o peor personas? ¿Por qué siempre ocupan el lugar de la insatisfacción?

—¿Qué van a encontrar los espectadores en “La silla de enfrente”?
—Unas intérpretes completamente entregadas a la actuación. Es una obra cargada de intensidad. Ellas junto al músico están continuamente en escena construyendo climas de tensión. La obra genera empatía con los personajes porque rápidamente podemos encontrar situaciones con las cuales nos identificamos. Nos invita a hacernos preguntas sobre la forma en que nos vinculamos y vivimos.

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